Morí siendo una escritora de novelas mediocres…
solo para despertar dentro de la peor de mis historias.
Ahora soy Ciel Rousla, la “princesa tonta”: hermosa, ingenua… y destinada a ser traicionada y devorada por bestias.
En la historia original, confiaba ciegamente en su “amable” hermana, la hija ilegítima que todos adoraban, mientras tres poderosos prometidos la controlaban bajo la excusa de protegerla… hasta abandonarla en su peor momento.
Pero esta vez es diferente.
Yo conozco el final.
Sé quién me manipula.
Sé quién me traicionará.
Y sé que cada sonrisa a mi alrededor… es una mentira.
Ya no seré la princesa ingenua.
Aunque tenga que enfrentar a la “santa”, romper mis propios lazos y cambiar todo lo que escribí…
Voy a sobrevivir en este mundo bestia
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Capítulo 19: Cuando la guerra deja de ser sombra
El banquete había terminado, pero la sensación que dejó no fue de cierre… fue de advertencia.
Las luces se apagaban lentamente, los nobles se retiraban con sonrisas que no llegaban a los ojos y conversaciones que parecían triviales, pero no lo eran. Nadie mencionaba al marqués muerto, pero todos lo tenían presente.
Ciel caminaba por los pasillos del castillo junto a Kael, con la calma que siempre mostraba… pero por dentro, ya estaba un paso adelante.
—Esto fue demasiado limpio —murmuró Kael.
—No —respondió Ciel sin detenerse—. Fue demasiado intencional.
El silencio del pasillo era extraño.
Pesado.
Como si algo estuviera esperando.
Ciel lo sintió antes de que pasara.
Ese pequeño cambio en el aire.
Ese instante donde todo deja de ser normal.
—Ahora.
La primera sombra cayó desde arriba.
Kael reaccionó al instante, su brazo transformándose parcialmente para bloquear el golpe. El impacto resonó contra la pared, fuerte, seco, directo.
No hubo pausa.
Dos más aparecieron.
Luego otros.
Rápidos.
Coordinados.
Entrenados para matar.
—Erina… —murmuró Ciel.
No había duda.
Uno de los asesinos cambió de dirección, lanzándose directo hacia ella. Kael lo interceptó, pero otro ya venía por el lado ciego.
Y entonces—
una lanza atravesó al atacante desde el costado.
El cuerpo cayó sin sonido.
Ciel giró la mirada.
Kaian.
Respiración firme, mirada alerta.
—No vienen a medir fuerzas —dijo.
—No —respondió Ciel—. Vienen a marcar territorio.
La pelea se intensificó.
Kael cubría el frente con fuerza bruta, Kaian abría espacio con precisión. No hablaban mucho, pero se entendían lo suficiente.
Aun así… no era fácil.
Uno logró pasar.
Demasiado rápido.
Ciel reaccionó, activando su forma bestia parcialmente. Sus sentidos se agudizaron, su cuerpo respondió mejor… pero no era estable.
El ataque rozó su brazo.
No fue grave.
Pero fue real.
—…aún me falta —murmuró.
Y entonces…
todo cambió.
Un cuerpo cayó.
Luego otro.
Nadie vio el movimiento.
Pero el resultado fue claro.
Ciel levantó la mirada.
Draven.
De pie al fondo del pasillo, avanzando sin prisa, como si la situación no fuera peligrosa… sino inevitable.
No preguntó.
No dudó.
Solo actuó.
El siguiente asesino intentó reaccionar.
No pudo.
Draven lo atravesó con precisión limpia, sin desperdiciar movimiento. No era solo fuerza… era dominio.
En segundos, lo que quedaba del ataque se desmoronó.
El último intentó retirarse.
Kaian lo alcanzó antes de que pudiera escapar.
Silencio.
Cuerpos en el suelo.
Respiraciones agitadas.
—Sabían dónde estarías —dijo Kael.
—Entonces alguien habló —añadió Kaian.
Ciel observó la escena… y sonrió apenas.
—Perfecto.
Los tres la miraron.
—Ahora sí empezó.
—
A la mañana siguiente, el castillo fingía normalidad.
Pero Ciel ya no estaba reaccionando.
Estaba planeando.
—Consígueme contacto —le dijo a Flora.
—¿De qué tipo? —preguntó ella, dudando.
—El tipo que no falla.
Flora no insistió más.
—
Horas después, en una zona apartada de la capital, Ciel se reunió con ellos.
Hombres sin rostro.
Sin lealtad.
Solo resultados.
—Quiero un objetivo —dijo con calma—. Alta seguridad. Protección constante.
El hombre frente a ella la observó con interés.
—Eso cuesta.
—No me interesa el precio.
Pausa.
—Es Erina.
El silencio se volvió más denso.
—¿Matarla?
Ciel negó.
—No.
Su mirada no tembló.
—Quiero que casi muera.
El hombre entrecerró los ojos.
—Eso es más difícil.
—Por eso estás aquí.
Dejó la bolsa sobre la mesa.
Pesada.
Suficiente.
—Mañana en la noche.
Se giró sin esperar respuesta.
—
Cuando cayó la noche…
—
todo comenzó.
—
Erina estaba en sus aposentos cuando lo sintió.
No fue ruido.
Fue ausencia.
Guardias… que ya no estaban.
Luces… que se apagaban una a una.
—Interesante… —murmuró.
La puerta se abrió de golpe.
Un cuerpo cayó al suelo.
Muerto.
Y entonces llegaron.
Sombras.
Rápidas.
Silenciosas.
Letales.
Erina reaccionó al instante, su forma bestia emergiendo parcialmente. Sus sentidos se agudizaron, su cuerpo se volvió más ligero.
El primer ataque lo esquivó por poco.
El segundo la obligó a retroceder.
El tercero—
casi la mata.
La hoja rozó su cuello.
Sangre.
Por un segundo…
todo se detuvo.
Si hubiera dudado…
habría muerto.
Pero no lo hizo.
Giró en el último instante, contraatacó, retrocedió, volvió a moverse.
—…Así que decidiste jugar —murmuró entre respiraciones.
Los asesinos no eran débiles.
Eran precisos.
Pero no insistían más de lo necesario.
Era extraño.
Como si midieran.
Como si…
cumplieran algo exacto.
Los refuerzos llegaron tarde.
Pero llegaron.
Y eso fue suficiente.
Las sombras se retiraron.
Rápidas.
Sin dejar rastro.
Silencio.
Erina se llevó la mano al cuello.
La sangre era real.
El peligro… también.
Y entonces sonrió.
—Bien…
Pausa.
—Ahora sí estamos jugando.
—
En otra parte del castillo…
Ciel observaba la noche desde la ventana.
Kael estaba detrás de ella.
—Sigue viva.
—Sí.
Kaian habló, serio.
—Entonces falló.
Ciel negó suavemente.
—No.
Pausa.
—Ahora sabe que puedo alcanzarla.
Silencio.
—Y eso es suficiente… por ahora.
—
Esa noche…
la guerra dejó de ser estrategia lejana.
—
Se volvió directa.
—
Personal.
—
Y peligrosa.