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CUANDO ELLA SE FUE - La Reconquista Del ExMarido.

CUANDO ELLA SE FUE - La Reconquista Del ExMarido.

Status: En proceso
Genre:Amante arrepentido / Reencuentro / Malentendidos
Popularitas:71.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Adriánex Avila

Lila se cansó de ser un eco en la vida de Abad, su esposo. Durante años, ocupó el segundo, el tercero, incluso el cuarto lugar en su mundo, siempre a la sombra de sus prioridades. Fue una situación límite, una gota que rebasó el vaso, lo que encendió en ella la chispa definitiva para desaparecer. Y se fue. Tan silenciosamente que todos la dieron por muerta. Todos, menos Abad. Él se negó a creer en su ausencia eterna, aferrado a una certeza que solo él entendía.

Cuando Lila regresó, no lo hizo sola. Traía consigo un niño, un secreto que Abad no había previsto, pero que no le importó en lo más mínimo. Sin dudarlo un segundo, Abad se lanzó a la reconquista. No solo para recuperarla a ella, sino para ganarse también al pequeño, dispuesto a aceptarlo como suyo, sin importar si la sangre lo unía o no. Porque esta vez, Abad sabía que no podía permitirse ser el último en la vida de nadie.

NovelToon tiene autorización de Adriánex Avila para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 12 El huésped inesperado

La suite presidencial del Grand Royal era un monumento al lujo discreto. Mármol italiano en los pisos, cortinas de seda que caían desde el techo hasta el suelo como cascadas de terciopelo, y una vista panorámica de la ciudad que robaba el aliento. Pero para Violeta Lombardi, lo más valioso de esa habitación no era la opulencia, sino la puerta contigua que conectaba su dormitorio con la habitación infantil.

Salvatore, su pequeño tesoro de cinco años, ya había reclamado el cuarto adjunto como su territorio. Había colocado sus juguetes estratégicamente en cada rincón, había exigido que las sábanas fueran azules como el cielo de Ginebra, y había inspeccionado la bañera con la seriedad de un general evaluando un campo de batalla.

—Mami, la bañera es demasiado grande —había dictaminado, con los brazos cruzados sobre su diminuto pecho—. Si me caigo, me ahogo.

—Por eso mami va a estar contigo cuando te bañes, amor —había respondido Violeta, conteniendo una sonrisa.

—Está bien —había concedido Salvatore, con la misma gravedad de un adulto—. Pero solo porque confío en ti.

Violeta había reído, como reía siempre con él. Su hijo era su sol, su razón de ser, el recordatorio diario de que la vida podía ser hermosa incluso después de la tormenta. Y aunque a veces, cuando Salvatore fruncía el ceño con esa seriedad tan suya, veía en él un reflejo de Abad, había aprendido a no dejar que eso la atormentara.

Salvatore era Salvatore. Y eso era suficiente.

Ahora, mientras se acomodaba en el sofá de la suite con una copa de vino blanco en la mano, Violeta escuchaba el bullicio de su primo Nicoló y su hijo discutiendo en la habitación contigua. Era un caos delicioso, de esos que llenaban el alma.

—Tío, no soy un enano —protestaba Salvatore, y su voz sonaba indignada—. ¡Soy un niño!

—Pero eres muy pequeño —respondía Nicoló, con su acento italiano cantarín y su sonrisa burlona—. Pequeño como un enano. O como un duende. ¿O eres un duende?

—¡Mami! —gritó Salvatore, apareciendo en la puerta con el rostro sonrojado de furia y su avión de juguete en la mano como si fuera un arma—. Mi tío me está menospreciando. ¡Dile que no soy un duende!

Violeta alzó la vista de su teléfono, donde estaba a punto de llamar a su tío Mauricio y a César, y sonrió ante la escena. Salvatore, con su pequeño traje azul marino y su expresión ultrajada, era la imagen de la dignidad herida.

—Nico —dijo, dirigiéndose a su primo con un tono de reproche apenas fingido—, deja de molestar a Sal. Ya sabes que no es de buen carácter.

Nicoló Vichenzo, de treinta y un años, apareció detrás de su sobrino con una sonrisa de oreja a oreja. Era un hombre alto, de cabello oscuro y rizado, ojos castaños cálidos, y una personalidad tan extrovertida como el sol italiano. Vestía una camisa blanca desabotonada en el cuello y pantalones de lino beige, con la elegancia despreocupada de los que han nacido en la abundancia.

