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EL CONTRATO DEL ORGULLO. EN LOS BRAZOS DEL CEO.

EL CONTRATO DEL ORGULLO. EN LOS BRAZOS DEL CEO.

Status: Terminada
Genre:Sustituto/a / CEO / Romance / Completas
Popularitas:10.1k
Nilai: 5
nombre de autor: SIKEVALEN

Cinco años de luto familiar y silencio absoluto fue el precio que Leonor pagó por quedarse atrás mientras Héctor, su amigo de la infancia, triunfaba en el extranjero. Fiel a una promesa implícita, guardó su pureza en un santuario vacío... hasta que llegó el sobre dorado: la invitación de boda de Héctor con otra mujer. Atrapada por el orgullo y el pánico a dar lástima, Leonor miente asegurando que tiene una pareja estable. El destino mueve sus hilos cuando Adrián Valero, el imponente y frío CEO de su multinacional, se queda sin asistente para un viaje de negocios a la misma ciudad del enlace. Lo que empieza como un pacto de urgencia para salvar la dignidad de Leonor se convierte en una farsa de noche y oficina de día dentro de una suite compartida con una sola cama. Entre los celos viscerales del pasado y la protección feroz de un hombre inalcanzable, las amarras se rompen. ¿Podrá Leonor proteger su corazón cuando la farsa se convierta en la verdad más peligrosa de su vida?

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CAPITULO 23. EL ENSAYO DE LA CEREMONIA

El amanecer del viernes tiñó las paredes de la suite con una luz dorada y limpia, pero la atmósfera en la habitación ya no era la misma de los días anteriores. Tras aquel beso apasionado en mitad de la noche, las barreras se habían derretido por completo. Al despertar, me encontré a Adrián observándome desde su lado de la cama, a escasos centímetros de distancia. No se había movido. Sus ojos oscuros tenían un brillo cálido, maduro y espeso que me hizo dar un vuelco salvaje al corazón. Su mano grande rozó sutilmente mi mejilla, recordándome que lo de anoche no había sido un sueño. No nos habíamos entregado del todo; Adrián había tenido el autocontrol de frenar tras el beso, susurrándome contra los labios que quería que mi primera vez fuera perfecta, libre de las prisas y de las sombras de esa finca. Ese gesto de respeto absoluto me había enamorado aún más.

—Buenos días, Leo —me saludó con su voz profunda, ronca por el sueño—. Toca ponerse la armadura otra vez. Hoy es el ensayo general en los jardines de la casa grande y, tras el espectáculo que dio Héctor anoche, la tensión va a cortar el aire. Mantente cerca de mí.

—Buenos días, Adrián —respondí, sintiendo que el tuteo ya era el idioma oficial de mi corazón.

Una hora más tarde, caminábamos cogidos de la mano hacia el gran altar de flores blancas que la wedding planner había instalado en mitad del jardín principal. El día era radiante, pero las caras de los presentes reflejaban una tormenta inminente. Héctor estaba de pie junto al oficiante del ensayo, luciendo una resaca monumental: el rostro pálido, ojeras profundas y una mirada cargada de una culpa y una vergüenza espantosas. No era capaz de mirarme a los ojos. A su lado, Priscila parecía una estatua de hielo. Su vestido de cóctel era impecable, pero su mandíbula estaba tan apretada que hacía resaltar las líneas de su cuello. Tras el altercado de los documentos y los gritos borrachos de Héctor de la noche anterior, la novia sabía que su boda pendía de un hilo.

—¡Por fin llegáis! —exclamó la organizadora del evento, intentando romper el hielo con un entusiasmo profesional forzado—. Menos mal. Nos faltaba la mesa de los testigos y los amigos íntimos para ensayar el recorrido de la corte de honor. Héctor, Priscila, por favor, colocaos en el centro del altar. Leonor, como eres la amiga de la infancia del novio, te corresponde situarte en la primera fila de los asientos de honor, justo al lado izquierdo.

Adrián avanzó conmigo, manteniendo sus dedos entrelazados con los míos con una firmeza protectora que me devolvió el alma al cuerpo. Al colocarnos en nuestras posiciones, el silencio se volvió sepulcral. Héctor levantó la vista por primera vez y sus ojos se clavaron en nuestras manos unidas. Un destello de puro dolor y frustración cruzó por su rostro demudado; ver que Adrián me sostenía con esa naturalidad madura, mientras él tenía que ensayar el "Sí, quiero" con una mujer a la que no amaba, era su castigo definitivo.

