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DEUDAS DE SANGRE: UNA NOVELA PSICOLÓGICA

DEUDAS DE SANGRE: UNA NOVELA PSICOLÓGICA

Status: En proceso
Genre:Policial / Suspenso / Mafia
Popularitas:2k
Nilai: 5
nombre de autor: Letra Siete

Tras la muerte de su padre, Haruto Saitō hereda una montaña de deudas que parecen imposibles de pagar. Desesperado por proteger a su madre, a su hermana y a la mujer que ama, acepta trabajar para una organización criminal creyendo que solo será por un tiempo. Pero cada deuda saldada exige un precio mayor, y cada decisión lo aleja un poco más del hombre que alguna vez fue.

NovelToon tiene autorización de Letra Siete para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Las Manos

Haruto no volvió a dormir.

Cada vez que cerraba los ojos veía el mismo instante.

La lluvia.

El forcejeo.

El disparo.

Y aquellos ojos.

No eran unos ojos llenos de odio.

Ni de rabia.

Eran unos ojos confundidos.

Como los suyos.

A las cuatro de la mañana dejó de intentarlo.

Se levantó de la cama y caminó hasta el baño.

Abrió la canilla.

El agua cayó sobre sus manos durante varios minutos.

Las frotó con jabón.

Una vez.

Dos.

Cinco.

Diez.

No importaba cuánto las lavara.

Seguía sintiendo la sangre.

Cuando salió del baño encontró a Aiko despierta.

Estaba sentada en la cocina, con una taza de café entre las manos.

Lo observó en silencio.

—¿Otra vez?

Haruto se quedó inmóvil.

—¿Qué?

—Te escuché abrir la canilla tres veces esta noche.

Silencio.

—¿Te pasa algo?

Él bajó la mirada.

—Solo estoy cansado.

Aiko dejó lentamente la taza sobre la mesa.

—Hace semanas que esa es tu respuesta para todo.

Cansado.

Ocupado.

Después.

Haruto respiró hondo.

—Es un momento difícil en el trabajo.

Ella sonrió con tristeza.

—¿Sabés qué es lo peor?

Que ya ni siquiera intento adivinar si me estás diciendo la verdad.

Las palabras quedaron suspendidas entre los dos.

Haruto quiso acercarse.

Aiko dio un paso hacia atrás.

No por miedo.

Por costumbre.

Y ese pequeño gesto le dolió más que cualquier discusión.

Ese día no fue a la oficina.

Shinji no lo llamó.

Kenji tampoco.

Por primera vez desde que había entrado en la organización...

Estaba completamente solo.

Y eso era peor.

Porque no tenía trabajo para distraerse.

Solo recuerdos.

Al mediodía sonó el timbre.

Era Ryō.

Hacía casi un mes que no lo veía.

Llevaba la barba crecida.

Los ojos hundidos.

Y una sonrisa forzada.

—¿No me invitas a pasar?

Haruto tardó unos segundos en reaccionar.

—Claro...

Entra.

Ryō miró alrededor de la casa.

—Hace mucho que no venía.

Yui salió corriendo desde el pasillo.

—¡Ryō!

Él le revolvió el cabello con una sonrisa sincera.

—Cada vez estás más alta.

—Voy a entrar a la secundaria.

—¿En serio?

Entonces ya soy un viejo.

Yui soltó una carcajada.

Haruto los observó.

Por un instante...

Todo parecía igual que antes.

Cuando salieron a caminar para comprar unas bebidas, Ryō dejó escapar un largo suspiro.

—Me alegra verte mejor.

Haruto lo miró de reojo.

—¿Mejor?

—Sí.

Antes siempre tenías cara de que el mundo se iba a terminar.

Ahora...

Parecés otra persona.

Aquella frase le heló la sangre.

Otra persona.

No era un cumplido.

Era la verdad.

Caminaron unos metros más.

Ryō metió las manos en los bolsillos.

—Yo no tanto.

Haruto ya conocía ese tono.

—¿Volviste a apostar?

Ryō sonrió sin alegría.

—Intenté dejarlo.

De verdad.

Duré tres semanas.

Después pensé...

"Una sola vez."

Ya sabés cómo termina esa historia.

Haruto sintió un nudo en el estómago.

Meses atrás habría sacado dinero del bolsillo sin pensarlo.

Ahora...

Llevaba encima un sobre con dinero de la organización.

Podía ayudarlo.

