En un mundo donde la magia determina el valor de una persona, Eryan ha aprendido desde pequeño que sobrevivir es más importante que vivir.
Abandonado cuando apenas era un bebé, terminó en el Orfanato Santa Lucía, un lugar que aparentaba proteger a niños sin familia. Pero detrás de sus enormes puertas se escondía una realidad mucho más cruel: los niños eran vendidos como esclavos a nobles, mercenarios y organizaciones clandestinas.
Eryan creció entre golpes, hambre, miedo y trabajos que ningún niño debería conocer.
Sin embargo, desde que tiene memoria, hay algo extraño en él.
Cuando siente miedo, las sombras se mueven.
Cuando se enfada, el espacio parece romperse.
Y algunas noches escucha una voz que le susurra:
«Este mundo no es tu hogar.»
A los diez años, Eryan descubre accidentalmente un secreto que cambiará su vida para siempre.
Existen otras dimensiones.
Durante años creyó que el mundo en el que vivía era el único que existía. Ahora sabe que hay incontables mundos....
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Capítulo 14 — La ciudad que no debía existir
La noche había cubierto Lumeria por completo.
Desde la entrada de la cueva, Eryan observaba las tres lunas que iluminaban el cielo.
La plateada era la más grande.
La azul parecía estar cubierta por una fina niebla.
Y la tercera, mucho más pequeña, tenía un tono rojizo que apenas podía distinguirse entre las estrellas.
Eryan había visto muchas veces dos lunas en Aetherya.
Pero nunca tres.
Aquello le recordó, una vez más, que ya no estaba en su mundo.
Y, por primera vez, esa realidad no le produjo miedo.
Le produjo curiosidad.
—¿Qué haces despierto?
Eryan se giró.
Neria estaba detrás de él.
—No puedo dormir.
—¿Por lo que viste?
Eryan asintió.
—Mi madre.
Neria se sentó junto a él.
Durante unos segundos ambos permanecieron en silencio.
—¿Cómo era? —preguntó finalmente Neria.
Eryan pensó.
—No lo sé.
—¿Cómo que no lo sabes?
—La vi, pero... era como recordar algo que nunca había vivido.
Neria bajó la mirada.
—Eso puede ocurrir con las visiones dimensionales.
—¿Dimensionales?
—Sí. Cuando dos puntos del espacio están conectados, los recuerdos pueden mezclarse con la realidad.
Eryan frunció el ceño.
—Entonces quizá no era realmente mi madre.
Neria negó.
—No.
—¿Cómo puedes estar segura?
—Porque la energía que dejó en ti es idéntica a la de tu marca.
Eryan miró su pecho.
—¿Cómo sabes tanto?
Neria tardó en responder.
—Porque estudié a los Guardianes.
—¿Dónde?
—En Aetherya.
Eryan levantó la cabeza.
—¿Tú viviste en Aetherya?
—Sí.
—¿Cuándo?
Neria respiró profundamente.
—Hace mucho tiempo.
Eryan se quedó inmóvil.
—¿Cuánto?
Neria lo miró.
—Cuarenta y tres años.
Eryan sintió un escalofrío.
—Pero...
—Yo no envejezco como los humanos normales.
—¿Eres humana?
Neria sonrió.
—Esa es una pregunta para otro momento.
Eryan quería insistir.
Pero algo llamó su atención.
Una luz apareció en el horizonte.
Era pequeña.
Después aumentó.
Neria se puso de pie inmediatamente.
—Apaga la fogata.
—¿Por qué?
—Ahora.
Eryan obedeció.
En pocos segundos la cueva quedó completamente oscura.
—¿Qué ocurre?
Neria observaba el exterior.
—Alguien viene.
Eryan se acercó lentamente.
A lo lejos podían verse pequeñas luces moviéndose entre los árboles.
Una.
Dos.
Tres.
Después muchas más.
—¿Son los Custodios?
—Probablemente.
Lina despertó sobresaltada.
—¿Qué pasa?
—Silencio —susurró Kael.
Neria señaló una pequeña abertura en la parte trasera de la cueva.
—Hay otra salida.
—¿Y adónde lleva?
—No lo sé.
Lina abrió los ojos.
—¿No lo sabes?
—No.
—Perfecto.
Eryan se levantó.
—Tenemos que irnos.
Neria asintió.
—Sí.
Tomaron sus cosas y comenzaron a avanzar.
---
El túnel detrás de la cueva era estrecho.
Eryan tenía que caminar agachado.
Las paredes estaban cubiertas de raíces.
El suelo era húmedo.
Y cada pocos metros podían escucharse gotas cayendo desde el techo.
—¿Quién construyó esto? —preguntó Kael.
—No lo sé —respondió Neria.
—¿Y si no fue construido?
Neria lo miró.
—¿Qué quieres decir?
—Quizá siempre estuvo aquí.
Eryan pasó la mano por una de las paredes.
Había símbolos grabados en la piedra.
Los mismos que había visto en el libro de Arven.
