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Prohibido Llamarte Amor

Prohibido Llamarte Amor

Status: En proceso
Genre:Malentendidos / Dejar escapar al amor / Diferencia de edad / CEO
Popularitas:1.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Enn Gómez

Hay amores que llegan demasiado tarde.
Y otros que nunca debieron llamarse amor.

***
Cinco años atrás, Lizzie cometió un error con James.

Una noche.
Un secreto.
Y una despedida antes de que él pudiera decirle que, para él, nunca había sido un error.

Ahora Lizzie tiene veinticinco años, un prometido perfecto y una boda esperándola. James debería ser solamente un recuerdo… hasta que la enfermedad de su padre lo convierte en el único hombre capaz de salvar el legado de su familia.

Trabajar juntos no estaba en sus planes.
Volver a desearse, mucho menos.

Porque James sigue siendo el hombre que no debería tocar.
Y Lizzie sigue perteneciendo a un futuro en el que él no tiene lugar.

NovelToon tiene autorización de Enn Gómez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8. El nuevo presidente

Cuando llegué a la empresa, Adrián ya me esperaba frente a los elevadores. Seguía molesto por nuestra conversación de esa mañana, aunque ninguno de los dos hizo el intento de retomarla. Teníamos suficientes problemas sin añadir otra discusión antes de entrar a la junta.

Mi teléfono vibró durante el ascenso. Era Maxton.

Había estado pendiente desde que se enteró de lo de papá. Entre llamadas que no había podido contestar y mensajes enviados a destiempo, apenas habíamos conseguido hablar. Esta vez preguntaba cómo seguía y me pedía que lo llamara después de la reunión.

Respondí que papá continuaba estable y guardé el teléfono.

Adrián había alcanzado a ver el nombre.

—Pensé que al menos se dignaría a venir a ver a su suegro. –dijo con un tono burlesco

—Está trabajando, Adrián.

—Claro. Y supongo que consolar a su prometida puede esperar unos meses.

No respondí. Conocía a mi hermano lo suficiente para saber que discutir solo conseguiría animarlo a continuar.

Maxton no podía regresar ahora. Yo lo sabía desde antes de que todo esto ocurriera y había aceptado que pasarían meses antes de volver a verlo. Además, no podía decir que me hubiera abandonado. Llamaba, escribía y preguntaba por mí constantemente.

Aun así, el comentario me molestó precisamente porque una pequeña parte de mí había pensado lo mismo.

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Las puertas se abrieron antes de que Adrián pudiera añadir algo más.

James estaba al final del pasillo, hablando con dos miembros del consejo. Traje oscuro, expresión seria, una carpeta bajo el brazo. Si no hubiera sabido que unas horas antes estaba descalzo en la cocina de su hacienda preparándome algo de comer, jamás lo habría imaginado.

Entonces levantó la mirada.

Me vio.

Fue apenas un instante antes de volver a prestar atención a la conversación, pero bastó para hacerme consciente de lo extraño que resultaba encontrarlo allí después de la noche anterior.

Preferí entrar a la sala.

La reunión comenzó poco después.

No hubo necesidad de extenderse demasiado. Antes de someter su nombramiento a votación, él dejó claras las condiciones bajo las que aceptaría: tendría autoridad real para dirigir y papá permanecería apartado de las decisiones mientras se recuperaba.

Nadie pareció sorprendido.

Adrián sí estaba incómodo.

Yo lo notaba a mi lado, aunque permaneció en silencio.

Después comenzaron las preguntas.

Fue entonces cuando vi algo que hasta ese momento solo conocía por lo que papá decía de él.

James era bueno.

No necesitaba imponerse ni demostrar que sabía más que los demás. Escuchaba, respondía y hacía las preguntas necesarias. Conocía los proyectos importantes, los problemas pendientes y hasta algunos asuntos que yo creía que tendría que explicarle.

Había pasado años viendo a mi padre dirigir aquella sala.

James no se parecía a él.

Y quizá por eso funcionaba.

Cuando llegó la votación, Adrián fue uno de los pocos que se opuso. La mayoría, sin embargo, estuvo a favor.

James acababa de convertirse en presidente interino.

Sentí alivio.

Muchísimo.

Hasta que lo vi acercarse a la cabecera.

Se detuvo frente a la silla de papá durante un segundo. No sé qué pensó. Su expresión no reveló nada.

Después se sentó.

Y encajó.

Aquello me produjo una sensación incómoda.

James no parecía un hombre ocupando temporalmente el lugar de otro. Parecía alguien que sabía exactamente qué hacer una vez sentado allí.

Abrió la carpeta que tenía delante y miró al consejo.

—Bien. Empecemos.

Por supuesto.

Para James, haber sido elegido no era el final de la reunión.

Era el comienzo del trabajo.

La siguiente hora bastó para cambiar el ritmo de toda la sala.

James pidió informes, reorganizó algunas reuniones y dejó claro qué asuntos quería revisar primero. No intentó cambiarlo todo en su primer día, pero tampoco actuó como alguien dispuesto a esperar semanas antes de tomar decisiones.

Y, tal como me había advertido en la hacienda, yo formaba parte de sus planes.

Antes de terminar la reunión me pidió que me quedara.

Adrián me lanzó una mirada que no necesitaba traducción.

Así que esto era parte del trato.

Lo ignoré.

Cuando los consejeros comenzaron a salir, mi teléfono volvió a vibrar.

Maxton.

Esta vez estaba llamando.

Miré su nombre en la pantalla y recordé que había prometido hablar con él al terminar.

—Tengo que contestar —le dije a James.

Él miró brevemente el teléfono.

—Claro.

Salí de la sala y respondí mientras caminaba hacia el pasillo.

La voz de Maxton consiguió relajar algo dentro de mí. Preguntó por papá, por la junta y, finalmente, por mí. Le conté que James había sido elegido y que todo había salido bien. No hablamos demasiado; él tenía que volver al trabajo y yo todavía debía reunirme con James.

Antes de despedirse me dijo que me extrañaba.

Le dije lo mismo.

Y era verdad.

Cuando terminó la llamada permanecí unos segundos con el teléfono entre las manos.

Faltaban meses para que Maxton regresara.

Hasta ese momento nunca me había parecido tanto tiempo.

Guardé el teléfono y miré hacia la sala de juntas.

James seguía dentro, esperándome.

Respiré hondo y regresé.

Después de todo, esa había sido una de sus condiciones.

Yo no me iba.

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