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Omega De Sangre Real

Omega De Sangre Real

Status: En proceso
Genre:Omegaverse / Vampiro / Posesivo
Popularitas:1.9k
Nilai: 5
nombre de autor: VICTOR CUETO

Su sangre puede coronar reyes... o enterrarlos.

Cuando un omega despierta con la marca de un alfa vampiro ardiendo en su cuello, descubre demasiado tarde que no es una víctima: es la última arma que todos quieren poseer.

Y el alfa que lo reclamó no piensa soltarlo... ni vivo, ni muerto.

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Capítulo 8: Sangre y cenizas

Sangre y cenizas

El primer cuerpo cayó antes de que Kael pudiera siquiera gritar.

Damien se movió como una sombra viva. Uno de los vampiros plateados apenas tuvo tiempo de levantar un brazo. El sonido de vértebras rompiéndose fue limpio, seco, casi elegante. La cabeza del intruso giró en un ángulo imposible y el cuerpo se desplomó sobre el mármol negro del salón, derramando sangre oscura que olía a hierro viejo y a miedo.

Los otros dos no retrocedieron.

El de ojos ámbar sonrió, mostrando colmillos demasiado largos.

—Príncipe Voss… siempre tan dramático.

Damien no respondió. Su espalda estaba tensa, los hombros cubiertos de una fina capa de sangre ajena. A través del vínculo recién completado, Kael sintió todo: la rabia fría, el hambre de protección, la certeza absoluta de que nadie tocaría lo que ahora le pertenecía. El lazo latía entre ellos como un segundo corazón. Cada latido de Damien resonaba dentro del pecho de Kael.

—Sal de aquí —ordenó Damien sin mirarlo. La voz era baja, pero el comando atravesó el vínculo con fuerza suficiente para hacer temblar las rodillas de Kael.

—No —respondió Kael. La propia voz le sonó extraña, más grave. La marca en su cuello ardía con una luz constante, y bajo esa luz corría algo nuevo. Poder. Su sangre real respondía a la amenaza como si hubiera estado esperando exactamente este momento.

El tercer vampiro, más delgado y de cabello blanco, inclinó la cabeza hacia Kael con interés abierto.

—Míralo… ya está completo. La marca brilla como debería. Qué desperdicio dejarlo en manos de un príncipe solitario.

Damien se lanzó.

El choque fue brutal. El vampiro de cabello blanco intentó esquivar, pero Damien fue más rápido. Lo tomó del cuello y lo estrelló contra una de las columnas de piedra. El impacto hizo temblar el salón. Polvo y astillas cayeron del techo. Damien no le dio tiempo a recuperarse: sus colmillos se hundieron en la garganta del intruso y bebió con violencia, no por hambre, sino por pure castigo. La sangre oscura corrió por su barbilla y manchó su pecho desnudo.

Kael no pudo apartar la mirada.

A través del vínculo sintió el sabor de esa sangre, el asco de Damien, la satisfacción fría de eliminar una amenaza. Y debajo de todo eso… una preocupación feroz dirigida únicamente a él.

El vampiro de ojos ámbar aprovechó la distracción.

Se movió hacia Kael con una velocidad que el ojo humano no habría podido seguir. Pero Kael ya no era completamente humano. Algo dentro de él reaccionó antes de que su mente pudiera procesarlo. Levantó una mano de forma instintiva y una oleada de calor salió de su pecho. No era fuego. Era sangre. Su propia sangre respondiendo.

El aire entre ellos se densificó. El vampiro se detuvo en seco, como si hubiera chocado contra un muro invisible. Sus ojos se abrieron de sorpresa.

—¿Qué…?

Kael miró su propia mano. Las venas bajo su piel brillaban con la misma luz ámbar de la marca. El poder era crudo, descontrolado, y le quemaba por dentro como si estuviera consumiendo su propia vida para protegerse.

Damien sintió el cambio a través del vínculo. Giró la cabeza de inmediato. Sus ojos rojos se encontraron con los de Kael y, por un segundo, hubo algo parecido al orgullo en ellos. Luego a la preocupación.

—¡No lo uses todavía! —gritó—. ¡No estás listo!

Pero ya era tarde.

El vampiro de ojos ámbar se recuperó del impacto y sonrió con crueldad.

—Así que el Omega de Sangre Real ya despierta… Qué interesante. La Casa Nocturne pagará una fortuna por ti vivo. O por tu cadáver, si es necesario.

Se lanzó de nuevo.

