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La Heredera De Espinas Y El Duque Monstruo

La Heredera De Espinas Y El Duque Monstruo

Status: Terminada
Genre:Época / Traiciones y engaños / Villana / Completas
Popularitas:5k
Nilai: 5
nombre de autor: Selene Asteria

Una joven condenada como villana renace antes de su muerte y, al descubrir el legado oculto de las Espinas, deberá aliarse con el temido Duque Raven para enfrentar una antigua conspiración que amenaza al Imperio.

NovelToon tiene autorización de Selene Asteria para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 14. Los Cazadores de la Rosa Negra

La primera espada avanzó hacia Aria como una línea de luz fría.

Aldric reaccionó antes de que ella pudiera parpadear.

Su acero chocó contra el arma enemiga con un sonido seco que resonó en toda la cámara. El impacto hizo retroceder al hombre encapuchado, pero no lo derribó.

Otros dos miembros de la Orden se movieron al mismo tiempo.

No eran mercenarios comunes.

Aria lo comprendió de inmediato.

Sus pasos eran silenciosos, sus ataques coordinados y sus miradas no se detenían en Aldric, sino en ella.

Buscaban el medallón.

Buscaban a la heredera.

—¡Atrás! —ordenó Aldric.

Aria obedeció solo a medias.

Retrocedió, sí, pero no apartó la mano de la empuñadura de su espada.

Liam se movió hacia una columna cercana, buscando cobertura. Sus ojos recorrían la cámara con rapidez, no como alguien paralizado por el miedo, sino como alguien buscando una salida.

Aldric había elegido bien al muchacho.

Incluso en medio del peligro, Liam observaba.

Y observar era sobrevivir.

El líder de la Orden no se lanzó al ataque.

Permaneció unos pasos más allá, observando la escena con una calma irritante.

La capucha cubría parte de su rostro, pero Aria alcanzaba a distinguir una sonrisa delgada.

—Ravenhart —dijo—. Sigues siendo molesto.

Aldric bloqueó otro golpe y respondió con una estocada rápida.

El enemigo retrocedió.

—Y tú sigues enviando hombres a morir por secretos que no entiendes.

El líder soltó una risa baja.

—Oh, entendemos más de lo que crees.

Sus ojos se clavaron en Aria.

—Por ejemplo, entendemos que ella es importante.

El medallón ardió bajo la capa de la joven.

Aria contuvo el aliento.

La Orden sabía demasiado.

Quizá no todo.

Pero sí lo suficiente.

Uno de los atacantes logró rodear a Aldric y se abalanzó sobre ella.

Aria recordó la lección.

No mirar la espada.

Mirar los hombros.

Mirar los pies.

Mirar la intención antes del golpe.

El hombre atacó desde la derecha.

Ella retrocedió, giró apenas el cuerpo y evitó el filo por muy poco.

La hoja cortó un mechón de su cabello.

Demasiado cerca.

El miedo quiso apoderarse de sus piernas.

Pero Aria lo obligó a quedarse quieto.

Ya había muerto una vez.

No iba a permitir que el miedo decidiera por ella otra vez.

El segundo golpe llegó más rápido.

Aria levantó su espada y bloqueó.

El impacto le recorrió los brazos hasta los hombros.

Dolió.

Mucho.

Pero resistió.

El atacante pareció sorprendido.

Ese pequeño instante fue suficiente.

Aria bajó el centro de gravedad, tal como Aldric le había enseñado, y golpeó con la empuñadura contra la muñeca del hombre.

Él gruñó.

La espada enemiga cayó al suelo.

Aria no esperó.

Pateó el arma lejos y retrocedió.

No había ganado.

Pero había sobrevivido.

Por ahora.

—Nada mal —dijo Aldric, sin dejar de luchar.

—¿Eso fue un elogio?

—No te acostumbres.

Liam, desde la columna, murmuró:

—Este no parece el mejor momento para comentarios educativos.

La batalla se extendió por la cámara.

Las sombras de los combatientes se proyectaban sobre las paredes cubiertas de espinas talladas. Las antorchas parpadeaban con violencia, como si el propio santuario reaccionara al derramamiento de sangre.

Aria sintió que el medallón volvía a calentarse.

Esta vez no era una visión.

Era una llamada.

Algo en la cámara respondía al peligro.

O quizá a ella.

El líder de la Orden también lo notó.

Su sonrisa desapareció.

—No dejen que toque la estatua.

Aria giró la cabeza hacia Evelyne.

La estatua permanecía inmóvil, majestuosa, vigilante.

Pero ahora algo brillaba en su base.

Una línea plateada.

Muy tenue.

