¿Crees en un mundo perfecto?
Mateo con su consola sin portada... SI aunque tenga que ser por encima quien sea... Asi sea su familia... Culpable ¿SI o NO?
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EL JUEZ GUARDIAN.
Un rugido cruzó el Bosque de los Olvidados como una ola.
Los árboles, que eran puros cuerpos de gente retorcidos, se empezaron a mover aunque no había nada de viento. Un poco de caras metidas en la madera abrieron los ojos al mismo tiempo. Unas lloraban sangre negra, otras murmuraban cosas que no se entendían.
Mateo se echó para atrás.
El Primer Guardián ahí parado, sin moverse, con su espadota agarrada con las dos manos. La armadura de piedra toda cuarteada y por las grietas se le salía una luz roja.
Y alrededor, un poco de gente sin cara saliendo del piso. No corrían, no atacaban, solo miraban. Como esperando a que empezara algo.
El Guardián habló.
—Ellos fueron jueces.
—¿Jueces? —Mateo arrugó la frente.
—Sí —levantó la espada hacia el cielo todo oscuro—. Cada uno creyó que podía armar un mundo perfecto.
Los sin rostro se arrodillaron.
—Todos fracasaron.
—¿Y vos?
El Guardián bajó la espada despacio.
—Yo fui el primero.
Y de la nada el bosque desapareció. Mateo sintió que el piso se le deshizo y cayó por un vacío que no se acababa. Cuando abrió los ojos estaba parado sobre una piedra gigante flotando sobre un abismo que no tenía fin.
Y al frente, el Trono.
Era muchísimo más grande de lo que se imaginaba. No era solo de huesos. Había espadas partidas, coronas oxidadas y un poco de manos de piedra haciendo las escaleras. Cada brazo era de alguien que intentó subirse y no pudo.
El Guardián se acercó al primer escalón.
—Ese trono no manda un reino. Manda las sentencias. Cada juicio bien hecho equilibra los dos mundos. Cada juicio mal hecho le da de comer al Abismo.
Mateo se quedó mirando esa vaina tan grande.
—Entonces... ¿el juego es para castigar criminales?
— No —negó despacio—. Es para encontrar al único que pueda decidir quién merece seguir viviendo.
Todo cambió otra vez. Ahora estaban viendo una ciudad que no conocía. Gigante, limpiecita, callada. No había policías, no había cárceles. La gente caminaba tranquila, los niños jugaban en los parques, nadie peleaba, nadie robaba, nadie lloraba.
—¿Y este lugar qué es? —preguntó Mateo.
—Un futuro posible.
—¿Cómo así?
El Guardián estiró la mano.
—Cuando todos los monstruos ya no estén.
Mateo sintió como esperanza y a la vez como algo que lo atrapaba. Siempre había odiado las noticias: asesinos, violadores, niños desaparecidos, políticos robando. Cada día parecía que el mundo estaba más dañado.
¿Y si sí se podía arreglar?
—¿Eso va a pasar si consigo el Trono?
El Guardián se quedó callado.
—Te respondo cuando entendás el precio.
*Arriba, en el mundo real*
Héctor seguía en la vieja estación del tren. Los tombos estaban todos tiesos después de ver como se trago a su compañero esa grieta rara que flotaba en el aire. Nadie decía nada.
Valeria rompió el silencio.
—Tenemos que cerrar esto.
—No —dijo Héctor.
—¿Qué?
—Mi hijo está ahí adentro.
Valeria lo miró sorprendida.
—¿Estás seguro?
Héctor pensó en la foto, en el Proyecto Umbral, en todo. Todo apuntaba a Mateo. Pero no podía explicarlo, ni siquiera él mismo lo entendía.
*Otra vez con Mateo*
Volvió a aparecer frente al Trono. El Guardián señaló la silla vacía.
—Antes de sentarte tenés que probar que aguantás el peso de una sentencia.
Movió la espada y el aire se distorsionó. Aparecieron cinco pantallas negras flotando alrededor de Mateo. En cada una, una persona distinta: un traqueto, un asesino, un man de una red de trata, un terrorista y un tipo bien vestido con traje.
Mateo miró al último.
—Este no parece criminal.
