Guillermo Lombardi. Heredero único del consorcio naviero más grande de europa, una noche tras un accidente catastrófico fue salvado por alguien que no logro ver su rostro con claridad.
En su desesperación por encontrarla el destino le hizo una mala jugada que no fue capaz de reconocerla cuando la tuvo enfrente.
Acompañe en está nueva obra. Encontrará Guillermo a la chica que lo salvó esa noche, o terminará casándose con la equivocada.
NovelToon tiene autorización de Yingiola Macosay para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Una trampa muy bien planeada
En un momento determinado, Claudine decidió dirigir la atención.
—Lucía ha estado muy involucrada en asuntos legales recientemente —comentó con tono aparentemente casual.
Lucía levantó la mirada.
No esperaba ser mencionada.
Uno de los invitados sonrió con interés.
—¿Ah, sí?
Isabella aprovechó el instante.
—Mi hermana está atravesando una etapa de… descubrimiento personal.
El matiz fue sutil.
Pero cargado.
—Ha decidido revisar viejos documentos familiares.
Algunos de los invitados intercambiaron miradas curiosas.
Lucía sintió el calor subirle por el cuello.
—Estoy ejerciendo un derecho —dijo con calma.
Isabella sonrió ligeramente.
—Claro. Aunque a veces es mejor mantener ciertos asuntos en privado, ¿no crees?
La frase fue como una seda que oculta filo.
Uno de los empresarios carraspeó.
—Los asuntos patrimoniales suelen ser delicados.
Lucía comprendió lo que estaba ocurriendo.
No era una acusación directa.
Era una insinuación pública.
Una sugerencia de conflicto.
Isabella dio un pequeño sorbo a su copa.
—Sobre todo cuando pueden malinterpretarse como disputas familiares.
La palabra disputas quedó suspendida.
Claudine intervino con fingida preocupación.
—Nosotros valoramos la armonía, por supuesto.
El mensaje era claro.
Lucía estaba rompiendo esa armonía.
La joven mantuvo la espalda recta.
—La armonía no debería depender del silencio.
El comentario fue firme, pero no agresivo.
Sin embargo, Isabella inclinó ligeramente la cabeza.
—A veces el silencio es prudencia.
Y esa frase, pronunciada con suavidad perfecta, hizo que dos de las invitadas intercambiaran miradas significativas.
Lucía sintió la trampa acerrarse.
Isabella no elevaba la voz.
No atacaba.
Solo plantaba duras.
Y en un entorno social, la duda es suficiente.
—Estoy segura de que todo se resolverá de la mejor manera —añadió Isabella, mirando a los invitados—. Después de todo, somos una familia unida.
La palabra unida fue casi irónica.
Uno de los hombres sonrió diplomáticamente.
—La estabilidad es esencial en tiempos inciertos.
Y esa palabra —estabilidad— resonó con múltiples significados.
Lucía comprendió que estaba siendo presentada como la variable inestable.
Como la joven impulsiva que complicaba un momento ya delicado por la desaparición de Guillermo.
Y todos con sonrisas impecables.
Al otro lado de la ciudad, los padres de Guillermo seguían esperando una llamada que no llegaba.
La señora Lombardi miraba una fotografía reciente de su hijo, preguntándose en qué punto dejó de verlo realmente.
—¿Crees que nos ocultó algo? —preguntó en voz baja.
Su esposo negó con la cabeza.
—Si lo hizo, fue para protegernos.
La ironía era cruel.
Mientras ellos sufrían por su ausencia, en la mansión Montemayor su nombre se convertía en contexto social.
De vuelta en la cena, el postre fue servido con formalidad impecable.
Lucía apenas probó el suyo.
Isabella, en cambio, continuaba manejando la conversación con naturalidad estratégica.
—En momentos como este —dijo—, es fundamental mantener la imagen clara. Evitar rumores innecesarios.
La frase parecía general.
Pero los ojos de algunos invitados volvieron a Lucía.
Ella comprendió que Isabella no solo la estaba dejando mal.
