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La Reina De Hielo

La Reina De Hielo

Status: Terminada
Genre:Fantasía LGBT / Completas
Popularitas:1.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Giselle Sara

Abigail Frost, princesa de la familia de hielo más poderosa del Norte.

Mis padres, el Rey y la Reina de Hielo, me mandaron a la Academia Nocturne porque mi poder nunca despertó.

En esa academia todos tienen poderes: fuego, viento, sombras, rayos. Yo no tengo nada. Me llaman mestiza, me rechazan y me humillan con la túnica gris de los débiles.

Lo que nadie sabe es que no soy una mestiza.

Soy la primera Reina de Hielo en 1000 años. La única que puede convertirse en LOBA BLANCA. Mi poder es inmenso, capaz de congelar academias enteras.

Y cuando mi loba despierte, todos los que me llamaron débil se arrodillarán.

¿Te atreves a entrar a la Academia Nocturne?

NovelToon tiene autorización de Giselle Sara para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

MI PRIMERA BATALLA COMO LOBA BLANCA

El bastón del Director brillaba.

No era un bastón normal. Era un bastón hecho de dos poderes: la mitad era fuego rojo vivo que quemaba el aire, y la otra mitad era hielo azul que congelaba el suelo. Era el único bastón en toda la Academia Nocturne que podía usar dos elementos a la vez. Por eso él era el Director.

Y lo estaba apuntando a mi cabeza de loba blanca.

"¡Abigail Frost! ¡No te muevas! ¡Tu transformación es inestable! ¡Tu poder es demasiado inmenso y va a hacer colapsar la Torre de la Reina! ¡Tenemos que sellarte otra vez!"

¿Sellarme? ¿Como me selló mi madre con el colgante?

Mi loba blanca gruñó tan fuerte que la Torre de la Reina tembló y pedazos de hielo blanco cayeron del techo.

Yo estaba en cuatro patas, gigante, del tamaño de un caballo, con pelaje blanco brillante que parecía tener una tormenta de nieve adentro. Con mi corona de hielo negro flotando. Y delante de mí, Kieran Nocturne, de pie, con sus manos de sombra negra levantadas, poniéndose entre el bastón del Director y yo.

"¡Padre, no! ¡No la selles! ¡Ella ya aprendió a controlarse! ¡Yo la estoy ayudando! ¡Mírala, no está atacando!"

"¡Quítate, Kieran! ¡Esa no es Abigail! ¡Esa es la Loba Blanca! ¡La bestia que mató a tu madre! ¡No razona!"

Detrás del Director, los 10 maestros de fuego levantaron sus manos. 10 bolas de fuego del tamaño de cabezas humanas aparecieron en el aire. El calor fue tan grande que el hielo blanco de mi torre empezó a derretirse por primera vez en mil años. Gotas de agua caían.

Mi instinto de loba fue correr. Pero mi instinto de Abigail fue pelear.

Por 19 años me dijeron mestiza. Sin poder. Débil. Me mandaron a la Torre Gris. Me tiraron agua en la cara. Y ahora que por fin tenía poder, ¿me querían sellar otra vez? ¿Volver a ponerme el colgante y hacerme débil otra vez?

No.

Aullé.

No fue un aullido de dolor. Fue un aullido de rabia. De 19 años de rabia guardada.

El aullido salió de mi hocico de loba blanca y no fue sonido. Fue una onda blanca visible, como una ventisca con forma de anillo, que se expandió por toda la torre.

La onda tocó las 10 bolas de fuego de los maestros.

Y pasó algo que nadie, ni el Director, ni Kieran, ni las Reinas del espejo, había visto nunca.

El fuego no se apagó.

Se congeló.

Las 10 bolas de fuego se quedaron flotando en el aire, pero ya no eran rojas. Eran blancas. Eran bolas de fuego congelado. Podías ver la llama adentro, quieta, como una foto. Como si el fuego se hubiera vuelto hielo.

Los maestros de fuego gritaron. Nunca habían visto que su poder dejara de funcionar.

"¡Mi fuego! ¡No lo siento! ¡No puedo controlarlo!"

"¡Mi poder no responde!"

Era mi segundo poder. No solo congelar cosas. Anular poderes.

Mi hielo blanco no era hielo normal. Era Hielo de Vacío. Hielo que congelaba la magia misma. Que hacía que los poderes del enemigo no funcionaran a 10 metros de mí.

El Director intentó lanzar su mitad de fuego del bastón. La llama salió, viajó un metro y... se congeló en el aire como las otras bolas. Se quedó flotando, una llama roja congelada en hielo blanco.

Su mitad de hielo azul del bastón sí funcionó, pero cuando su hielo azul tocó mi hielo blanco, su hielo azul se volvió blanco y se rompió como vidrio.

