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Luz De Luna Y Sombras Del Abismo.

Luz De Luna Y Sombras Del Abismo.

Status: Terminada
Genre:Aventura / Romance / Completas
Popularitas:2.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Leydis Ochoa

En un mundo donde la luna es testigo de secretos oscuros y los demonios acechan en las sombras, un amor prohibido desafiará el destino.

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Capítulo 08

Descubren un antiguo portal en el bosque.

El viaje hacia el corazón del Bosque Susurrante fue una prueba de resistencia. El bosque, sintiendo la inestabilidad de la realidad causada por la grieta, parecía haber cobrado una vida propia y malévola. Las raíces se retorcían como serpientes bajo sus pies, y la niebla se volvía tan densa que Emara tenía que confiar enteramente en su olfato y en el vínculo con Kellan para no perderse.

—El aire está cambiando —comentó Emara, deteniéndose junto a un árbol cuyas hojas se habían vuelto de un color ceniciento—. Huele a ozono y a algo... estancado. Como agua que ha estado en un pozo durante siglos.

Kellan asintió, su mano siempre cerca del mango de su espada. Su salud había mejorado gracias a los cuidados de Emara, pero su rostro seguía marcado por la fatiga.

—Estamos cerca de un nexo. Mi padre no fue el primero en intentar cruzar. Hubo otros, hace eras, que construyeron puntos de anclaje en estos bosques. Los llamaban los "Pasajes del Olvido".

Siguieron avanzando hasta que el bosque se abrió en un claro circular que no aparecía en ninguno de los mapas de los Alarcón. En el centro, rodeado de monolitos de piedra negra que parecían absorber la poca luz que se filtraba, se alzaba un arco de piedra cubierto de inscripciones que brillaban con un tono violeta enfermizo. No era la grieta salvaje que habían visto antes; era algo artificial, antiguo y terriblemente poderoso.

—Un portal —susurró Emara, sintiendo que el vello de sus brazos se erizaba—. No es el Altar de los Eones.

—No —dijo Kellan, acercándose al arco con cautela—. Esto es un Portal del Abismo latente. Alguien lo ha despertado recientemente. La energía de la grieta principal lo está alimentando, como un parásito.

De repente, el suelo comenzó a temblar. De las sombras entre los monolitos, empezaron a emerger figuras etéreas, guerreros de armaduras negras y ojos llameantes que no parecían tener sustancia física. Eran los "Segadores" de los que Kellan había hablado, los asesinos de élite del Rey de las Sombras.

—¡Cuidado! —gritó Kellan, empujando a Emara justo cuando una hoja de energía oscura pasaba por donde ella había estado un segundo antes.

Emara se transformó en un parpadeo. Su forma de loba era ahora más grande, más imponente, con rastros de energía plateada bailando en su pelaje. Se lanzó contra uno de los segadores, pero sus garras atravesaron la figura como si fuera humo. El segador soltó una carcajada sibilante y contraatacó con una maza de sombras.

—¡No puedes dañarlos con fuerza física, Emara! —advirtió Kellan, mientras él mismo luchaba, sus dagas brillando con una luz azulada que sí parecía cortar la esencia de los enemigos—. ¡Usa el vínculo! ¡Inyecta tu voluntad en tus ataques!

Emara cerró los ojos por un instante, buscando ese hilo de fuego frío que la unía a Kellan. Lo encontró y, en lugar de luchar contra él, lo abrazó. Visualizó su amor por su tierra, su dolor por la pérdida de su madre y la extraña lealtad que sentía por el demonio a su lado. Cuando abrió los ojos, sus garras brillaban con una luz blanca cegadora.

Con un rugido que sacudió los monolitos, Emara despedazó al segador más cercano. Esta vez, el humo negro no se reformó; se disipó con un chillido de agonía.

La batalla fue feroz. Kellan y Emara lucharon espalda contra espalda, una sinfonía de garras plateadas y acero demoníaco. Por cada segador que caía, dos más parecían salir del portal. La estructura de piedra comenzó a zumbar, y el centro del arco se llenó de un remolino de oscuridad absoluta.

—¡Están intentando traer algo más grande! —gritó Kellan sobre el estrépito de la magia—. ¡Si ese portal se estabiliza, el Rey de las Sombras cruzará hoy mismo!

—¿Cómo lo cerramos? —preguntó Emara, derribando a otro enemigo.

Kellan miró el portal y luego a Emara. Sus ojos reflejaban una decisión dolorosa.

—El Corazón del Abismo que llevo conmigo... si lo introduzco en el nexo, sobrecargará el portal y lo destruirá desde dentro. Pero para hacerlo, alguien tiene que cruzar al otro lado para detonar la energía.

—¿Estás loco? —Emara volvió a su forma humana, ignorando el peligro—. Si cruzas, te quedarás atrapado allí. Tu padre te atrapará. Te matará.

—Es la única forma de darte tiempo para llegar al Altar de los Eones y cerrar la grieta principal —dijo Kellan, agarrando el cristal opalescente—. Mi vida por la de Eloria. Es un intercambio justo para un mestizo que nunca perteneció a ningún lugar.

—¡No! —Emara lo agarró por los hombros, sacudiéndolo—. ¡No te atrevas a hacerme esto! ¡Acabamos de encontrarnos! No voy a dejar que te sacrifiques por un mundo que ni siquiera te ha dado las gracias.

Kellan la miró con una ternura devastadora. —Emara, escucha...

—No —lo interrumpió ella, con los ojos ardiendo de determinación—. Hay otra opción. Los dos cruzaremos.

Kellan parpadeó, atónito. —¿Qué?

—Si el portal es un puente, debe haber una cámara de transición —explicó Emara rápidamente—. Mi madre siempre decía que los Videntes hablaban de un "Reino Entre Mundos". Si detonamos el Corazón allí, podemos colapsar el túnel sin quedar atrapados en el Abismo. Podríamos aparecer en cualquier lugar de Eloria, o quizás en otro lugar... pero estaremos juntos.

Kellan miró el remolino de oscuridad. Era una apuesta suicida. Las probabilidades de sobrevivir a una explosión de esencia demoníaca en medio de un viaje interdimensional eran casi nulas. Pero al mirar a Emara, vio una fuerza que no provenía de sus músculos ni de su linaje, sino de una voluntad indomable.

—Eres la criatura más irracional y valiente que he conocido —dijo él, con una sonrisa triste.

—Y tú eres el demonio más testarudo —replicó ella, tomando su mano—. ¿Lo hacemos juntos?

Kellan asintió. Entrelazaron sus dedos, sintiendo la marca del pacto arder con una intensidad blanca. Los segadores restantes se lanzaron sobre ellos en un último intento desesperado por detenerlos, pero ya era tarde.

Con un grito de desafío, Emara y Kellan se lanzaron al centro del remolino oscuro. El mundo desapareció en una explosión de sonido y color. El frío del vacío los envolvió, y por un momento, Emara sintió que su cuerpo se desintegraba en mil pedazos de luz. Pero la mano de Kellan no la soltó. Eran dos chispas en la inmensidad de la nada, aferradas la una a la otra mientras el portal colapsaba tras ellos, sellando su salida y arrojándolos hacia lo desconocido.

Habían decidido cruzar el portal para buscar respuestas, o quizás para encontrar un destino que nadie había escrito para ellos.

Deciden cruzarlo para buscar respuestas.

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