Victoria tenía dieciocho años cuando conoció a Stefano.
Él tenía veintidós, una sonrisa imposible de ignorar y demasiadas verdades que decidió callar.
Para ella fue su primer gran amor. Para él, una historia que nunca debió comenzar.
Victoria creyó conocer al hombre del que se estaba enamorando, hasta que descubrió que Stefano guardaba un secreto capaz de cambiarlo todo. Intentó alejarse. Volvió. Lo perdonó. Y cuando finalmente creyó haber aceptado la verdad, descubrió que apenas conocía una parte de ella.
Lo que siguió fueron años de encuentros, despedidas y decisiones que terminaron llevándolos por caminos distintos.
Victoria creció. Amó. Construyó una vida que ya no dependía de Stefano.
Pero algunas historias no terminan cuando dos personas se separan.
A veces solo esperan el momento en que ambos tengan suficiente vida encima para entender lo que realmente perdieron.
NovelToon tiene autorización de Y.Valeri para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
A escondidas
Después de eso no hablaron de qué eran.
Nunca lo habían hecho bien.
Simplemente volvieron a encontrarse.
Un café.
Un hotel.
Un mensaje durante el día.
Un carro estacionado lejos de donde Victoria estudiaba.
Y, poco a poco, aquello volvió a parecerse demasiado a lo que había sido antes.
Solo que ahora Victoria sabía más.
No todo.
Solo lo suficiente.
• • •
Stefano casi siempre llegaba primero.
Dejaba el carro en otro sitio, a veces a varias cuadras, y caminaba.
No era algo que explicara.
Victoria tampoco preguntaba.
Si llegaba después, él ya estaba ahí.
—Pensé que no venías.
—La profesora no quería terminar.
—Eso dicen todos.
—No empieces.
Stefano le entregó un café que había comprado en el camino.
—Sin azúcar.
Victoria lo tomó.
—Por lo menos aprendiste algo.
—Gracias.
La conversación continuó.
No hablaron de la esposa de Stefano.
Tampoco de quién esperaba a Victoria en casa o de qué explicación había dado para salir.
Hablaron de un examen.
De un compañero que copiaba descaradamente.
De un profesor de Stefano que parecía disfrutar dejando trabajos imposibles.
De tonterías.
Eso era lo que hacían.
Dejaban las otras vidas afuera.
No por acuerdo.
Por costumbre.
• • •
Hubo semanas en que pude ver una vez.
Otras en que no coincidieron.
Después podía aparecer una semana extraña en la que se encontraban dos veces.
No había patrón.
Victoria tampoco intentaba encontrarlo.
Tenía demasiado que hacer.
El examen que había perdido le había dolido más de lo que quiso admitir y se obsesionó con recuperarlo.
Estudió en la biblioteca.
Estudió en la mesa de la cocina.
Estudió sentada en el piso de su habitación cuando se cansó del escritorio.
Una amiga comenzó a decirle que se estaba volviendo insoportable.
—No puedo volver a sacar un sesenta y cuatro.
—No fue un veinte.
—Para mí sí.
—Necesitas dormir.
—Necesito pasar.
Durante esos días, Stefano ocupó menos espacio.
No porque Victoria hubiera dejado de sentir.
Porque la vida tenía la mala costumbre de seguir exigiendo cosas.
• • •
Cuando finalmente repitió el examen, salió de la universidad con la sensación de haber sobrevivido a algo enorme.
Encontró el carro de Stefano varias calles más adelante.
No esperaba verlo.
Sonrió antes de poder evitarlo.
Él estaba recostado contra la puerta.
—¿Qué?
—Nada.
—Esa cara es de algo.
Victoria levantó la hoja.
—Ochenta y ocho.
Stefano abrió los brazos como si ella acabara de ganar un premio.
—Nunca dudé de vos.
—Mentiroso.
—Un poco.
Victoria se rio.
No se besaron.
Había gente pasando.
Stefano abrió la puerta del carro.
—¿Tienes tiempo?
Victoria miró la hora.
—Un poco.
Eso bastó.
• • •
Con ellos muchas cosas funcionaban así.
Un poco.
Un rato.
Hoy sí.
Hoy no.
Después vemos.
Y no necesitaban explicar demasiado.
Si una tarde Stefano respondía:
Hoy no puedo.
Victoria contestaba:
De acuerdo.
Si ella estaba estudiando o tenía cosas en casa, hacía lo mismo.
No había reclamos que pudieran sostenerse demasiado.
Ninguno tenía derecho a pedir una rutina.
Lo extraño era que, aún así, habían construido una.
Una bastante imperfecta.
Pero suya.