Dos familias unidas por años de amistad se ven divididas por mentiras, celos y amores prohibidos. En el corazón de la tormenta: dos gemelos que deberían ser inseparables, pero que se convierten en enemigos por el cariño de todos y el amor del mismo chico; dos hermanos que ocultan sus sentimientos tras máscaras de dureza y crueldad; y un mundo donde la lealtad se paga con sangre y el amor se castiga con silencio. Un final que romperá todas las cadenas.
NovelToon tiene autorización de yamiiy para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
.
Nicolás estaba en su habitación, con la mente llena de pensamientos inquietos, cuando sonó su teléfono. Al atender, escuchó a Martina llorando desconsolada al otro lado de la línea, con la voz entrecortada por los sollozos. Le contó todo el episodio, exagerando cada detalle, mintiendo más que nunca para pintar a Luca como el culpable absoluto: cómo lo había visto escondiendo las cosas, cómo se había puesto agresivo cuando lo descubrieron, cómo no tenía vergüenza ni remordimiento. Cada palabra era una nueva mentira urdida con cuidado, y Nicolás, confundido y angustiado, sintió que el corazón se le encogía. Sin saber qué hacer, sin tener la otra versión, salió corriendo a buscarlo por todos lados cuando le dijo que lo sacaron a la calle: recorrió las calles cercanas, la plaza, la cabaña donde solían verse, los parques, preguntó a conocidos, caminó bajo la lluvia llamándolo por su nombre, con la respiración entrecortada y el miedo en el pecho.
Mientras tanto, Luca, herido y desolado, se alejó caminando sin rumbo, buscando un lugar donde estar solo, donde nadie lo juzgara ni lo acusara. Caminó hasta llegar a un barrio más tranquilo, y allí, bajo la lluvia, se encontró con Mateo sabía que era hermano de Bruno. Al verlo tan empapado, tan triste y sin saber a dónde ir, Mateo no dudó ni un instante: se acercó, le ofreció refugio y lo llevó consigo a la casa donde vivía con Bruno ahora, para que estuviera a salvo y acompañado.
Y justo en ese momento, cuando Nicolás doblaba la esquina y lo veía subir al coche de Mateo, se detuvo en seco. Lo vio irse con ellos, y una ola de rabia y dolor lo invadió de golpe. Se enojó, sintiéndose traicionado y abandonado: pensó que Luca había preferido irse con otro antes que buscarlo a él, antes que esperarlo, antes que confiar en él. Se quedó parado bajo la lluvia, mirando cómo el coche se alejaba, con los puños apretados y la mandíbula tensa, lleno de celos y de un orgullo herido que no le dejaba ver la verdad: que Luca no tenía a nadie más a quien recurrir, que estaba solo y asustado, y que en ese momento necesitaba ayuda desesperadamente.
Mientras tanto, en el coche, Luca miraba por la ventana cómo la ciudad pasaba borrosa bajo la lluvia. No hablaba. Solo abrazaba su propia soledad, sintiendo que el mundo se le había caído encima. Mateo conducía en silencio, respetando su dolor, y lo miraba de vez en cuando por el espejo retrovisor con una mezcla de firmeza y compasión.
—No tienes por qué decir nada ahora —le dijo Mateo suavemente—. Solo descansa. Estás a salvo.
Cuando llegaron a la casa, Bruno los estaba esperando en la puerta. Al ver a Luca empapado, con la mirada perdida y la ropa pesada por el agua, no hizo preguntas. Solo se alejó a buscar una toalla y una taza de té caliente.
—Pasa —le dijo Mateo con voz tranquila—. Aquí nadie te va a echar. Nadie te va a culpar.
Luca apenas pudo darle las gracias. Se sentó en el borde del sofá, con la taza entre las manos para entrar en calor, y de pronto las lágrimas que había contenido durante horas empezaron a caer solas. Le contó todo a su hermano.
—No sé qué hice mal —susurró—. Solo… solo quería que me escucharán.
Bruno se sentó a su lado, sin tocarlo, solo estando ahí.
.