Pero ese dinero ya no le pertenecía solo a él.

Miró el sobre.

Volvió a guardarlo.

—Lo siento.

No puedo.

Ryō bajó la cabeza.

—No te estaba pidiendo dinero.

Haruto sintió una punzada de vergüenza.

—Solo necesitaba hablar con alguien.

Silencio.

—Hace rato que siento que ya no te conozco.

Continuaron caminando.

Ninguno volvió a decir una palabra.

Cuando Haruto regresó a casa, encontró a Aiko guardando ropa en una valija pequeña.

El corazón le dio un vuelco.

—¿Qué haces?

Ella siguió doblando una remera.

—Voy a pasar unos días con mi hermana.

Haruto sintió que el aire desaparecía.

—¿Por qué?

Aiko dejó de doblar la ropa.

Lo miró fijamente.

—Porque necesito extrañarte.

Silencio.

—Y hace tiempo que, aun viviendo bajo el mismo techo...

Siento que ya no tengo oportunidad de hacerlo.

Haruto dio un paso hacia ella.

—Aiko...

Ella negó con la cabeza.

—No.

No quiero pelear.

Solo...

Necesito pensar.

Se acercó lentamente.

Le acomodó el cuello de la camisa, como hacía siempre antes de que saliera a trabajar.

Ese gesto tan cotidiano estuvo a punto de quebrarlo.

—Todavía te amo.

Y justamente por eso me da miedo seguir viéndote cambiar todos los días.

Haruto sintió un nudo en la garganta.

Quiso abrazarla.

Pero recordó sus manos.

Las mismas manos que, apenas unas horas antes, había intentado lavar hasta lastimarse la piel.

No pudo hacerlo.

Las dejó caer a los costados.

Aiko lo miró con una tristeza infinita.

—¿Ves?

Ni siquiera puedes abrazarme.

Tomó la valija.

Pasó junto a él.

Y salió de la casa.

La puerta se cerró con un ruido suave.

Demasiado suave.

Haruto permaneció inmóvil durante varios minutos.

Su madre apareció desde el pasillo.

No preguntó qué había pasado.

Solo apoyó una mano sobre su hombro.

Él rompió en llanto.

No lloraba desde el funeral de su padre.

Lloró por el hombre que había matado.

Por Aiko.

Por Ryō.

Por las mentiras.

Y, sobre todo...

Porque empezaba a comprender que la organización todavía no le había quitado a las personas que amaba.

Estaba logrando algo mucho peor.

Hacer que fueran ellas quienes decidieran alejarse.

Aquella noche recibió un único mensaje.

Era de Shinji.

No preguntaba cómo estaba.

No mencionaba el trabajo.

Solo decía:

"Nos vemos mañana."

Haruto miró la pantalla durante varios segundos.

Luego bloqueó el teléfono.

Y, por primera vez desde que aceptó aquel empleo, deseó no despertar al día siguiente.

Pero cuando amaneció...

Se vistió.

Tomó el portafolios.

Y salió de casa como si nada hubiera ocurrido.

Eso fue lo que más miedo le dio.

No haber dejado de sufrir.

Sino haber aprendido que el dolor ya no era una razón suficiente para detenerse.

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fandeloslibros
empezó muy bueno el nuevo arco👏
fandeloslibros
ya estoy al día esperando Capítulo nuevo
fandeloslibros
buen arco
Cosmo
a cosmo le agradó quiero saber que sigue
Cosmo
que buen giro
Cosmo
se siente la presion
Cosmo
este capitulo me hizo ponerme sentimental
Cosmo
se puso muy bueno
HarryAang
buen capitulo
HarryAang
me gustó mucho me tiene atrapado
Letra Siete: Muchas gracias por tu comentario.
total 1 replies
Joana Velazques
Sin dudas, es una historia atrapante. Me deja con muchas ganas de saber cómo continúa.
Letra Siete: Muchas gracias por tu comentario.
total 1 replies
Joana Velazques
me encantó mucho este capítulo 👏💯💥
Letra Siete: Muchas gracias por tu comentario. Me alegra que te haya gustado.
total 1 replies
soshua
Me intriga saber como sigue
Letra Siete: Muchas gracias por tu comentario. Se irán subiendo diariamente los capítulos nuevos.
total 1 replies
M.F. Lawren
Interesante
Letra Siete: Muchas gracias por tu comentario.
total 1 replies
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