Camila y Rafael viven un romance perfecto, entre tardes de complicidad, risas e historias compartidas, descubren un amor puro y profundo que avanza hacia el compromiso. Sin embargo, en las sombras, la envidia enfermiza transformada en amistad se vuelve una obsesión oscura.
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capitulo 14
Rafael llegó a la casa de Camila temprano y minutos después Norma, la miro largamente y asintió apoyando a su amiga.
—Norma, necesito hablar con Rafael a solas
dijo Camila, mientras su amiga la ayudaba a guardar unas cosas
—Tengo que decirle todo.
Norma la miró con preocupación.
—¿Estás segura? Una vez que le digas, no hay vuelta atrás.
—Lo sé
respondió Camila, con determinación
—Pero si vamos a luchar juntos, tiene que saber la verdad.
Camila se sento en el sofá, con las manos entrelazadas y el rostro pálido. Yogo estaba a sus pies, como siempre, pero esta vez ni siquiera movió la cola, solo veía a Rafael, como si sintiera la tensión en el ambiente.
—Camila
dijo Rafael, sentándose a su lado
—Me dijiste que necesitabas hablar conmigo. ¿Qué pasa?
Ella respiró hondo, sintiendo que cada palabra pesaba una tonelada.
—Rafa, lo que voy a decirte va a sonar increíble. Tal vez pienses que estoy loca. Pero necesito que me escuches hasta el final.
—Te escucho
respondió él, tomando sus manos
—Pase lo que pase, te creeré.
Camila cerró los ojos y comenzó a hablar. Le contó todo, los acosos de Fernando, el día de la boda, el secuestro, la violación, la muerte. Le contó cómo Fernando y Rubén la habían ultrajado mientras ella gritaba sin que nadie la escuchara. Le contó cómo Fernando le había susurrado al oído que Rafael sabía todo, que siempre lo hacían con sus novias, que ella solo había sido una más. Le contó cómo había muerto en ese suelo frío, sintiendo que su amor había sido una mentira.
Y luego, le contó sobre la luz. Sobre su madre Olga, que había aparecido en ese espacio entre la vida y la muerte para decirle que no era el final, que tenía una segunda oportunidad, que debía ser valiente y rectificar. Le contó cómo había despertado en su cama, el día antes que el le pida matrimonio y cómo el dolor y los recuerdos la habían golpeado como un torrente.
—Desde entonces
dijo Camila, con la voz quebrada
—he estado viviendo con ese horror dentro de mí. No sabía si tú estabas involucrado, no sabía en quién confiar. Y cuando me pediste matrimonio, solo pude decirte que no porque el miedo era más fuerte que el amor.
Rafael la escuchó en silencio, sin interrumpir, sin apartar la mirada. Pero Camila vio cómo sus ojos se llenaban de lágrimas, cómo sus manos comenzaban a temblar, cómo su respiración se volvía entrecortada.
—Camila
susurró, con voz ronca
—No sabía. Te juro que no sabía nada.
—Lo sé
dijo ella, con lágrimas corriendo por sus mejillas
—Lo sé ahora. Pero en ese momento, cuando estaba muriendo, cuando Fernando me dijo que tú sabías... fue como si el mundo se acabara.
Rafael sintió que el alma se le desgarraba. Las imágenes que Camila describía se grababan en su mente como cuchillas, ella en el suelo, ensangrentada, violada, muriendo sola mientras él esperaba en el altar, ajeno a todo. La idea de que ella hubiera sufrido tanto, de que él no hubiera estado allí para protegerla, lo destrozaba por dentro.
—Yo debería haber estado allí
dijo, con la voz quebrada
—Debería haber sabido, debería haber visto las señales. Fernando era mi amigo, y yo no vi lo que era. No vi el peligro que representaba para ti.
—No podías saberlo
dijo Camila
—Él era bueno ocultando su verdadera naturaleza.
—Pero yo confié en él
insistió Rafael
—Le conté todo sobre nosotros, sobre nuestros planes, sobre nuestra felicidad. Y él usó eso para destruirte. Para destruirnos.
Rafael se levantó y comenzó a caminar de un lado a otro, con las manos en la cabeza. Su respiración era agitada, y Camila vio cómo las lágrimas caían por su rostro sin que él intentara ocultarlas.
—Te violaron
dijo, con voz apenas audible
—Te violaron y te mataron. Y yo no te cuide, estaba ciego como un idiota, sin saber que la mujer que amaba estaba muriendo sola.
—Rafa
dijo Camila, levantándose y acercándose a él
—No fue tu culpa.
—¡Sí lo fue!
gritó él, golpeando la pared con el puño
—¡Debería haber protegido! Debería haber visto lo que Fernando era! Pero fui un ciego, un estúpido que confió en un monstruo.
Camila lo tomó del rostro, obligándolo a mirarla.
—Rafael, escúchame. No fue tu culpa. Tú no sabías. Y ahora que lo sabes, estamos juntos. Vamos a detenerlo. Vamos a hacer justicia. Porque no fui la única a la que le hizo eso.
Rafael la miró, y en sus ojos vio el dolor que ella llevaba dentro, pero también la fuerza, la determinación, la esperanza de que todo podía ser diferente.
—¿Cómo puedes perdonarme?
preguntó él, con voz rota
—Después de todo lo que pasaste, ¿cómo puedes mirarme sin odiarme?
Camila sintió que el corazón se le partía al verlo tan destrozado.
—Porque te amo, Rafael. Te he amado desde el primer día, y te amaré siempre. Lo que pasó en esa otra vida no fue tu culpa. Y esta vez, vamos a hacerlo bien. Vamos a luchar juntos.
Rafael la abrazó con tanta fuerza que Camila sintió que le faltaba el aire. Pero no le importó. Sentía su calor, su amor, su arrepentimiento, y supo que todo estaría bien.
—Te amo, Camila
susurró contra su cabello
—Te amo más que a nada en este mundo. Y te juro que nunca, nunca más vas a pasar por algo así. Voy a protegerte, pase lo que pase.
—Lo sé
respondió ella, abrazándolo de vuelta
—Confío en ti, Rafael. Siempre he confiado en ti.
Estuvieron abrazados mucho tiempo, llorando juntos, sintiendo el dolor que los unía y el amor que los fortalecía. Yogo se acercó y se sentó a sus pies, como si quisiera ser parte de ese momento de sanación.
—Ahora
dijo Rafael, secándose las lágrimas
—vamos a planear nuestra venganza. Fernando no va a salirse con la suya. Y esta vez, voy a estar a tu lado para asegurarme de que eso no pase.
Camila asintió, sintiendo que el peso del mundo se aligeraba.
—Tenemos que encontrar a esa chica. Ella es la clave. Si testifica, tendremos todo lo que necesitamos.
—La encontraremos
dijo Rafael
—Y cuando lo hagamos, Fernando y sus cómplices pagarán por todo lo que han hecho. Por ti, por ella, y por todas las mujeres a las que lastimaron.
La noche cayó sobre ellos, pero esta vez, no había oscuridad. Había amor, esperanza y la certeza de que juntos, podían enfrentar cualquier cosa.