Ella fue condenada a muerte por el príncipe heredero, su propio esposo. Los dioses, apiadados de su destino, le dieron una segunda oportunidad. Ahora ha regresado con un solo propósito: cambiar su historia y lograr que él se enamore de ella.
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Cap14: Normun
El día había comenzados como muchos otros: los pasillos estaban completamente vacíos, el sol de la mañana se filtraba por las enormes ventanas de cristal y el trabajo cada vez era más sencillo.
La oficina se sentía parte de mí, como un brazo o una pierna. A parte de mi habitación es el único lugar donde puedo respirar bien y relajarme, es donde único no me observan con miedo o terror.
Sofia me había traído información de Normun, según había recopilado era un pueblo demasiado pobre, los aldeanos no tenían que comer, los niños no tenían juguetes o escuelas, los ancianos vivían en la calle, había robo y asesinatos. Pero todo estaba cambiando.
—¿Todo esto lo hizo William? —miré a Sofia sorprendida.
Después de que William comenzará a ir a ese lugar habían construido hospitales, escuelas y casas. Todo estaba mejorando para esas persona, los niños estaban felices y los ancianos tenían donde descansar. La delincuencia estaba desapareciendo y solo se reportaban algún que otro robo.
—Si, gracias al Rey Normun está saliendo de la pobreza —dijo Sofia con admiración.
En mis ojos saltó una chispa de entusiasmo y por mi mente pasó una estupenda idea.
—Ordena que preparen el carruaje —dije con voz firme —iremos a Normun.
Sofia se sobresaltó, no esperaba escuchar eso.
—Por supuesto, ahora voy.
Minutos después el carruaje estaba listo en la entrada del palacio. Subí con elegancia mientras Lore me seguía con pasos apresurados. El cochero cerró la puerta y el vehículo comenzo a avanzar lentamente por el camino empedrado.
El carruaje avanzó durante horas hasta que finalmente las casas comenzaron a aparecer a lo lejos. Normun ya no era el mismo pueblo miserable del que hablaban los rumores. Las calles estaban limpias, los niños corrían con risas que llenaban el aire, y los ancianos descansaban en bancos de madera bajo la sombra de los árboles recién plantados.
Cuando el carruaje se detuvo en la plaza principal, los aldeanos se reunieron con mezcla de temor y esperanza. Algunos bajaron la mirada, inseguros de cómo comportarse ante la Reina, otros se atrevieron a levantarla, mostrando respeto y curiosidad.
—Su alteza... —murmuró Lore, asomándose por la ventana— mire sus rostros, no saben si temerla o agradecerle.
Descendí con calma, mi vestido rozando el suelo empedrado. El murmullo del pueblo se hizo más fuerte, y entre la multitud apareció William. Su porte era imponente, pero sus ojos se suavizaron al encontrarme.
—Has venido... —dijo con una sonrisa apenas perceptible, cargada de sorpresa y afecto.
Los aldeanos observaron la escena con atención. Algunos pensaban que la Reina había llegado para imponer su autoridad, otros creían que era un gesto de bondad. Pero todos coincidían en algo: aquella mujer no era débil.
—El Rey la ama —susurró una anciana a su nieta—, y si él la respeta, nosotros también debemos hacerlo.
William se acercó y tomó mi mano con firmeza, como si quisiera dejar claro ante todos que yo no era una intrusa, sino parte de su mundo.
—Bienvenida a Normun —dijo con voz solemne, lo suficientemente alta para que todos escucharan—. Este pueblo prospera, y ahora lo hará bajo tu mirada también.
El silencio se transformó en aplausos tímidos, luego en vítores. Los niños se acercaron con curiosidad, algunos entregándome flores improvisadas, mientras los ancianos inclinaban la cabeza en señal de respeto. Los hombres murmuraban entre ellos que la Reina era fuerte, que no se dejaba doblegar, y las mujeres comentaban que, si el Rey me amaba, entonces debía ser digna de confianza.
William me miró con orgullo, y en ese instante comprendí que mi presencia allí no solo era un símbolo de poder, sino también de unión. Amada por él, respetada por el pueblo, y temida por quienes osaran desafiarme.
El ambiente se llenó de voces que repetían mi nombre, algunos con admiración, otros con cautela. Pero todos coincidían en que Normun había cambiado, y que mi llegada confirmaba que el futuro sería distinto. William, aún sosteniendo mi mano, me condujo hacia el centro de la plaza, y con su mirada dejó claro que juntos seríamos la fuerza que mantendría al reino en pie.