—Neria.
Ella se acercó.
—¿Qué ocurre?
Eryan señaló la pared.
Neria palideció.
—No los toques.
—¿Por qué?
—Porque estos símbolos pertenecen a los Guardianes.
Eryan observó las marcas.
—¿Qué dicen?
Neria se acercó.
—No es escritura.
—Entonces, ¿qué es?
—Una advertencia.
—¿De qué?
Neria recorrió la pared con la mirada.
—De la Séptima Puerta.
Eryan sintió que el corazón le daba un vuelco.
—¿Aquí?
Neria negó.
—No.
—Entonces, ¿por qué aparece aquí?
—Porque estas paredes forman parte de una antigua ruta.
—¿Una ruta hacia dónde?
Neria no respondió.
Eryan insistió.
—¿Hacia la Séptima Puerta?
Neria finalmente lo miró.
—Quizá.
---
Continuaron avanzando.
Después de casi una hora, el túnel comenzó a ensancharse.
Apareció una corriente de aire.
Y finalmente vieron luz.
Salieron a un lugar completamente diferente.
Eryan quedó inmóvil.
Frente a ellos había una ciudad.
Pero no una ciudad normal.
No había casas.
No había calles.
No había personas.
Solo enormes edificios abandonados cubiertos de vegetación.
Torres partidas.
Puentes suspendidos.
Cristales gigantes incrustados en las paredes.
Y en el centro...
una estructura circular.
Parecía una puerta.
Eryan sintió que la marca comenzaba a calentarse.
—¿Qué lugar es este?
Neria no respondió.
Parecía completamente sorprendida.
—No puede ser...
—¿Qué?
—Esta ciudad desapareció hace más de cien años.
Lina se acercó.
—Pero está aquí.
Neria asintió lentamente.
—Eso es imposible.
Eryan miró alrededor.
—¿Cómo puede una ciudad desaparecer?
—No desapareció.
Neria señaló la estructura circular.
—Fue trasladada.
Eryan frunció el ceño.
—¿Trasladada?
—Los Guardianes podían mover pequeñas estructuras entre dimensiones.
—¿Una ciudad entera?
—No deberían haber podido.
Eryan se acercó unos pasos.
—¿Cómo se llamaba?
Neria respiró profundamente.
—Asteria.
Eryan sintió un extraño escalofrío.
—¿Asteria?
—La Ciudad Perdida.
---
Caminaron entre las ruinas.
Todo parecía abandonado.
Pero Eryan sentía algo.
Una presencia.
No era hostil.
Simplemente estaba allí.
Observándolos.
—No estamos solos.
Neria se detuvo.
—¿Qué sientes?
—No sé.
Eryan cerró los ojos.
El viento.
Las hojas.
El silencio.
Y entonces...
un sonido.
Tum.
El mismo latido que había escuchado durante su entrenamiento.
Tum.
Venía desde el centro de la ciudad.
—Allí.
Eryan señaló.
Neria lo siguió.
Llegaron hasta una enorme plaza.
En el centro había un círculo de piedra.
Dentro del círculo había una estatua.
Era una mujer.
Cabello largo.
Una mano levantada.
Y en la otra sostenía una esfera.
Eryan se acercó.
No podía apartar la mirada.
La estatua tenía sus mismos ojos.
Violetas.
—¿Quién es?
Neria observó la estatua.
Su rostro había perdido el color.
—Tu madre.
Eryan dejó de respirar.
—¿Qué?
—No puede ser...
Neria se acercó.
—Esta estatua fue construida antes de la caída de Aetherya.
Eryan tocó la piedra.
En cuanto sus dedos la rozaron...
todo cambió.
---
Eryan estaba en otro lugar.
Asteria no estaba destruida.
La ciudad estaba viva.
Había personas caminando por las calles.
Niños jugando.
Comerciantes.
Guardianes.
Y una mujer caminaba entre ellos.
Eryan la reconoció.
Su madre.
Era más joven.
Llevaba una túnica blanca.
En sus brazos sostenía a un bebé.
Eryan.
La mujer sonreía.
—Tenemos que irnos.
Una voz masculina respondió:
—Todavía no.
Eryan miró alrededor.
Había un hombre junto a ella.
No podía verle el rostro.
—Los Custodios ya saben que nació.
—Entonces debemos ocultarlo.
—¿Dónde?
La mujer miró al bebé.
—En el mundo humano.
El hombre negó.
—No sobrevivirá sin protección.
—Sí sobrevivirá.
—¿Cómo puedes estar segura?
La mujer besó la frente del bebé.
—Porque él no es como nosotros.
El hombre la miró.
—¿Qué quieres decir?
Ella levantó la vista.
—Él no pertenece a ninguna dimensión.
La imagen comenzó a distorsionarse.
Eryan intentó acercarse.
—¡Espera!
La mujer miró directamente hacia él.
Como si pudiera verlo.
—Algún día lo entenderás.
La imagen desapareció.
---
Eryan volvió a la realidad.
