Si me hubieran dicho que conocer y amar a ese hombre me llevaría hasta la muerte… aun así lo elegiría, una y mil veces, hasta mi último aliento.
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Capítulo 15
El lunes por la mañana, la atmósfera en la oficina de la empresa era diferente para Alejandra. El nerviosismo que solía acompañarla al inicio de la semana había sido reemplazado por una emoción palpable.
Hoy no solo regresaba a su trabajo, sino que lo hacía con una nueva responsabilidad y un sentimiento renovado de propósito. El collar de plata que Francis le había regalado en Resfriado descansaba sobre su blusa, un recordatorio constante de su amor y la fuerza que él le transmitía.
Se encontró con Francis en el ascensor, sus ojos se cruzaron y una sonrisa cómplice se dibujó en sus labios.
—Lista para conquistar el mundo, señorita Santos? —preguntó Francis, con un brillo en los ojos.
—Siempre y cuando sea contigo, señor Méndez —respondió Alejandra, sintiendo el cosquilleo de su mano en la suya.
Al llegar al piso 68 Donde estaba la oficina de Francis, el ambiente era el habitual, un bullicio controlado de actividad. Sin embargo, en el momento en que Alejandra entró a la oficina principal, notó algunas miradas más de lo normal.
Francis, con una sonrisa, la guió directamente a su nueva oficina. Era un espacio amplio y luminoso, con vistas panorámicas de la ciudad, justo al lado de la suya. Una placa dorada en la puerta decía: "Alejandra Santos, Secretaria Administrativa Jefa".
—Sorpresa —dijo Francis, extendiendo su mano hacia la oficina.
Alejandra lo miró, sus ojos llenos de emoción. —Francis, es... es increíble. No tenías que hacer esto.
—Claro que sí —respondió él, tomando su rostro entre sus manos—. Necesito a la mejor a mi lado. Y tú eres la mejor. Además, te prometí que crecerías en esta empresa. Y este es solo el comienzo.
Se besaron con ternura, un beso que sellaba una nueva etapa en su relación, tanto personal como profesional.
No mucho después de instalarse, Tomás, el gerente de proyectos y mano derecha y mejor amigo de Francis, se acercó a su nueva oficina con una sonrisa genuina.
—¡Alejandra! ¡Bienvenida de vuelta! Y muchas felicidades por tu ascenso —dijo Tomás, extendiendo su mano—. Francis nos contó la noticia. Es un puesto más que merecido. Tu dedicación y talento siempre han sido evidentes.
Alejandra le estrechó la mano con calidez. —Gracias, Tomás. Estoy muy emocionada con este nuevo reto.
—Y por lo que escuché, tu viaje fue todo un éxito —continuó Tomás, con un guiño—. Francis ha vuelto más... ¿relajado? Incluso diría que hasta más feliz. El aire de tu pueblo debe haberle sentado de maravilla.
Alejandra rió. —Sí, fue un viaje muy especial. Resfriado es un lugar mágico. Y mi familia... mi familia lo recibió con los brazos abiertos.
—Eso es genial —dijo Tomás, con un tono más íntimo—. Sabes, Francis es un tipo exigente, pero valora la lealtad y el buen trabajo. Y se nota que contigo... se suaviza. Es bueno verlo así. A veces se carga con demasiadas responsabilidades y preocupaciones. Un poco de felicidad no le viene mal.
Alejandra asintió, sintiendo un escalofrío. Las palabras de Tomás, aunque bien intencionadas, le recordaron que Francis también tenía sus propias cargas, sus propios secretos.
—Bueno, Tomás, ahora que soy la Secretaria Administrativa Jefa, supongo que tendremos que trabajar aún más de cerca —dijo Alejandra, queriendo cambiar el tema.
—Así es —respondió Tomás, con una sonrisa profesional—. Francis quiere que te involucres directamente en la coordinación de proyectos y en la comunicación con los clientes clave. Tu intuición y tu capacidad de organización serán fundamentales. Ya te tengo preparada una lista de los proyectos más importantes y las prioridades para esta semana.
El resto de la mañana transcurrió en un torbellino de información y reuniones. Alejandra se sumergió en sus nuevas responsabilidades con entusiasmo. La verdad era que le encantaba el desafío. La complejidad de los proyectos, la interacción con diferentes departamentos, la necesidad de tomar decisiones rápidas y eficientes; todo ello la hacía sentir viva y capaz.
La dinámica con Francis en la oficina se transformó. Ahora, en lugar de ser su asistente, era su mano derecha, su colega. Trabajaban codo a codo, compartiendo ideas, debatiendo estrategias, tomando decisiones. Francis valoraba su opinión, le pedía su perspectiva, la hacía sentir una parte integral de cada éxito.
