Cuando las profundidades del mar ocultan secretos ancestrales y los ecos de la venganza susurran a través de las corrientes, solo las valientes sirenas de Mirthalia pueden desafiar el destino.
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Capítulo 5: La Llama de la Venganza
El odio es una llama que puede arder incluso bajo el océano más profundo. Durante los días siguientes a la revelación, Selene no pudo dormir. Cada vez que cerraba los ojos, veía el rostro de su madre, Marina, no con la paz que los retratos oficiales mostraban, sino con el terror de alguien que sabe que ha sido abandonado por los suyos.
La tristeza inicial se transformó en algo mucho más denso y peligroso: un deseo de retribución. Ya no era solo por ella misma, era por la justicia que se le había negado a su linaje.
Se citó en el Bosque de Algas Gigantes, un lugar donde las corrientes eran tan fuertes que cualquier conversación quedaba ahogada para los oídos indiscretos de los espías del Rey. Allí la esperaban sus compañeras más leales: Coralia Maré, una guerrera de mirada gélida y fuerza prodigiosa; Ariel Waves, cuya curiosidad siempre la mantenía al borde de la rebelión; y la joven Ondina Blue Mist, su prima pequeña, que aún conservaba la inocencia que Selene acababa de perder.
—Pareces una tormenta a punto de estallar, Selene —dijo Coralia, cruzando sus brazos musculosos—. ¿Qué te ha dicho Elara que te ha puesto esa mirada de asesina?
Selene miró a sus amigas una a una. Sabía que lo que iba a decir las pondría en un camino sin retorno.
—Mirthalia es una mentira —comenzó Selene, su voz vibrando con una intensidad que hizo que las algas a su alrededor se agitaran—. El Pacto Sombrío no es una defensa. Es un tributo. Mi madre fue sacrificada por los nobles para comprar una paz cobarde, y yo soy la próxima en la lista.
El silencio que siguió fue absoluto, roto solo por el murmullo de las burbujas. Ariel se llevó las manos a la boca, horrorizada. Coralia, por el contrario, apretó los puños hasta que sus nudillos se volvieron blancos.
—Lo sospechaba —gruñó Coralia—. Mi padre siempre decía que los Navy Blue ocultaban algo en los archivos antiguos. Pero, ¿un sacrificio humano... o mejor dicho, de sirena? Es una atrocidad.
—¿Qué vamos a hacer? —preguntó Ondina, con la voz temblorosa—. No podemos enfrentarnos al Rey Pelagios. Él tiene a la Guardia de Coral.
—No solo nos enfrentaremos a él —dijo Selene, acercándose al centro del círculo—. Vamos a destruir el pacto. Vamos a recuperar el Corazón de la Tierra que los humanos entregaron y vamos a enfrentarnos a la sombra nosotros mismos. Si el precio de nuestra paz es la sangre de nuestras hermanas, entonces esa paz no merece existir.
—Es una locura —susurró Ariel, pero en sus ojos brillaba una chispa de emoción—. Si cruzamos los límites, los humanos nos verán como una amenaza y el Rey nos verá como traidoras.
—Ya nos ven como mercancía, Ariel —replicó Selene con amargura—. ¿Prefieres morir en silencio en una fosa oscura o morir luchando por tu derecho a elegir tu destino?
Coralia desenvainó una pequeña daga de hueso tallado y la clavó en el suelo arenoso.
—Cuenta conmigo. He servido a la Guardia de Coral esperando proteger a mi pueblo de monstruos, pero no sabía que los monstruos estaban sentados en el trono. Si hay que quemar Mirthalia para que renazca de sus cenizas, yo pondré la primera chispa.
Ariel asintió lentamente, su rostro endureciéndose.
—Yo también iré. Estoy cansada de vivir en las sombras. Quiero ver el sol sin miedo.
Ondina, aunque asustada, puso su mano sobre la de Selene.
—Somos las Blue Mist, Selene. Mi sangre es la tuya. Si tú vas, yo voy.
Selene sintió una oleada de calor en su pecho, la primera sensación agradable en días. La llama de la venganza ya no era una chispa solitaria; ahora era una hoguera compartida.
—Escuchadme —ordenó Selene, bajando la voz—. El primer paso es obtener información. Necesitamos saber dónde se guarda el registro original del pacto. Coralia, tú tienes acceso a los cuarteles de los Navy Blue. Ariel, tú conoces los túneles secretos de los escribas. Buscad cualquier mención al "Corazón de la Tierra" y a la ubicación exacta del sello.
—¿Y tú qué harás? —preguntó Ariel.
Selene miró hacia arriba, hacia la superficie que se vislumbraba como un espejo lejano.
—Yo tengo una cita —respondió—. Hay un humano llamado Marinus que sabe más sobre la superficie de lo que nosotros jamás sabremos. Si su gente entregó el artefacto, tal vez su gente sepa cómo usarlo sin necesidad de sacrificios.
—Es peligroso, Selene —advirtió Coralia—. No todos los humanos son como los de las leyendas.
—Lo sé —dijo Selene, recordando la expresión vulnerable de Marinus—. Pero en este mundo de traiciones, un enemigo declarado puede ser un aliado más honesto que un falso amigo en el trono.
Las cuatro sirenas unieron sus manos en el centro del claro de algas. En ese momento, no eran solo jóvenes de Mirthalia; eran la resistencia. La decisión estaba tomada. El destino de su pueblo ya no sería escrito por ancianos temerosos en habitaciones cerradas, sino por ellas, en las corrientes abiertas del cambio.
—Por Marina —susurró Ondina.
—Por nuestra libertad —sentenció Selene.
Al dispersarse, Selene sintió que el peso de su corazón era un poco más ligero. Tenía un plan, tenía aliadas y tenía una furia que nada podría apagar. El juego de las mareas había cambiado, y esta vez, el mar no devolvería lo que se le había quitado tan fácilmente. Se preparó para nadar hacia la superficie, consciente de que cada brazada la alejaba de su vieja vida y la acercaba a una guerra que cambiaría el océano para siempre.