"¡Increíble!", susurró Kieran, mirándome con sus ojos dorados brillando más que nunca. "Tu poder no es hielo, Abigail. Es anti-poder. Puedes hacer que ningún poder funcione cerca de ti. Por eso te tenían tanto miedo hace mil años. Por eso mataron a todas las Reinas Blancas. ¡Porque ninguna magia puede contra ti!"

El Director cayó de rodillas. Su bastón de dos elementos ahora era solo un palo de madera, porque sus dos poderes estaban congelados.

"Es... es verdad. Es la Reina del Silencio Mágico. La leyenda decía que la Loba Blanca podía crear un campo donde ningún otro poder existía. Solo el suyo."

Me acerqué caminando en mis cuatro patas gigantes de loba blanca hacia los maestros de fuego que seguían intentando prender fuego con sus manos y no podían. Estaban aterrados. Se arrastraban hacia atrás por el suelo.

No quería matarlos. Quería que sintieran lo que yo sentí cuando me dijeron que no tenía poder. Que supieran lo que se siente no poder usar tu poder.

Me paré frente a la Maestra Ignis, la jefa de la Torre Roja, la madre de la chica Ignis que me tiró agua en el comedor. Ella era la que más me había mirado con asco cuando llegué con mi túnica gris.

Intentó hacerme una espada de fuego. La espada apareció un segundo y se congeló en su mano, una espada de fuego congelado que se rompió y le cortó la mano con hielo blanco.

"Ahora sabes lo que se siente", le dije, pero mi voz salió como un gruñido de loba que todos entendieron en su cabeza. No hablé con boca humana. Hablé con mente de loba. "Lo que se siente que te digan que tu poder no sirve. Que eres mestiza."

Levanté mi pata gigante de loba blanca y la puse suavemente sobre su cabeza. No para matarla. Para marcarla.

Cuando mi pata la tocó, su cabello rojo de fuego se volvió blanco por un segundo. Un mechón blanco le quedó para siempre, como marca de que una Reina Blanca la tocó.

"Abigail, basta", me dijo Kieran, y puso su mano de sombra negra sobre mi lomo de loba blanca.

Su sombra entró en mi hielo blanco otra vez, y sentí como mi poder inmenso se calmaba. El campo de anti-poder se hizo pequeño. Solo 1 metro alrededor de mí. Las bolas de fuego congeladas en el aire se descongelaron y cayeron al suelo como agua normal.

Volví a ser humana. De golpe. Sin dolor esta vez. Caí desnuda sobre el hielo blanco, porque mi ropa se había roto cuando me transformé. Kieran rápido me tapó con su capa negra de sombras, que olía a noche.

Mi cabello ya no era blanco. Volvía a ser negro brillante. Mis ojos ya no eran blancos. Volvían a ser grises. Pero mi corona de hielo negro seguía flotando sobre mi cabeza. Ya no se iba. Era mía para siempre.

El Director me miraba desde el suelo, con respeto y miedo a la vez.

"Abigail Frost. Hija de Lyra. Te pido perdón. Durante 19 años te llamamos mestiza sin poder. Cuando en realidad eres la única entre nosotros que tiene el poder de hacer que todos los demás no tengan poder."

Se levantó y se arrodilló frente a mí. El Director de la Academia Nocturne, el hombre más poderoso de los cinco reinos, arrodillado frente a una chica de 19 años que ayer llevaba túnica gris de sirvienta.

"¿Qué quieres hacer con ellos?", me preguntó, señalando a los 10 maestros de fuego que seguían en el suelo sin poder prender ni una chispa. "¿Quieres que los expulse por intentar sellarte?"

Miré a los maestros. Tenían miedo. El mismo miedo que yo tuve toda mi vida.

"No", dije, con mi voz humana otra vez, pero más fuerte, con eco de loba todavía. "Que se queden. Pero a partir de hoy, la Torre Gris ya no existe."

"¿Qué quieres decir?"

"Quiero decir que ya no va a haber túnicas grises. Ni mestizos. Ni sin poder. En esta academia, todo tipo de poder vale. Incluso el no tener poder todavía. Porque yo fui mestiza ayer. Y hoy soy su Reina. Y si alguien vuelve a llamar mestiza a alguien en esta academia, yo misma le voy a congelar el poder."

Kieran sonrió detrás de mí. Me susurró al oído mientras me ayudaba a levantarme con su capa negra tapándome:

"Bienvenida, mi Reina. Acabas de hacer tu primera ley como Reina de Hielo."

Y en el espejo de hielo de mi torre, las veinte Reinas Blancas muertas aplaudían. Todas con lágrimas de hielo en sus ojos blancos. Todas orgullosas.

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Kim ji sa-ra
está muy buena me gusta mucho
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