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Los Días Que No Viviste

Los Días Que No Viviste

Status: En proceso
Genre:Venganza
Popularitas:62
Nilai: 5
nombre de autor: analysi

Leo despierta en un hospital sin recordar los últimos cinco años. Le dicen que tuvo un accidente, que su esposa murió, que su hija no le habla. Pero algo no encaja: las enfermeras lo tratan con miedo, los médicos mienten, y en su mesilla de noche encuentra una nota escrita por él mismo que dice: "No confíes en nadie. Tú no chocaste. Tú saltaste." Ahora Leo debe reconstruir quién fue realmente en esos cinco años perdidos, y descubrir si el hombre que era antes merece ser perdonado… o merece ser encontrado.

NovelToon tiene autorización de analysi para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 15: La decisión

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La noche se cierra sobre la fábrica de conservas como un manto de terciopelo negro. Leo y Elena permanecen sentados en el suelo de la zona de embalaje, con la USB en la mano de Leo, como si fuera un objeto sagrado. La linterna del teléfono satelital proyecta un círculo de luz tenue que apenas alcanza a iluminar sus rostros.

Leo respira hondo. Ha visto el archivo. Sabe quiénes son los responsables, sabe dónde se esconden, sabe lo que tienen que hacer. Pero también sabe el precio que puede costar.

—¿Qué vamos a hacer con esto? —pregunta, alzando la USB.

Elena lo mira. Sus ojos reflejan la luz parpadeante, y por un momento, Leo ve en ellos el mismo cansancio que siente en sus huesos.

—Podemos llevarlo a las autoridades —dice—. A las que aún son de fiar. Hay gente dentro del gobierno que no está corrompida. Gente que nos ayudará.

—¿Y si no es suficiente? —pregunta Leo—. ¿Y si Vergara tiene más influencia de la que creemos? El archivo contiene los nombres de sus agentes, pero también los de nuestros aliados. Si alguien lo intercepta...

—Sé el riesgo —dice Elena—. Pero también sé que no podemos quedarnos con esto para siempre. Si no actuamos, todo el sufrimiento, los cinco años de mentiras, la muerte de Sofía... todo habrá sido en vano.

El nombre de Sofía flota en el aire como un fantasma. Leo aprieta la USB con fuerza.

—Sofía prometió que no me culparía —dice—. Que viviría por los dos. Pero no sé si eso significa vivir en la sombra o luchar para que la verdad salga a la luz.

Elena se acerca. Pone su mano sobre la de él.

—¿Y tú qué crees que significaba?

Leo cierra los ojos. Recuerda la voz de Sofía, el brillo de sus ojos antes de que la luz se apagara. Recuerda la promesa, no solo la suya, sino la que él le hizo a ella.

—Significaba que no me rindiera —dice, abriendo los ojos—. Que no importa lo oscuro que sea el camino, siempre hay que seguir adelante.

Elena sonríe. Es una sonrisa pequeña, pero genuina.

—Entonces ya sabes lo que tienes que hacer.

—Sí —dice Leo—. Necesito un contacto. Alguien dentro del gobierno que todavía esté limpio.

—Tengo uno —dice Elena—. Una mujer que trabajaba con nosotros antes de la misión. Se llama Valeria. Es jueza en la corte penal internacional. Si alguien puede usar esta información para hacer justicia, es ella.

—¿Dónde está?

—En la ciudad. Pero tenemos que contactarla con discreción. Vergara tiene sus ojos en todas partes, y si descubre que hemos recuperado el archivo, enviará a todos sus hombres a por nosotros.

Leo asiente. Sabe que el riesgo es alto, pero también sabe que no hay otra opción.

—Entonces iremos a verla —dice—. Pero antes, quiero hacer una cosa.

—¿Qué?

—Quiero despedirme de Sofía.

Elena asiente, entendiendo.

Salen de la zona de embalaje y caminan hacia el patio trasero de la fábrica. Allí, entre la maleza y los escombros, Leo encuentra un pequeño lugar donde el suelo está ligeramente elevado, como una tumba improvisada. No hay lápida, no hay flores, solo una pequeña cruz de madera que él mismo colocó años atrás, según le dice su instinto.

Se arrodilla frente a la cruz. Elena se queda atrás, respetando su espacio.

—Hola, Paloma —dice Leo, con la voz quebrada—. Lo siento por haberlo olvidado. Lo siento por haberte dejado ir. Pero he vuelto, y he traído la verdad. Voy a asegurarme de que lo que hiciste no fue en vano.

Saca la foto de la carpeta, la que encontró en la caja fuerte, y la coloca junto a la cruz.

—Te quiero —susurra—. Y siempre te querré.

Se levanta lentamente. Siente que el peso en su pecho se ha aligerado un poco. No ha desaparecido, pero ya no es una losa que le impide respirar.

—¿Listo? —pregunta Elena.

—Listo —responde Leo.

Regresan al coche. La noche es oscura y silenciosa, pero Leo siente que algo ha cambiado. Ya no es el hombre que despertó en un hospital sin saber quién era. Ahora sabe quién es. Ahora sabe lo que tiene que hacer.

El coche arranca, y se pierde en la noche.

Pero en el asiento trasero, la foto de Sofía queda clavada en la memoria de Leo.

Como un faro en la tormenta.

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valeska garay campos
se lee interesante 🤔👀
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