NovelToon NovelToon
The Seven Rubies

The Seven Rubies

Status: En proceso
Genre:Bestia / Timetravel / Fantasía LGBT
Popularitas:3k
Nilai: 5
nombre de autor: Ruczca

Me llamo Ren, soy un chico de 17 años, y tras un accidente inexplicable desperté en un mundo completamente ajeno al mío. Un lugar regido por reglas que apenas logro comprender, donde lo más importante no es la fuerza ni la inteligencia… sino la reproducción.

NovelToon tiene autorización de Ruczca para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 2

Abrí los ojos lentamente.

La primera sensación fue el frío.

Húmedo. Denso. Pegajoso.

Mi cuerpo estaba hundido en un charco de lodo, y por un segundo no entendí nada… hasta que el olor a tierra mojada y vegetación salvaje invadió mis sentidos de golpe.

Parpadeé varias veces.

Un bosque.

Gigantesco.

Los árboles se alzaban como columnas interminables hacia un cielo que apenas podía verse entre las copas densas. La vegetación era espesa, viva, casi sofocante. Todo parecía demasiado… grande.

Demasiado silencioso.

O no.

El sonido del bosque comenzó a filtrarse poco a poco en mis oídos: hojas rozándose, ramas crujiendo, insectos ocultos vibrando en la distancia… un murmullo constante, natural… pero inquietante.

Exhalé con pesadez, llevándome una mano al rostro embarrado.

—Genial… —murmuré con fastidio—. De todos los lugares donde podía despertar… tenía que ser en el único charco de lodo visible.

Intenté incorporarme, todavía confundido, tratando de reconstruir lo que había pasado.

El festival.

El collar.

El rayo.

Y después…

Nada.

Fruncí el ceño.

Esto no tenía sentido.

Pero antes de poder hilar un solo pensamiento coherente—

El bosque enmudeció.

De golpe.

El sonido desapareció como si algo lo hubiera arrancado de raíz.

Mi respiración se volvió lo único audible.

Entonces lo escuché.

Un siseo.

Largo.

Arrastrado.

Antinatural.

Giré la cabeza lentamente, escaneando los alrededores.

Nada.

Solo árboles.

Sombras.

Vacío.

Pero algo estaba mal.

Lo sentía.

Un escalofrío brutal me recorrió la espalda, erizando cada fibra de mi cuerpo. Mi instinto gritaba, pero mi mente se negaba a aceptar lo evidente.

No quería mirar.

Pero lo hice.

Lentamente… levanté la vista.

Y ahí estaba.

Enroscada sobre una gruesa rama, justo frente a mí.

Una anaconda.

Negra.

Gigantesca.

Su cuerpo era tan grueso como un tronco, y sus escamas absorbían la luz, volviéndola casi una sombra viva. Sus ojos, completamente oscuros, me observaban sin parpadear.

Fijos.

Vacíos.

Y, aun así… conscientes.

El aire se atascó en mi garganta.

Mi cuerpo reaccionó.

O intentó hacerlo.

Pero no respondió.

Mis piernas no se movían.

Ni un centímetro.

El pánico se disparó dentro de mí como un incendio.

No… no… no…

En el instante en que nuestras miradas se cruzaron—

La serpiente se lanzó.

—¡NO!

Intenté moverme, forzar mi cuerpo, gritar, hacer cualquier cosa… pero era inútil. Algo me mantenía inmóvil, como si el mismo bosque me estuviera sujetando.

—¡NO PUEDO MORIR OTRA VEZ!

El recuerdo del ahogo volvió.

El dolor.

La oscuridad.

La desesperación.

No.

Otra vez no.

En el último segundo, incapaz de hacer nada, cerré los ojos con fuerza.

Si esto era una pesadilla…

Entonces despierta.

Despierta ya.

Me rendí.

Completamente.

Un estruendo sacudió el suelo.

Abrí los ojos de golpe.

Silencio.

La anaconda… no estaba sobre mí.

Estaba frente a mí.

Inmóvil.

Retorcida.

Muerta.

Parpadeé, incrédulo.

Mi cuerpo seguía intacto.

Ni un rasguño.

Mi respiración tembló al volver.

—¿Qué…?

Pero no hubo tiempo para respuestas.

Un sonido rasgó el aire.

Aullidos.

Lejanos al principio.

Luego más cercanos.

Mucho más.

Mi cuerpo se tensó.

Antes de que pudiera siquiera levantarme—

Un dolor punzante explotó en mi pecho.

—¡GH—!

