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Dinastía De Reinas: Aralisse

Dinastía De Reinas: Aralisse

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Mundo de fantasía
Popularitas:555
Nilai: 5
nombre de autor: EllyaG

Dinastía de Reinas: Aralisse.
Narra la historia de una princesa obligada a heredar una corona rodeada de traiciones. Tras la misteriosa muerte de sus padres, Aralisse queda sola dentro de una corte donde todos parecen querer manipularla o verla caer.
Alejada por obligación de su reino, deberá aprender a gobernar mientras intenta descubrir qué ocurrió realmente la noche en que los reyes murieron. Entre conspiraciones, secretos y enemigos ocultos, conoce a Rydan, el príncipe de Orvenah, el reino rival.
Lo que comienza como una tregua forzada pronto se convierte en algo mucho más peligroso. Porque detrás de la frialdad de Rydan y de la guerra entre ambos reinos, Aralisse descubre que el hombre que más debería temer… es también el único dispuesto a ensuciarse las manos por ella.

NovelToon tiene autorización de EllyaG para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El principio de la traición.

La tarde caía lentamente sobre Lysirah, el tono dorado y naranja se hacia presente en los largos salones del castillo suavizando la pesadez del ambiente.

La duquesa Valery abandonó la sala del consejo con una presión en pecho que no la dejaba tranquila. Sus pasos resonaban suavemente sobre el piso de mármol mientras avanzaba por los corredores en busca de Aralisse.

La encontró junto al pequeño Lyrien, distraída en uno de los pasillos interiores del castillo. El niño sostenía un pequeño caballo de madera entre las manos mientras la princesa intentaba hacerlo reír, ajena por completo al destino que acababa de decidirse para ella.

Por un instante, Valery se quedó inmóvil observándolos.

Porque aquella escena parecía demasiado inocente para todo lo que estaba ocurriendo.

—Aralisse —llamó finalmente con voz suave, aunque firme—. Necesito hablar contigo.

La princesa levantó la mirada de inmediato.

Tenía algunos mechones dorados fuera de lugar y los ojos ligeramente cansados, todavía marcados por el llanto de los últimos días.

—¿Ocurrió algo? —preguntó.

La duquesa tomó aire lentamente antes de responder.

—He recibido noticias del consejo. Han decidido que viajarás al imperio de Eluniah.

Aralisse dejó de moverse por completo.

—Ahí recibirás educación, entrenamiento y preparación, se decidió que te marcharas por cinco años.

El rostro de la princesa se descompuso casi de inmediato.

Sus ojos se abrieron con incredulidad y sus labios comenzaron a temblar.

—¿¡Qué!? —exclamó con la voz quebrándose al instante—. ¡No quiero irme! ¡No quiero dejar mi hogar!

El pequeño Lyrien levantó la mirada, confundido por el tono desesperado de su hermana.

—¡No puedo hacerlo! —continuó Aralisse mientras las lágrimas comenzaban a caer libremente por sus mejillas.

La duquesa dio un paso hacia ella, intentando tomar su mano con cuidado.

Pero Aralisse retrocedió de inmediato.

—¡No me toques! —sollozó completamente rota—¡No es justo!

El eco de su voz resonó por los corredores vacíos del castillo.

—¡No quiero que me obliguen! ¡No quiero separarme de la única familia que me queda!

Valery sintió cómo aquellas palabras le atravesaban el pecho.

Con un movimiento repentino, Aralisse se giró y salió corriendo escaleras arriba hasta su habitación. Sus pasos apresurados resonaron por los pasillos del castillo hasta que la puerta se cerró de golpe, haciendo eco por casi todo el tercer piso.

La duquesa Valery permaneció inmóvil durante unos segundos antes de apoyarse lentamente contra la pared, cerrando los ojos mientras intentaba recuperar el aliento.

Sabía que aquella noticia había destrozado por completo a la princesa.

Y también sabía que ningún discurso ni explicación serían suficientes para aliviar la sensación de abandono que Aralisse estaba experimentando en ese momento. Porque, desde su perspectiva, todos estaban alejándola de su familia.

Tras varios minutos de silencio, la duquesa Valery subió hasta el tercer piso en busca de la princesa.

