Valentina Montenegro a sus 27 años creyó que lo tenía todo: un matrimonio estable, una familia influyente y un futuro junto al hombre que amaba.
Durante siete años permaneció al lado de Leonardo de la Vega, soportando silencios, ausencias y un secreto que decidió cargar sola por amor, hasta que una noche descubrió que su esposo llevaba años compartiendo su vida con otra mujer.
Y entonces apareció él....
Alexander de la Vega, el tío de su esposo, un hombre diez años mayor a ella, que siempre permanecía en las sombras de la familia, el único que vio su dolor cuando todos los demás miraban hacia otro lado.
Lo que comenzó como consuelo se convirtió en una amistad peligrosa y lo que jamás debió ocurrir terminó cambiando sus vidas para siempre, porque mientras Leonardo cree que tiene el control de la herencia y de mi vida, él no tiene idea de que en este tablero de traición, dinero y poder... su propio tío ya se quedó con la corona, y con la mujer que él nunca supo valorar.
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Capítulo 1 "El aniversario"
El suave tintinear de las copas y las conversaciones ajenas llenaban el ambiente del exclusivo restaurante.
Valentina Montenegro desvió la mirada hacia el reloj en su muñeca por quinta vez en menos de viente minutos, las nueve con cuarenta y tres de la noche, respiró hondo y tomó un pequeño sorbo de vino que ya había perdido su temperatura ideal.
Frente a ella, el asiento permanecía vacío, sobre la mesa descansaba una pequeña caja de terciopelo negro, en su interior había un reloj que había elegido cuidadosamente semanas atrás, no era el más costoso, pero sí el que mejor combinaría con él, perfecto para un hombre que vivía pendiente del tiempo; como pintora, Valentina tenía el don de observar los detalles que otros pasaban por alto; sin embargo, no hacía falta ser una artista para notar el evidente desinterés de su esposo.
El teléfono vibró sobre la mesa, lo tomo y lo desbloqueó de inmediato
Leonardo
{Te veo más noche, surgió una reunión importante en la empresa, ve a dormir. Te amo mi amor.}
Leyó el mensaje dos veces, después escribió :
{Está bien, cuídate}
Presionó enviar, no escribió que llevaba casi tres horas esperándolo, no escribió que aquella noche cumplían cuatro años de matrimonio, tampoco le recordó que había sido él quien insistió en reservar esa mesa unos días antes.
Si Leonardo lo había olvidado, ella no pensaba rebajarse a recordárselo, no después de estar siete años juntos, guardó el teléfono, tomó la caja de terciopelo y se levantó de la mesa caminando hacia la salida, bajo la tenue lluvia de la ciudad...
A varios kilómetros de allí...
Leonardo de la Vega dejó su teléfono sobre la mesa de noche sin volver a tomarlo.
—¿Todo bien, Leo? —preguntó la mujer mientras colocaba el último plato sobre la mesa del departamento.
—Sí hermosa, solo era un pendiente de la empresa pero ya quedó resuelto— dijo mirándola con una sonrisa llena de encanto.
—Por un momento pensé que volverías a cancelarme por irte con tu esposa—contestó con un suspiro de alivio, acomodándose el escote de su vestido.
Él caminó hasta ella y la tomó por la cintura. Valeria era su exnovia, el fantasma de su pasado que ahora se había convertido en su escape prohibido.
—Esta noche, soy solo tuyo —aseguró él.
Valeria sonrió complacida, había pasado más de una hora preparando la cena, no era una ocasión especial, simplemente quería compartir la noche con su amante.
Leonardo tomó asiento y observó la mesa cuidadosamente decorada, velas, vino y comida casera que aún desprendía vapor. Por un instante, sintió que aquel departamento escondido era mucho más pacífico que la enorme mansión donde vivía con su mujer o cualquier sala de juntas donde competía a muerte contra su tío por el puesto de CEO.
Y sin darse cuenta, olvidó por completo que esa misma noche celebraba cuatro años de matrimonio con su esposa.
Mansión De la Vega
Valentina abrió la puerta de su casa con tranquilidad, el silencio de la mansión la recibió como ocurría la mayoría de las noches, dejó la pequeña caja del reloj sobre el tocador de la habitación principal, se quitó los tacones, entró al baño y encendió la ducha.