Estaba de rodillas.
Neria lo sujetaba.
—¡Eryan!
Él respiró profundamente.
—Ella...
—¿Qué viste?
—Yo.
—¿Qué?
Eryan levantó la mirada.
—Era un bebé.
Neria se quedó inmóvil.
—¿Viste tu nacimiento?
—Sí.
—¿Y qué dijeron?
Eryan recordó las palabras.
—Que yo no pertenezco a ninguna dimensión.
Neria cerró los ojos.
—Entonces era verdad.
—¿Qué era verdad?
Neria no respondió.
—¡Neria!
Ella abrió los ojos.
—Tu madre no te escondió porque fueras el heredero del Umbral.
—¿Entonces?
Neria miró la estatua.
—Te escondió porque eras algo que nunca había existido.
Eryan sintió un vacío en el estómago.
—¿Qué soy?
Neria negó.
—Todavía no lo sé.
---
Un ruido interrumpió la conversación.
Un cristal en una de las torres comenzó a iluminarse.
Después otro.
Y otro.
Toda la ciudad empezó a despertar.
Lina miró alrededor.
—¿Esto debería pasar?
Neria desenvainó su arma.
—No.
Kael levantó las manos.
—¿Qué hacemos?
—Prepárense.
Los edificios comenzaron a emitir una luz azul.
El suelo tembló.
Eryan sintió que la marca ardía.
—Neria...
—Lo sé.
Una enorme puerta apareció frente a ellos.
No era la puerta que habían visto antes.
Esta tenía siete círculos.
Seis estaban apagados.
El séptimo brillaba intensamente.
Eryan dio un paso atrás.
—Es ella.
Neria lo agarró.
—No la abras.
—No quiero.
—Entonces aléjate.
Pero la puerta comenzó a abrirse sola.
Una luz blanca salió desde dentro.
Y una voz llenó la plaza.
—Bienvenido, Aeryn.
Eryan sintió un escalofrío.
La misma voz de su visión.
La voz de su madre.
—¡Mamá!
Dio un paso.
Neria intentó detenerlo.
Pero la puerta ya estaba completamente abierta.
Al otro lado no había oscuridad.
Había un paisaje.
Un enorme océano.
Un cielo negro.
Y una luna gigantesca.
Eryan sintió que algo lo llamaba.
—Tengo que ir.
—¡No!
Neria lo sujetó.
—¡No sabes qué hay al otro lado!
Eryan la miró.
—Pero ella está ahí.
Neria negó.
—Puede que no sea ella.
Eryan se quedó quieto.
Entonces escucharon una voz detrás de ellos.
—Tiene razón.
Todos se giraron.
Un hombre estaba de pie en la entrada de la plaza.
Llevaba una capa negra.
En su pecho estaba el símbolo de los Custodios del Vacío.
Pero no estaba solo.
Había decenas de hombres detrás de él.
El hombre sonrió.
—No deberías haber llegado hasta aquí.
Eryan retrocedió.
—¿Quién eres?
—Mi nombre es Varek.
Neria se puso delante de Eryan.
—Varek...
—Ha pasado mucho tiempo, Neria.
Eryan la miró.
—¿Lo conoces?
Neria apretó los dientes.
—Sí.
Varek sonrió.
—Yo estaba allí cuando tu madre abrió la primera puerta.
Eryan sintió que el mundo se detenía.
—¿Conociste a mi madre?
—Mejor que nadie.
—Entonces dime dónde está.
Varek levantó una mano.
—Puedo hacerlo.
Eryan dio un paso.
Neria lo detuvo.
—No confíes en él.
Varek sonrió.
—Eso es exactamente lo que ella dijo que harías.
Eryan sintió un escalofrío.
—¿Qué quieres de mí?
Varek miró la puerta.
—Que hagas lo que tu madre no pudo.
—¿Qué?
Varek señaló el séptimo círculo.
—Abrirla.
Eryan comprendió.
La advertencia.
La Séptima Puerta.
Su madre le había dicho que nunca debía abrirla.
Varek quería exactamente lo contrario.
—No.
La sonrisa del hombre desapareció.
—Entonces tendremos que obligarte.
Los Custodios comenzaron a avanzar.
Neria levantó su arma.
Kael preparó su energía.
Lina retrocedió.
Eryan sintió cómo algo despertaba dentro de él.
No era miedo.
Era poder.
Sus ojos comenzaron a brillar.
Y, por primera vez, Eryan no intentó detenerlo.
La energía violeta comenzó a extenderse por sus brazos.
El suelo bajo sus pies se agrietó.
Varek abrió los ojos.
—Así que finalmente despertaste.
Eryan levantó la cabeza.
—No sé quién soy.
La energía aumentó.
—Pero sí sé una cosa.
Varek dejó de sonreír.
Eryan extendió una mano.
—No voy a dejar que vuelvan a encerrarme.
Una explosión de luz atravesó la plaza.
Y las siete marcas de la puerta comenzaron a iluminarse una por una.