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El Rumbo De Las Estrellas

El Rumbo De Las Estrellas

Status: En proceso
Genre:Romance / Romance de oficina / Amor eterno
Popularitas:134
Nilai: 5
nombre de autor: Elizabeth Renovales

de una casualidad paso a una historia completa

NovelToon tiene autorización de Elizabeth Renovales para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capítulo 12

Dos meses después, el campamento de Brasil estaba listo. Los niños llegaron de todo el país —mitad de la ciudad y mitad de comunidades rurales. Luna y Mateo eran los coordinadores juveniles del campamento, y se encargaban de organizar las actividades.

Los primeros días fueron una alegría. Los niños jugaban, aprendían sobre la naturaleza y hacían amistades. Luna les enseñaba a escribir historias sobre la selva, y Mateo les enseñaba a reconocer los animales y las plantas.

Una tarde, mientras organizaban una excursión al bosque cercano, recibieron una llamada de la policía local. Había un grupo de personas que estaba cutreando madera ilegalmente en la zona del campamento.

—Tenemos que ir a verlo —dijo Martín, con preocupación. —No podemos dejar que destruyan el bosque.

—Yo voy contigo —dijo Mateo. —Soy biólogo, sé sobre las plantas y los árboles. Puedo ayudar a documentar el daño.

—Y yo voy también —dijo Luna. —Quiero ayudar, y quiero escribir sobre lo que pasa para la página web.

Martín asintió. Sabía que era peligroso, pero también sabía que sus hijos (porque Mateo ya era parte de la familia para él) eran valientes y querían ayudar.

Se dirigieron a la zona donde estaba el cutreo. Cuando llegaron, vieron a unos hombres con hachas y motosierras, cortando árboles antiguos. Martín se acercó a ellos y les dijo:

—Señores, esto es un área protegida. No pueden cortar árboles aquí.

Los hombres se volvieron hacia ellos, con expresiones amenazantes.

—Mírate por dónde te metes —dijo uno de ellos, con voz gruesa. —Estos árboles nos pertenecen.

—No, no pertenecen a nadie —dijo Mateo, acercándose. —Pertenecen a todos, a la naturaleza. Y está prohibido cortarlos.

El hombre se acercó a Mateo y le agarró por el cuello.

—¿Quieres que te haga daño, chico? —preguntó él.

Luna se acercó y le dijo:

—Deja de él. He llamado a la policía, y ya vienen.

El hombre miró a Luna, y vio que tenía el móvil en la mano. Soltó a Mateo y dijo a los demás:

—Vámonos. Pero volvemos.

Los hombres se fueron en sus camionetas, dejando tras de sí árboles cortados y tierra destrozada. Martín, Luna y Mateo se quedaron ahí, mirando el daño.

—Tenemos que hacer algo —dijo Luna, con lágrimas en los ojos. —No podemos dejar que vuelvan.

—Sí —dijo Martín. —Vamos a documentar todo el daño, a hablar con la policía y a difundirlo en las redes sociales. Juntos, podemos pararlos.

Los siguientes días, trabajaron en documentar el daño —Mateo tomó fotos y videos, Luna escribió un artículo detallado, y Martín habló con la policía y con las autoridades ambientales. La noticia se volvió viral en redes sociales, y mucha gente de Brasil y de otros países empezó a apoyarlos.

Una semana después, la policía detuvo a los hombres que estaban cutreando madera ilegalmente. Habían encontrado suficiente evidencia para acusarlos, y estaban seguros de que iban a ser condenados.

Los niños del campamento se reunieron para celebrar. Luna se subió a una plataforma y habló con ellos:

—Amigos, hemos visto lo que pasa cuando la gente no respeta la naturaleza —dijo ella. —Pero también hemos visto lo que podemos hacer cuando trabajamos juntos. Juntos, podemos proteger la selva, los árboles y los animales. Juntos, podemos hacer el mundo un lugar mejor.

