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MI FALSO NOVIO PELIGROSO

MI FALSO NOVIO PELIGROSO

Status: En proceso
Genre:Venganza / Traiciones y engaños / Romance
Popularitas:4.4k
Nilai: 5
nombre de autor: patricia sinisterra

Katherine estaba a punto de casarse con el hombre que amaba… hasta que lo encontró en la cama con su propia hermana.
Con el corazón destrozado y sedienta de venganza, decide devolverles el golpe de la manera más cruel: contratará a un hombre para fingir ser su novio.
Pero no elige a cualquiera.
Leonardo es peligroso, misterioso y demasiado atractivo. Un hombre con un pasado que nadie conoce y secretos que podrían destruirlo todo.
Lo que Katherine no sabe es que su falso novio también está jugando con ella.
Porque Leonardo no necesita su dinero.
No necesita su contrato.
Y definitivamente no necesita enamorarse de ella.
Entonces, ¿por qué está dispuesto a hacer cualquier cosa para protegerla?
La venganza era el plan.
El amor no estaba incluido.
Y descubrir quién es realmente Leonardo podría ser más peligroso que la traición que los unió.

NovelToon tiene autorización de patricia sinisterra para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 4

EL PACTO Y LA CHISPA QUE ENCIENDE TODO

El papel sobre la mesa parecía inofensivo, pero cada línea tenía el peso de una sentencia. Katherine lo recorrió con la mirada, lenta y cuidadosa, mientras Leonardo permanecía sentado frente a ella, inmóvil, con los codos apoyados en el borde, la mirada fija en su rostro. La luz tenue de la lámpara dorada bañaba su piel, marcando sombras profundas en su mandíbula, en el cuello, en las manos grandes y fuertes que descansaban cruzadas ante él.

—¿Lo has leído todo? —preguntó, con voz grave y suave a la vez.

Katherine asintió.

—Tus reglas. Ninguna orden tuya. Aparecemos juntos en eventos. No preguntas sobre mi pasado… y yo no pregunto sobre el tuyo. Durará hasta que yo diga basta. Y la paga… acordada.

—Exacto —inclinó la cabeza levemente—. Pero hay una cláusula que quiero que grabes bien.

Se inclinó hacia adelante, acortando la distancia. El aire entre ellos se volvió denso, cargado de una electricidad que no tenía nombre.

—Esto es una actuación, Katherine. Pero las líneas se borran. Cuando me acerque a ti, cuando te toque, cuando te mire… parecerá real. Demasiado real. Si en algún momento pierdes el control, si confundes el papel con la vida, serás tú quien sufra. Yo no me detendré.

Ella tragó saliva, pero no apartó la mirada.

—No voy a confundirme. Sé lo que busco: venganza. Nada más.

—Eso dices ahora —murmuró él, tomando la pluma—. El fuego no pregunta antes de quemar.

Firmó primero, con trazo seguro, rápido, elegante. No era la caligrafía ruda que se esperaba de alguien sin estudios. Era refinada, firme, casi aristocrática. Katherine lo notó, pero no dijo nada; tomó la pluma y escribió su nombre con mano firme, aunque el corazón le golpeaba las costillas como un pájaro enjaulado.

Cuando terminó, él extendió la mano para estrechar la suya, sellando el trato. Esta vez el contacto fue más largo. Sus dedos se entrelazaron despacio, la palma cálida y áspera envolviendo la de ella por completo. Leonardo la sostuvo, sus pulgares rozando la muñeca, justo donde el pulso se le aceleraba desbocado.

—Tiempo —susurró él, bajando la mirada a sus labios un instante antes de volver a sus ojos—. Ya no hay marcha atrás.

—Lo sé —respondió ella, con voz más baja de lo que quería.

Él soltó su mano, pero la sensación de su tacto permaneció, como una marca invisible que recorría su brazo y se instalaba en el centro del pecho. Katherine se levantó de un movimiento brusco, necesitada de aire, de espacio, de dejar de sentir que él la veía por dentro.

—Mañana a las siete paso por ti —dijo él, sin moverse del asiento—. Vístete para deslumbrar. Y para imponer respeto. No dejes nada al azar.

—Estaré lista —respondió ella, ya en la puerta.