Caí de rodillas, llevándome la mano al corazón.

Mi visión comenzó a nublarse otra vez.

No…

No ahora…

—Maldita sea… —murmuré con dificultad—. ¿Por qué… en este momento…?

Mi respiración se volvió irregular.

Pesada.

Inestable.

Entre la niebla que cubría mi vista, distinguí movimiento.

Sombras.

Varias.

Lobos.

Grises.

No eran cachorros… pero tampoco completamente adultos. Se movían con cautela, rodeándome poco a poco, observándome con una mezcla de curiosidad y alerta.

Esperando.

Midiéndome.

Como si decidieran… si yo era presa.

Intenté incorporarme.

Fallé.

Mi cuerpo ya no respondía.

Genial.

Simplemente perfecto.

Un paso más.

Otro.

Se acercaban.

Y entonces—

Un rugido.

No.

Eso no fue un rugido común.

Fue algo más profundo.

Más antiguo.

Más… dominante.

El sonido sacudió el aire mismo.

Los lobos se detuvieron en seco.

Sus cuerpos temblaron.

Y en cuestión de segundos, retrocedieron, gimiendo, con las colas entre las patas… hasta desaparecer entre la maleza.

El bosque volvió a respirar.

Pero ahora…

Con algo más dentro de él.

Mis ojos apenas podían mantenerse abiertos.

El lodo se sentía más frío.

Más pesado.

Y entonces lo escuché.

Pasos.

Firmes.

Lentos.

Algo grande se movía entre los arbustos cercanos.

Las hojas crujían bajo su peso.

Se acercaba.

No pude moverme.

No pude huir.

Solo observar.

De entre la vegetación emergió…

Un lobo.

Blanco.

Imponente.

Su pelaje gris parecía absorber la luz de forma distinta, casi etérea, y sus ojos grises tenían una inteligencia que no pertenecía a una bestia común. Era enorme… más de dos metros fácilmente.

No era natural.

Nada en este lugar lo era.

El lobo me observó en silencio.

Analizándome.

Como si pudiera ver más allá de mi cuerpo.

Más allá de mi mente.

Abrió el hocico.

Y habló.

—Sigues vivo…

El lobo se acercó y comenzó a lamer mi rostro, como si comprobara algo.

Pero yo…

Ya no podía reaccionar.

Mi conciencia se desvanecía.

Lo último que escuché fue su voz, cargada de desprecio.

—Debes ser un desterrado… —murmuró—. Y todo esto… debe ser obra de esas malditas hembras sin corazón.

Su forma comenzó a cambiar.

Distorsionarse.

El pelaje desapareció.

Los huesos se reacomodaron.

Y donde antes había una bestia, un lobo… ahora había un hombre.

Alto.

Imponente.

Vestido con una elegancia salvaje, como si perteneciera a un mundo completamente distinto al del Ren.

Se inclinó ligeramente.

Y sin esfuerzo, lo cargó sobre su espalda.

—Te llevaré a mi casa… —dijo con calma—. Considéralo un favor entre machos.

El cuerpo de Ren ya no respondía.

Su mente estaba apagada.

.

.

.

Un cosquilleo húmedo me sacó de la oscuridad.

Persistente.

Invasivo.

Fruncí el ceño y abrí los ojos de golpe.

Y lo primero que vi fue a Daniel.

Demasiado cerca de mi rostro.

Sus labios sobre los míos.

Besándome.

Mi mente tardó un segundo en reaccionar… pero mi cuerpo no.

—¡HEY, DANIEL! —lo aparté bruscamente—. ¡¿QUÉ TE SUCEDE?!

Retrocedí de inmediato, limpiándome la boca con el dorso de la mano, aún aturdido.

Pero entonces—

Me detuve.

Algo no encajaba.

—¿Eh…?

Mi mirada recorrió el lugar con rapidez.

No era el festival.

No era mi casa.

No era el bosque.

No era ningún sitio que reconociera.

1
Mercedes Jimenez
ayayay 😋🫠
Mercedes Jimenez
ooo no pobre
Mercedes Jimenez
🤗pobre come come mucha fuerza
Ana🌸🤍
No lo entiendo 🥲 en la portada sale una mujer entonces por que es un chico el prota? 🍆😅
Ruczca🐈‍⬛🌸: Es fantasía LGBT.
total 2 replies
Mercedes Jimenez
🤬 toma eso perra
...
Nadie mis amigas cuando les cuento algo...😔
...
Perdon por la cinseridad...👄
...
Solo lei la descripción y ya ando emocionada...👄
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play