Luke Evans pasó su infancia protegiendo a su hermana de un hombre violento. Ahora, a los veintisiete años, tiene un taller mecánico en Grecia y una oportunidad de empezar de cero. Solo hay algo que amenaza su tranquilidad:
Aria Greco.
La hija consentida de un poderoso mafioso es todo lo que Luke cree que debe evitar. Sin embargo, un solo beso basta para hacerle perder el control y despertar miedos que lleva años escondiendo. Asustado, se aleja y comete el peor error: decirle que besarla fue una equivocación.
Aria ha crecido rodeada de amor, pero jamás había sentido algo tan intenso como lo que Luke despierta en ella. Herida en su orgullo, decide mantener las distancias. El problema es que ninguno consigue olvidar aquella tarde.
Él teme convertirse en el hombre que más odia. Ella se niega a mendigar amor.
Pero algunas tentaciones son imposibles de resistir.
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Voluntad propia
Luke
—¿Estás trabajando o escribiendo tus memorias?
Levanto la cabeza.
Cassidy está apoyada en el marco de la puerta.
—Trabajando.
Mira la pantalla del portátil. Después me mira a mí.
—Llevas cinco minutos observando la misma factura.
—Estoy analizándola.
—¿En profundidad?
—Extremadamente.
Entrecierra los ojos.
—Ajá.
No me gusta esa expresión.
Es la misma que utiliza cuando está a punto de empezar un interrogatorio.
—¿Qué quieres, Cass?
—Avisarte que llegó el pedido de repuestos.
—Perfecto.
—Y preguntarte si tienes hambre.
Miro la hora.
Son casi las cuatro.
—No he comido.
—Qué novedad. —Sonríe—. Por suerte, conozco a alguien que prometió traernos comida.
Mi mano se queda inmóvil sobre el ratón.
Cassidy lo nota. Por supuesto.
Mi hermana lleva veintiún años perfeccionando la habilidad de meterse en asuntos que no le corresponden.
—¿Aria? —pregunto.
Cassidy sonríe.
—¿Conoces a otra persona que haya prometido traernos galletas?
—No sabía si vendría.
—Dijo que vendría.
—La gente cambia de opinión.
Me observa durante unos segundos.
—Luke.
—Cassidy.
—¿Qué pasó entre ustedes?
Ahí está la pregunta.
La misma que lleva semanas rondando nuestras conversaciones.
—Nada.
—Claro. —Cruza los brazos—. Por eso llevas tres semanas actuando como si te hubieran atropellado cada vez que alguien menciona su nombre.
—No actúo así.
—Ayer casi dejaste caer una llave inglesa cuando apareció.
—Se me resbaló.
—Todavía la tenías en la mano.
Miro su sonrisa sabelotodo.
Maldita sea.
—Tenemos trabajo —respondo.
—Sí, señor. —Se da media vuelta—. Por cierto, si Aria llega, intenta no parecer alguien a quien le están anunciando una condena de prisión.
—Cass.
—Solo digo.
Desaparece antes de que pueda responder.
Me quedo mirando la puerta.
Después vuelvo a la pantalla.
Aria vendrá.
Quizá.
Prometió hacerlo.
Pero después de lo sucedido ayer no me sorprendería que hubiera cambiado de opinión.
Y no pienso presionarla.
Ayer intenté tomarle la mano.
Solo quería... No sé qué quería.
Acercarme.
Comprobar que todavía podía hacerlo.
Demostrarle, de alguna manera, que no la rechazo.
Pero en cuanto mis dedos tocaron los suyos, retrocedió.
Vi su expresión.
Vi cómo intentaba encontrar algo que decir. Y comprendí que había conseguido lastimarla otra vez.
Así que hoy no voy a hacerlo.
Si viene, la saludaré.
Le daré su espacio.
Y trataré de comportarme como un ser humano razonablemente normal.
Una tarea bastante más complicada de lo que debería.
*****
Aria llega veinte minutos después.
No la veo entrar.
La escucho.
Su risa.
Ese sonido suave que reconozco inmediatamente, incluso entre el ruido del compresor y las herramientas.
Estoy terminando de ajustar una pieza cuando levanto la cabeza.
Y ahí está.
De pie junto a Cassidy.
Lleva unos pantalones claros y una blusa azul pálido que hace resaltar sus ojos grises.
El cabello rubio cae suelto sobre su espalda.
Tiene una pequeña caja entre las manos.
Y está sonriendo.
Dios.
Me quedo observándola como un completo idiota.
Cassidy dice algo.
Aria se ríe e inclina ligeramente la cabeza.
Una parte de su cabello cae hacia delante y ella lo acomoda detrás de la oreja con un movimiento que he visto decenas de veces.
No debería recordar esas cosas. Pero las recuerdo.
Todas.
Cómo se muerde el labio cuando intenta concentrarse.
Cómo levanta una ceja cuando alguien dice algo particularmente estúpido.
Cómo sonríe antes de empezar a reírse de verdad.
Y cómo pronuncia mi nombre.
Especialmente eso.
Me obligo a bajar la mirada.
Tengo trabajo.
Un automóvil que terminar.
Una empresa que administrar.
Y absolutamente ninguna razón para quedarme observando a una mujer que ayer retrocedió cuando intenté tomarle la mano.
Aunque la razón esté bastante clara.
Me gusta.
Muchísimo.
Más de lo que debería.
Y probablemente desde mucho antes de aquella tarde en Idaho.
Escucho otra carcajada y levanto los ojos.
Aria está mostrando el contenido de la caja.
Cassidy parece encantada.
Por supuesto.
Mi hermana puede resistirse a casi cualquier cosa. Excepto a la comida.
Especialmente si es gratis.
Las observo unos segundos más.
No me acerco. No quiero incomodar a Aria.
No quiero que sienta que tiene que hablar conmigo.
Si vino a ver a Cassidy, tiene todo el derecho de hacerlo sin encontrarse con otro intento torpe de mi parte por arreglar algo que ni siquiera sé cómo empezar a explicar.
Vuelvo a concentrarme en el motor.
O lo intento.
Porque cada vez que escucho su voz, mis ojos parecen tener voluntad propia… Y vuelven a buscarla.
Aria ya te dijo que ella quiere todo contigo
ya luke será tan tonto en volver apartarla
creo que luke necesita ayuda