Esta vez Damien llegó antes. Se interpuso entre Kael y el atacante con un movimiento tan rápido que el aire silbó. El choque de cuerpos fue violento. Rodaron por el suelo, derribando una mesa antigua y enviando candelabros al suelo. Las llamas se extendieron sobre las alfombras, pero ninguno de los dos pareció notarlo.

Kael retrocedió hasta quedar contra una pared. El poder seguía corriendo por sus venas, caliente e inquietante. Cada vez que Damien recibía un golpe, Kael lo sentía como si fuera propio. Una costilla que se agrietaba. Un corte profundo en el hombro. La rabia que crecía dentro del alfa como una marea negra.

*No te atrevas a morir*, pensó Kael con desesperación, y el pensamiento viajó a través del vínculo con tanta fuerza que Damien gruñó en medio de la pelea.

El vampiro de ojos ámbar logró clavar sus garras en el costado de Damien. La sangre del príncipe —más oscura, más antigua— salpicó el mármol. Damien respondió arrancándole la garganta de un mordisco limpio. El cuerpo del intruso se estremeció y cayó.

Silencio.

Solo quedaba el crepitar del fuego que comenzaba a extenderse por las cortinas y la respiración agitada de Damien. El alfa se puso de pie con lentitud. Su torso estaba cubierto de sangre —propia y ajena—. Una herida profunda le cruzaba el costado, pero ya estaba cerrándose gracias a su naturaleza. Los ojos rojos buscaron a Kael de inmediato.

—¿Estás herido? —preguntó. La voz era ronca, casi animal.

Kael negó con la cabeza. Todavía tenía la espalda pegada a la pared y las manos temblorosas.

Damien se acercó. Cada paso dejaba huellas de sangre sobre el mármol. Cuando llegó frente a él, levantó ambas manos y le sujetó el rostro con una delicadeza que contrastaba brutalmente con la violencia de segundos antes.

—Te sentí —murmuró—. Cuando usaste el poder. Fue demasiado pronto. Podría haberte quemado por dentro.

Kael tragó saliva. El vínculo latía entre ellos, lleno de adrenalina, de alivio y de algo más oscuro y posesivo.

—No pude evitarlo —admitió—. Cuando se acercó a mí… algo dentro reaccionó solo.

Damien cerró los ojos un instante, como si estuviera controlando un impulso. Cuando los abrió, su expresión era más suave, pero no menos intensa.

—Eso es la sangre real despertando. Ahora que el vínculo está completo, se acelerará. Pronto no podrás ignorarlo.

Se separó solo lo necesario para mirar alrededor del salón destruido. Los tres cuerpos yacían inmóviles. El fuego se extendía. Damien chasqueó la lengua con molestia.

—Habrá que quemar los cadáveres. No quiero que nadie más huela su sangre dentro de mis muros.

Levantó una mano. Una sombra oscura salió de sus dedos y envolvió los cuerpos. En segundos se convirtieron en ceniza fina que el aire dispersó. Luego se giró hacia las llamas y, con un gesto, las sofocó como si nunca hubieran existido.

El salón quedó en penumbra, iluminado solo por la luna roja que entraba por los ventanales rotos.

Damien regresó junto a Kael. Esta vez no hubo distancia. Lo atrajo contra su pecho, ignorando la sangre que aún manaba de su costado. Kael no se resistió. El olor de Damien —mezclado con hierro y poder— lo envolvió por completo. La marca en su cuello se calmó al contacto, como si finalmente estuviera donde debía.

—Vendrán más —dijo Damien contra su cabello—. Esta fue solo una avanzada. Las Casas Nocturne y Draven no se detendrán. Quieren tu sangre. Quieren lo que puedes crear.

Kael cerró los ojos, escuchando el silencio del pecho de Damien y sintiendo el vínculo como una presencia constante.

—¿Y tú? —preguntó en voz baja—. ¿Qué quieres realmente de mí, más allá del poder?

Hubo un silencio largo. Las manos de Damien se cerraron con más fuerza alrededor de su cintura.

—Quiero que vivas —respondió al fin—. Quiero que nadie más te toque. Y quiero… —se interrumpió, como si las siguientes palabras le costaran—. Quiero que dejes de mirarme como si fuera solo tu carcelero.

Kael levantó el rostro. A través del vínculo pudo sentir la sinceridad cruda de esas palabras, mezclada con siglos de soledad y una necesidad que Damien ni siquiera intentaba ocultar ya.

Antes de que pudiera responder, un nuevo sonido rompió el momento.

Pasos. Muchos. Acercándose desde el exterior del castillo.

