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Matrimonio Por Contrato, ¿Amor Después Del Matrimonio?

Matrimonio Por Contrato, ¿Amor Después Del Matrimonio?

Status: En proceso
Genre:Venganza / Mujer poderosa / Matrimonio arreglado
Popularitas:3.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Kiary Valverde

Sinopsis:
Un matrimonio por conveniencia de dos años. Dos mentes calculadoras dispuestas a todo.
Emma creía que Dilan era el títere perfecto para lograr su venganza familiar y luego desaparecer con su herencia. Dilan sabía que Emma era un lobo con piel de cordero desde el día en que la conoció, y la eligió por eso.
Cuando las mentiras salen a la luz y el imperio de piezas se derrumba, ella exige la libertad que estipulaba el contrato. Pero él tiene una nueva condición: "Úsame, destruye a quien quieras, pero te quedas conmigo". Una historia de amor obsesivo, secretos y poder donde el peligro más grande no son los enemigos externos, sino la atracción entre los dos. Una pregunta que Emma no sabe cómo responder: ¿Se puede ganar una guerra cuando tu mayor enemigo está dispuesto a entregarte todo con tal de que lo ames?

NovelToon tiene autorización de Kiary Valverde para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

22

Emma

Nos quedamos mirándonos fijamente por un par de segundos interminables. No tenía la menor idea de qué era lo que Dilan estaba orquestando en su mente, pero conocía su faceta de ejecutivo lo suficiente como para saber que no tramaba nada bueno; al menos, nada que me beneficiara a mí.

—Dilan, no tengo la más mínima idea de qué es lo que pretendes obtener de mí a estas alturas, pero te advierto que no soy el tipo de mujer que se deja doblegar por nadie —declaré, sosteniéndole el pulso.

—Con tu familia sí lo haces —replicó de inmediato, dando un paso drástico que eliminó cualquier distancia entre nuestros cuerpos.

—Eso es diferente —argumenté, apartando la mirada hacia los ventanales de la oficina para que no notara mi vulnerabilidad.

—¿Qué es exactamente lo que nos diferencia a ellos y a mí? —inquirió con voz ronca. Su mano subió con firmeza, atrapando mi barbilla para obligarme a encararlo de nuevo.

Lo miré directo a los ojos y tragué saliva con dificultad. Sentía una furiosa batalla interna; una parte de mí deseaba desesperadamente dejar de pensar en mi propio jefe de una manera tan explícita y lujuriosa, pero la tensión en el ambiente era asfixiante.

—Ellos... ellos tienen en su poder algo que me perjudica directamente —confesé en un hilo de voz, cediendo ante la presión de su mirada.

—¿Quieres que me encargue de destruirlo? —ofreció, y por un instante vi un destello genuino de protección en sus ojos oscuros.

—¡No! —respondí de inmediato, alarmada—. Es algo sumamente importante para mí, no puedes simplemente arrasar con ello.

Dilan relajó los dedos de mi mentón y retrocedió un paso, estudiándome con detenimiento. No lograba descifrar qué estaba sopesando en su cabeza, pero si verdaderamente planeaba una venganza contra mí por la filtración de las tierras, deduje que no era en absoluto conveniente confesarle toda la verdad en este momento.

—¿Todo este misterio es por tu exnovio? —preguntó de pronto, clavando sus ojos en los míos.

Lo miré con absoluta incredulidad. ¿Mi tía le había hablado a Dilan sobre Scott? Aquello era completamente irrelevante en nuestra situación actual, pero él parecía convencido de que mi reticencia se debía a un fantasma del pasado. De hecho, Scott y yo ni siquiera habíamos llegado a concretar algo tan formal.

—Puede ser —respondí, encogiéndome de hombros con deliberada indiferencia para despistarlo.

—Sé honesta conmigo, Emma.

—Eso me resulta simplemente imposible —sentencié, dándole la espalda para ir a sentarme en el sofá de cuero de la recepción privada.

Me di cuenta de que estábamos dando vueltas en círculos sin llegar a ningún terreno firme. Era como si ambos hiciéramos a un lado deliberadamente el conflicto principal que amenazaba con destruir la empresa; quizás era su manera particular de evadir las crisis personales, pero yo estaba acostumbrada por mi crianza a cortar los problemas de raíz.

—¿Qué piensas hacer exactamente con la situación de la empresa? —le pregunté de frente, cambiando el enfoque.

—No estamos discutiendo ese tema justo ahora —evadió él, caminando hacia su escritorio.

—Es el asunto más importante, Dilan. Cambiaste la conversación y sigues sin darme una respuesta clara sobre las auditorías.

—No haré nada al respecto. Las cosas en la compañía se van a quedar exactamente tal como están —declaró, tomando asiento en su imponente silla presidencial.

—¿Por qué? Cometí una falta grave.

—Eres mi esposa, Emma. Tengo el poder de dejarlo pasar —soltó, como si fuera la cosa más natural del mundo.

—Te estoy hablando completamente en serio, Dilan.

—Y yo también. Ya te lo aseguré antes: quiero que este matrimonio funcione de una u otra manera.

