hace siglos la puerta unida conectaba todos los territorios en un solo mundo sin fronteras,donde humanos ,elfos,hombres lobos,magos y el pueblo misterioso vivían en paz . pero cuando una adivina advirtió que la temida oscuridad .
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Rumores y Secretos
CAPÍTULO :14
— Rumores y secretos
Elara respiró hondo antes de empujar la puerta del aula. Al entrar, el silencio la recibió de golpe: el profesor estaba de pie frente al pizarrón, con la tiza en la mano y una mirada seria que se posó de inmediato en ella.
—Llegas tarde, Elara —dijo el profesor con voz firme, sin levantar la voz pero dejando claro su desaprobación.
Ella bajó un poco la cabeza, apenada, y respondió con tono suave:
—Lo siento mucho, profesor.
—Está bien, ve y siéntate —le indicó él, señalando con un gesto su pupitre vacío.
Elara caminó rápido hasta su lugar, evitando mirar a los demás, mientras el profesor retomaba la palabra para captar la atención de todos los alumnos:
—Escuchen un momento, todos. Hoy tenemos un nuevo estudiante que se une a nuestra clase. Pasa, por favor, y preséntate.
Desde la puerta entró él: Mateo. Caminaba con paso tranquilo y seguro, sin parecer nervioso en absoluto. Se paró frente a todos, con las manos relajadas a los costados, y habló con voz clara y amable:
—Hola a todos. Me llamo Mateo. Vengo de intercambio. De dónde vengo exactamente… eso no importa mucho por ahora. Solo espero llevarme bien con ustedes y hacer muchos amigos. Bien, eso es todo.
El profesor asintió satisfecho.
—Muy bien dicho, Mateo. Busca un asiento libre y nos ponemos enseguida a trabajar.
Mateo miró alrededor, y sus ojos se posaron un instante en Elara antes de caminar hacia un pupitre cercano, donde se sentó con calma. Elara no se atrevía a mirarlo directamente, pero sentía su presencia cerca, fuerte y vigilante, como si en cualquier momento pudiera decirle algo que solo ella debía escuchar.
Pasaron las horas de clase, lentas y llenas de lecciones, y por fin sonó el timbre que anunciaba el recreo. Todos salieron al patio corriendo, charlando y riendo, pero Mateo no se mezcló con los grupos de inmediato. Caminó despacio, siguiendo con la mirada a Elara, que caminaba sola hacia un rincón tranquilo. Algunos compañeros lo notaron y se acercaron curiosos, rodeándolo para saludarlo.
—¡Hola, Mateo! —dijeron varios al unísono, sonrientes y ansiosos por conocerlo mejor.
Él se volvió hacia ellos y respondió con una sonrisa educada:
—Hola a todos.
Pero uno de los chicos, más curioso que los demás, lo miró de reojo hacia donde estaba Elara y preguntó directamente:
—¿A quién estás mirando tanto?
Mateo señaló con discreción hacia ella y preguntó con calma:
—¿Por qué dicen que es rara?
Los compañeros se miraron entre sí, bajaron un poco la voz y empezaron a contarle en susurros, como si fuera un secreto prohibido:
—Se dice que ha viajado por todo el mundo… pero siempre a escondidas, sin que nadie sepa de dónde viene ni a dónde va.
—Y hay algo más —añadió una chica con ojos asombrados—: dicen que una vez que descubres algún secreto suyo… ¡nadie la vuelve a ver! De un día para otro desaparece.
—Es verdad —confirmó otro—, sus padres siempre la cambian de escuela de repente, sin dar explicaciones. Como si huyeran de algo… o como si quisieran ocultarla de todos.
Mateo escuchó todo en silencio, sin interrumpir, pero por dentro apretó los puños con firmeza. Esas historias no eran simples rumores: eran la prueba de que la protección de Elara había funcionado durante años… pero también significaba que el peligro estaba más cerca de lo que nadie imaginaba. Sabía que no dejaría que le pasara nada, y que él estaría allí para descubrir la verdad, sin dejar que ella desapareciera nunca más.