NovelToon NovelToon
La Promesa Del Brujo

La Promesa Del Brujo

Status: Terminada
Genre:Reencarnación / Reencarnación(época moderna) / Pareja destinada / Brujas / Amor en la guerra / Familias enemistadas / Completas
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Estefaniavv

Ella no recuerda nada. Él no puede olvidar. Atados por una maldición que los obliga a renacer para perderse, Rose y Dagmar se encuentran de nuevo en el siglo XXI. Él es un brujo que desafía las leyes de la magia; ella, una estudiante de arte que ignora su pasado real. ¿Podrá esta vez, Dagmar cambiar el destino?

NovelToon tiene autorización de Estefaniavv para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 18: Entrega total

Me quedé dormida en uno de los divanes de terciopelo del recibidor principal, sumida en un sueño sin sombras. Cuando abrí los ojos, la luna reinaba en el cielo, filtrándose por los altos ventanales en lanzas de plata.

—Dagmar... se me hizo tarde —dije, incorporándome con torpeza—. Mis tías deben estar llamando a la policía.

Él estaba sentado, observándome con una devoción que me hizo estremecer.

—Ya me encargué de eso. Las llamé hace horas. Les dije que el entrenamiento te había dejado exhausta y que no era prudente que manejaras de vuelta en ese estado. Les comenté... que mi mujer se quedaría a dormir bajo mi protección esta noche.

Me quedé helada por un segundo, mi corazón dando un vuelco violento.

—¿Realmente usaste esa palabra? ¿Dijiste "mi mujer"?

Dagmar se levantó y caminó hacia mí con esa swing elegante que me desarmaba. Se detuvo a centímetros de mi rostro, su aroma a sándalo y tormenta envolviéndome.

—¿Es que acaso existe alguna mentira en esa afirmación? —preguntó, su voz descendiendo a un barítono profundo—. ¿O es que prefieres que solo seamos dos soldados esperando el final de una guerra? ¿Quieres que olvide quién eres para mí?

—No... —susurré, atrapada en el imán de sus ojos—. Te prohíbo que me olvides. Te prohíbo que dejes de verme así.

—Entonces, aprovechando que el destino nos ha concedido una tregua de una noche... —me ofreció su mano con una inclinación caballeresca—, quiero que tengamos nuestra primera cita oficial. Al menos, como se le dice en este siglo.

Me guio hacia una de las terrazas más altas del castillo, un balcón de piedra suspendido sobre el abismo. El camino estaba alfombrado de velas cuya luz bailaba con la brisa nocturna. En el centro, una mesa dispuesta en elegancia: cubiertos de plata labrada, copas de cristal de bohemia y platos que parecían obras de arte.

—Mi hobby en esta vida, entre búsqueda y búsqueda, fue el arte culinario —confesó mientras apartaba la silla para mí—. Me obsesioné con entender cómo los humanos modernos transforman la necesidad en placer. Espero que el carpaccio de pulpo y los tortellinis al fruto di mare estén a la altura de tu paladar, Rose.

—Me estás impresionando demasiado, Sr. Dagmar —dije, dejando que la tensión de los días pasados se disolviera en el vino tinto que él servía.

Brindamos bajo las estrellas.

—Por nosotros —dije yo—. Porque por fin tengamos una vida feliz, y este ciclo de muertes y renacimientos se rompa para siempre.

Tras la cena, el silencio de la montaña se llenó con una melodía suave que parecía brotar de las mismas paredes del castillo. Dagmar se puso en pie y me extendió la mano nuevamente.

—¿Me concede este baile, señorita?

Acepté, y en el momento en que su mano se posó en mi cintura, el mundo exterior dejó de existir. Bailamos con una lentitud agónica, nuestros cuerpos moviéndose en una sincronía perfecta perfeccionada por los siglos. Sentí cómo su mano descendía lentamente por la curva de mi espalda, deteniéndose justo donde el jean se encontraba con mi piel.

—¿Qué estás haciendo? —pregunté con la voz quebrada—. ¿Intentas seducirme después de mil años?

—El cortejo terminó hace siglos, Rose —susurró contra mi sien, su aliento enviando escalofríos por mi cuello—. Pero todavía me pones a prueba como si fuera el primer día en aquel jardín de Versalles. Sí, te estoy seduciendo. Porque cada vez que te miro, es la primera vez y la última al mismo tiempo.

Sin romper el contacto visual, Dagmar deslizó su mano por debajo de mi camisa. El contacto de su piel fría contra mi vientre ardiente me hizo soltar un gemido contenido.

—Si me permites... —murmuró.

Con una delicadeza ritualista, comenzó a despojarme de la camisa. Sus ojos no se apartaron de los míos mientras la prenda caía al suelo de piedra. Se quedó en silencio un momento, contemplando mi busto con una reverencia casi religiosa. La yema de sus dedos empezó a rozar la parte superior de mis pechos, trazando círculos lentos que hacían que mis pezones se endurecieran bajo el encaje de mi sujetador. Con un movimiento experto, desabrochó el cierre trasero, liberándome.

—Eres una belleza que el tiempo no ha podido marchitar —dijo con voz ronca.

Su mano continuó su exploración, descendiendo por mi abdomen hasta llegar al botón de mis jeans. Los desajustó y los deslizó hacia abajo junto con mi ropa interior, dejándome totalmente vulnerable, expuesta ante el hombre que había sido mi amante, mi protector y mi perdición en cada vida.

—Dime qué quieres, Rose —exigió, deteniendo sus manos justo en la entrada de mi intimidad, sin llegar a tocarme todavía—. Dilo.

—Quiero que continúes... quiero que me beses hasta que olvide mi propio nombre —respondí, aferrándome a sus hombros.

Él no me besó de inmediato. En su lugar, comenzó un recorrido táctil que me llevó al borde del delirio. Sus labios recorrieron mi cuello, mis hombros, rodearon la forma de mis pechos con una lentitud tortuosa antes de descender por mi abdomen. Cuando su mano finalmente se apropió de mi centro, sentí un chispazo de electricidad que me hizo arquear la espalda. Al mismo tiempo, sus labios capturaron los míos con una desesperación salvaje, una sed de siglos que finalmente encontraba agua.

Podía sentir su propia excitación presionando contra mi vientre, una promesa de fuego que me hacía estremecer. Me cargó en sus brazos, como un novio llevando a su esposa así me condujo a la habitación principal. Era un aposento que no había pisado desde mi vida anterior, pero que mi cuerpo reconoció al instante.

Me recostó en la cama con una suavidad extrema. Se detuvo en el borde y, sin apartar la mirada de la mía, comenzó a desvestirse. Observé su cuerpo: fuerte con una anatomía perfecta que me pertenecía por derecho ancestral. Al quedar desnudo, se posicionó sobre mí, apoyado en sus codos.

Sentí su virilidad buscando su lugar, rozándome con una urgencia que me quemaba. Sus besos descendieron por mi cuerpo de nuevo, sofocándome en un placer que mi mente racional no podía procesar, pero que mi alma celebraba. Cuando finalmente entró en mí, un grito de asombro y entrega escapó de mis labios. Mi cuerpo, aunque virgen en esta existencia, pareció ensancharse para recibirlo, adaptándose a él como si hubieran sido forjados en el mismo molde.

1
Laura Diaz
excelente historia
Estefaniavv: Qué bueno que le gustó 🩵🩵
total 1 replies
Estefaniavv
♥️
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play