Tras ser ignorada y abandonada emocionalmente por Mateo, Lucía queda hecha pedazos. Sin embargo, una noche de desesperación, un encuentro místico con una poderosa bruja cambia el rumbo de su vida. Mediante un poderoso hechizo de amor, Lucía deja atrás a la chica insegura y renace como una mujer magnética, empoderada y peligrosa.
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Capitulo 14
De regreso en la mesa, mientras el camarero retiraba los platos del almuerzo, Karina no pudo contener más la curiosidad. Se acomodó en la silla, apoyó los codos sobre el mantel y miró a su amiga fijamente.
—Lucía, por favor... Necesito que me cuentes bien qué pasó. La última vez que hablamos estabas destrozada por Mateo. ¿Qué ocurrió exactamente entre ustedes?
Lucía suspiró suavemente, sin perded la compostura ni el brillo sereno de sus ojos. Miró hacia la ventana un instante y luego comenzó a relatar la noche anterior con lujo de detalles: la semana de silencio absoluto, la ansiedad ahogándola en su departamento, la caminata hasta la casa de él y la frialdad brutal con la que Mateo le había cerrado la puerta en la cara tras decirle que no quería verla más.
A medida que escuchaba la historia, el rostro de Karina pasaba del asombro a la indignación pura.
—¡Qué perro! —exclamó Karina, bajando la voz al notar que en la mesa vecina giraban la cabeza—. ¡Qué basura de tipo! ¿Cómo te va a hacer algo así después de todo lo que compartieron? ¡Es un cínico!
Lucía, con total naturalidad, inclinó apenas la cabeza y respondió sin un solo rasgo de amargura en la voz:
—Pero ya no importa. Ahora soy una persona diferente.
Sin embargo, tras una breve pausa, la mirada de Lucía se volvió distante, casi contemplativa.
—Aunque... la verdad es que me siento extraña, Kari —confesó, bajando ligeramente el tono—. Hay algo en todo esto que me da vueltas en la cabeza. Anoche, después de que me cerró la puerta, no recuerdo exactamente cómo llegué a casa. Lloré tanto que perdí la noción del tiempo. Pero sí recuerdo haber tenido un sueño muy extraño con una mujer... y se sintió tan real.
—¿Un sueño? ¿Con qué mujer? —preguntó Karina, intrigada.
—Era una mujer alta, muy elegante, vestida con un vestido rojo largo y un sombrero enorme que le tapaba los ojos —explicó Lucía, recordando los labios carmesí y el humo del cigarrillo—. Me habló en una calle oscura. Me dijo que yo no debía sufrir por ningún hombre, que tenía el corazón roto pero que ella podía ayudarme a cambiar mi vida. Y en el sueño, me echó un humo denso en la cara y todo se apagó. Esta mañana desperté en mi cama sintiéndome así, como si todo el dolor se hubiese evaporado. Siento que, a partir de ese sueño, algo cambió dentro de mí.
Karina la escuchó con atención, parpadeando despacio ante la extraña descripción.
—Qué sueño tan raro... —murmuró Karina, reflexionando unos segundos antes de sonreír—. Bueno, quién sabe. Tal vez fue tu ángel de la guarda que bajó a decirte que ya era hora de despertar y de que dejes de ser una tonta corriendo atrás de Mateo.
Lucía ladeó los labios en una sonrisa leve y enigmática.
—Tal vez sí. Tal vez era hora de que despertara —respondió con calma—. Pero lo importante es que estamos aquí disfrutando. Ya no soy la tonta que se enamora ni la que se arrastra por un poco de atención.
Se inclinó hacia adelante sobre la mesa, entrelazando sus dedos finos. Por un segundo, la calidez de su rostro se transformó en una expresión fría, calculadora y sombría.
—A partir de hoy, el hombre que quiera estar conmigo va a tener que pagar el precio. Tendrá que demostrar un interés real y caer a mis pies si quiere un segundo de mi tiempo.
La firmeza y la oscuridad en el tono de Lucía fueron tan marcadas que Karina sintió un ligero escalofrío. Por un instante, no reconoció a la mujer con la que había compartido tantos años de amistad, pero la determinación de Lucía resultaba tan imponente que no hubo espacio para dudas.
Lucía tomó su bolso, se levantó con elegancia impecable y caminó hacia la salida, sabiendo que la antigua versión de sí misma había quedado enterrada para siempre en aquella noche de lluvia y tambores.