En un mundo donde hombres lobo, vampiros y humanos conviven bajo una alianza sagrada, Lyra creció sin saber quién era realmente. Criada entre humanos, ella es mucho más especial de lo que imagina: es una híbrida, la mezcla perfecta entre la fuerza del lobo y la magia del vampiro, dotada de poderes únicos: puede leer la mente, ver el futuro y controlar las emociones, tal como lo anunció una antigua profecía.
Todo cambia el día que conoce al Alfa Cael, el líder más poderoso de todos los lobos. Desde el primer instante, el destino los une: ella es su pareja predestinada, su otra mitad, el amor que esperó toda su vida. Pero no todo es paz. Existen clanes oscuros de vampiros y lobos malvados que odian la alianza y quieren apoderarse del inmenso poder de Lyra para dominar todo el mundo.
Ahora, juntos deberán enfrentar traiciones, peligros y guerras, mientras viven un amor épico, intenso e irrompible que nada podrá romper. ¿Podrán proteger su amor y su destino, o la oscuridad logrará separa
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Sello eterno
Habían pasado ya varios días desde aquel regreso maravilloso, desde esa bienvenida inmensa donde todo el mundo se había reunido, donde habían entendido que el reino ya no era un lugar, sino un sentimiento, una luz, una familia que abarcaba todo el mundo. Todo seguía siendo alegría, paz y amor en cada rincón, todo seguía creciendo, todo seguía siendo hermoso tal como lo habían soñado.
Pero esa mañana, Vlad se despertó muy temprano, antes de que saliera el sol, con una sensación muy especial en el corazón, con una certeza que le venía de muy adentro, como si alguien le hubiera hablado al oído mientras dormía. Se levantó despacio, se vistió con sus ropas más limpias y blancas, y salió de su casa caminando en silencio, sabiendo exactamente a dónde tenía que ir.
Mientras caminaba por las calles, vio que no era el único. De todas las casas, de todos los rincones, salía gente despacio, en silencio, con caras serenas, con corazones llenos de amor, todos caminando hacia el mismo lugar, todos sabiendo lo que tenía que pasar, todos sintiendo lo mismo que sentía él.
Cuando llegó a los grandes jardines del palacio, al lugar justo donde hacía ya muchos años Elara se había transformado en luz y había subido al cielo, se detuvo un momento. Ahí ya estaban todos: la Reina Lyra, Darian, Lira, los antiguos guerreros, todos los amigos, toda la gente de su reino, y también toda esa gente que había venido de tierras lejanas, que ahora era parte de ellos, que ahora llevaba la misma luz en el corazón.
Todos estaban ahí, parados en círculo, en silencio, esperando, mirando hacia arriba, hacia el cielo oscuro que poco a poco empezaba a aclararse, que poco a poco empezaba a teñirse de colores suaves, rosas, dorados, blancos, anunciando que el sol iba a salir.
Darian y Lira se acercaron a su padre, se pararon a sus lados, y Lira le tomó la mano entre las suyas, con esa dulzura y esa sabiduría que siempre tenía.
—Hoy es el día, ¿verdad, papá? —le preguntó bajito, con voz suave—. Hoy es el día de cumplir la última promesa, la que ella nos dejó pendiente hace tantos años.
Vlad la miró, y se le llenaron los ojos de lágrimas, pero lágrimas de amor y de alegría infinita.
—Sí, hija mía —le respondió él despacio—. Hoy es el día. Ella nos dijo que volveríamos a vernos, que volveríamos a estar juntos, cuando todo estuviera cumplido, cuando todo estuviera bien, cuando la luz fuera de todos y el amor uniera al mundo entero. Y hoy… hoy ya se cumplió todo. Hoy ya estamos todos unidos. Hoy ya la luz brilla en todos lados. Hoy es el momento.
La Reina Lyra dio unos pasos al frente, se paró en el centro de todos, y habló con voz suave pero clara, para que todos la escucharan:
—AMIGOS MÍOS, HERMANOS MÍOS, HIJOS MÍOS. HOY ES UN DÍA COMO NINGÚN OTRO. HOY NO VENIMOS A CELEBRAR LO QUE HICIMOS, NI LO QUE LOGRAMOS, NI LO QUE TENEMOS. HOY VENIMOS A CUMPLIR LO QUE NOS PROMETIERON. HOY VENIMOS A ENCONTRARNOS CON QUIEN SIEMPRE ESTUVO AQUÍ, PERO QUE HOY VA A ESTAR CON NOSOTROS DE OTRA MANERA, MÁS CERCA, MÁS VIVA, MÁS NUESTRA QUE NUNCA.