—Bien, empecemos con la música de entrada —ordenó la organizadora, dando una señal a los técnicos de sonido.

Las notas de los violines comenzaron a flotar en el jardín. Priscila avanzó por la alfombra blanca con paso rígido, forzando una sonrisa para los fotógrafos de prueba, pero al llegar a la altura de mi fila, se detuvo por un segundo. Se inclinó sutilmente hacia mí, aprovechando que Héctor estaba distraído con el oficiante, y me lanzó una mirada cargada de un veneno gélido.

—Disfruta del paseo de la mano de tu jefe mientras puedas, Leonor —me susurró Priscila con un tono de voz cortante y despiadado, que apenas llegó a mis oídos—. Crees que has ganado porque Adrián te defendió con esos tecnicismos corporativos, pero he estado investigando toda la noche. He llamado a una conocida del departamento legal de la central. Sé perfectamente que no eres su pareja de meses. Sé que todo esto es una farsa patética para no dar lástima. Mañana, antes de que empiece la ceremonia, voy a soltar la bomba delante de todos los invitados y de la prensa local. Te voy a arrastrar por el barro de la forma más humillante posible, mosquita muerta.

El corazón me dio un vuelco salvaje contra las costillas. El pánico me inundó las venas, congelándome los pensamientos. Priscila se enderezó de inmediato y continuó su avance hacia el altar con la cabeza alta, relamiéndose ante el triunfo de su amenaza. Me quedé estática en mi sitio, sintiendo que el mundo comenzaba a cerrarse sobre mí. El laberinto de la mentira acababa de estrecharse de forma catastrófica y la destrucción total de mi dignidad estaba programada para el día siguiente.

Sin embargo, Adrián se percató al instante de mi rigidez. Dio un paso firme, acortando la distancia física entre nosotros en la fila de honor, y envolvió mi cintura con su brazo grande y asombrosamente cálido, atrayéndome contra la firmeza de su cuerpo ante la mirada inquisitiva de Héctor desde el altar.

—¿Qué te ha dicho, Leo? —me preguntó Adrián en un susurro grave, con una fijeza analítica en sus ojos oscuros que denotaba que no se le había escapado el microcontacto de la novia.

—Lo sabe, Adrián... lo sabe todo —le devolví el susurro con la voz trémula, sintiendo que los ojos se me empañaban por la frustración—. Ha llamado a la central. Sabe que la farsa es mentira. Dice que mañana nos va a humillar públicamente delante de toda la familia antes de la boda. Estoy muerta de miedo.

La mandíbula de Adrián se tensó de una forma peligrosa y sus ojos oscuros chispearon con una frialdad ejecutiva que heló el ambiente del ensayo en un segundo. Miró a Priscila en el altar y luego regresó su mirada hacia mí, pero esta vez su expresión adoptó una resolución profunda, feroz y de un absoluto compromiso que me dejó sin aliento.

—Que lo intente, Leo —me respondió con una suavidad pausada y cortante que me devolvió el alma al cuerpo—. Priscila cree que tiene el control de la mesa de negociación, pero no sabe con quién se está metiendo. Mañana bajaremos a esa ceremonia, sí, pero no nos vamos a esconder. Si esa mujer quiere guerra pública, le enseñaremos cómo destruye un Director Ejecutivo las estructuras de los que intentan dañar a su mujer. Respira, mi amor. Hoy nos centraremos en nosotros... y te juro que esta noche, en esa suite, no habrá espacio para el miedo, solo para la verdad de nuestros cuerpos.

Le miré a los ojos, sintiendo que el pánico se disolvía por completo bajo el calor de su promesa. El ensayo de la ceremonia continuó bajo el sol de la tarde, pero las cartas ya estaban sobre la mesa. La tormenta pública estaba lista para estallar al día siguiente, pero en el interior de nuestra suite compartida, el fuego de la entrega total ya había empezado a encenderse, prometiendo una noche brutal, espectacular y definitiva para nuestros corazones.

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Doris C Medina Rivero
Comienzo a leerte autora y me gusta tu escritura, está interesante.
Adiana Navas
genial me encanto muy terna y dulce
Maria Jose PAlma
me encanta 😍
Monica R Briseño
Excelente y maravillosa novela, una historia de amor donde él protege, defiende y ama tanto a ka mujer, muy bien narrada y escrita...
Muchas felicidades autora!!!!!
Nora Rivoir
Muy linda historia
Perla Arbos
Hermosa historia!!!. Felicitaciones!!!
EM
espectacular
EM
ed
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