La gente aplaudió y gritó de alegría. Mateo se acercó a Luna y le dio un beso, y Martín se sintió orgulloso de su hija y de su futuro yerno.

El campamento terminó después de dos semanas. Los niños se despidieron con lágrimas en los ojos, prometiendo volver al año siguiente. Luna y Mateo se abrazaron a sus amigos, y les dio a cada uno un ejemplar del artículo que había escrito sobre el cutreo —para que recordaran lo que habían logrado juntos.

Después del campamento, Luna, Mateo y Martín volvieron al país. Camila les esperaba en el aeropuerto con los brazos abiertos.

—Mi amorcitos! —dijo ella, abrazándolos. —Estoy tan orgullosa de ustedes. He leído el artículo de Luna y he visto las fotos de Mateo. Han hecho cosas increíbles.

—Gracias, mamá —dijo Luna. —Pero lo hemos hecho todos juntos.

Mientras iban al apartamento, Mateo le dijo a Camila y a Martín:

—Señores Sosa, quiero decirles algo —dijo él, con voz seria. —Amo a Luna con todo mi corazón, y quiero pasar el resto de mi vida con ella. Quiero estudiar en la universidad de la capital de este país, para estar cerca de ella, y quiero trabajar con la fundación.

Camila y Martín se miraron, sonriendo.

—Nos encanta la idea, Mateo —dijo Camila. —Eres parte de nuestra familia, y te damos la bienvenida con los brazos abiertos.

Mateo se emocionó y abrazó a Camila y a Martín. Luna se acercó a él y le dio un beso, sabiendo que su vida estaba cambiando para mejor.

Un mes después, Mateo se mudó a la capital y se inscribió en la universidad para estudiar biología. Luna también se inscribió para estudiar literatura, y ambos empezaron a trabajar en la fundación —Luna como redactora y Mateo como investigador.

Una tarde, mientras caminaban por el parque de ciudad donde se habían casado los padres de Luna , Mateo le dijo a Luna:

—Quiero llevarte a un lugar especial —dijo él. —Un lugar que me recuerda a ti.

Se dirigieron a la librería "El Rincón de las Palabras", donde sus padres se habían conocido por primera vez después de la lluvia. Doña Ana les esperaba en la puerta con una sonrisa amplia.

—Hola, mis amorcitos —dijo ella. —He escuchado la noticia sobre ustedes. Estoy tan contenta.

Mateo le dio a Doña Ana un regalo —un libro de biología sobre las plantas de la selva. Luna le dio un libro de poesía que había escrito ella misma.

—Gracias, mis niños —dijo Doña Ana, con lágrimas en los ojos. —Son tan buenos conmigo.

Mientras caminaban por los estantes de la librería, Mateo se detuvo en frente de un libro de astronomía. Lo tomó y se lo mostró a Luna.

—Mira —dijo él. —Es un libro sobre las estrellas de América Latina. Aquí está la estrella que unió a tus padres. Y ahora... también nos une a nosotros.

Luna miró la página del libro, donde aparecía una estrella brillante marcada con un punto rojo. Sonrió y tomó la mano de Mateo.

—Sí —dijo ella. —Es nuestra estrella también.

Esa noche, los cuatro —Camila, Martín, Luna y Mateo— se reunieron en el apartamento para cenar. Comieron empanadas y sopa (comida tradicional), y charlaron sobre los proyectos de la fundación y los estudios de Luna y Mateo.

—Tengo una idea —dijo Martín, después de cenar. —Quiero organizar un viaje a la selva para todos nosotros en las vacaciones de invierno. Podemos ver el centro de educación, el campamento local y hacer una excursión a la cascada donde le pedí matrimonio a tu mamá.

—Me encanta la idea! —dijo Luna.

—Yo también —dijo Mateo. —Quiero conocer el lugar donde empezó todo.

Camila sonrió. —Será un viaje maravilloso. Volveremos a nuestras raíces.

 

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