La estaba aislando.
Presentándola como una fuente potencial de escándalo.
Cuando la velada finalmente terminó, los invitados se despidieron con cortesías medidas.
Las sonrisas eran educadas.
Pero las impresiones ya estaban sembradas.
En el vestíbulo vacío, Lucía se giró hacia Isabella.
—No era necesario.
Isabella sostuvo su mirada con serenidad impecable.
—No dije nada que no fuera cierto.
—Elegiste el momento.
—Los momentos revelan carácter.
La tensión entre ambas fue eléctrica.
Lucía sintió el impulso de responder con dureza.
Pero recordó algo.
El silencio no siempre es sumisión.
A veces es estrategia.
—Gracias por la lección —dijo finalmente, con una calma que desconcertó a Isabella.
Y se alejó.
En la residencia Lombardi, la noche avanzaba sin respuestas.
En la mansión Montemayor, el eco de la cena aún vibraba en las paredes.
Isabella subió a su habitación con el gesto sereno.
Había protegido la imagen familiar.
Había reforzado su posición.
Pero algo en la mirada de Lucía al final no fue derrota.
Fue determinación.
Y eso, aunque nadie más lo notara, marcaba el inicio de una tensión distinta.
Mientras los padres de Guillermo se desesperaban en la oscuridad, sin saber que su hijo estaba más cerca de lo que imaginaban, en la casa Montemayor se libraba otra batalla.
No de gritos.
Sino de percepciones.
Y en ese terreno, la partida apenas comenzaba.
Durante los siguientes días. La tarde caía lentamente sobre la mansión Montemayor, tiñendo de dorado los ventanales altos que daban al jardín principal.
El aire estaba cargado de una tensión apenas perceptible, como si la casa —acostumbrada a murmullos, intrigas y órdenes pronunciadas en voz baja— supiera que algo estaba a punto de revelarse.
Lucía lo observaba.
No fue una revelación súbita, sino una suma de detalles: la forma en que el nuevo chofer sostenía el volante con elegancia impropia de un empleado común; la educación impecable en cada palabra; la mirada intensa, demasiado inteligente para pasar desapercibida; y, sobre todo, aquella cicatriz tenue en la sien derecha, apenas visible bajo la luz, la misma que ella había visto cubierta de sangre la noche del accidente en Mónaco.
Mónaco.
Esa noche regresó a su memoria como un relámpago.
La lluvia golpeando el asfalto.
El taxi detenido.
El automóvil de lujo destrozado contra el guardarraíl.
El hombre inconsciente, con el pecho apenas moviéndose.
Y su propia voz temblando mientras pedía ayuda.
Ella lo había sostenido. Había presionado su herida con sus manos manchadas de sangre. Había susurrado que no muriera.
Y ahora él estaba allí, bajo otro nombre, conduciendo para su familia.
Guillermo Lombardi.
Que pensará y hará Isabella porque sus planes se le están escapando de sus manos 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Guillermo termina de una vez en decirle a Lucia que le gustas que estás babeando 🤤🤤🤤 por ella.
Lucia a medida que vas leyendo cada documento te das cuenta que la fortuna que dejo tu madre es mayor de lo que tu imaginabas.
Que paso Isabella tu orgullo está herido porque Guillermo Lombardi termino lo que nunca empezó bien y ahora lo quieres comprometer sutilmente ojalá que se de cuenta y no te siga el juego.
Claudine zorra vieja le estás preparando según tu idea el vestido, las joyas y que es lo que tiene que hacer Isabella para que quede Guillermo comprometido socialmente y no pueda salirse sin armar un escándalo.
Que mentira le dirán a Armand Valois 🤔🤔🤔🤔❓❓❓❓
Todos los planes que tenían las víboras se les fue por el caño de casar a sus hijas con magnates para seguir aparentando en sociedad.
Guillermo que harás con esa verdad de que fue Lucia quien te salvó esa noche y no Isabella 🤔🤔🤔❓❓❓❓