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¿Será demasiado tarde, señor Rodrigues?

¿Será demasiado tarde, señor Rodrigues?

Status: Terminada
Genre:Romance / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:20
Nilai: 5
nombre de autor: Dayane Castro

Carolina Ferreira creía haber encontrado el amor de su vida. Se casó llena de sueños e hizo todo lo posible para que el matrimonio funcionara. Pero, con el tiempo, empieza a sentir que algo no encaja. La distancia de Henrique Rodrigues no proviene solo de palabras duras, sino también del silencio, la frialdad y las ausencias nocturnas que hieren más que las peleas.

Henrique carga con un pasado que Carolina no conoce del todo y unas decisiones que nunca fueron realmente suyas. Mientras ella insiste en amar, él se cierra. Pero ningún corazón aguanta amar solo para siempre. Y cuando el sentimiento empieza a enfriarse, las consecuencias pueden ser irreversibles, y Henrique descubrirá que no se debe pisotear un corazón apasionado. Pero ¿será demasiado tarde?

NovelToon tiene autorización de Dayane Castro para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 19

Henrique,

Ella trae mi pedido, lo deja encima de la mesa y cuando va a salir, la agarro del brazo. Ella me mira, y tira de su brazo, alejándose con la cara muy seria. Maldita sea, ¿en qué estaba pensando al haber ido ayer a buscar a Tatiane? En realidad, mi ida hasta allá fue para terminar todo, pero fui débil y no lo conseguí.

Termino de tomar mi café y sigo para la empresa. Trabajo todo el tiempo pensando en cómo disculparme con Carolina, y de esa forma, no presté atención ni en la reunión ni en lo que tenía que hacer.

Llega la hora del almuerzo, y sé que Carol ya debe haber ido para casa, entonces, cojo mis cosas y salgo de la empresa. Como había imaginado, el coche de ella ya no está más estacionando en frente de la lonchería. Entonces, sigo para casa, pero para mi sorpresa, el coche de ella tampoco está aquí. Entro en casa, y una de las empleadas pasa por mí.

—¿Mi esposa no ha llegado aún?

—No señor. —Le agradezco, cojo mi celular y llamo a Carolina. El celular solo llama, y cae en el buzón de voz. Lo quito de mi oído, y entro en la aplicación de rastreo. Cuando encuentra el celular de Carolina, muestra que ella está en casa.

Subo para el cuarto de ella, y llamo una vez más, y el sonido comienza a tocar allá dentro. Abro la puerta, y allá está él, encima de la mesa de noche. Cierro mis ojos con rabia, pues así no sé dónde ella está.

Salgo yendo en dirección a mi cuarto, entro y me siento en la cama. Miro para el cajón, abro y cojo el libro donde tiene una foto de Tatiane. Ella me dio esa foto y el vestido de ella en mi último cumpleaños. Como un presente para que nunca me olvide de ella. Y no era para que me olvidara, no sé qué está aconteciendo conmigo.

Solo bastó un final de semana con Carolina para que todo se desmoronara en mi vida. Y con la ausencia de Tatiane, me quedé más cerca de Carol, y eso está moviéndome. Paso la mano en el rostro, me levanto y sigo para el baño. Lavo mis manos, y paso un poco de agua en mi nuca, pues necesito calmarme.

Mi celular toca, y cuando atiendo, es el seguridad hablando que Carolina acaba de llegar. Salgo de mi cuarto y me quedo en el corredor, luego ella comienza a subir las escaleras, pero da una parada al verme.

—¿Dónde estabas, Carolina? —Ella desvía la mirada de la mía, y se gira para la puerta del cuarto de ella. —Respóndeme cuando te pregunto.

—Estaba en el motel con mi novio. —Ella gira la manija, y entra, como si no hubiese hablado nada. Pero sentí las palabras de ella como si fuese una puñalada en el corazón.

—Deja de bromear, yo sé que tú no hiciste eso. —Entro luego detrás de ella, y la veo colocando la bolsa encima de la cama. —Yo necesito conversar contigo...

—Yo no quiero oírte, siempre me jodo toda cuando hago eso. Salga de mi cuarto, no tengo nada para hablar contigo.

—Pero yo tengo, yo sé que metí la pata ayer a la noche y... —Ahora me doy cuenta sobre sus palabras de haber ido al motel con el novio. —Me seguiste ayer, ¿no fue así? —Ella cruza los brazos y me da la certeza que hizo.

—Voy a hablar por última vez, ¡salga de mi cuarto! —Niego con la cabeza, y me aproximo más de ella.

—No es lo que tú estás pensando, yo solo...

—No quiero saber. —Ella disminuye la distancia entre nosotros dos, coloca las manos en mi pecho, y va dando un paso para frente y yo un paso para atrás. —No necesita contarme nada, aguarde apenas tres días, y después de eso usted puede hacer lo que usted quiera de su vida.

—¿Qué va a haber en tres días? —Ella me da un empujón más fuerte, y yo me desequilibrio, y casi caigo, solo no caigo, porque me apoyé en la pared de atrás.

—¡Tu, mi, nuestra libertad! —Ella cierra la puerta con todo en mi cara, y la tranca. Me aproximo de ella y comienzo a golpear fuerte, para que ella abra, pero el silencio allá de dentro, me hace percibir que ella no va a abrir.

—Maldita sea, Carolina, vamos a conversar como dos personas normales. Abre la puerta, no huyas. —Ella no me responde, entonces, doy un puñetazo más fuerte.

Mi celular comienza a tocar, y cuando miro, es el número de Tati. Rechazo la llamada, y continuo llamando a Carol para que ella abra la puerta. El celular para de tocar, pero llega un nuevo mensaje con foto.

"Venga a almorzar conmigo, mi amor. Hice su plato preferido." —En la mesa tiene una traviesa de lasaña, dos platos, y una bombacha roja de encaje. A mí no me gusta mucho de lasaña, solo como con ella porque a ella le gusta. Apago la pantalla del celular, y vuelvo mi atención para la puerta de Carolina.

—Si usted no abre esa puerta, yo voy a colocarla en el suelo con una patada solamente. —Cuento hasta dos, y cuando llego en el tres, la puerta se abre. Carolina está toda arreglada, perfumada y linda. —¿Para dónde piensa que va? —Ella no me responde, y pasa por mí, como si yo no estuviese aquí. —¡Carolina!

Ella comienza a bajar las escaleras, yo voy atrás de ella, y antes que ella salga por la puerta de entrada, yo entro en frente. Ella revira los ojos, y cruza los brazos.

—Salga de mi frente, Henrique.

—Usted no va a salir. —Tranco la puerta, y muestro la llave para ella, colocado en mi bolsillo. —Vamos a conversar, nos acertar, y quedará todo bien. —Ella abre la bolsa de ella, coge un celular que yo no conozco y hace una llamada.

—¿Aló? ¿Podría mandar una patrulla aquí para mi casa, pues mi marido me está manteniendo en cautiverio privado...?

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