Se detuvo frente a la puerta y tocó suavemente la madera.

—Aralisse… —susurró con paciencia—. Sé que esto es difícil, pero todo se está haciendo por tu seguridad.

—No quiero irme —gritó la princesa desde el interior de la habitación. Su voz todavía estaba rota por el llanto—No puedo.

Valery cerró los ojos un instante antes de responder.

—Lo sé.

Apoyó una mano sobre la puerta.

—¿Puedes abrirme, cariño?

No obtuvo respuesta.

Solo el sonido de los sollozos al otro lado.

La duquesa guardó silencio unos segundos antes de volver a hablar.

—Tu madre también tuvo que abandonar Vaelirah cuando era pequeña.

Eso logró que el llanto dentro de la habitación disminuyera ligeramente.

—Tenía apenas diez años cuando viajó a Lysirah para formalizar la alianza entre mi padre… y el tuyo.

Hubo un largo silencio.

Y, finalmente, la puerta comenzó a abrirse lentamente.

Aralisse apareció del otro lado.

Sus ojos estaban rojos e hinchados por todas las lágrimas derramadas y algunos mechones dorados se pegaban desordenadamente a sus mejillas húmedas.

—¿Y qué pasó después? —preguntó.

La duquesa entró lentamente en la habitación y cerró la puerta detrás de ella.

Aralisse permaneció de pie, con los brazos cruzados.

Valery tomó asiento en el borde de la cama.

—Ven, por favor.

Aralisse dudó unos segundos antes de acercarse. Finalmente tomó asiento frente a la duquesa, manteniendo cierta distancia entre ambas.

—La noticia de que debía irse de nuestro hogar también la sorprendió —comenzó Valery con calma—. Tenía apenas diez años cuando vino a Lysirah para fortalecer la alianza entre nuestros reinos.

Aralisse levantó la mirada.

—¿Porque le obligaron?

La pregunta hizo que la duquesa guardara silencio unos instantes.

—Una alianza que beneficiará ambos reinos—respondió finalmente—Elyndra lo odiaba.

Eso pareció sorprender a la princesa.

—Discutió muchísimo con mi padre. Durante años creyó que le habían arrebatado su hogar y sobretodo su libertad.

Aralisse bajó la mirada hacia sus manos.

—Pero ella amaba a mi padre…

Una pequeña sonrisa melancólica apareció en el rostro de Valery.

—Sí. Pero ese amor no existió desde el principio.

La princesa frunció ligeramente el ceño.

—Tu madre no se casó hasta los diecisiete años y no te tuvo hasta mucho tiempo después. Aprendió a amar Lysirah… y eventualmente también aprendió a amar a tu Evandor.

El silencio se instaló entre ambas durante unos segundos.

—Pensé que ellos siempre habían querido estar juntos —murmuró Aralisse.

—No siempre tenemos el privilegio de elegir nuestro destino —respondió la duquesa con honestidad.

Aquellas palabras parecieron golpear a la princesa más que cualquier otra cosa dicha aquella tarde.

—Me están alejando porque creen que soy débil.

Valery observó a su sobrina en silencio.

Porque, en el fondo, Aralisse no estaba completamente equivocada.

—Te están alejando porque este reino está lleno de hombres que aprovecharían cualquier debilidad para manipularte —respondió con firmeza—. Y porque, ahora mismo, todavía no tienes las herramientas para enfrentarlos.

La mandíbula de Aralisse se tensó.

—No quiero huir.

—No vas a huir —corrigió Valery—. Vas a prepararte.

La princesa apartó la mirada hacia la ventana.

El castillo comenzaba a oscurecerse bajo los últimos tonos anaranjados del atardecer.

—¿Y si no quiero? —preguntó después de un largo silencio.

La duquesa la observó fijamente.

—Cuando llegue el momento, entenderás por qué se hizo esto. El emperador no es influenciable y es amigo de mi familia, te va a tratar bien.

Aralisse permaneció callada unos segundos antes de bajar la mirada.

—Iré —respondió finalmente con resignación.

Valery dejó escapar un suspiro contenido.

—Te prometo que volverás. Y cuando lo hagas, tú serás la reina...

...****************...

El castillo se había convertido en un hervidero de actividad.

