fantacia urbana y drama psicológico
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Capitulo 14: Tierra
Lunes. Cabrera volvió del vivero con el baúl lleno.
Bajó cuatro macetas. Tierra, romero, lavanda y un rosal chico. Las dejó en el piso de la cocina, al lado del portón. Se limpió las manos en el pantalón y miró a los otros dos como esperando veredicto.
"Para el jardín", dijo. "Está muy muerto. Muy... pelado. Mal para la vista. Mal para el ánimo."
Felix tomó café apoyado en la mesada. Miró las macetas. Después miró por la ventana al yuyal muerto que dejaron. "Las plantas tapan. Si tapan, no veo. Si no veo, no sirve."
"Sirven para oler", dijo Cabrera. "Y para que la casa no parezca una cárcel. Las rosas estaban cuando el joven era chico. En el cantero de la entrada."
Newt no dijo nada. Revolvía el café. No lo tomaba. Miraba la tierra en las macetas. Negra. Húmeda. Olía a patio. Las sombras se alejaron un poco de la ventana. _Tierra. Bichos. Vida. Puaj._
"¿Dónde las ponés?", dijo al final.
"Ahí es el tema", dijo Cabrera. Agarró el Gloria. Dibujó un cuadrado: la casa. Un rectángulo pegado: el jardín. "Si las pongo contra la pared, no tapan vista. Si las pongo en el medio, queda lindo pero es riesgo. Vos decís, joven."
Newt dejó la cuchara. "Piedras", dijo Felix antes que él. "Ponemos piedras. No crecen. No tapan. No se mueren si no las regás."
Cabrera lo miró. "¿Piedras en vez de rosas? ¿En esta casa?"
"Sí", dijo Felix. "Piedras. O nada. Pelado está bien. Se ve todo."
Se hizo silencio. De los tensos pero chicos. No de los que terminan con sangre. De los que terminan con alguien cediendo.
Newt se paró. Fue hasta las macetas. Tocó la tierra del rosal. Estaba fría. "Contra la pared", dijo. "Donde no jodan. Si alguien salta el paredón, pisa espinas. Sirve."
Felix lo miró. Calculó. Asintió una vez. "Sirve."
Cabrera no dijo "te lo dije". Solo anotó en el Gloria: _Rosal - paredón fondo. Romero - puerta servicio. Lavanda - ventanas._ Cerró la libreta.
Esa tarde plantaron. Cabrera cavaba. Felix vigilaba. Newt miraba desde la ventana de arriba. No bajó. Regla: no se muestra con desconocidos, y si pasaba alguien por la calle, no tenía que verlo.
El jardín siguió pelado en el medio. Pero las orillas ahora tenían verde. Y espinas.
A la noche, después de cenar las viandas de Marta, Newt fue a la biblioteca. No entraba hace años. Olía a papel viejo y a nada más. Las sombras lo siguieron, aburridas.
Revisó los estantes. Estaban los de siempre. Los de estudio del tío, los de la madre, y abajo de todo, tapados con diarios, los suyos de chico. Salgari. Verne. Dumas. _El Corsario Negro_ con la tapa rota. _Veinte mil leguas_ con marcas de lápiz en los márgenes. Letra de nene: "¡qué bueno!" al lado de cuando el Nautilus pelea con el calamar.
Los sacó. Hizo una pila en el piso. "Para donar", le dijo a Felix cuando pasó por la puerta.
Felix miró la pila. Miró los títulos. "Vos leías esto."
"Sí."
"¿Servía para algo?"
Newt se encogió de hombros. "Para creer que había salida. Que si te ibas en barco, llegabas a otro lado."
Felix no contestó. Siguió de largo a hacer la ronda.
Newt no donó los libros. Los dejó en la pila, al lado del sillón del living. Tapados con una manta. Las sombras los miraron de reojo. _Piratas. Espadas. Aburrido. Nadie se muere en serio en esos._
Dos días después llovió. Tormenta de verano. De las que golpean todo.
Tres y diecisiete de la mañana. Sonó el timbre del portón de servicio.
Felix se levantó del sillón con el bate en la mano antes de que terminara de sonar. Newt se paró en la escalera. Cabrera abrió la puerta de su cuarto con el bastón.
Esperaron. Sonó otra vez.
Felix fue. Abrió la puerta de servicio, salió con la lluvia pegándole en la cara. Alumbró con la linterna. Nada. El portón cerrado. La calle vacía. Solo una rama del árbol del vecino golpeando el paredón.
Volvió empapado. "Rama", dijo. "Nada más."
No durmieron. Por las dudas.