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Sangre Y Garras En El Nido De Piedra

Sangre Y Garras En El Nido De Piedra

Status: Terminada
Genre:Hombre lobo / Fantasía LGBT / Completas
Popularitas:2.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Skay P.

⚠️🔞El duque Marek Kizilbash gobierna un territorio sitiado por la peste y las bestias. Dispuesto a todo para salvar a su pueblo, compra en el mercado negro a Naim, un peligroso y orgulloso licántropo de pura sangre.
Lo que el duque ignora es que el contacto carnal despertará la magia ancestral del bosque, desatando un embarazo místico tan acelerado como violento. Atado a Marek por una marca de sangre inquebrantable, el cuerpo trigueño del indomable shou se transformará para gestar al heredero de una nueva era.
Con el consejo de nobles traidores conspirando en las sombras y la Iglesia del Sur avanzando con carros de fuego para destruir la "abominación", Marek y Naim transformarán la torre del castillo en un santuario sagrado. Una historia de dominación absoluta, erotismo salvaje, masacres en las colinas y un amor que se bautizará con la sangre de sus enemigos. Esta novela es sucia y grotesca. Están advertidos.🔞⚠️

NovelToon tiene autorización de Skay P. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Vínculo de Almas

El golpe del ariete contra las maderas reforzadas del puente levadizo hizo temblar hasta los cimientos más profundos del Castillo de Alva. El polvo de piedra cayó de los techos del gran salón, y en los establos los animales relinchaban de puro terror. La Iglesia del Sur había llegado con toda su maquinaria de guerra, rompiendo la paz del invierno para reclamar la carne del licántropo y la cabeza del duque hereje.

Marek Kizilbash caminó hacia el patio principal con paso firme. Su armadura de hierro negro relucía bajo el cielo gris, manchada con salpicaduras de la sangre fresca de los nobles traidores que acababa de masacrar en el granero. A su lado, el capitán Gregor sostenía una pica de madera alta. En la punta de la lanza, chorreando hilos de sangre roja y espesa que se congelaba con el frío del aire, estaba clavada la cabeza decapitada del barón Von Stern. Sus ojos muertos y abiertos miraban hacia el vacío, una advertencia brutal para cualquiera que intentara desafiar la autoridad del norte.

Detrás de ellos, la puerta de la torre oeste se abrió de golpe. Naim no se había quedado en el nido. El instinto del lazo de sangre que Marek había sellado en su cuello con la mordida era demasiado fuerte. Al sentir la furia de su macho y el peligro de la plata que traían los soldados de la fe, el licántropo bajó las escaleras de caracol con pasos rápidos y silenciosos.

Naim vestía una túnica de lana negra, pero la tela estaba tan tensa en la zona baja que la firme redondez de su vientre de dos meses de gestación quedaba completamente expuesta a la vista de todos. Sus ojos eran de oro puro que resplandecían con un odio primitivo. La cicatriz en forma de colmillo de su cuello lucía purpúrea, latiendo con fuerza a la par del corazón del cachorro híbrido que crecía en sus entrañas.

—Te dije que te quedaras arriba, lobo —dijo Marek, sin volverse, pero apretando el mango de su espada de plata al sentir el aroma almizclado y dulce de Naim a su espalda.

—El nido está seguro porque tu olor está en él, Marek —siseó Naim, mostrando sus colmillos blancos entre los labios carnosos—. Pero mi cuerpo tiene sed de la sangre de esos hombres de la cruz. El cachorro me exige proteger a su padre. No voy a esconderme mientras tus soldados mueren.

Marek soltó una sonrisa amarga y severa. El orgullo de tener a su shou preñado peleando a su lado encendió la runa de la espiral en su mano derecha vendada, haciéndola arder con una luz roja incandescente.

Un segundo impacto del ariete destrozó los cerrojos del puente levadizo. Las pesadas maderas cayeron hacia adelante con un estruendo ensordecedor, levantando una nube de nieve y lodo congelado. Desde la bruma invernal, la vanguardia de la Iglesia del Sur avanzó hacia el patio de armas.

Eran cincuenta caballeros de la fe, cubiertos con armaduras de placas de acero brillante decoradas con cruces doradas. En sus manos sostenían lanzas pesadas con puntas de plata pura, el metal maldito diseñado para quemar la carne de las criaturas místicas. En el centro de la formación, montado sobre un enorme caballo blanco con gualdrapas de seda roja, se encontraba el Gran Inquisidor obispo Mateo. Era un hombre de rostro enjuto, ojos hundidos llenos de fanatismo y una mirada fría que no conocía la piedad.