—¿Y qué pasará con la presión de mis tíos?

—Eso ya lo tengo perfectamente resuelto bajo mis propios términos. Lo único que espero de tu parte es que no te entrometas cuando finalmente les llegue su hora —advirtió con una frialdad corporativa que me erizó la piel.

—No lo haré —aseguré.

—Bien.

—¿Y bien qué?

—¿Y bien qué de qué, Emma?

—No lo sé... siento que está siendo demasiado fácil para ti sobrellevar toda la traición que te confesé en el departamento. Es como si para un hombre de negocios tan estricto como tú, mi falta fuera solo un detalle insignificante.

—¿Cómo esperas que reaccione entonces?

—Lo más lógico, lo empresarialmente correcto, es que me dejes. Que firmes el divorcio y me expulses de la firma.

Vi cómo una sonrisa ladina y oscura se dibujaba en sus labios.

—Eso no va a suceder nunca, Emma. En mis planes estratégicos jamás ha existido esa opción, nunca estuvo sobre la mesa. Y si llegara el día en que intentaras marcharte, preferiría morir antes que dejarte ir.

Me quedé estupefacta, procesando la tremenda intensidad de sus palabras.

—¿Vas a arriesgar tanto... todo por mantener una dinámica de sexo casual conmigo? —le espeté, intentando racionalizar su obsesión.

—No —corrigió él, poniéndose de pie con parsimonia—. Todo porque eres mi mujer.

—Eso no te lo crees ni tú mismo, Dilan.

—Deberías empezar a creértelo tú.

Caminó con paso lento hasta quedar suspendido sobre mí en el sofá. Su mano derecha subió con suavidad para acariciar la línea de mi pómulo, mientras nuestras miradas se entrelazaban en un desafío mudo.

—Desde que era un niño, he conseguido absolutamente cada una de las cosas que me he propuesto en esta vida, Emma. Es matemáticamente imposible que te deje marchar después de todo lo que hemos construido.

—Desde que yo era una niña, cada vez que algo me estorba o me molesta en mi camino, lo elimino para siempre —le respondí, sosteniéndole la mirada con una sonrisa afilada—. Así que trata de no convertirte en una molestia en mis planes, Dilan.

Él esbozó una sonrisa de medio lado, disfrutando el filo de mis palabras. No se si son ideas mías, pero parece que le h encantado.

—Puedo llegar a convertirme en tu peor pesadilla si me lo propongo, pero en este momento prefiero hacer las cosas bien contigo. Así que, por tu propio bien, te sugiero que me des una oportunidad real —su mano descendió con lentitud y presionó levemente la base de mi cuello, inmovilizándome contra el respaldo.

Lejos de infundirme temor o molestia, el gesto me pareció sumamente dominante. Encontré la situación y el peligro implícito sumamente excitantes. Me incliné hacia adelante unos milímetros, lo justo para rozar mis labios contra los suyos, notando cómo sus ojos oscuros no se apartaban ni un segundo de mis facciones.

Si tan solo este despliegue de posesión que siente por mí fuera a ser eterno... pero conozco el mundo. Sé muy bien que esta fascinación se va a extinguir en cuanto el conflicto con las tierras termine. Prefería mantener la guardia alta y seguir convenciéndome de que esto era solo un acuerdo de beneficio mutuo y sexo casual, hasta que alguno de los dos terminara por cansarse. Solo manteniendo esa distancia emocional lograría obtener la libertad total que tanto ansiaba.

—Dilan... —susurré, fijando mis ojos en los suyos sin romper el sutil contacto de nuestras bocas—. Bésame —le ordené en un murmullo, dándole un leve e intencionado mordisco a su labio inferior.

Fue como si mis palabras hubieran desatado una fiera contenida. Su sonrisa se ensanchó sensiblemente, liberó mi cuello y deslizó su mano con fuerza hacia mi nuca, estrellando sus labios contra los míos en un beso cargado de una pasión desenfrenada y un deseo biológico inexplicable. Jamás en mi vida imaginé que experimentaría una atracción tan voraz por un hombre como la que sentía por mi jefe en este instante. Mientras lograra mantener los sentimientos innecesarios al margen de la ecuación, sabía que podría sobrellevar el juego.

Le correspondí el beso con la misma intensidad salvaje, subiendo mis manos por sus hombros texturizados y aferrándome a la tela de su saco formal con desesperación.

—Espera... —logré articular, apartándome apenas unos centímetros para recuperar el oxígeno—. Dilan, todavía estamos dentro de la oficina principal, cualquiera podría entrar.

—A la mierda la oficina —sentenció con voz ronca.

Sin darme tiempo a replicar, me tomó por los muslos y me levantó en vilo. Me cargó con total facilidad en sus brazos cruzando el despacho presidencial en dirección a su suite de descanso privada. Me depositó de pie junto al borde de la enorme cama matrimonial y, de inmediato, comenzó a despojarse de la corbata y el saco con movimientos rápidos y decididos.

