Araiya siempre supo cómo debía vivir: sin errores, sin escándalos, sin salirse del camino. La perfección era su refugio… hasta que conoció a Andrés.
Él es todo lo que ella debería evitar. Frío, dominante y acostumbrado a controlar cada aspecto de su vida, Andrés no cree en el amor, solo en el poder. Pero hay algo en Araiya que no encaja en sus reglas, algo que lo desafía… y lo atrae de una forma que no puede detener.
Lo que comienza como una conexión prohibida pronto se convierte en un vínculo intenso, adictivo y peligroso. Entre decisiones impulsivas, secretos y un pasado que nunca deja de perseguirlos, ambos cruzan límites que cambiarán sus vidas para siempre.
Hasta que una traición lo destruye todo.
Cuando creen que ya no queda nada por salvar, aparece lo inesperado: una nueva vida que los une de una manera imposible de ignorar.
Ahora, entre el dolor, el orgullo y las segundas oportunidades, tendrán que decidir si el amor que los rompió… también puede ser el que los salve.
NovelToon tiene autorización de cristy182021 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 14
Y nadie iba a retroceder.
El reloj no avanzaba.
Pesaba.
Cada segundo…
caía como una advertencia.
Porque esta vez…
no era solo estrategia.
Era cruzar la línea.
Era entrar directo al territorio del enemigo.
—Hora.
La voz del tío no fue fuerte.
Pero bastó.
El ambiente se tensó al instante.
Araiya ya estaba lista.
Pero no era la misma.
No la de antes.
Había algo distinto en su mirada.
Más firme.
Más fría.
Más peligrosa.
Pero no distante.
Nunca distante.
—Vamos.
No dudó.
No tembló.
No pidió permiso.
—No vamos todos.
El tío cortó el momento.
Directo.
—Sería un error.
Silencio.
—Entonces ¿quién?
—Tú no.
La miró a ella.
Sin espacio para negociación.
—Yo voy.
—No.
La respuesta de Araiya fue inmediata.
Instintiva.
Firme.
El aire se tensó.
—Si esto es por mí…
—Precisamente por eso no vas.
—No voy a esconderme.
—No es esconderse.
Una pausa.
—Es sobrevivir.
El silencio se volvió pesado.
—Va conmigo.
Todos voltearon hacia mí.
—Si es una trampa…
Una pausa.
—Prefiero estar ahí.
El tío sostuvo mi mirada.
Midiendo.
Evaluando.
—No es un juego.
—Nunca lo fue.
No retrocedí.
Ni un centímetro.
—Y aun así vas a dejarla aquí…
Negué.
—No.
El aire cambió.
—No sin mí.
El silencio se alargó.
Más de lo normal.
Más de lo cómodo.
Hasta que…
—Bien.
Cedió.
Pero no relajado.
—Pero bajo mis reglas.
Araiya dio un paso al frente.
—Dímelas.
—Si algo se ve mal…
Una pausa.
—Se van.
—Sin discutir.
—Sin dudar.
Nos miramos.
Y entendimos lo mismo.
—Entendido.
El trayecto fue corto.
Pero se sintió eterno.
Nadie hablaba.
El aire dentro del vehículo…
estaba cargado.
Denso.
Incompleto.
—¿Lo sientes?
Murmuré.
Araiya no tardó.
—Sí.
Miró por la ventana.
—Esto no está limpio.
—Porque no lo es.
El lugar apareció frente a nosotros.
Un “punto neutral”.
Eso dijeron.
Pero no se sentía así.
Vacío.
Demasiado silencioso.
Demasiado perfecto.
—Odio esto.
—Yo también.
El hombre apareció.
Solo.
Sin prisa.
Sin miedo.
Como si nada de esto lo tocara.
—Araiya.
La miró directo.
—Ha pasado tiempo.
Ella no sonrió.
Ni un poco.
—No suficiente.
Silencio.
—¿Vienes solo?
—Siempre.
Eso…
no convenció a nadie.
—¿Por qué aceptaste venir tan rápido?
Pregunté.
El hombre sonrió apenas.
Pero no fue cálido.
Fue… calculado.
—Porque sé lo que está pasando.
El ambiente cambió.
—Más de lo que creen.
Araiya avanzó un paso.
—Entonces habla.
—Él ya sabe todo.
Silencio.
—Lo del video.
—Lo de la computadora.
—Y que ustedes la tienen.
El aire se volvió más pesado.
—Eso ya lo sabíamos.
—No.
Negó lentamente.
—No saben lo siguiente.
Una pausa.
—Ya puso precio por ella.
Todo se detuvo.
—¿Qué?
—Por Araiya.
El silencio se volvió frío.
Cortante.
—Y no es pequeño.
El mundo cambió en ese segundo.