Al entrar al patio, el obispo Mateo tiró de las riendas de su caballo, deteniéndose en seco al ver la pica que sostenía Gregor. Sus ojos pasaron de la cabeza decapitada del barón Von Stern directamente hacia la figura del duque Marek Kizilbash, y luego se clavaron con horror y asco en la silueta de Naim.

—¡Herejía! —rugió el obispo Mateo, con una voz chillona que resonó en todo el patio de armas—. El barón Von Stern tenía razón en sus cartas. Duque Marek Kizilbash, habéis asesinado al consejo noble de vuestro propio reino para proteger a un demonio de los bosques. ¡Y mirad esa abominación! El monstruo lleva el fruto del pecado en sus entrañas. Habéis sembrado vuestra semilla humana en el vientre de una bestia salvaje. ¡Es un insulto a las leyes de la fe sagrada!

Marek dio un paso al frente, interponiéndose parcialmente entre el caballo del obispo y el cuerpo de Naim. Levantó su espada de plata, cuya hoja reflejó la luz gris del cielo invernal.

—Las leyes de vuestra fe no gobiernan los muros de Alva, obispo —sentenció Marek con una voz que helaba la sangre de los caballeros más cercanos—. Este licántropo me pertenece por derecho de sangre y de carne. El lazo está sellado, y el hijo que lleva en su vientre gobernará estas tierras cuando yo ya no esté. Si queréis su sangre, vais a tener que ahogar a todo vuestro ejército en el lodo de este patio.

—¡Soldados de la cruz, destruidlos! —gritó el Inquisidor, alzando una pesada cruz de oro y plata—. ¡Quemad al duque traidor y arrancad la criatura del vientre del monstruo! ¡Que no quede piedra sobre piedra!

Los caballeros de la fe rugieron al unísono, bajando sus lanzas de plata pura y arremetiendo al galope contra la línea de la guardia del castillo. El choque fue brutal.

Marek Kizilbash se lanzó al combate como un torbellino de hierro negro. Activó la runa de su mano derecha; el corte en su palma se abrió, dejando correr la sangre caliente que encendió la hoja de su espada con un brillo rojizo y místico. El duque esquivó la primera lanza de un caballero de la fe, giró sobre sus talones y hundió su espada directamente por la axila del soldado, donde la armadura era más delgada. La hoja de plata cortó los tendones y los músculos con un sonido seco, salpicando el lodo de un espeso fluido rojo. El caballero cayó de su montura, ahogándose en su propia sangre.

Al mismo tiempo, Naim demostró por qué los clanes cenizos eran temidos en el norte profundo. A pesar del peso extra de su vientre gestante, el licántropo se movía con la agilidad de un rayo. Sus uñas crecieron instantáneamente hasta convertirse en garras afiladas de color negro. Naim esquivó los zarpazos de dos lanzas de plata que buscaban su abdomen, deslizándose por el suelo congelado.

Con un movimiento brutal, el shou saltó sobre el pecho de uno de los caballos enemigos, derribando al jinete con la pura fuerza de su impacto físico. Naim se posicionó sobre el caballero caído; con sus garras desnudas, desgarró el yelmo de hierro del soldado y le enterró los dedos directamente en los ojos, destrozándole el cráneo y salpicando la nieve de sesos y fluidos oscuros.

—¡Ahg… demonio asqueroso! —gritó un segundo caballero, intentando ensartar a Naim desde atrás con una lanza bendecida.

La punta de plata pura rozó el hombro trigueño de Naim, abriendo un corte limpio. El metal maldito reaccionó con la magia de su piel, provocando un siseo de carne quemada y un humo blanco que desprendía un olor acre. Naim soltó un grito de dolor agudo, cayendo de rodillas mientras se llevaba una mano a la herida.

Al sentir el daño de su shou a través del Vínculo de Almas, Marek sufrió un espasmo ardiente en su propio corazón. El duque soltó un rugido de pura furia posesiva. Decapitó de un solo tajo al soldado que tenía enfrente y corrió hacia Naim, interponiéndose entre el licántropo y el caballero que levantaba la lanza de plata para dar el golpe de gracia en el vientre del lobo.

