La trama gira entorno a dos hermanas, y como a causa del daño que Kattya la hermana menor causa en su novio , desata una venganza donde la que paga un alto precio es su hermana mayor Cassandra.
¿Podrá la venganza vencer? o ¿el amor encontrará su camino?
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El nudo de la red
La velocidad con la que Alexander Thompson se movía no era producto del azar; era una táctica que seguia todo un trazo. Sabía que cuanto más rápido atrapara a Cassandra en un compromiso legal, menos tiempo tendría ella para sospechar y menos tiempo tendría su propio instinto para flaquear. El beso en la gala había sido el catalizador. Cassandra, a sus diecisiete años y con un corazón que solo conocía la lealtad y los libros, estaba completamente deslumbrada.
Durante las dos semanas siguientes, Alexander orquestó una campaña de "devoción absoluta". Envió flores a su facultad todos los días, pero no rosas comunes, sino orquídeas raras que simbolizaban una atención meticulosa. La visitaba en las noches después de que ella terminara de estudiar, llevándole cenas de los restaurantes más exclusivos solo para comer en el banco de un parque.
—Mi padre dice que eres un hombre de negocios implacable —le dijo Cassandra una noche, apoyando su cabeza en el hombro de Alexander—. Pero yo solo veo a alguien que sabe escuchar.
Alexander sintió un nudo en la garganta, una reacción física que detestaba.
—Los negocios requieren una máscara, Cassandra. Contigo, siento que no necesito usarla —mintió, aunque técnicamente era la mentira más grande que jamás había pronunciado.
Él la observó mientras ella cerraba los ojos, disfrutando de la brisa. Por un segundo, Alexander se permitió imaginar cómo sería si ella fuera realmente la mujer que parecía ser. Pero entonces, la vibración de su teléfono lo devolvió a la realidad. Era un mensaje del hospital: “El paciente Thompson, Charles, presenta picos de fiebre. Los médicos están preocupados por una posible infección”.
El rostro de Alexander se transformó en una máscara de piedra. La furia regresó, más pura que nunca.
Mientras tanto, en la mansión De la Vega, Kattya estaba al borde de un colapso nervioso. El castigo de su padre no terminaba, y ver a Cassandra llegar algunas veces con una sonrisa radiante y el nombre de Alexander en los labios era una tortura. Kattya no podía aceptar que su hermana, la "ratita de biblioteca", hubiera conseguido al hombre que ella deseaba.
Decidida a arruinarlo todo, Kattya esperó a que Cassandra saliera a sus clases a la mañana siguiente para entrar en su habitación. Revolvió sus cajones, buscó en su computadora, buscando algo, cualquier cosa que pudiera usar para chantajearla o para mostrarle a Alexander que su hermana no era tan perfecta.
No encontró nada incriminatorio, pero encontró algo mejor: el diario de Cassandra. En él, su hermana mayor escribía sobre sus miedos a la universidad y, lo más importante, sobre su confusión respecto a por qué un hombre como Alexander se fijaría en alguien como ella.
—Así que tienes dudas, ¿eh? —susurró Kattya con una sonrisa malévola.
Esa tarde, Kattya interceptó a Alexander cuando este llegaba a la mansión para hablar con Rodrigo. No intentó seducirlo esta vez; decidió usar el veneno.
—Alexander, qué bueno verte —dijo ella, bloqueándole el paso en el gran salón—. Tengo algo que deberías leer. Cassandra no es lo que crees. Ella solo te está usando para escapar de la autoridad de papá. En su diario escribe que ni siquiera se siente atraída por ti, que solo le gusta el poder que representas.
Alexander la miró con un desprecio tan profundo que Kattya retrocedió un paso. Él sabía que Kattya mentía —su asistente Marcus le había dado un informe sobre la envidia patológica de la menor—, pero decidió usar la situación a su favor.
—¿Crees que me importa lo que una niña caprichosa como tú tenga que decir? —preguntó Alexander, arrebatándole el pequeño cuaderno que ella sostenía—. Si Cassandra tiene dudas, es porque es una mujer inteligente que cuestiona el mundo. Tú, en cambio, solo eres ruido.
Él entró al estudio de Rodrigo, dejando a Kattya hirviendo de rabia. Pero dentro del estudio, la táctica de Alexander cambió.
Rodrigo de la Vega estaba sentado tras su escritorio, revisando unos contratos. Alexander entró sin llamar, proyectando una urgencia que parecía nacida del amor, pero que era pura estrategia.
—Rodrigo, no voy a dar rodeos —dijo Alexander—. Quiero casarme con Cassandra. Ahora.
Rodrigo dejó caer su pluma, atónito.
—Alexander, apenas se conocen hace un mes. Cassandra aún no termina su primer semestre en la universidad. Además , aun es una niña.
—Es una mujer que sabe lo que quiere —corrigió Alexander con firmeza—. Y yo soy un hombre que no deja pasar lo que valora. He visto cómo en su entorno tratan de sabotearla (Kattya). He visto cómo el ambiente en esta casa la cambia. Quiero darle un hogar donde pueda estudiar sin interrupciones, donde esté protegida por mi nombre.
Alexander puso un contrato sobre la mesa. No era un contrato matrimonial, sino una propuesta de fusión entre Thompson Industries y el consorcio De la Vega. Una alianza que haría a Rodrigo el hombre más rico del país.
—Esto es lo que ofrezco como garantía de mi compromiso —añadió Alexander—. Mi lealtad total a tu familia. Pero quiero la boda en dos semanas. Una ceremonia privada.
Rodrigo, cegado por cierta ambición y la convicción de que Alexander era el mejor partido posible para su hija , asintió lentamente.
—Si ella acepta, no seré yo quien se oponga.
Alexander encontró a Cassandra en el invernadero de la mansión, rodeada de plantas que ella misma cuidaba. Se acercó a ella por detrás y la rodeó con sus brazos. Cassandra se tensó un momento, pero luego se relajó al sentir su perfume familiar.
—Cassandra —le susurró al oído—, no quiero pasar un solo día más lejos de ti. Sé que es pronto, sé que el mundo dirá que estamos locos, pero quiero que seas mi esposa. Quiero que salgas de esta casa y vengas conmigo a la mía.
Él se arrodilló, sacando un anillo con un diamante azul que parecía un fragmento de océano. Cassandra sintió que el corazón se le salía del pecho. En su mente, esto era la promesa de un futuro de respeto y amor.
—¿Alexander? Pero... mis estudios...
—Podrás estudiar lo que quieras, tendrás los mejores tutores, mi apoyo total. Solo dime que sí.
Cassandra miró los ojos de Alexander. Vio una intensidad que confundió con pasión desenfrenada. Ella desconocia al hombre que cada noche visitaba a un hermano en coma jurando venganza.
—Sí —susurró ella, con lágrimas de felicidad corriendo por sus mejillas—. Sí, quiero ser tu esposa.
Alexander la besó, pero esta vez, mientras la estrechaba contra su pecho, sus ojos no se cerraron. Miraron hacia el horizonte, hacia la mansión Thompson que se convertiría en la jaula de oro de la mujer que, según él, había destruido a su hermano.
La trampa estaba cerrada. El matrimonio que Cassandra veía como su realización era, en realidad, el comienzo de su mayor pesadilla. Y en la oscuridad de su habitación, Kattya de la Vega sonreía, sabiendo que una boda relámpago ocultaba secretos que ella se encargaría de sacar a la luz cuando más doliera, ella era astuta y sabía que esto no era algo tan simple.
¿Que escondes Alexander?