Sirvientes corrían de un lado a otro, nobles supervisaban preparativos y los establos se llenaban de carruajes y caballos listos para partir.

Todo estaba enfocado en la partida de la princesa.

La duquesa Valery avanzaba por los pasillos dando instrucciones con voz firme y serena.

—Asegúrense de que los documentos de viaje estén listos. Quiero que los guardias revisen los carruajes una vez más y que el joven escolta sea informado de cada detalle. No quiero errores.

Los sirvientes obedecían rápidamente, conscientes de que cualquier fallo podía poner en riesgo la seguridad de la heredera.

Al mismo tiempo, los rumores sobre la ceremonia donde Alaric sería reconocido oficialmente como regente comenzaban a extenderse por todo Lysirah.

Los nobles discutían protocolos, alianzas y posibles cambios dentro del reino, mientras algunos observaban con recelo a la duquesa y a su sobrina, conscientes de que la ausencia de la princesa crearía un vacío de poder que muchos intentarían aprovechar.

Valery, aunque preocupada, mantenía la compostura.

Sabía que debía proteger a Aralisse y, al mismo tiempo, cumplir con las formalidades del reino.

La partida de la princesa y el nombramiento temporal de Alaric ocurrirían casi al mismo tiempo.

Y todo debía salir perfecto.

Mientras el castillo entero permanecía ocupado con los preparativos, Alaric se retiró a sus habitaciones buscando un momento de calma antes de la ceremonia.

Las puertas se cerraron tras él con un leve clic, aislándolo momentáneamente del bullicio exterior.

Lord Mikiells apareció pocos segundos después.

—Alaric —dijo en voz baja mientras avanzaba hacia él—. Hoy se nos abre una oportunidad que pocos dentro de nuestra familia imaginaron posible.

Las cortinas cerradas y el silencio de la habitación hicieron que sus palabras sonaran todavía más inquietantes.

—Con la princesa fuera del reino y tú como regente… el poder está en tus manos.

Alaric se recostó lentamente contra el respaldo de la silla.

La responsabilidad comenzaba a resultarle sofocante.

—Esto es demasiado… —murmuró—. No voy a destruir Lysirah por ambición.

Lord Mikiells sonrió apenas.

—Tú eres el hijo mayor del rey. La corona debería pertenecerte a ti, no a esa niñita.

Se inclinó ligeramente hacia él.

—Esta es nuestra oportunidad. Tu madre habría deseado esto para ti.

Alaric frunció el ceño.

—Ella jamás me habló sobre el tema.

—Murió cuando eras muy pequeño —respondió el lord con calma—. Poco después llegaste al castillo junto a tu padre y después de su muerte, Evandor no hablaba demasiado sobre ella. Pero créeme cuando te digo que Priyah siempre quiso esto para ustedes.

Alaric apartó la mirada, incómodo.

—Nadie me respaldaría como rey. Seré únicamente el guardián del reino hasta que mi hermana regrese.

—El consejo nos respalda —replicó Mikiells—. Los nobles obedecerán mientras mantengas el control. Y la princesa estará lejos durante cinco años.

Sus ojos brillaron apenas.

—Cinco años son suficientes para consolidar tú posición de poder.

Alaric apretó lentamente los puños.

—Tío, dejé atrás esas ambiciones desde el momento en que Aralisse nació. Ella es la heredera legítima de mi padre.

—No, si el reino te considera su rey, si hacemos alianzas, nadie te quitará la corona —respondió Lord Mikiells con una leve sonrisa—. Después de todo… eres un Mikiells, nuestra familia merece más y eres inteligente para gobernar mucho mejor que la princesa.

El silencio se instaló brevemente entre ambos.

—No puedo permitirme mostrar debilidad —dijo finalmente Alaric—. Tampoco permitiré que alguien cuestione mi autoridad. Actuaré con cautela, luego decidiré.

Lord Mikiells asintió satisfecho y colocó una mano sobre el hombro de su sobrino.

—Ese es el espíritu. Usa esta oportunidad con inteligencia.

A lo lejos, el sonido constante de sirvientes, carruajes y pasos apresurados seguía recorriendo el castillo pues la comitiva real estaba a nada de partir.

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