Marek atrapó el asta de la lanza con su mano derecha vendada. La plata quemó el cuero de su guante, pero la magia de su runa de sangre contrarrestó el efecto del metal sagrado. Con un tirón descomunal, el duque desarmó al caballero, lo tomó por el cuello con su mano izquierda y lo estampó contra la pared de piedra del baluarte inferior. Marek hundió su daga de pomo plateado directamente en el ojo del soldado, revolviendo la hoja dentro del cerebro hasta que el cuerpo quedó completamente flácido.

Marek se dio la vuelta y se arrodilló al lado de Naim, cubriéndolo con su capa azul de terciopelo para protegerlo de las flechas de los arqueros que la Iglesia había apostado en el puente levadizo.

—¿Estás bien, lobo? —preguntó Marek, con la respiración entrecortada y el rostro cubierto de la sangre de sus enemigos. Tomó la barbilla de Naim, obligándolo a mirarlo.

Los ojos de oro de Naim estaban nublados por el dolor de la quemadura de plata, pero al sentir el tacto firme de su dueño, la magia del bosque en sus venas se encendió de nuevo de forma erótica e incontrolable. La adrenalina de la carnicería y el dolor compartido del vínculo habían despertado el apetito más primitivo del shou preñado. Naim jadeó, lamiendo la sangre humana que corría por los dedos del duque, enredando su lengua con los dedos de Marek de una manera lasciva en medio del campo de batalla.

—La plata… me quema, Marek —susurró Naim, con los labios carnosos temblando de excitación y dolor—. Pero tu sangre… tu olor me cura. El cachorro se está moviendo con fuerza dentro de mí. Quiere que matemos a ese obispo asqueroso.

Marek sintió que su propia entrepierna se ponía rígida y dolorosa dentro de los pantalones de montar al ver la sumisión salvaje del lobo en medio de los cadáveres. La necesidad de poseerlo y marcar su territorio de nuevo sobre el lodo era insoportable, pero los caballeros de la Iglesia seguían avanzando.

—Sujétate a mí, Naim —ordenó el duque, ayudando al licántropo a ponerse de pie.

Marek pasó su brazo izquierdo por la cintura firme de Naim, pegando la curva del vientre del lobo contra el costado de su armadura. Con la mano derecha empuñando la espada ensangrentada, el duque y la bestia se prepararon para el choque contra la guardia personal del Inquisidor, listos para ahogar las cruces doradas en un pozo de sangre y magia.

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pryz
Excelente trabajo belleza, omo siempre muy complacida
pryz: Te la puedo recordar, pero soy única, bien loca pero principalmente amente del talento, muchos lectores se dedican a ver donde esta el error y se pierde de una maravillosa experiencia y asi son tus historias para mi maravillosas, chao😉
total 4 replies
pryz
Me encantó demasiado
pryz
Oye naim dime el secreto tu tienes aguante para recibir tanto mai gassh
Skay P.: Jajajaja
total 1 replies
pryz
😱 Ni un día y ya hubo acción, fuerte🤩
pryz: Yo quiero ese poder místico
total 2 replies
pryz
Acaba con ellos marek protege lo tuyo!!!!!!!!
pryz
Ellos ni el vientre enorme los detuvo, son fuego🥵
pryz: Ni modo, toco😜
total 4 replies
Sauce
analizandolo bien es un poco turbio
Skay P.: Es por eso, que se aclara siempre en la portada, Chikis 😅
total 1 replies
Sauce
entonces lo de shou si se refería eso🤔
Skay P.: Tal cual...🫃
total 1 replies
Sauce
de dónde yo vengo shou significa otra cosa 😏
pryz
Ese viejo me cae mal todo por que el no tiene un lobito calenturiento
pryz
Salvaje, sin control este por me encantan
pryz
Nunca falta un sapo, pero un sapo es mucho para que lo comparen con esa cosa
pryz
Metanse contó menos con mi macho ese es Marek
pryz
Dios, fuego, fuego. Excelente 🤩
pryz
Lo preño🫨
pryz
Oyeeeeeeee esta pareja es fuego🥵🤩 me encanta
pryz
Calenturientos, ya querían andar en el mete y saca
pryz
Como así ahora se hecen los locos después de tanto
pryz
Aaaaaaaaaaaa, buenísimo
pryz
Hay ya lo trata bonito que emoción
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