En Valenora, una ciudad donde el poder se hereda con sangre y la traición puede destruir imperios, dos familias dominan las sombras.
Alessia Bellandi, heredera de una poderosa familia italiana, ha aprendido a vivir entre secretos, lealtades y decisiones que nunca le han pertenecido.
Mikhail Orlov, heredero de un imperio ruso construido con disciplina y peligro, sabe que en su mundo una sola equivocación puede costar demasiado.
Cuando una amenaza comienza a mover piezas en las sombras, los Bellandi y los Orlov se ven obligados a sellar una alianza que nadie esperaba: un matrimonio por conveniencia.
Pero lo que comienza como un pacto frío pronto se convierte en una batalla de voluntades, deseo contenido y emociones que ninguno estaba preparado para sentir.
Mientras enemigos ocultos intentan destruirlos desde dentro, Alessia y Mikhail descubrirán que confiar puede ser el riesgo más peligroso ...y también el más inevitable.
porque algunas guerras nacen de la sangre .
Y otras del amor .
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Capitulo 19: Fantasma del pasado
El regreso desde los acantilados fue silencioso.
Demasiado silencioso.
La muerte de Valentina había dejado un vacío extraño dentro de todos.
Pero lo peor no era eso.
Lo peor era descubrir que Vittorio Bellandi había conocido al hombre detrás de toda la organización.
Alekséi Volkov.
El nombre seguía girando en la cabeza de Alessia como una alarma constante.
Sentada dentro del vehículo, observó a su padre desde el otro lado.
Él permanecía serio.
Cansado.
Como si cargara algo demasiado pesado desde hacía años.
Y eso solo aumentaba su rabia.
Porque ahora entendía que todos estaban pagando por secretos enterrados antes incluso de que ella naciera.
Mikhail, sentado a su lado, permanecía atento al camino.
Pero de vez en cuando sus ojos se desviaban hacia Alessia.
Notaba perfectamente el cambio en ella.
La decepción.
La confusión.
Y algo más peligroso.
Distancia.
Cuando llegaron a la residencia Bellandi ya era casi madrugada.
La mansión seguía protegida por hombres armados.
El ambiente parecía más militar que familiar.
Yuri ordenó reforzar todas las entradas mientras Vittorio se dirigía directamente al despacho.
—Necesitamos hablar ahora —dijo sin mirar atrás.
Alessia lo siguió inmediatamente.
Mikhail también.
La puerta del despacho se cerró con fuerza detrás de ellos.
El silencio duró apenas unos segundos.
—Empieza a hablar —exigió Alessia.
Vittorio se quedó quieto frente al escritorio.
Después tomó lentamente una botella de whisky.
Sirvió un vaso.
Y otro.
Mikhail observó el gesto.
Aquello no era buena señal.
—Hace más de veinte años —comenzó Vittorio— Valenora era diferente.
Alessia cruzó los brazos.
—Ve al punto.
Él la miró.
Y por un instante pareció mucho mayor.
—Las familias Bellandi y Orlov no eran las únicas con poder aquí.
Mikhail entrecerró los ojos.
—Volkov.
Vittorio asintió lentamente.
—Alekséi Volkov llegó desde Rusia con dinero, armas y contactos. Nadie sabía realmente quién era.
—Pero tú sí te acercaste a él —dijo Alessia.
La culpa cruzó apenas por el rostro de Vittorio.
—Sí.
El aire se volvió pesado.
—¿Por qué? —preguntó ella.
—Porque en ese entonces yo era joven… ambicioso… y estúpido.
Mikhail permanecía completamente en silencio.
Escuchando cada palabra.
—Volkov prometía expansión. Nuevas rutas. Más poder. Y durante un tiempo funcionó.
Vittorio bebió un poco antes de continuar.
—Hasta que descubrí cómo conseguía ese poder realmente.
—¿Qué hacía? —preguntó Alessia.
La mandíbula de Vittorio se tensó.
—Tráfico humano. Extorsión. Desapariciones.
El silencio cayó brutalmente.
Incluso Mikhail endureció la expresión.
Porque en el mundo mafioso existían códigos.
Y Alekséi Volkov claramente no tenía ninguno.
