Saena es una madre soltera de 30 años que, en medio del caos, logró salir adelante y convertirse en una médica renombrada, especializada en hematología.
Aunque nunca contó con el apoyo de su familia —nadie la ayudó cuando más lo necesitaba—, Saena siguió luchando por sus sueños, gracias a la ayuda de una desconocida que la apoyó incondicionalmente.
Enrico Villar, de 32 años, es un CEO autoritario y justo, soltero y muy codiciado. Le gusta las fiestas, pero su familia insiste en que encuentre el amor y abandone la vida de soltero.
¿Cómo se cruzarán sus caminos?
¿Nos embarcamos en esta historia?
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Capítulo 15
La semana comienza para Saena con sus compromisos, los pacientes y, aparte, el viaje de todos los jueves, pero eso no afecta su alegría, está haciendo lo que ama. Durante esta semana ha intercambiado mensajes con Enrico y así ambos pueden comunicarse, él tiene la esperanza de que Saena acepte salir con él.
Enrico también tuvo una semana agitada, muchas reuniones y trabajos fuera de la empresa. La secretaria siempre estaba a su lado, ella es una señora muy alegre y competente. En una de esas reuniones hizo un acuerdo con una empresa y la única condición del socio es que su ahijada pudiera trabajar al lado de Enrico, a él no le importó y aceptó.
El jueves llegó la persona, la secretaria informa a Enrico y él va hacia la mujer, hija de su socio.
Enrico: ¡Buenos días!
Bienvenida.
Mujer: Gracias, me llamo Helena.
Enrico: Le mostraré su sala.
Ella lo sigue, la sala está al lado de la suya.
Enrico: Olinda le pasará todo.
Helena: Claro, gracias por la oportunidad.
Ella habla de un modo diferente y lo mira de pies a cabeza, a él no le importa y sale de allí.
Helena: ¿Qué hombre es este?
Él será mío.
Con Enrico:
Él a cada momento mira el celular para ver si llega un mensaje de Saena, la concentración en el trabajo se fue. Enrico toma coraje y la llama.
Llamada:
Saena: Hola Enrico.
Enrico: Hola.
Disculpa por llamar sin avisar.
Saena: No te preocupes.
No he tenido tiempo, estoy yendo a viajar para Hudson.
Vuelvo el domingo.
Enrico: Ah sí, perdón.
Saena: Pare, me gustó su llamada.
¿Te veo el domingo?
Enrico: Claro.
¿Dónde y a qué hora?
Podría ir a Hudson a verte.
Saena: El sábado por la noche si consigues venir.
Enrico: Yo iré.
Solo mándame la ubicación.
Saena: Está bien.
Me voy ahora, besos.
Hasta el sábado.
Enrico: Besos.
Ella cuelga y él coloca el celular en el pecho y sonríe como un bobo, esa era la oportunidad que quería e iba a hacer que valiera la pena, el interés de él por la bella mujer es nítido, Enrico cree que está enamorado, él oye golpes en la puerta, la secretaria y Helena entran.
Olinda: El señor tiene una reunión el sábado.
Enrico: Cancele toda mi agenda del sábado, puede ser quien sea.
No me interesa.
Helena, estará responsable por algunos asuntos que no puedo aplazar, pero que se pueden resolver aquí, ella trabajará al lado de Luana.
¿Entendido?
Helena: Sí.
Olinda: Sí señor.
Enrico: Llame a Luana ahora.
Él no sabe que Luana es amiga de Saena, pero ella sabe que Saena está intercambiando mensajes con él, y torce por la amiga, Luana no conoció a Helena, la ex de Savio.
Luana entra en la sala tras golpear la puerta y aguarda a que Enrico hable.
Enrico: Luana, tengo otro compromiso fuera de la empresa el sábado.
Quiero que trabajes al lado de Helena en el sector administrativo, y ella con el balance y haga la reunión con los responsables.
¿Consigues hacer eso?
Luana: Claro que sí, iré a comenzar a organizar hoy esas pautas y el sábado todo estará listo.
Enrico: Óptimo, Olinda dará el soporte necesario para ustedes.
Helena: Como quiera (habla melosa).
Luana revira los ojos y balancea la cabeza en desaprobación, Enrico dispensa a las tres y se tira en el sofá e imagina rever a Saena después de más de una semana, él finaliza algunas cosas y se va.
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Con los padres de Saena:
Después de salir de la consulta, sentí que todo se estaba desmoronando, la enfermedad, rever a mi hija y mirarla y no ver más aquella niña que cuando veía a los padres los ojos brillaban.
Todo lo que vi fue desprecio, y una mirada gélida, y aquello me quebró por entero.
Guardo la culpa y el remordimiento hasta hoy, ese es el precio, y yo tengo que pagar esa cuenta, pude ver a la hija de ella al lado de mi hijo y él huyó de mí, el llanto que estaba aguantando no lo conseguí, pero contener me derrumbé.
Cíntia: Necesita comer.
Sérgio: No.
Me estoy sintiendo un inútil.
Estuve frente a frente con mis hijos y no hice nada, no fui atrás y ni luché.
Cíntia: Colócate en el lugar de ellos, ¿crees que ellos querrían hablar con nosotros en aquel momento?
No fuimos los padres de ellos, y ellos aprendieron eso.
Ahora tenemos que intentar recuperar la confianza de ellos y pedir perdón, aunque ellos nunca vuelvan a convivir con nosotros, pero solo el hecho del perdón ya me dejará morir en paz.
Sérgio: Aún vivirá mucho.
¿Vio a la niña?
Cíntia: Sí, ella es linda.
Tiene los ojos llenos de amor, y dulce, y delicada (voz de llanto)
Una lágrima cae, Sérgio limpia y ambos se abrazan al dolor de la culpa, el remordimiento, y por saber que podían hacer la diferencia y no la hicieron, oyeron personas que hoy no se hacen presentes.
¿Cuál es el precio del abandono y del desprecio?
Mirar a la persona y sentir que todo aquel amor que tenía se enfrió, sentir el peso de las palabras, la mirada fría, actuar como si no los conociese.
Dolió en el alma.
Pero ¿será que ellos están listos para pedir perdón?
Pero ¿cuál es el precio a pagar?
La vida juega con las personas, les gasta bromas, y montar ese rompecabezas será difícil principalmente si falta una única pieza, el AMOR.