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TOME SU LUGAR

TOME SU LUGAR

Status: En proceso
Genre:Venganza / Escuela / Mujer poderosa
Popularitas:1.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Yesid Cabas

Se burlaron. La humillaron. La destruyeron.
Pero cometieron un error…
Nunca supieron que tenía una gemela.
Y ella no perdona.

NovelToon tiene autorización de Yesid Cabas para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 23: LA AZOTEA

Hay lugares que parecen vacíos.

Pero en realidad…guardan todo el peso de lo que está a punto de ocurrir.

La azotea del bloque antiguo siempre había sido así.

Alta.

Fría.

Silenciosa.

Como si el mismo lugar supiera que ahí las cosas no terminaban bien.

Y esa tarde…el aire tenía ese mismo sabor.

Subí las escaleras sin detenerme.

Cada paso resonaba en el concreto como un reloj en cuenta regresiva.

No llevaba miedo.

Llevaba decisión.

Cuando empujé la puerta metálica y salí, el viento golpeó mi rostro con fuerza.

Mateo ya estaba ahí.

Solo.

Apoyado contra la baranda.

Esperando.

Al verme, sonrió.

No con arrogancia.

Con certeza.

Eso lo hacía más insoportable.

—Sabía que vendrías —dijo.

Me acerqué despacio.

—Habla.

Silencio.

Mateo sacó el teléfono otra vez.

La misma imagen.

La misma prueba.

La misma grieta.

—Ya sé todo —dijo—. Sara está muerta.

Mi respiración se tensó.

No respondí.

—Y tú… —continuó— tomaste su lugar.

Silencio.

El viento hizo vibrar la puerta detrás de mí.

Pesado.

Amenazante.

—¿Cómo lo supiste? —pregunté finalmente.

Mateo inclinó apenas la cabeza.

—Porque empecé a unir las piezas.

Dio un paso hacia mí.

—Las fechas.

—Los cambios.

—La forma en que hablas.

—La forma en que peleas.

Sus ojos se clavaron en los míos.

—Sara nunca habría hecho esto.

Esa frase…me atravesó.

No por él.

Por ella.

Por mi hermana.

—No pronuncies su nombre —murmuré.

Mateo sonrió.

—¿Te duele?

Silencio.

Esa sonrisa fue el error.

El instante exacto.

Di un paso brusco hacia él y lo empujé contra la baranda.

El metal vibró.

Mateo soltó el aire con fuerza.

—No juegues conmigo —dije entre dientes.

Él me sostuvo la mirada.

—Entonces deja de mentir.

Silencio.

Pesado.

El cielo comenzaba a oscurecer.

La tensión se volvió casi física.

—¿Qué quieres? —pregunté.

Mateo respiró hondo.

—Quiero que te vayas.

Parpadeé.

Eso…no lo esperaba.

—¿Qué?

—Quiero que desaparezcas de esta escuela —repitió—. Si no, mañana todos sabrán quién eres.

Chantaje.

Otra vez.

Pero ahora…más directo.

Más peligroso.

Lo solté lentamente.

Retrocedí un paso.

La azotea quedó en silencio.

Solo el viento.

Solo nosotros.

—No entiendes nada —murmuré.

Mateo se enderezó.

—Entiendo suficiente.

Entonces la puerta metálica se abrió.

Un golpe seco.

Los dos nos giramos.

Adrián.

De pie en la entrada.

Su presencia cambió el aire de inmediato.

Mateo frunció el ceño.

—Sabía que no vendría sola.

Lo miré.

—No lo invité.

Adrián caminó despacio hacia nosotros.

Tranquilo.

Controlado.

Pero sus ojos…estaban demasiado serios.

—Esto termina hoy —dijo.

Mateo soltó una pequeña risa.

—Perfecto. Entonces que todos sepan la verdad.

Levantó el teléfono.

Antes de que pudiera reaccionar, Adrián se lanzó hacia él.

Rápido.

El impacto fue brutal.

Mateo cayó al suelo y el teléfono salió disparado, deslizándose cerca del borde.

Mi corazón se detuvo un segundo.

No por Mateo.

Por el teléfono.

La prueba.

Me lancé hacia él.

Lo alcancé justo antes de que cayera al vacío.

Silencio.

Cuando levanté la mirada, Adrián y Mateo forcejeaban cerca de la baranda.

Golpes.

Respiraciones agitadas.

Rabia.

Mateo logró soltarse y empujó a Adrián con fuerza.

Demasiado.

Su cuerpo perdió equilibrio.

Retrocedió.

Un paso.

Otro.

Hasta quedar peligrosamente cerca del borde.

—¡Basta! —grité.

Pero ya era tarde.

Mateo volvió a empujarlo.

Y en ese segundo…

Adrián resbaló.

Su mano alcanzó la baranda.

Quedó colgando.

El vacío debajo.

El viento.

El silencio.

Todo se congeló.

Mateo respiraba con dificultad.

Yo también.

Y Adrián…me miró.

Directo.

Por primera vez…sin máscaras.

—Samara…Mi nombre en su voz.

Su mano resbaló apenas.

Un segundo más…y caería.

Porque en la azotea no solo se revela la verdad… también se decide quién cae.

1
Rubiia sanz
no dejes que caiga sube maaas
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