Doña Matilde, una mujer de setenta años, pasa sus noches viendo novelas y criticando a las protagonistas ingenuas que confían en las personas equivocadas. Mientras mira una historia donde la dulce Sonia será traicionada y asesinada por su propia prima, Matilde no puede evitar enfurecerse por tanta ingenuidad. Pero un repentino paro cardíaco cambia su destino.
Al despertar, descubre algo imposible: ya no es Doña Matilde. Ahora es Sonia, la protagonista de la novela Amor cruel, cruel destino.
Con todos los recuerdos de la historia y sabiendo que su prima Paula planea destruirla, Matilde tiene una ventaj noa que nadie más posee: conoce el final.
Y esta vez no piensa permitir que ocurra. Porque si el destino cree que Sonia debe morir… tendrá que enfrentarse a una mujer que no tiene miedo de cambiar la historia
NovelToon tiene autorización de A.Gaby para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Veneno en la oscuridad
La cena terminó con un ambiente alegre.
Don Sergio y Doña Margarita hablaban emocionados sobre el viaje en crucero. Hacía años que no tomaban unas vacaciones largas, y la idea de pasar tres meses navegando, lejos del estrés y del trabajo, les parecía maravillosa.
Sonia observaba a sus padres con una sonrisa.Había logrado su objetivo que sus padres se mantengan lejos del desastre que está por venir.
—Mientras estén lejos… estarán a salvo —pensó.
Pero alguien más en la mesa no compartía esa alegría.
Paula.
Su sonrisa era fingida. Sus ojos mostraban frialdad.
Finalmente, Paula se levantó de la mesa.
—Tíos… prima… —dijo. Creo que me voy a descansar.
Doña Margarita la miró con cariño.
—¿Estás bien, hija?
Paula asintió.
—Sí, tía. Solo estoy un poco cansada.
Don Sergio también le sonrió.
—Descansa entonces.
Paula inclinó ligeramente la cabeza.
—Buenas noches.
Salió del comedor despacio.
Pero en cuanto llegó al pasillo su expresión cambió completamente.
La sonrisa desapareció.
Sus ojos se llenaron de odio.
Caminó rápido hasta su habitación y cerró la puerta con fuerza..
Por unos segundos se quedó quieta, respirando profundamente.
De repente caminó hacia su mesa de noche y abrió un cajón.
Sacó una fotografía.
Era una foto de Sonia.
Paula la miró fijamente.
Y su rostro se deformó por la rabia.
—Maldita… —murmuró.
Apretó la foto entre sus dedos.
—Desgraciada.
Sus ojos brillaban con resentimiento.
—Siempre arruinándolo todo.
La lanzó sobre la cama.
—Vas a ver.
Se acercó nuevamente y la tomó.
—Te voy a matar.
Su voz era baja pero llena de odio.
—Y vas a quedar tirada como un perro callejero.
Caminó por la habitación como si estuviera perdiendo el control.
—Siempre lo mismo.
Volvió a mirar la fotografía.
—Siempre tú.
Su voz temblaba de furia.
—La linda.
—La perfecta.
—La de ojos azules.
—La rubia.
Sus uñas rasgaron la foto.
—Y yo…
Se miró en el espejo del tocador.
Su piel trigueña brillaba bajo la luz de la lámpara.
—La morena.
—La que nadie ve.
Golpeó la mesa con la mano.
—Todo por culpa de mi padre.
Sus ojos se llenaron de rabia.
—Tuvo que meterse con una mujer morena.
—Y lo peor…
Se miró nuevamente al espejo.
—Saqué toda la genetica de mi madre.
Apretó los dientes.
—Ni siquiera heredé los ojos de mi padre.
Su respiración era agitada.
—Qué rabia me da…
De pronto su expresión cambió.
Una sonrisa oscura apareció en su rostro.
Caminó hacia el armario.
Lo abrió y sacó una pequeña caja metálica escondida entre sus cosas.
La colocó sobre la mesa.
La abrió lentamente.
Dentro había varios frascos pequeños.
Paula tomó uno de ellos.
Un líquido transparente.
Lo levantó frente a la luz.
—La maldita vieja de mi tía Margarita…
Sus ojos brillaron con maldad.
—La estaba envenenando poco a poquito.
Giró el frasco entre sus dedos.
—Para que nadie sospeche.
Sonrió.
—Este veneno es perfecto.
—Es lento.
—Y letal.
Su voz era casi un susurro.
—Hace que parezca un paro cardíaco.
Recordó las veces que había puesto unas gotas en el té o en el jugo de Doña Margarita.
Pequeñas dosis.
Siempre pequeñas.
—Para que nadie lo note.
Su sonrisa desapareció de repente.
—Pero tú…
Miró la foto de Sonia nuevamente.
—Tú arruinaste todo.
Apretó el frasco con fuerza.
—Maldita Sonia.
Sus ojos se volvieron fríos.
—Siempre metiéndote donde no te llaman.
Caminó hacia la ventana.
Miró la oscuridad del jardín.
—Pero no importa.
Una risa comenzó a escapar de sus labios.
—Tarde o temprano…
La risa creció.
—Te voy a matar.
Sus ojos brillaban con una locura inquietante.
—Sonia…
Levantó la fotografía otra vez.
—Tú no sabes con quién te estás metiendo.
Se dejó caer en la silla frente al espejo.
—Primero tu madre.
—Luego tu padre.
—Y al final tú.
La risa volvió.Mmm igual no importa el orden de los factores no altera el producto, la meta es quedarme con su fortuna y pagar esa deuda antes que me encuentren jajajajaja.
—Jajajajaja…
Su risa resonaba en la habitación vacía.
—Todo será mío.
—La empresa.
—La casa.
—Todo.
Mientras tanto, en su habitación, Sonia estaba sentada revisando algunos documentos que había llevado del trabajo.
Algo la inquietaba.
Un presentimiento extraño… pero no le tomo importancia. Tal vez sea el estrés. Necesito relajarme; si pudiera ver a ese bombón, a mi colágeno caducado… aunque, pensándolo bien, me hace falta volver a tener una acción más…