Las reuniones se volvieron más intensas, los proyectos más ambiciosos. La empresa estaba en un momento de crecimiento exponencial, y Alejandra se sentía orgullosa de ser parte de ello. Juntos, formaban un equipo imparable. La línea entre lo profesional y lo personal se difuminaba sutilmente. Una mirada, un roce de manos, una sonrisa cómplice bastaban para recordarles el profundo lazo que los unía.
Una tarde, mientras revisaban unos contratos importantes, Francis se reclinó en su silla, observando a Alejandra con una admiración palpable.
—Sabes, Ale —dijo él, su voz suave—, no solo eres la mujer más hermosa que he conocido, sino también la más inteligente y capaz. Me siento muy afortunado de tenerte a mi lado, en todos los aspectos.
Alejandra sintió un rubor en sus mejillas. —Y yo de tenerte a ti, Francis. Gracias por creer en mí.
—Siempre creeré en ti —respondió él, tomando su mano y besándola suavemente—. Siempre.
A pesar de la precipitación de su nueva vida profesional y la plenitud de su relación, las sombras de los secretos seguían rondando en la mente de Alejandra. Carolina no había vuelto a responder sus mensajes.
Y luego estaba el misterio de Francis. Él continuaba siendo muy reservado sobre su pasado y su familia. Cuando Alejandra intentaba indagar sutilmente, él cambiaba de tema o le aseguraba que no había nada de qué preocuparse, que todo estaba bien.
Alejandra, confiando en su amor y en la solidez de su relación, no insistía. Se decía a sí misma que, si Francis no quería hablar de ello, era porque no era importante, o porque la estaba protegiendo de algo que él consideraba doloroso.
La existencia de Isabel seguía siendo un eco lejano, un nombre que Francis había mencionado una sola vez, en un momento de vulnerabilidad.
Alejandra no le dio mayor importancia, asumiéndolo como parte del pasado distante de Francis, algo que no tenía ninguna relevancia en su presente ni en su futuro juntos. La burbuja de felicidad en la que vivía era tan reconfortante que no quería pincharla con preguntas incómodas.
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Los meses pasaron.Y Corporation Apex se consolidó como una de las empresas más innovadoras de Eldoria, gran parte gracias al trabajo incansable de Francis y la eficiencia de Alejandra. La pareja era la envidia de muchos. Elegantes, exitosos, y visiblemente enamorados. Las cenas de negocios, los eventos sociales y los viajes de trabajo se convirtieron en parte de su rutina. Siempre juntos, siempre apoyándose.
Alejandra, ahora plenamente adaptada a su rol de Secretaria Administrativa Jefa, manejaba las complejidades de la empresa con una maestría que sorprendía a sus colegas. Su visión estratégica y su capacidad para resolver problemas la habían convertido en una figura indispensable en Corporation Apex
Pero, a veces, en los momentos de silencio, cuando Francis estaba absorto en sus pensamientos o cuando una llamada telefónica lo alejaba de ella con una prisa inusual, una pequeña punzada de inquietud se asomaba en el corazón de Alejandra.
¿Qué era lo que Francis ocultaba? ¿Por qué era tan evasivo sobre ciertos temas? ¿Eran sus secretos realmente inofensivos, o había algo más profundo que él no quería que ella supiera?
Se esforzaba por acallar esas dudas, por confiar plenamente en el hombre que amaba, en el hombre que le había dado tanto. Se miraba la cadena de plata al cuello, un símbolo de su amor y de la fe que Francis había depositado en ella. Se repetía que todo estaba bien, que eran una pareja fuerte, que su amor lo podía todo.
Sin embargo, el destino, caprichoso y juguetón, tenía otros planes. La burbuja de felicidad de Alejandra, tan cuidadosamente construida, estaba a punto de encontrarse con una realidad que desafiaría todo lo que ella creía saber sobre Francis y sobre su amor. El abismo, el pasado, Isabel... todos esperaban el momento oportuno para salir a la luz y poner a prueba la verdadera fortaleza de su relación.
Continuará 5
Felicidades escritora. Una novela con matices que hacen cada capítulo interesante.
Debería de ponerse al tú por tú con Isabel y no dejarse amedrentar.
Al final será un cobarde que vivirá con amargura por no saber defender sus ideales y su amor.
Debería dejar pasar unos días y reflexionar sobre sus sentimientos. Y si el amor por ella misma le da el valor de escucharlo, que sobre eso decida qué elige.