Ella es la hija de un General, es capaz, es inteligente, Pero todos ven que ser mujer es su única debilidad.
Pero ella demostrará lo contrario.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
**Todas las novelas son independientes**
NovelToon tiene autorización de LunaDeMandala para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Alana 2
El rey se volvió hacia Emma.
La expresión que había mostrado ante Alana desapareció.
—Capitana Viceroy.
Emma se puso completamente recta.
—Majestad.
—Si lady Alana sale herida durante su entrenamiento, usted será responsable.
—Comprendido.
—No me interesa cuántas misiones haya completado ni cuántos elogios haya recibido de sus superiores. En este patio, su responsabilidad consiste en entrenarla sin poner en peligro su recuperación.
Emma sintió que aquellas palabras le golpeaban con una fuerza inesperada.
Había pasado años intentando que los demás reconocieran su capacidad militar.
Ahora, el rey acababa de dejarle claro que todos sus logros anteriores no tenían importancia si fallaba en aquella tarea.
—Sí, majestad.
—Bien.
Draco asintió.
Después miró a Alana una última vez.
—No olvides lo que te he dicho.
—No lo olvidaré.
—Y come algo después del entrenamiento.
Alana sonrió.
—Sí, majestad.
El rey se marchó acompañado por sus guardias.
Emma permaneció inmóvil hasta que desapareció por el corredor.
Solo entonces permitió que sus hombros se relajaran ligeramente.
Alana la observó.
—Capitana, ¿podemos continuar?
Emma giró la cabeza lentamente.
—¿Desea continuar?
—Sí.
—¿Después de lo ocurrido?
Alana inclinó la cabeza.
—No ha ocurrido nada grave.
Emma abrió la boca.
La cerró.
Volvió a abrirla.
[¿Nada grave? ¡El rey acaba de aparecer personalmente, ha manifestado su preocupación, me ha advertido que seré responsable si usted se lastima y ha cambiado sus órdenes porque usted le tomó la mano!]
Pero no dijo nada de eso.
Porque, por alguna razón, no deseaba descubrir qué ocurriría si expresaba sus pensamientos en voz alta.
—Muy bien.. Continuaremos, pero con ejercicios más suaves.
Alana sonrió.
—Gracias, capitana.
Emma sintió una punzada de culpabilidad.
No quería descargar su frustración sobre aquella muchacha.
Alana no era responsable de que sus superiores hubieran decidido asignarle aquella misión. Tampoco era responsable de las burlas de sus compañeros.
Y, desde luego, no tenía la culpa de que el rey pareciera preocuparse por ella de una manera que Emma no conseguía comprender.
La capitana respiró profundamente.
—Lady Alana.
—¿Sí?
—Si siente dolor, mareo o una fatiga excesiva, debe decírmelo inmediatamente. No intente continuar para demostrarme nada.
La joven parpadeó.
Después sonrió.
—De acuerdo.
Emma asintió.
—Bien. Empecemos de nuevo.
Por primera vez desde que había llegado al patio, su voz sonó menos severa.
No mucho.
Pero lo suficiente.
Los días comenzaron a pasar.
Y Emma descubrió que entrenar a lady Alana Norton era considerablemente más complicado de lo que había imaginado.
No porque la joven fuera arrogante.
No porque fuera caprichosa.
Ni siquiera porque se negara a obedecer.
El problema era que Alana se esforzaba de verdad.
Llegaba a la hora indicada, escuchaba las instrucciones y repetía los ejercicios con una paciencia que habría resultado admirable si no fuera tan desesperante para alguien acostumbrada a entrenar soldados.
Alana no mejoraba rápidamente.
Pero mejoraba.. poco..
Primero consiguió mantener el equilibrio durante más tiempo.
Después logró completar una serie de movimientos sin detenerse.
Más adelante comenzó a caminar por el patio con mayor seguridad y a recuperar el aliento con más rapidez después de los ejercicios.
Emma anotaba cada avance en un cuaderno.
También registraba los días en que Alana se encontraba más cansada, los movimientos que debía evitar y los ejercicios que parecían resultarle más útiles.
La capitana era rigurosa.
Pero ya no era cruel.
Había comprendido que no necesitaba humillar a una persona para exigirle que mejorara.
Y, aunque jamás lo habría admitido delante de sus compañeros, comenzaba a respetar la perseverancia de la joven noble.
Alana, por su parte, parecía encontrar una alegría inexplicable en cada pequeño progreso.
—¡Capitana! ¡Hoy he conseguido completar todos los ejercicios de equilibrio!
Emma revisó sus anotaciones.
—Ha perdido el equilibrio dos veces.
—Pero ayer lo perdí cinco.
Emma levantó la mirada.
Alana sonreía.
La capitana intentó mantener una expresión seria.
Fracasó.
—Es cierto. Ha mejorado.
La joven pareció recibir el comentario como si le hubieran concedido una medalla.
—¡Lo sabía!
Emma negó con la cabeza.
[Es increíble. Si uno de mis soldados celebrara de esta manera por no caerse dos veces, le ordenaría correr diez kilómetros.]
Pero, curiosamente, ya no le molestaba tanto.
Alana continuó entrenando.
Y Emma continuó enseñándole.
Poco a poco, la capitana empezó a explicar sus instrucciones con un tono distinto. Seguía siendo exigente, pero había dejado de utilizar las dificultades de la joven como motivo para burlarse.
En lugar de decirle que parecía una niña pequeña, le explicaba cómo corregir su postura.
En lugar de reprocharle que no entendiera, dividía los ejercicios en pasos más sencillos.
Y cuando Alana cometía un error, Emma le recordaba que equivocarse era parte del aprendizaje.
—No vuelva a disculparse por cada error.. Si se equivoca, corrige el movimiento y lo intenta otra vez.
Alana la miró con sus grandes ojos celestes.
—¿Incluso si cometo muchos errores?
—Especialmente si comete muchos errores. De lo contrario, ¿cómo pretende mejorar?
La joven sonrió.
—Me gusta esa idea.
Emma apartó la mirada.
[Excelente. Ahora también estoy dando consejos inspiradores. Mi hermano no puede enterarse jamás.]