—No sé de dónde lo sacó, Violeta —dijo, encogiéndose de hombros—. Tiene el carácter del padre, seguro. Nosotros los Vichenzo somos más alegres, más... mediterráneos. Pero este niño —señaló a Salvatore con un movimiento de cabeza— es más frío que un invierno en los Alpes.

Violeta sintió un ligero tirón en el pecho. Sabía a quién se parecía Salvatore en carácter. Abad Mansur era todo lo que Nicoló describía: serio, contemplativo, y terriblemente mandón. Recordaba cómo Abad entraba en una habitación y el aire cambiaba, cómo todos esperaban a que él hablara primero, cómo su silencio era más elocuente que sus palabras.

Salvatore tenía esa misma habilidad. Era un niño que observaba antes de actuar, que medía las palabras antes de pronunciarlas, que podía intimidar con una sola mirada. Y aunque Violeta lo amaba con todo su ser, no podía negar que ver a su hijo era, a veces, como mirar una versión pequeña y más suave del hombre que la había hecho sufrir.

Pero eso no importaba ahora. Salvatore era suyo. Solo suyo.

—No le hagas caso, Sal —dijo ella, extendiendo la mano para que su hijo se acercara—. Tú no eres un enano ni un duende. Eres mi niño grande, y eres perfecto tal como eres.

Salvatore soltó un bufido, pero se acercó obedientemente, permitiendo que su madre lo abrazara. —Mami, tu hermana —dijo, refiriéndose a Nicoló como si fuera un insulto— es muy molesto.

—Ya veo que sí —rió Violeta, acariciando su cabello.

Nicoló se dejó caer en el sofá frente a ellos, con la despreocupación de quien se siente en casa. —Bueno, ya basta de discutir. ¿No deberíamos salir a comer algo? Tengo hambre, el ena... digo, Salvatore debe tener hambre, y tú, prima, necesitas comer más. Estás muy delgada.

—Estoy perfectamente bien, gracias —respondió Violeta con sequedad, aunque una sonrisa se asomaba en sus labios.

—Mami no come mucho porque está siempre trabajando —intervino Salvatore, con la sabiduría de un niño que observa a su madre más de lo que ella cree—. Pero yo le digo que tiene que comer para estar fuerte.

1
Lilibeth Peñarredonda
excelente
Rosa Maria Navarrete Gardea
me gusta mucho como escribes 😻
Rosa Maria Navarrete Gardea
me gusta mucho como escribes 😻
Natalia Cm
Se repitió los párrafos y el cambio de contexto..
YIN K
El amor muere cuando hay mucha desconfianza y hay aprender a vivir y levantarse,de ese amor queda la amistad viva y duradera
Paula
y si no hay peor ciego q el q no quiere ver
Paula
el por.proteger a su hermana de la madre q tiene perdió su matrimonio...🥹.. ual.es el.swxrero? hay algo mas
bett Bio
mi querida autora se te estan pasando diferentes versiones del mismo capítulo 🤭🤭🤭
nos confundes
Luz Vera
En serio sin final ,están cada día peor está aplicación.
Luz Vera
se repite el mismo capítulo,estaba bien encaminada la novela 😭😭😭
Luz Vera
se repite el mismo capítulo,estaba bien encaminada la novela 😭😭😭
Alessandra
parece que será una linda historia
Norma Mendoza
si no quería que él supiera de su hijo, para que lo llevó y lo expuso?
Maria Noemil Cornejo Zuazo
Y que pasó con la novela está muy buena
Oli Vega
muy Adry pero ahora sí se te han pasado tus correcciones 2 veces
Oli Vega
nuevamente mi querida aurora, te equivocaste o el niño tiene los ojos de su padre o de su mamá
Oli Vega
no tenía los ojos de la mamá 🤔🤔
Oli Vega
🤣🤣 ni modo ya perdiste por la falta de confianza
Oli Vega
ya lo sabia👏👏
Oli Vega
🤣🤣 si lo que pienso es cierto, la suegra se va a ir de espaldas cuando sepa que ala que quieren utilizar es la hija de su difunto espsos
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