Cuando salió al exterior, la noche la recibió fresca y tranquila, pero ella sentía el cuerpo ardiendo. Condujo de vuelta sin prisa, repasando cada palabra, cada mirada, cada roce. Es solo un trabajo, se repetía. Él actúa. Todo es falso. Pero la piel le recordaba lo contrario: el calor de su mano, la profundidad de su mirada, la forma en que pronunciaba su nombre, como si saboreara cada sílaba.

Llegó a casa y se detuvo ante el espejo. Se miró largo rato: los ojos brillantes, las mejillas sonrosadas, los labios entreabiertos. No era la misma chica de ayer. Algo se había despertado en su interior, algo que no era solo rabia ni dolor. Era un deseo oscuro y nuevo, un anhelo que no debía existir.

Sacó el vestido que había elegido para la cena: de seda negra, ajustado, de escote generoso pero elegante, que caía hasta el suelo con cortes sutiles que revelaban la pierna al caminar. Lo acarició y pensó en la reacción de Diana, en cómo su sonrisa triunfal se desvanecería al verla llegar de la mano de un hombre como Leonardo. Y luego, inevitablemente, pensó en cómo él la miraría a ella.

Pasó la noche entre sueños extraños y vívidos: manos fuertes recorriéndola, una voz profunda llamándola, un beso que ardía en la piel y que nunca llegaba a consumarse. Despertó sobresaltada, con el corazón acelerado y la sensación de haber sido tocada en la oscuridad.

Llegó la tarde. Se preparó con calma exquisita: maquillaje que resaltaba sus ojos, cabello suelto con ondas que enmarcaban el rostro, el perfume que siempre le gustaba pero que nunca se atrevía a usar. Cuando se miró al final, apenas se reconoció. Era hermosa, sí, pero también distinta: había una determinación feroz en su mirada, un brillo que nada tenía que ver con la inocencia de antes.

El timbre sonó.

El corazón dio un vuelco. Respiró hondo, enderezó la espalda y abrió la puerta.

Allí estaba él. Leonardo, en un traje negro que le quedaba perfecto, resaltando su estatura y su fuerza. El cabello oscuro peinado hacia atrás, dejando ver el rostro de rasgos tallados. Llevaba un perfume sutil, intenso, que ella ya empezaba a asociar con él. Y cuando la vio, sus pupilas se dilataron, oscureciéndose por completo. La recorrió despacio, de arriba abajo, sin prisa, con una admiración que no fingía, que le hizo sentir la piel viva, ardiente.

—Impresionante —dijo, con voz ligeramente más ronca de lo normal—. No solo van a mirarte. Van a desear no haberte ofendido.

Le tendió el brazo. Ella lo tomó, sintiendo el músculo firme bajo la tela.

—¿Lista? —preguntó.

—Más que nunca —respondió Katherine.

Caminaron juntos hacia el coche. Él le abrió la puerta, y al subir, ella sintió su mano en la espalda, un roce breve, cálido, que la hizo estremecer. Cuando se sentaron juntos en el asiento trasero, el espacio pareció reducirse. No hablaban, pero el silencio no era vacío: estaba lleno de todo lo que no se atrevían a decir.

Leonardo arrancó el coche. Por el retrovisor, sus ojos se encontraron con los de ella un instante.

—Recuerda —murmuró—. Sonrío, te toco, te miro… todo es para ellos.

—Lo sé —respondió ella, aunque sabía que ya no era del todo verdad.

El coche avanzaba hacia la casa de la familia, hacia la cena, hacia la guerra. Y mientras Katherine miraba por la ventana, sabía una cosa con absoluta certeza: antes de esta noche, ella quería herirlos. Ahora… ahora temía que el único que saliera herido fuera ella.

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Tere Jimenez
muy interesante la novela gracias
Tere Jimenez
gracias por compartir tu s capitulos felicidades
Primi Mendez
es muy confuso pero me gusta el misterio la intriga Ojalá que le salga to2 bien
Tere Jimenez
gracias hermosa historia.muchas felicidades y muchos éxitos más
Tere Jimenez
gracias por compartir tu historia corta pero.muy hermosa novela muchas felicidades y muchos éxitos más para ti un abrazo gracias
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