NovelToon NovelToon
Luz De Luna Y Sombras Del Abismo.

Luz De Luna Y Sombras Del Abismo.

Status: Terminada
Genre:Aventura / Romance / Completas
Popularitas:2.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Leydis Ochoa

En un mundo donde la luna es testigo de secretos oscuros y los demonios acechan en las sombras, un amor prohibido desafiará el destino.

NovelToon tiene autorización de Leydis Ochoa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 12

Emara regresa a su clan para enfrentar a los ancianos.

El frío de Eloria la golpeó como un latigazo. Emara cayó sobre la tierra húmeda del Bosque Susurrante, el mismo lugar donde horas —o quizás días— antes había cruzado el portal con Kellan. El bosque estaba en silencio, un silencio antinatural que solo es roto por el goteo de la lluvia sobre las hojas muertas.

Emara se quedó allí, tumbada en el barro, sollozando en silencio. El vacío en su pecho donde antes pulsaba la presencia de Kellan era una herida abierta. Se sentía amputada, una mitad de un todo que acababa de descubrir y perder en el mismo suspiro. Pero el olor a quemado y el tono rojizo que empezaba a teñir el horizonte la obligaron a levantarse.

Eloria estaba cambiando. La grieta principal, aunque no se veía desde allí, estaba vertiendo su veneno sobre el cielo.

Se puso en pie, limpiándose la sangre y el barro de la cara. El dolor de su costado, donde la sombra de su padre la había herido, seguía allí, un recordatorio constante de la verdad revelada. Con paso firme, aunque con el corazón pesado como el plomo, comenzó a caminar hacia la aldea de los Alarcón.

A medida que se acercaba, empezó a escuchar los tambores. Era el ritmo de la guerra, el latido del clan preparándose para lo que ellos creían que era la batalla final contra la oscuridad. Vio las antorchas en las empalizadas y el brillo de la plata en las lanzas de los guerreros.

Cuando cruzó las puertas de la aldea, el silencio cayó sobre los presentes. Los hombres y mujeres que afilaban sus armas se detuvieron, mirándola como si fuera un fantasma. Su túnica estaba destrozada, su piel marcada por runas extrañas y sus ojos... sus ojos ya no tenían la inocencia de la cazadora que se había ido.

—¡Emara! —la voz de Sergio Alfaro cortó el aire. El joven guerrero corrió hacia ella, con el rostro desencajado por la preocupación—. ¡Por la Luna, estás viva! Pensamos que el demonio te había llevado al infierno. Tu padre... tu padre ha estado fuera de sí.

Emara lo miró. Sergio representaba todo lo que ella solía ser: lealtad ciega, deber incuestionable. Lo apartó suavemente cuando intentó abrazarla.

—¿Dónde está mi padre, Sergio? —preguntó ella, su voz sonando extraña a sus propios oídos, más profunda, cargada de una autoridad que hizo que Sergio retrocediera.

—En el Gran Salón, con los Ancianos. Están decidiendo el momento del ataque. Dicen que el Eclipse de Sangre comenzará en tres días y que debemos sacrificar a los cautivos para fortalecer la barrera.

—¿Cautivos? —Emara sintió que la bilis subía por su garganta—. ¿Qué cautivos?

—Encontraron un nido de mestizos en las cuevas del norte. Criaturas con sangre de demonio. Los Ancianos dicen que su sangre es la única que puede alimentar el Altar de los Eones.

Emara no esperó a escuchar más. Corrió hacia el Gran Salón, una estructura de piedra y madera maciza que se alzaba en el centro de la aldea. Los guardias intentaron detenerla, pero ella les dirigió una mirada tan feroz, tan llena de la energía del Aethelgard, que se hicieron a un lado involuntariamente.

Abrió las puertas de un golpe. El calor de las hogueras y el olor a incienso la envolvieron. En el centro, alrededor de una mesa tallada con el mapa de Eloria, estaban los Ancianos: Arturo, con su barba blanca y ojos calculadores; Clemente, el maestro de armas; y en la cabecera, Tibor Alarcón.

Su padre se dio la vuelta. Al verla, una mezcla de alivio genuino y miedo cruzó su rostro.

—¡Emara! —exclamó Tibor, dando un paso adelante—. Hija mía, la Luna nos ha escuchado. Has vuelto de las garras de esa bestia.

—No vuelvas a llamarlo así, padre —dijo Emara, y su voz resonó en el salón como un trueno—. He visto la verdad. He estado en el Aethelgard. He visto el lago de mercurio y el pacto que firmaste con la sangre de Arilsa.