Hizo una pausa, miró a todos con esos ojos brillantes que tenía, y siguió diciendo:
—ELLA NOS DIJO: "YO SOY LA LUZ. DONDE HAY LUZ, AHÍ ESTOY YO". Y HOY, MIREN ALREDEDOR… ¿HAY ALGÚN LUGAR DONDE NO HAYA LUZ? ¿HAY ALGÚN CORAZÓN AQUÍ QUE NO ESTÉ LLENO DE ELLA? NO. TODOS SOMOS LUZ. TODOS SOMOS ELLA. TODOS SOMOS SU AMOR, SU VERDAD, SU UNIÓN. Y POR ESO… HOY ELLA VIENE A QUEDARSE CON NOSOTROS PARA SIEMPRE, DE UNA MANERA QUE NUNCA MÁS SE VA A SEPARAR DE NOSOTROS.
En ese momento, el sol empezó a salir por el horizonte, despacio, hermoso, dorado, llenando todo de luz, todo de calor, todo de alegría. Y justo cuando el primer rayo de sol tocó el suelo en el medio del círculo donde estaban todos, pasó algo maravilloso, algo que nadie podía explicar, pero que todos entendieron con el corazón.
De ese rayo de luz, de ese punto dorado que brillaba más que todo lo demás, empezó a salir una forma, despacio, suave, hermosa. Primero fue luz, solo luz blanca y dorada que crecía y crecía. Después se fue haciendo figura, se fue haciendo cuerpo, se fue haciendo cara, hasta que ahí, parada en el medio de todos, tal como estaba hace años, tal como la recordaban todos, estaba **ELARA**.
Estaba ahí, parada, hermosa, joven, llena de luz, con esa sonrisa dulce, eterna, llena de amor que todos conocían tan bien. Vestía ropas blancas y doradas que brillaban suavemente, sus ojos eran dos luceros brillantes, y tenía las manos abiertas, extendidas hacia todos, como si quisiera abrazarlos a todos al mismo tiempo.
Nadie habló, nadie gritó, nadie se movió. Todos estaban parados, con el corazón latiendo muy fuerte, con lágrimas que corrían por sus caras, con una alegría tan grande que casi no podían aguantarla. No tenían miedo, ni asombro, ni sorpresa… solo tenían amor, porque en el fondo todos sabían que esto iba a pasar, todos sabían que ella no se había ido nunca, todos sabían que solo estaba esperando este momento.
Elara miró a todos, uno por uno, y sus ojos se detuvieron un momento en Vlad, en Darian, en Lira, en la Reina Lyra, y sonrió más dulce todavía, más llena de amor. Y habló, y su voz no sonaba como una voz, sino como el canto de todos los pájaros, como el viento suave, como el agua clara, como todo lo hermoso que existe en el mundo:
—AMIGOS MÍOS, FAMILIA MÍA, AMORES MÍOS. AQUÍ ESTOY. VOLVÍ. PORQUE YA SE CUMPLIÓ TODO LO QUE TENÍA QUE CUMPLIRSE. PORQUE YA HICIMOS TODO LO QUE TENÍAMOS QUE HACER. PORQUE YA SOMOS UNO SOLA COSA, UN SOLO AMOR, UNA SOLA LUZ, POR TODA LA ETERNIDAD.
Dio unos pasos despacio, caminando entre todos, tocando la cara de uno, la mano de otro, el hombro de otro, y donde ella tocaba, se sentía una paz inmensa, una alegría infinita, una fuerza nueva que llenaba todo el cuerpo y todo el corazón.
—ME PREGUNTARÁN —siguió diciendo ella—, POR QUÉ ME FUI AQUELLA VEZ, POR QUÉ LOS DEJÉ SOLOS, POR QUÉ ESPERAMOS TANTO TIEMPO PARA ESTE MOMENTO. Y LA RESPUESTA ES SENCILLA, HIJOS MÍOS: PORQUE SI YO ME QUEDABA, USTEDES ME MIRABAN A MÍ, Y NO SE MIRABAN ENTRE USTEDES. SI YO ME QUEDABA, USTEDES SEGUÍAN ESPERANDO QUE YO LES DIERA LAS COSAS, QUE YO LES ENSEÑARA, QUE YO HICIERA POR USTEDES. Y YO QUERÍA QUE USTEDES DESCUBRIERAN QUE LO QUE YO TENÍA, LO TENÍAN USTEDES TAMBIÉN. QUE LO QUE YO SABÍA, USTEDES TAMBIÉN LO SABÍAN. QUE LO QUE YO ERA, USTEDES TAMBIÉN LO ERAN.
Se paró otra vez en el medio, levantó las manos, y la luz que la rodeaba creció más, llenó todo el jardín, todo el palacio, todo el reino, todo lo que se veía y lo que no se veía.