Casi invisible.

Liam la vio también.

—¡Aria!

La joven se volvió hacia él.

El muchacho señaló la base de la estatua.

—¡Ahí! ¡Hay un mecanismo!

Aria comprendió.

Evelyne no había dejado solo el medallón.

Había dejado algo más.

Algo que requería la presencia de la heredera para despertar.

El líder de la Orden avanzó por primera vez.

—Deténganla.

Sus hombres cambiaron de objetivo.

Ya no intentaban vencer a Aldric.

Intentaban impedir que Aria alcanzara la estatua.

Aldric se interpuso.

Su espada se movió con una precisión brutal.

Uno de los enemigos cayó al suelo.

Otro retrocedió con el brazo herido.

Pero eran demasiados.

Incluso para él.

—¡Ahora, Aria!

Ella corrió.

El mundo se redujo a unos pocos pasos.

La estatua.

La luz plateada.

El medallón ardiendo contra su piel.

Un enemigo apareció a su izquierda.

Aria se agachó justo cuando la espada pasó sobre su cabeza.

Rodó sobre el suelo de piedra, sintiendo el golpe contra sus costillas, y se levantó con dificultad.

El líder de la Orden estaba más cerca.

Demasiado cerca.

—No sabes lo que estás haciendo —dijo él.

Aria sostuvo su mirada.

—Eso me lo dicen con frecuencia.

Sacó el medallón.

La luz plateada iluminó su rostro.

—Pero suelo hacerlo de todos modos.

Presionó el medallón contra la cavidad oculta en la base de la estatua.

Durante un segundo no ocurrió nada.

Luego toda la cámara despertó.

Las runas de las paredes se encendieron una tras otra, formando líneas de luz que subieron por las columnas y recorrieron el techo como raíces brillantes.

El suelo tembló.

Las espinas talladas parecieron moverse bajo la luz.

Los hombres de la Orden retrocedieron.

Incluso Aldric apartó la mirada por un instante.

La estatua de Evelyne brilló con intensidad.

Y una voz antigua resonó en la cámara.

—La sangre ha regresado.

Aria sintió que el corazón se le detenía.

No era la voz de Evelyne.

Era algo más viejo.

Más profundo.

Como si el santuario mismo hablara.

La base de la estatua se abrió lentamente.

Piedra contra piedra.

Un compartimento oculto apareció bajo los pies de Evelyne.

Dentro descansaba un cilindro de cuero negro sellado con cera plateada.

Sobre el sello se marcaba una espina atravesando una luna.

Aria extendió la mano.

Pero el líder de la Orden se movió al mismo tiempo.

Aldric intentó detenerlo, pero otro enemigo se interpuso.

El hombre encapuchado alcanzó a tomar el borde del cilindro justo cuando Aria lo sujetaba.

Durante un instante ambos forcejearon.

Sus ojos se encontraron.

—Dámelo —ordenó él.

—No.

—Ni siquiera sabes qué contiene.

—Entonces es mejor que no lo tengas tú.

El hombre apretó los dientes.

—Eres igual que ella.

Aria sintió un escalofrío.

—¿Evelyne?

El líder no respondió.

Y ese silencio fue respuesta suficiente.

Aria giró el cuerpo y tiró del cilindro hacia sí con toda su fuerza.

El sello se rompió parcialmente.

La cámara reaccionó.

Una descarga de luz plateada surgió del pedestal y obligó al líder a soltar el pergamino.

El hombre retrocedió con un gruñido.

Aria cayó al suelo con el cilindro entre los brazos.

—¡Liam!

El muchacho ya estaba en movimiento.

—¡Por aquí!

Había encontrado un corredor oculto detrás de una columna derrumbada. Una abertura estrecha, casi cubierta de sombras.

Una ruta de escape.

Aldric retrocedió, cubriéndolos.

—¡Muévanse!

Aria corrió hacia Liam.

El pergamino golpeaba contra su pecho.

Aldric los siguió, bloqueando un último ataque antes de cruzar el umbral.

Los hombres de la Orden intentaron perseguirlos.

Pero el santuario volvió a temblar.

Parte del techo se desprendió, cayendo entre ellos y sus perseguidores.

Una nube de polvo llenó el aire.

Las piedras bloquearon la entrada.

La Orden quedó al otro lado.

Durante varios segundos solo se escuchó la respiración agitada de los tres.

Liam se dejó caer contra la pared.

—Odio los monasterios.

Aldric apoyó una mano en la piedra, recuperando el aliento.

—Eso fue imprudente —dijo mirando a Aria.

Ella levantó el pergamino.

—Pero funcionó.