El silencio que siguió fue tan denso que se podía oír el chisporroteo de las llamas. Los Ancianos intercambiaron miradas de pánico. Arturo comenzó a mascullar una oración, pero Tibor se quedó inmóvil, su rostro transformándose lentamente en una máscara de piedra.

—No sabes de lo que hablas, Emara —dijo Tibor con una calma forzada—. Estás bajo el influjo de la magia demoníaca. Esa criatura te ha envenenado la mente.

—¡Vi cómo la entregaste! —gritó Emara, acercándose a la mesa y golpeándola con los puños—. ¡Vi cómo masacraste a los Videntes del Clan de la Niebla! Nos has dicho que los demonios abrieron la grieta, pero fuiste tú. Tú y los Alfaro. Vendisteis Eloria por el poder de la Luna de Sangre, y ahora que el cobrador viene a reclamar su deuda, pretendéis sacrificar a más inocentes para cubrir vuestras huellas.

—¡Basta! —rugió Arturo, el anciano más viejo—. ¡Esa es una blasfemia que se paga con el exilio! Tibor hizo lo que era necesario para que este clan no muriera de hambre y peste. Los Videntes eran una amenaza, su magia era impura...

—¡Eran personas! —le espetó Emara—. Eran los guardianes del equilibrio. Y ahora el equilibrio se ha roto porque vuestra codicia no tiene fin.

Tibor se acercó a su hija, sus ojos brillando con una luz roja que Emara ahora reconocía como el rastro del pacto demoníaco. Ya no era solo su padre; era un hombre consumido por el secreto que lo devoraba desde dentro.

—Hija, escucha —dijo él, bajando la voz—. Lo hice por ti. Para que crecieras en un mundo donde los Alarcón no tuvieran que mendigar por tierras. Si la verdad sale a la luz ahora, el clan se desintegrará. Nos matarán a todos. Tenemos que completar el ritual. Una vez que la grieta se cierre con el sacrificio de los mestizos, seremos libres.

—No seremos libres, padre. Seremos monstruos viviendo en una jaula de plata —Emara lo miró con una mezcla de lástima y asco—. No voy a permitir que mates a esos mestizos. Y no voy a permitir que sigas mintiendo a nuestro pueblo.

—¿Y qué vas a hacer? —preguntó Clemente, desenvainando su espada—. ¿Vas a enfrentarte a todo tu clan por un puñado de engendros y un amante demonio?

Emara sintió a su loba despertar. Pero no era la loba de antes. Era algo nuevo, imbuido con la magia del Aethelgard. Sus ojos brillaron con una luz plateada pura y una ráfaga de viento frío recorrió el salón, apagando la mitad de las antorchas.

—Voy a decirles la verdad —dijo ella—. Y si tengo que luchar contra cada uno de vosotros para detener este ritual, lo haré.

En ese momento, un grito desgarrador llegó desde el exterior. Un guardia entró tambaleándose, con el rostro pálido.

—¡Señor! ¡La grieta! ¡Ha cambiado!

Todos corrieron hacia afuera. El cielo, que antes era solo rojizo, se había vuelto de un color carmesí profundo. Pero lo más aterrador no era el color. En el centro de la grieta, una figura gigantesca estaba empezando a materializarse. No era un segador, ni un demonio común. Era una entidad de pura sombra y odio, cuyas garras parecían rasgar el firmamento.

—El Rey de las Sombras —susurró Tibor, cayendo de rodillas—. Ha roto el pacto. Ya no quiere el sacrificio... viene por el mundo entero.

Un terremoto sacudió la tierra, derribando parte de la empalizada. De los bosques, comenzaron a emerger no solo demonios, sino criaturas de pesadilla que nunca antes se habían visto en Eloria. La barrera que los Ancianos tanto presumían de mantener comenzó a desmoronarse como cristal roto.

Emara miró hacia el horizonte, hacia el lugar donde sabía que Kellan estaba luchando su propia batalla. El peligro ya no era solo la traición interna; era la aniquilación total.

—Padre —dijo Emara, sin mirarlo—, el tiempo de las mentiras se ha acabado. Eloria ya no necesita un Ancla. Necesita una guerrera que no tenga miedo de la oscuridad.

Un nuevo peligro se cierne sobre Eloria.

La batalla por la supervivencia acababa de empezar, y esta vez, los enemigos no solo estaban fuera de los muros, sino en el corazón mismo de los que juraron protegerlos. Emara sintió el peso de su destino, pero por primera vez, no se sintió dividida. Sabía exactamente lo que tenía que hacer, aunque el precio fuera perder todo lo que alguna vez llamó hogar.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play