—¿Quién más lo sabe?
—Todos los que trabajan para él.
—Y algunos que no.
Eso…
era peor.
Mucho peor.
—Entonces esto no es una reunión…
Murmuré.
—Es un riesgo.
—Siempre lo fue.
Pero algo no encajaba.
No en sus palabras.
En el ambiente.
En el aire.
En el silencio entre frases.
—Nos tenemos que ir.
Dije bajo.
Araiya me miró.
—Aún no—
—Ahora.
Esta vez…
no fue sugerencia.
Fue orden.
Un sonido.
Leve.
Pero claro.
Movimiento.
Alrededor.
—No estamos solos.
Y el silencio…
se rompió.
Porque esta vez…
no era intuición.
Era certeza.
La reunión…
nunca fue segura.
Y el enemigo…
ya estaba ahí.
El sonido…
no era imaginación.
Era real.
Pasos.
Rápidos.
Coordinados.
Alrededor.
Cerrando.
—Muévanse.
No levanté la voz.
No hacía falta.
Araiya reaccionó al instante.
El “aliado” no.
—Tranquilos, no es lo que—
—Cállate.
Lo corté.
Seco.
Porque ya lo sabía.
Lo sentía.
Esto…
nunca fue una reunión.
Fue una ejecución.
El primer disparo rompió todo.
Seco.
Violento.
El eco rebotó en el lugar como una sentencia.
Araiya se agachó por instinto.
La jalé hacia mí.
—¡Corre!
Y el mundo…
explotó.
Sombras entrando.
Puertas cediendo.
Pasos que no dudaban.
Armas levantadas.
Demasiadas.
—¡Por aquí!
La voz del tío apareció desde otro ángulo.
Disparando.
Cubriendo.
Había previsto algo.
Pero no esto.
Nunca esto.
Me giré un segundo.
El “aliado”…
seguía ahí.
No huyó.
No atacó.
No reaccionó.
Solo…
se quedó.
Y eso…
no encajaba.
—¡Muévete si quieres vivir!
Le grité.
Pero dudó.
Un segundo.
Solo uno.
Pero en ese mundo…
un segundo es muerte.
Un hombre apareció detrás de él.
Disparo.
Seco.
Directo.
Cayó.
Y con él…
cualquier respuesta.
—¡Mierda!
Araiya se tensó.
—¿Nos traicionó?
—No lo sé.
Y eso era peor.
Porque significaba algo más.
Algo que no estábamos viendo.
—¡Ahora!
No había tiempo.
No para pensar.
No para dudar.
Corrimos.
El lugar dejó de ser un punto.
Se volvió una trampa viva.
Balas rompiendo paredes.
Vidrios explotando en mil fragmentos.
El aire cortando la piel.
El sonido…
demasiado.
—¡Agáchate!
La cubrí con mi cuerpo.
Otro disparo.
Más cerca.
Demasiado cerca.
—¡Nos están cerrando!
La voz de Mateo explotó en el comunicador.
—Salida trasera, ahora.
No dudé.
No esta vez.
El suelo era irregular.
Traicionero.
Un paso en falso…
Araiya resbaló.
—¡Ah!
La sujeté.
Fuerte.
Más de lo necesario.
Más de lo lógico.
—Estoy bien—
—No te suelto.
No ahora.
No aquí.
No en este infierno.
La salida apareció.
A unos metros.
Tan cerca…
y aun así tan lejos.
Pero ellos también.
Sombras moviéndose.
Cerrando caminos.
Cazando.
—¡Muévanse!
El tío volvió a aparecer.
Disparando sin pausa.
Cubriendo cada ángulo.
—¡Salgan!
No dudé.
Saqué a Araiya primero.
Siempre primero.
El aire frío nos golpeó.
Pero no fue alivio.
Fue otra fase del peligro.
Un disparo más.
Cerca.
Demasiado.
Araiya se detuvo.
—¿Qué fue eso?
Miré atrás.
Sombras saliendo.
Más.
Muchos más.
—Nos siguen.
Y ahí lo entendí.
Esto no fue solo una emboscada.
Fue una declaración.
Un mensaje claro.
Directo.
Sin filtro.
Ya no estaban jugando.
Ya no estaban probando.
Ahora…
estaban cazando.
Y nosotros…
éramos el objetivo.
El aire afuera no era libertad.
Era persecución.
Seguimos corriendo.
Sin mirar atrás.
Sin bajar el ritmo.
Porque sabíamos algo.
Esto…
no había terminado.
Apenas estaba empezando.
El aire afuera…
no era libertad.
Era tensión.
Seguían corriendo.
Sin detenerse.
Sin mirar atrás.
Porque sabían algo.
Esto…
no había terminado.
Los vehículos ya estaban listos.