Damien se tensó de inmediato. Sus ojos se volvieron hacia las ventanas rotas. A través del vínculo, Kael sintió la oleada de hostilidad que se acercaba.

—Demasiados —murmuró Damien—. Esta vez no son tres.

Tomó la mano de Kael con fuerza.

—Vamos. Ahora.

No esperó respuesta. Tiró de él hacia un pasillo lateral que Kael no había explorado. Detrás de ellos, el sonido de puertas siendo derribadas y voces gritadas en un idioma antiguo llenó el salón.

Corrían.

El vínculo latía entre ellos con urgencia. Kael podía sentir el dolor de la herida de Damien, la determinación feroz, y debajo de todo… un miedo que el alfa nunca habría admitido en voz alta: miedo a perderlo.

Llegaron a una escalera de caracol que bajaba hacia la oscuridad. Damien no dudó. Comenzaron a descender. El aire se volvió más frío, más húmedo. Olor a tierra profunda y a piedra antigua.

—¿A dónde vamos? —preguntó Kael, sin dejar de seguirlo.

—A las catacumbas —respondió Damien—. Hay un camino antiguo que solo los de mi línea conocen. Nos dará tiempo.

Detrás de ellos, los gritos se acercaban.

Kael sintió que el poder de su sangre volvía a despertar, caliente y peligroso bajo la piel. La marca brillaba con tanta fuerza que iluminaba los escalones de piedra.

Damien notó la luz y apretó más su mano.

—No lo uses todavía —advirtió otra vez—. Si lo haces sin control, podrías quemarte por dentro antes de que lleguemos a un lugar seguro.

Kael asintió, aunque no estaba seguro de poder obedecer. El poder quería salir. Quería proteger. Quería destruir a cualquiera que amenazara el vínculo recién formado.

Llegaron al final de la escalera. Un pasillo estrecho se abría frente a ellos, iluminado solo por la luz de la marca de Kael. Damien se detuvo un segundo, escuchando. A través del vínculo, Kael sintió cómo el alfa extendía sus sentidos.

—Están dentro del castillo —murmuró—. Demasiados. Alguien les abrió el camino.

La traición colgó entre ellos como un veneno.

Damien miró a Kael. En la oscuridad, sus ojos rojos brillaban con una intensidad casi dolorosa.

—Escúchame bien. A partir de este momento, no te separas de mí. Ni un segundo. El vínculo nos da ventaja, pero también nos hace vulnerables. Si uno de nosotros cae… el otro lo sentirá como si se estuviera muriendo.

Kael apretó su mano.

—Entonces no caigas.

Damien esbozó una sonrisa mínima, casi salvaje.

—No planeo hacerlo.

Comenzaron a avanzar por el pasillo oscuro. Detrás de ellos, el sonido de perseguidores se hacía más claro. Voces. Pasos. El olor de feromonas hostiles filtrándose hasta las catacumbas.

Kael sintió que su sangre respondía otra vez. Esta vez no intentó detenerla. Dejó que el calor se extendiera por sus venas, iluminando el camino frente a ellos con una luz ámbar cada vez más intensa.

Damien lo notó, pero no dijo nada. Solo apretó más su mano y aceleró el paso.

Al final del pasillo había una puerta de hierro antigua, cubierta de runas que brillaron al sentir la sangre real de Kael. Damien colocó su propia mano sobre ella. La puerta se abrió con un gemido profundo.

Detrás, un túnel aún más oscuro se extendía hacia lo desconocido.

Damien miró a Kael una última vez antes de cruzar.

—Una vez que entremos… no hay vuelta atrás. Las catacumbas pertenecen a los antiguos. Y no todos duermen.

Kael sostuvo su mirada. A través del vínculo, le envió una certeza silenciosa:

*Entonces despertémoslos juntos.*

Damien asintió.

Juntos cruzaron el umbral.

La puerta de hierro se cerró detrás de ellos con un estruendo final, sellándolos en la oscuridad… y dejando a sus perseguidores gritando al otro lado.

Pero en la negrura del túnel, Kael sintió algo más.

Una presencia antigua.

Muchas presencias.

Despertando.

Y todas ellas… reconocían el olor de su sangre.

1
Victor Cueto
Quiero saber más..mm😭
Victor Cueto
Se pone cada vez más interesante
Victor Cueto
Me encanta....
Victor Cueto
Buenas trama para solo tener 3 capítulos por favor publicar más.
Victor Cueto
para iniciar apenas, está buena la trama.
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