Este Dilan, completamente desarmado por la urgencia y desprovisto de su habitual compostura fría, distaba mucho del hombre calculador que conocí el primer día. Sonreí levemente; después de todo, estaba obteniendo exactamente lo que busqué desde el principio. Me había acercado a él con un propósito muy específico en mente y no pensaba perder el control de la jugada. Lo contemplé fijamente a los ojos.

—Si más adelante llegaras a enterarte de otra mentira de mi parte... ¿qué es lo que harías conmigo, Dilan? —le pregunté con voz seductora, mientras deslizaba la palma de mi mano por la superficie de su abdomen.

No le apartaba la vista. Dilan era un estratega brillante y de colmillo retorcido; no me tragaba por completo el cuento de que me perdonaba una filtración multimillonaria simplemente porque sí. Sin embargo, me resultaba sumamente útil que decidiera mantenerme a su lado; mi familia seguía siendo un estorbo peligroso y él era mi mejor escudo.

—Todo dependerá del grado en que esa mentira afecte mis intereses —respondió él en un jadeo, rindiéndose ante el contacto de mis dedos. Vi cómo cerraba los ojos por un instante cuando bajé la mano y delineé su anatomía por encima de la tela formal del pantalón.

—Sabes perfectamente que no te agradan las mujeres calculadoras o con doble intención, Dilan... pero yo soy precisamente una de ellas —le recordé, desabrochando con lentitud el botón principal de su pantalón de sastre.

Él abrió los ojos de golpe, clavando sus pupilas oscuras en las mías con una fijeza abrumadora.

—Lo sé perfectamente, Emma. Por esa misma razón decidí que fueras tú mi esposa y no otra. Sabía desde el primer instante que en tu mirada había un componente que me fascinaba.

—¿Ah, sí? ¿Y qué componente es ese? —inquirí, desafiante.

—Astucia —declaró, atrapando nuevamente mi barbilla con firmeza—. Lo descubrí la noche en que me golpeaste en aquella cena. Tu estrategia de seducción inicial no era precisamente la mejor, pero aun así lograste lo que ninguna otra mujer de la alta sociedad pudo: meterte por completo en mi mente y obsesionarme.

Nos sostuvimos la mirada en medio de ese tenso duelo de voluntades, mientras yo deslizaba mi mano con audacia por debajo de su ropa interior, rozando intencionalmente su hombro y su piel con las uñas en una caricia pausada que lo hizo tensarse por completo.

—Voy a usarte más adelante, Dilan. Haré que ejecutes una acción muy importante para mí —le advertí con una sonrisa calculadora, disfrutando el poder que tenía sobre él al ver cómo se estremecía ante mi toque.

—Estoy completamente disponible para lo que sea que necesites de mí —respondió con la voz entrecortada por la estimulación.

Jamás consideré que terminaría en esta posición de dominio con el presidente de la empresa. Dilan no era el tipo de hombre que se dejaba manipular o doblegar por nadie, y ese rasgo de su carácter me atraía exponencialmente más.

Me deslicé lentamente hacia abajo hasta quedar de rodillas frente a él en la alfombra de la habitación. Su mirada fija y oscurecida no se despegó de mis movimientos; era evidente el nivel de ansiedad y urgencia que contenía en su cuerpo.

Veamos qué tantas ventajas estratégicas puedo arrancar de esta posición... Solo necesito un arma poderosa, una espada afilada que pueda manipular a mi antojo en esta guerra contra mis tíos. Si Dilan está verdaderamente dispuesto a ser utilizado por mí, entonces yo pienso complacerlo entregándole exactamente lo que él tanto me exige: mi cuerpo.

1
Mirta Vicente
y cuando los otros capítulos quedamos en el 36 !!!
Betty Saavedra Alvarado
Emma solo se defiende de su familia que le quiere hacer daño
Betty Saavedra Alvarado
Emma no estás sola
Betty Saavedra Alvarado
Me gustó el capitulo
Betty Saavedra Alvarado
Sus amigos ya descubrieron su secreto
Betty Saavedra Alvarado
Emma cuídate de Elena te quiere hacer daño
Betty Saavedra Alvarado
Así es Dilan está contigo
Betty Saavedra Alvarado
Elena siempre egoísta todo lo quieres para ti
Betty Saavedra Alvarado
Elena solo se defiende de sus padres yhna
Betty Saavedra Alvarado
Emma a ser fuerte Dilan te respalda
Betty Saavedra Alvarado
Muchas personas te manipulan para lograr sus objetivos
Betty Saavedra Alvarado
Me gustó el capitulo
Betty Saavedra Alvarado
Elena y Dilan parecen dos adolescentes en problemas
S I A R A ❤️‍🔥
te vas a quemar en tu propio juego Emma 😈
Betty Saavedra Alvarado
Dilan esa mujer solo quiere hacer daño a Emma
Betty Saavedra Alvarado
Estos están locos dicen una cosa y hacen otra
Betty Saavedra Alvarado
Me gustó el capitulo
Betty Saavedra Alvarado
Dilan la amas por eso la cuidas no quiere que nadie le haga daño
Betty Saavedra Alvarado
La vida nos da muchas sorpresas las personas a veces ocultan como son
Betty Saavedra Alvarado
Dilan y Emma ya aclararon todo
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