El tío no dejaba nada al azar.
Nunca.
—¡Suban!
No lo pensé.
Abrí la puerta.
—Entra.
Araiya dudó un segundo.
—¿Y tú?
—Después.
Siempre después.
Porque ella iba primero.
Siempre.
Subió.
Y yo detrás.
La puerta se cerró.
El motor rugió.
Y salimos.
Rápido.
Demasiado rápido.
El mundo afuera se volvió borroso.
Pero el peligro…
seguía claro.
Muy claro.
Nadie habló.
No al inicio.
Solo respiraban.
Intentando recuperar el aire.
Intentando entender que…
seguían vivos.
Araiya tenía las manos temblando.
No mucho.
Pero lo suficiente para notarlo.
Para sentirlo.
La miré.
—Ya pasó.
Negó.
Lento.
—No.
Su voz fue baja.
Pero firme.
—Esto apenas empieza.
El silencio cayó.
Más pesado que antes.
—Si no hubiéramos salido…
No terminó.
No hacía falta.
—Pero salimos.
La interrumpí.
—Y seguimos aquí.
Sus ojos encontraron los míos.
Directo.
Sin filtros.
—Gracias.
Una sola palabra.
Pero cargada de todo lo que no dijo.
—No tienes que agradecerme.
—Sí.
Una pausa.
—Porque no te soltaste.
Eso…
golpeó distinto.
Más profundo.
Más real.
—¿Qué pasó con él?
La pregunta rompió el momento.
El tío respondió.
—Murió.
Silencio.
Frío.
—¿Entonces sí era parte de esto?
Mateo negó desde el frente.
—No estoy seguro.
—Dudó.
Dije.
—No reaccionó como alguien preparado.
El tío frunció el ceño.
—O era muy buen actor.
—O no sabía que iba a pasar.
El ambiente cambió.
Otra vez.
Más oscuro.
Mateo levantó la mirada.
—Esperen.
Todos lo miramos.
—Antes de que cayera…
Se detuvo.
Pensando.
Recordando.
—Intentó decir algo.
El silencio se tensó.
—¿Qué?
Araiya dio un paso al frente.
—No lo sé.
Una pausa.
—Pero…
Sus ojos se movieron.
Procesando.
—No sonaba a amenaza.
Eso…
lo cambió todo.
—Entonces alguien más armó esto.
Dije.
—Y lo usó.
El tío asintió lentamente.
—Eso es peor.
—Porque significa que…
Mateo terminó.
—Estamos tratando con alguien que manipula incluso a los cercanos.
Silencio.
Pesado.
Peligroso.
Araiya respiró profundo.
Y esta vez…
no dudó.
—Se acabó.
Todos la miraron.
—Ya no voy a reaccionar.
Una pausa.
—Voy a atacar.
El ambiente cambió.
Completamente.
—¿Estás segura?
Preguntó el tío.
—Más que nunca.
Su mirada…
ya no era la misma.
Era más dura.
Más decidida.
Más peligrosa.
—Quiso matarme.
Silencio.
—Ahora voy a acabar con él.
Eso no fue impulso.
No fue rabia.
Fue decisión.
Fría.
Calculada.
Definitiva.
Cuando todos volvieron al plan…
yo no.
La miré a ella.
—Esto te va a cambiar.
—Ya lo hizo.
Sin dudar.
—Y tú sigues aquí.
—No me voy a ir.
Silencio.
—Ni ahora.
—Ni después.
Eso…
la hizo respirar distinto.
Más lento.
Más profundo.
Se acercó.
Más que antes.
Más de lo permitido.
—Entonces quédate.
Susurró.
El mundo…
se redujo.
A ese momento.
A esa distancia.
A ese peligro que seguía respirando alrededor…
pero que ya no importaba.
Mis manos encontraron su cintura.
Las suyas mi pecho.
El latido…
demasiado cerca.
Demasiado fuerte.
Un paso.
Solo uno.
Y todo cambiaría.
Pero esta vez…
no retrocedieron.
No se separaron.
No lo evitaron.
Porque después de esa noche…
ya no eran los mismos.
Ni como equipo.
Ni como personas.
Y mucho menos…
entre ellos.
Porque ahora…
ya no luchaban solo por sobrevivir.
Luchaban…
por algo que empezaba a ser imposible ignorar.
Algo que ya no podía ocultarse.
Ni negarse.
Ni detenerse.
El motor seguía avanzando.
Pero ellos…
ya estaban en otro punto.
Uno sin regreso.
Uno sin miedo.
Uno donde todo lo que venía…
iba a doler más.
Pero también…
iba a importar más.
Porque la guerra ya no era solo externa.
También era interna.
Y esta vez…
no iban a huir.
Iban a enfrentarla.
Juntos.