—Intenté salir de sus negocios —continuó Vittorio— pero nadie salía de Volkov tan fácilmente.
—Entonces, ¿qué pasó? —preguntó Mikhail.
Vittorio sostuvo la mirada fija en el vaso.
—Lo traicioné.
Alessia abrió apenas los ojos.
—¿Qué hiciste exactamente?
—Entregué información sobre él a varias organizaciones rivales y destruí una de sus operaciones más grandes en Europa.
Yuri, que acababa de entrar silenciosamente al despacho, soltó una pequeña maldición.
—Eso debió haber iniciado una guerra.
—La inició —respondió Vittorio.
El ambiente se volvió todavía más tenso.
Porque ahora todo comenzaba a tener sentido.
La infiltración.
Las muertes.
La obsesión con Alessia.
Aquello no era un ataque improvisado.
Era venganza.
Una venganza que llevaba décadas esperando.
Alessia se apartó lentamente hacia la ventana.
Intentando procesarlo todo.
—Entonces toda esta gente murió… por algo que pasó antes de que yo naciera.
Vittorio bajó la mirada.
—Sí.
Ella soltó una pequeña risa amarga.
—Increíble.
Mikhail observó cómo apretaba los puños.
Y supo que estaba intentando no explotar.
—¿Volkov sigue vivo? —preguntó él.
Vittorio tardó demasiado en responder.
Error.
—Papá.
Él respiró lentamente.
—Nadie lo ha visto en años.
—Eso no fue lo que pregunté.
Silencio.
Y entonces Vittorio respondió finalmente.
—Sí. Creo que sigue vivo.
El aire pareció congelarse.
Alessia sintió un escalofrío incómodo.
Porque ahora entendía algo aterrador.
El monstruo detrás de todo esto no era un desconocido.
Era alguien paciente.
Alguien que había esperado veinte años.
Horas después, Alessia salió del despacho incapaz de seguir escuchando.
Necesitaba aire.
Necesitaba alejarse.
Caminó rápidamente por los pasillos hasta llegar al jardín trasero.
La lluvia había parado finalmente.
El cielo comenzaba a aclararse apenas.
Se apoyó sobre una columna de piedra intentando controlar el enojo que sentía.
—Vas a enfermarte si sigues aquí mojada.
La voz de Mikhail apareció detrás de ella.
Alessia soltó el aire lentamente.
—¿Tú siempre apareces cuando quiero estar sola?
Él se acercó despacio.
—Sí.
La respuesta fue tan simple que casi la hizo sonreír.
Casi.
Mikhail se detuvo frente a ella.
Por primera vez en mucho tiempo parecía no saber qué decir.
Y eso era extraño en él.
—Tu padre intentó protegerte —dijo finalmente.
Alessia levantó la mirada.
—¿Ocultándome todo?
—Probablemente creyó que era mejor así.
Ella negó lentamente.
—Odio las mentiras.
Mikhail sostuvo su mirada unos segundos.
Y algo en esa frase golpeó directamente dentro de él.
Porque él también ocultaba cosas.
Muchas.
—En nuestro mundo todos esconden algo —murmuró.
Alessia lo observó atentamente.
—¿Y tú qué escondes, Mikhail Orlov?
El silencio apareció inmediatamente entre ellos.
Peligroso.
Intenso.
Mikhail desvió apenas la mirada.
Y eso fue suficiente para que Alessia entendiera algo.
Sí.
Él también tenía secretos.
Grandes secretos.
Pero antes de que pudiera insistir, Yuri apareció desde la entrada del jardín.
Su rostro estaba serio.
Demasiado serio.
—Tenemos otro problema.
Mikhail giró inmediatamente.
—¿Qué pasó?
Yuri levantó lentamente una carpeta negra.
—Encontramos archivos antiguos sobre Alekséi Volkov.
Alessia sintió el corazón acelerarse.
—¿Y?
Yuri tragó saliva.
—Hay fotografías de hace veinte años.
Mikhail frunció el ceño.
—¿Qué tiene eso de raro?
Yuri abrió la carpeta lentamente.
Y cuando Alessia vio la primera imagen…
la sangre se le heló.
Porque la mujer que aparecía al lado de Alekséi Volkov…
se parecía demasiado a ella.