—ME FUI PARA QUE USTEDES CRECIERAN —dijo ella con voz fuerte y llena de amor—. ME FUI PARA QUE USTEDES SUPIERAN QUE PUEDEN SOLOS, QUE SON FUERTES, QUE SON SABIOS, QUE SON AMOR. ME FUI PARA QUE USTEDES SALIERAN AL MUNDO, PARA QUE LLEVARAN LA LUZ, PARA QUE UNIERAN A TODOS, PARA QUE HICIERAN LO QUE HICIERON. Y HOY… HOY VEO QUE LO LOGRARON. HOY VEO QUE SON MÁS GRANDES, MÁS BUENOS, MÁS SABIOS DE LO QUE YO JAMÁS PUDE SER. HOY VEO QUE MI OBRA NO ERA MÍA, SINO DE USTEDES. HOY VEO QUE LA LUZ YA NO ESTÁ EN UN SOLO LUGAR, NI EN UNA SOLA PERSONA… LA LUZ ESTÁ EN TODOS, EN CADA UNO, EN TODOS JUNTOS. Y ESO ES LO QUE SIEMPRE SOÑÉ, LO QUE SIEMPRE QUICE, LO QUE ERA LO VERDADERO DESDE EL PRINCIPIO.
Vlad dio unos pasos al frente, temblando de amor y de emoción, y habló con voz firme, aunque llena de lágrimas:
—ELARA… MADRE NUESTRA… MAESTRA NUESTRA… NOSOTROS CREÍAMOS QUE TE HABÍAMOS PERDIDO, QUE TE HABÍAMOS DICHO ADIÓS PARA SIEMPRE. PERO HOY SABEMOS QUE NO. HOY SABEMOS QUE NOS DISTE LO MÁS GRANDE: LA OPORTUNIDAD DE SER NOSOTROS MISMOS, DE CRECER, DE AMAR, DE UNIRNOS. HOY SABEMOS QUE NUNCA TE FUISTE, QUE SIEMPRE ESTUVISTE, QUE SIEMPRE NOS CUIDASTE. Y HOY… HOY ERES NUESTRA PARA SIEMPRE, MÁS QUE NUNCA.
Ella sonrió, se acercó a él, le acarició la cara con esa mano suave que él recordaba tan bien, y le dijo bajito, solo para él:
—YO SIEMPRE FUI TUYA, VLAD. Y VOS SIEMPRE FUISTE MÍO. PORQUE LO QUE SE UNE CON AMOR, NUNCA SE SEPARA. NI EN LA VIDA, NI EN LA MUERTE, NI EN LA LUZ, NI EN LA OSCURIDAD. SIEMPRE JUNTOS, SIEMPRE UNO SOLO.
Entonces, Elara miró a todos otra vez, y dijo con voz dulce y solemne:
—Y AHORA, LLEGÓ EL MOMENTO DEL SELLO ETERNO. EL MOMENTO DONDE YA NO HAY DIFERENCIA ENTRE YO Y USTEDES, ENTRE LUZ Y VIDA, ENTRE AMOR Y VERDAD.
Levantó las manos al cielo, y de ellas salieron millones de rayos de luz, blancos y dorados, que bajaron despacio, despacio, y fueron entrando en el pecho de cada una de las personas que estaban ahí, entrando suave, entrando profundo, mezclándose con el corazón de cada uno, haciéndose uno con cada uno.
Y al mismo tiempo, todos sintieron que algo cambiaba, algo crecía, algo se hacía más grande y más fuerte adentro de ellos. Sintieron que Elara ya no estaba parada ahí adelante, como una persona aparte… sino que ahora estaba adentro de cada uno de ellos, que caminaba con cada uno, que hablaba con cada uno, que vivía en cada uno.
Ella ya no era una mujer, ni una luz, ni un recuerdo… ella era ahora la vida misma de todos ellos, el amor mismo de todos ellos, la luz misma de todos ellos.
Y todos, al mismo tiempo, con una sola voz que salía de todos los corazones, gritaron con una alegría infinita que hizo temblar el cielo y la tierra:
—¡ELARA ESTÁ EN NOSOTROS! ¡NOSOTROS SOMOS ELARA! ¡LA LUZ ES TODO! ¡EL AMOR ES TODO! ¡PARA SIEMPRE!
Y así, quedó sellado para siempre lo que había empezado hacía tantos años. Ya no había historia que contar, ni leyenda que recordar, ni promesa que cumplir… porque todo eso ya era vida, ya era realidad, ya era parte de cada respiro, de cada paso, de cada latido de corazón de todos los seres del mundo.
La luz nunca se apagó. El amor nunca terminó. Y Elara, la guardiana que se hizo luz, que se hizo amor, que se hizo vida… brilló en todos, vivió en todos, amó en todos, por toda la eternidad.