—Eso no lo vuelve menos imprudente.

—Lo sé.

Aldric la observó durante un largo momento.

Luego suspiró.

—Evelyne te habría aprobado.

Aria bajó la mirada hacia el cilindro.

No sabía si aquello era un elogio.

Pero se sintió como uno.

El corredor descendía en una pendiente suave bajo la montaña.

A diferencia de la cámara principal, no estaba decorado con espinas ni runas brillantes. Era estrecho, húmedo y antiguo.

Un pasadizo de emergencia.

Una salida preparada para alguien que necesitara huir llevando un secreto.

Evelyne había pensado en todo.

O casi todo.

Caminaron durante casi una hora antes de detenerse.

Liam encendió una pequeña lámpara.

Aldric revisó ambos extremos del túnel.

Nadie los seguía.

Al menos por ahora.

Aria se sentó sobre una roca baja y observó el pergamino.

El sello estaba roto.

Parte de la cera plateada se había desprendido durante el forcejeo.

El cilindro parecía inofensivo.

Pero todos sabían que no lo era.

—Ábrelo —dijo Liam.

Aldric no lo contradijo.

Aria respiró hondo.

Luego desenrolló lentamente el pergamino.

La letra era elegante.

Firme.

La misma presencia que había sentido en la visión parecía habitar cada trazo.

Evelyne Espina Negra.

El mensaje era breve.

Demasiado breve para todo lo que habían arriesgado.

Pero cada palabra pesaba.

"Si has llegado hasta aquí, entonces las sombras siguen moviéndose."

"No confíes en la historia escrita por los vencedores."

"No busques el Trono como quien busca una corona."

"El Trono no concede poder. Protege una verdad."

Aria sintió que el aire se volvía más frío.

Continuó leyendo.

"El camino comienza donde nacen las sombras del amanecer."

"Allí encontrarás la puerta que no existe."

"Pero recuerda esto, heredera: la Orden no teme al Trono."

"Teme lo que duerme detrás de él."

Nadie habló.

Liam fue el primero en romper el silencio.

—Eso es... peor.

Aldric tenía la mirada fija en la última línea.

—Mucho peor.

Aria no podía apartar los ojos del pergamino.

El Trono no era el final.

Era una puerta.

Una protección.

Una barrera.

Y detrás de él dormía algo capaz de aterrorizar a la Orden del Sol Escarlata.

En algún lugar al otro lado del túnel, muy lejos, las piedras del santuario volvieron a temblar.

La Orden seguía allí.

Buscando otra entrada.

Buscando otra forma de alcanzarlos.

Aria enrolló el pergamino con cuidado.

El miedo no desapareció.

Pero algo más fuerte comenzó a crecer junto a él.

Determinación.

—Vamos al Valle de las Sombras —dijo.

Aldric la observó.

—Sí.

Liam cerró los ojos.

—Sabía qué dirían eso.

Aria guardó el pergamino junto al medallón.

Su destino volvía a moverse.

Y esta vez no pensaba apartarse del camino.

Porque si la Orden temía la verdad oculta tras el Trono de las Espinas, entonces Aria debía encontrarla antes que ellos.

Aunque para hacerlo tuviera que cruzar todas las sombras del Imperio.

1
Chel Garcia
muy bonita historia 👌🏽 felicidades
Selene: Gracias, que bueno que te haya gustado ☺️
total 1 replies
Jemima Cassares
Esperaba que fuera Liam
Jemima Cassares
Jajajajaja literal
Carlos contreras rojas
hermosa historia 👏
Quica Romero
Será, "están relacionadas con su muerte en el pasado y en su posible futuro".🧐🤔
Quica Romero
Ése no suena a apellido.🙄
Más bien parece apodo como: Roberto Gómez Bolaños "Chespirito",
Javier López "Chabelo", Yolanda Montes "Tongolele", Roberto Cobos "Calambres", Germán Valdés "Tin Tan", Gaspar Henaine "Capulina", Manuel "Loco" Valdez, Jorge "Burro" Vanrranqui, etc.🤷‍♀️🙎‍♀️
Selene: 🤣🤣🤣🤣😂😂😂😂😂😂
total 1 replies
Quica Romero
¿Pero cuáles dos vidas?.🧐🤷‍♀️
Si apenas estás viviendo la segunda "según".🤨 "🤷‍♀️"
A no ser que ya tuvieras vivido otra antes de la de la higuera. Y entonces está sería la tercera y ya tendría sentido la frase de " sus dos vidas". 🧐
Selene
🤭
Selene
gracias 🤭
lioness
me dejas con la intriga 😭...
lioness
me está gustando como va la historia 🤭
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