Evelyn Bellamy ha vivido toda su vida bajo un nombre que quizá nunca le perteneció. Cuando una antigua fotografía, una cinta azul y una serie de muertes inexplicables despiertan recuerdos que creía perdidos, descubre que su pasado esconde una verdad capaz de destruirlo todo. Ahora deberá descubrir quién es realmente antes de que alguien silencie la verdad para siempre.
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Capítulo 18: El hombre que nunca murió
Evelyn no apartaba los ojos de Thomas.
—Dijiste que mi padre está vivo.
—Sí.
—Entonces quiero verlo.
Thomas negó lentamente.
—No es tan sencillo.
—Después de todo lo que he descubierto, creo que ya no existe nada sencillo en mi vida.
Su hermana se acercó al escritorio.
—¿Dónde está?
Thomas miró hacia la puerta de la cámara.
—No lo sé con certeza.
Evelyn apretó los dientes.
—Acabas de decir que sabes que está vivo.
—Porque recibí una carta suya hace cuatro años.
Alistair intervino.
—¿Dónde está esa carta?
Thomas sacó un sobre.
No tenía remitente.
Solo una fecha.
**1886.**
Evelyn lo abrió.
La letra era firme.
“Thomas:
Si las niñas siguen vivas, no intentes encontrarlas.
Mientras Edward crea que murieron, estarán a salvo.
Cuando llegue el momento, diles que no las abandoné.
Me obligaron a desaparecer.
Y algún día regresaré.”
Evelyn sintió un nudo en la garganta.
—¿Quién lo obligó?
Thomas guardó silencio.
—Thomas.
—Edward.
Evelyn negó.
—No tiene sentido. Si Edward quería encontrarlo, ¿por qué permitiría que desapareciera?
—Porque tu padre sabía algo que Edward necesitaba.
—¿Qué?
Thomas miró a las dos hermanas.
—Dónde estaba el original del acuerdo que podía destruirlo.
Alistair entendió.
—El documento que hemos estado buscando.
Thomas asintió.
—Tu padre lo escondió antes de desaparecer.
Evelyn tomó aire.
—¿Y dónde?
—No lo sé.
—Entonces seguimos igual.
—No.
Thomas señaló el medallón de Evelyn.
—Tu madre no te dio esa llave solamente para abrir una puerta.
Evelyn bajó la mirada.
—¿Qué quieres decir?
—Tu padre diseñó el escondite.
Evelyn recordó la pequeña llave de plata.
—¿La llave era suya?
—Sí.
Su hermana se acercó.
—Entonces él sabía que nos separarían.
Thomas asintió.
—Sabía que Edward intentaría encontrar el documento. Por eso decidió dividir las pistas.
Evelyn comprendió.
Una pista estaba con ella.
La otra con su hermana.
—El nombre y la llave —murmuró.
—Exactamente.
Por primera vez, la estrategia de sus padres estaba completa.
No habían escondido una herencia.
Habían escondido una prueba.
Una prueba que solo podía recuperarse cuando las dos hermanas estuvieran juntas.
Evelyn miró a su hermana.
—¿Qué tienes tú?
La otra Evelyn sacó el pequeño libro que había llevado consigo desde la casa Laurent.
—Esto.
Lo abrió.
Entre las páginas había una hoja doblada.
Evelyn la reconoció.
Era un mapa.
Pero no mostraba Londres.
Mostraba una zona rural.
Y una pequeña propiedad junto a un lago.
—¿Dónde es esto?
Thomas tomó el mapa.
Su expresión cambió.
—La casa de Valemont.
Alistair frunció el ceño.
—Pensaba que había sido destruida.
—Eso fue lo que hicieron creer.
Evelyn tomó el mapa.
—¿Mi padre está allí?
Thomas negó.
—No lo sé.
—Entonces iremos.
Alistair la miró.
—Podría ser una trampa.
—Todo lo que hemos encontrado podría serlo.
Su hermana sonrió débilmente.
—Pero esta vez iremos juntas.
Thomas dio un paso hacia ellas.
—Hay algo que deben saber antes de marcharse.
Evelyn se detuvo.
—¿Qué?
—La persona que os ha estado vigilando no trabaja para Edward.
Evelyn frunció el ceño.
—¿Entonces para quién?
Thomas respondió:
—Para vuestro padre.
El silencio fue inmediato.
Su hermana palideció.
—¿Por qué?
Thomas bajó la mirada.
—Porque él quiere asegurarse de que ustedes lleguen a la casa Valemont.
Evelyn sintió que algo no encajaba.
—¿Y por qué no viene él mismo?
Thomas levantó los ojos.
—Porque está enfermo.
La respuesta fue inesperadamente sencilla.
No había conspiración.
No había una trampa inmediata.
Solo un hombre que llevaba años escondido y que, finalmente, parecía haber decidido regresar.
Evelyn guardó el mapa.
—Entonces mañana iremos.
Thomas asintió.
—No.
Ella lo miró.
—¿No?
—Esta noche.
***
Horas después, el carruaje avanzaba hacia el norte.
Evelyn permanecía despierta.
Su hermana dormía frente a ella.
Alistair vigilaba por la ventana.
Nadie vio al jinete que los seguía desde hacía varios kilómetros.
Hasta que el hombre se acercó al carruaje.
Alistair levantó la cortina.
El jinete hizo una señal.
Era el mismo símbolo de la estrella.
Alistair abrió la ventanilla.
—¿Quién eres?
El hombre entregó un sobre.
—Para Evelyn Bellamy.
Alistair lo tomó.
El jinete se alejó sin decir nada.
Evelyn abrió el sobre.
Solo contenía una frase.
“Tu padre te espera.”
Debajo había una segunda línea.
“Pero antes de verlo, pregúntale por qué dejó morir a Isabelle.”
Evelyn levantó lentamente la mirada.
Su hermana ya estaba despierta.
Había leído la frase.
Ninguna de las dos habló.
Porque por primera vez, el misterio no estaba en descubrir quién había mentido.
Estaba en descubrir si su padre había sido víctima de aquella historia...
o uno de sus responsables.