El agua caliente cayó lentamente sobre sus hombros, llevándose consigo el cansancio, ella no era tonta, no era la esposa sumisa e ignorante que Leonardo creía tener, sabía perfectamente que la "reunión" de su marido tenía el nombre de su ex y sabía desde cuándo se revolcaban a sus espaldas.
Minutos después, vestida con un camisón de seda y con la habitación completamente a oscuras, se acomodó entre las sábanas, estaba a punto de cerrar los ojos cuando el teléfono volvió a vibrar sobre el buró, la pantalla iluminó la habitación.
Alex
{Sé que no fue a cenar contigo, esa mujer y él salieron temprano del trabajo,¿Todo bien?}
Por primera vez en toda la noche, una sonrisa verdadera y llena de una complicidad ardiente apareció en los labios de la mujer, su corazón dio un vuelco violento, borrando toda la amargura del desplante. Desbloqueó el teléfono y respondió de inmediato.
{Sí, llegué a casa hace unos minutos, no te preocupes por mí, estoy bien}
La respuesta no tardó ni un minuto en llegar.
Alex
{Siempre me preocuparé por ti, descansa mi reina. Nos vemos mañana}
Valentina sostuvo el teléfono contra su pecho en la oscuridad, sintiendo cómo el calor regresaba a su cuerpo.
Su esposo creía que estaba jugando el juego perfecto teniendo una amante en secreto, pero no tenía idea de que ella ya había encontrado el amor real, profundo y peligroso en los brazos de su propio tío, Alexander de la Vega, el hombre más poderoso de la familia y el rival corporativo de su marido, era el dueño de sus suspiros. El juego de Leonardo apenas comenzaba, pero Valentina ya iba un paso adelante.
A altas horas de la madrugada, Leonardo abrió la puerta de la habitación procurando hacer el menor ruido posible.
La tenue luz del pasillo apenas alcanzaba a iluminar el interior, dirigió una rápida mirada hacia la cama, Valentina dormía de espaldas a la puerta, completamente cubierta por las sábanas, soltó un suspiro silencioso, al menos no tendrá que consolarla por dejarla tanto tiempo sola. Aflojó el nudo de la corbata mientras caminaba hacia el vestidor, se quitó el saco y lo dejó sobre el respaldo de una silla.
Después comenzó a desabotonar lentamente la camisa, un delicado perfume femenino permanecía impregnado en la tela, bajó la mirada por un instante, consciente de que aquel aroma no pertenecía a su esposa.
Tomó aire con discreción, no quería pensar en ello, solo quería darse una ducha y dormir.
Abrió el cajón donde guardaba su pijama, pero antes de cerrarlo algo llamó su atención, sobre el tocador descansaba una pequeña caja de terciopelo negro, frunció ligeramente el ceño y la tomó entre sus manos, reconociendo el envoltorio de inmediato.
Abrió la caja con cuidado, dentro había un elegante reloj de pulsera y debajo de este, había una pequeña tarjeta y la desdobló.
"Feliz cuarto aniversario, Leonardo."
Su expresión cambió al instante, por unos segundos permaneció inmóvil, con la mirada fija en aquellas cuatro palabras, fue entonces que recordó la reservación que hizo en el restaurante, que insistió él para celebrarlo como años atrás.
—Maldición... —murmuró cerrando los ojos con frustración.
Se pasó una mano por el rostro, ¿Cómo había podido olvidarlo?
Miró de reojo hacia la cama, su esposa seguía dormida, pensó en despertarla, pedirle perdón, explicarle que el trabajo lo había absorbido por completo pero desechó la idea casi de inmediato, ya era demasiado tarde, además, ¿De qué serviría una disculpa a medianoche?
—Mañana hablaré con ella — suspiro con resignación — Se lo compensaré.
Volvió a cerrar la caja con cuidado y la dejó exactamente en el mismo lugar donde la había encontrado. Tomó el pijama y se fue a duchar, sin imaginar que aquel simple olvido ya había marcado un después en su matrimonio, entró al baño mientras el sonido del agua cubría el silencio de la habitación.