Él es el hijo del hombre que destruyó a mi familia.
Yo soy la mentira que duerme en su cama.
Entré a BlackStone Corp para vengarme.
No para enamorarme de *Adrian BlackStone*.
Pero él me dio su chaqueta cuando tuve frío.
Me salvó la vida hace 15 años y no se acuerda.
Y ahora me mira como si fuera *Luna* la única mujer del mundo.
El problema:
Si descubre quién soy, me va a odiar para siempre.
Y si no lo hago... traiciono a mi padre.
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La asistente del diablo.
A Adrian le tenían un apodo en la obra.
Yo lo oí el segundo mes.
"Ahí viene el Diablo" susurró un ingeniero cuando Adrian entró con casco y planos bajo el brazo.
Otro se rió: "Y su asistente del diablo".
Se referían a mí.
¿Por qué "el Diablo"?
Porque Adrian no negociaba con mediocridad.
Porque devolvía 3 camiones de cemento si la resistencia bajaba 2%.
Porque despidió a un gerente de 20 años por firmar un contrato con sobreprecio.
"Si BlackStone pone su nombre, que valga" dijo en esa junta. Frío. Sin pestañear.
La gente le tenía respeto. Y miedo.
Y yo estaba a su lado. Anotando todo. Corrigiendo todo.
Por eso: "la asistente del diablo".
--- MIS NOCHES ---
Las primeras semanas me lo tomé a risa.
Al mes me empezó a doler.
Porque yo sabía la verdad:
Adrian no era estricto por malo. Era estricto por miedo.
Miedo a que la empresa que su papá construyó sobre mentiras se cayera.
Miedo a fallarle a su mamá.
Miedo a que si bajaba la guardia, alguien como Victor... o como Ricardo... le quitara todo.
Y yo tenía miedo de otra cosa.
Miedo de cómo podíamos terminar.
--- LO QUE ME QUITABA EL SUEÑO ---
Que me usaran contra él
Cada vez que firmaba algo conmigo al lado, pensaba: ¿y si mañana sale que soy Bárbara Giraldi?
¿Y si dicen que me metí aquí por venganza?
Me verían como el caballo de Troya. Y a él como el tonto que se enamoró.
Que me convirtiera en él...
Había días que llegaba a la oficina y hablaba igual de duro. "Esto no sirve. Cámbialo".
Una noche Adrian me detuvo la mano. "No te vuelvas como yo, Luna. No pierdas tu luz por esta empresa".
Que termináramos como Victor y Elena
Dos personas que se quieren pero se destruyen con secretos.
¿Y si un día Adrian se enteraba de todo antes de tiempo, y por otra parte?
¿Y si me odiaba por callar?
--- LA CONVERSACIÓN ---
Fue en el depa. 2am. No podíamos dormir.
"Te escuché" dijo Adrián. "Hoy en la obra. 'Asistente del diablo'".
Me encogí. "No me importa".
"Mientes" me contestó. Me dio la vuelta para mirarme. "¿En qué piensas?"
Y lloré. Feo.
"Pienso que un día esto explota" susurré. "Que sale quién soy. Que tu papá vuelve. Que Ricardo te haga algo.
Y que tú vas a tener que elegir entre tu apellido y yo.
Y me da terror que elijas mal... o que elijas bien y te arrepientas".
Adrian me limpió la cara con los pulgares.
"Luna. Escúchame.
Sí, soy el Diablo en la empresa. Porque alguien tiene que serlo para que 2000 familias coman.
Pero contigo no soy el Diablo.
Contigo soy el chico que te hace café mal hecho y que se ríe de tus chistes malos".
Me besó la frente.
"Y si el mundo explota mañana, que explote.
Yo ya elegí. Te elegí a ti hace mucho tiempo
No soy mi papá. No voy a dejar que el miedo decida por mí".
--- HOY ---
Victor aterriza en 4 horas.
Ricardo me citó a las 8 AM.
En la empresa me siguen diciendo "la asistente del diablo".
Pero cuando salgo de la oficina, Adrian me espera en el carro.
Me abre la puerta. Me quita el saco. Me dice: "¿Cansada?"
Y por primera vez en meses, mi miedo pesa menos que su mano en la mía.
Quizá no terminemos mal.
Quizá el Diablo y su asistente... ganen esta vez.
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--- 8:25 AM - CAFÉ LA TOSCANA ---
No le dije a Adrian.
Mentí. "Voy a revisar unas facturas al banco" y salí corriendo antes de que Victor llegara.
Si enfrentaba a Ricardo delante de Adrian, esto explotaba.
Y yo no iba a ser la razón por la que dañen o destruyan a Adrian.
Ricardo ya estaba ahí.
Traje gris. Café negro. Y esa sonrisa de depredador que me daba asco.
Se mordió el labio inferior cuando me vio entrar sola.
"La niña valiente" dijo. "Sabía que vendrías".
Me senté. Recta. Manos en la mesa para que no vieran que temblaban.
"¿Qué quieres de mí, señor Montenegro?"
"Ricardo" me corrigió. "Somos familia, ¿no? Casi".
Se inclinó.
"Quiero lo mismo que Victor. Control.
Tú tienes algo que no debería tener: influencia sobre Adrián.
Y yo tengo algo que tú no quieres que salga: tu nombre real, las fotos de tu papá, y el correo donde Elena te contrató para 'vigilar' a Victor hace 6 meses".
Me quedé helada. ¿Cómo lo tenía?
"Así que aquí va" siguió. "Te largas. Hoy.
Te doy 200 mil dólares. Un boleto a donde quieras.
Y dejas a Adrian. Le dices que fue un error. Que solo querías dinero." Así mi hija se queda con Adrián.
Tomé aire. Lo miré directo.
"Y si no me voy, ¿qué? ¿Se lo cuentas a Adrian? ¿Le destruyes la empresa a su papá también?"
Ricardo se rió bajito.
"Tú decides, Bárbara. ¿Cuánto vale tu paz?"
Me levanté. El café ni lo toqué.
"No me voy a ir" dije, bajito pero firme.
"No busques nada en mí porque no vas a encontrar miedo.
Y déjame tranquila. A mí. Y a Adrian.
Si tienes algo que decir, díselo de frente. Como hombre. No como sombra".
Salí. Las piernas me temblaban.
Pero por primera vez, no corrí.
Afuera Adrian estaba en el carro.
"¿Y el banco?", preguntó.
Vine por café y te encuentro aquí. ¿Qué sucede?
"Mentí" dije. Y me subí. "Tenemos que hablar".
Porque ya no podía más con los secretos.
Ni con Ricardo siguiéndome como sombra.
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