—Es juez —dijo el Guardián—. Protege a todos los otros. Los deja libres. Vende la justicia.
Le dio rabia. Las pantallas empezaron a mostrar pruebas, documentos, videos, chats. Todos eran culpables de unas atrocidades horribles, no había duda.
Y arriba de las cinco imágenes salió una frase:
UNA SOLA SENTENCIA CAMBIARÁ MILES DE VIDAS.
Y abajo dos botones: ABSOLVER y CONDENAR.
Mateo no lo pensó.
—Condenar.
Las cinco pantallas explotaron en un poco de pedacitos negros. El Trono brilló un poquito y la voz del juego retumbó en todo lado.
SENTENCIAS ACEPTADAS. JUSTICIA EJECUTADA.
Apareció flotando un cristalito negro, en forma de triángulo. El Guardián lo cogió.
—Tu primer Fragmento del Trono.
Lo metió en un brazo del trono gigante. La estructura vibró, suavecito, pero vibró.
FRAGMENTOS OBTENIDOS: 1/13
Cuando se despertó, Mateo estaba otra vez en la estación abandonada. No había Guardián, solo el pedestal vacío. Y en la muñeca tenía una nueva marquita, la grieta negra se le había subido un poco más.
Pero no sintió miedo. Sintió como orgullo. Por primera vez desde que encontró la consola sentía que estaba haciendo algo importante. Pensó en todas las víctimas, en los casos que nunca se resolvían, en los niños que mataban, en familias destruidas, en criminales que se morían viejos, ricos y libres.
El sistema siempre fallaba. Siempre.
De pronto el juego tenía razón. Alguien tenía que hacer justicia donde la justicia de acá no llegaba.
*Al otro día*
Todos los noticieros estaban con lo mismo. Cinco personas habían muerto a la misma hora, cada una en una parte distinta del país. Ninguna tenía heridas, nadie sabía de qué se murieron. Entre ellos un juez bien poderoso que llevaba años investigado por torcido.
En redes eso explotó. Unos le decían "El Juez Negro", otros que era un asesino. Pero un resto de gente ponía:
"Ojalá siga matando criminales."
"Hace lo que la justicia nunca hace."
"Por fin alguien los castiga."
Mateo leía todo y no sentía culpa. Sentía satisfacción.
Esa noche prendió la consola porque quiso, ya sin miedo. El menú había cambiado, ahora había una opción nueva que brillaba: SALA DE SENTENCIAS.
Entró y empezaron a pasar un poco de caras, cada una con sus pruebas. Asesinos, secuestradores, capos, violadores, políticos torcidos. No era un juego improvisado, parecía que sabía todo de todos.
Respiró hondo y se puso a revisar caso por caso. Se echó horas. No condenó a todos, cuando tenía dudas le daba en "Posponer". Pero cuando las pruebas eran claras, no lo dudaba.
Una sentencia. Otra. Otra más.
Cada vez que condenaba salía la frase: SENTENCIA ACEPTADA.
Con el pasar de las horas ya no sentía el peso. Ya no veía nombres, veía amenazas, errores del mundo que había que borrar.
Y mientras tanto, en el Otro Lado, cada sentencia hacía que un nuevo Fragmento del Trono brillara más.
Horas después, el Primer Guardián miraba el Trono desde las sombras y detrás de él apareció una figura gigante toda tapada por una oscuridad que parecía viva. Solo se le veían dos ojos dorados.
—¿Cómo va el Heredero?
El Guardián agachó la cabeza.
—Más rápido de lo que esperaba.
—¿Duda?
—Cada vez menos.
La figura sonrió.
—Perfecto. Porque va a llegar el momento en que va a tener que decidir entre un criminal... y un inocente.
El Guardián se quedó callado.
—Ese va a ser el verdadero nacimiento del Rey.
Y bien lejos, sin saber nada de esa charla, Mateo acababa de mandar su duodécima sentencia de la noche.
En la pantalla salió algo distinto.
COMPATIBILIDAD CON EL TRONO: 7%.
Y abajo una última línea:
"Próxima prueba: juzgarás a alguien que conoces."
La pantalla se puso negra despacito y por un segundo, el reflejo de Mateo en el televisor no era él. Estaba sonriendo, aunque él estaba totalmente serio.
Continuará...