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Contrato Con El Diablo

Contrato Con El Diablo

Status: En proceso
Genre:CEO / Amor-odio / Amor prohibido
Popularitas:2.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Ana Rosa Yosef Osca

Para salvar a su familia de la quiebra, Elena Moretti firma un contrato matrimonial de doce meses con Alessandro Rossi, el CEO más frío y despiadado de Milán.
Él es poder, oscuridad y venganza hecha hombre.
Ella solo es una pieza en un juego que comenzó hace cinco años.
Obligada a vivir bajo el mismo techo del hombre que odia, Elena descubrirá pronto que detrás de esos ojos grises se esconde un secreto devastador: Alessandro no la eligió por casualidad. Lo ha planeado todo para hacerle pagar.
Entre noches ardientes, malentendidos que rompen el alma y verdades que pueden destruirlo todo, el odio se convierte en una pasión peligrosa.
Pero cuando la venganza se mezcla con el deseo… ¿quién de los dos perderá el control primero?
Un matrimonio de conveniencia.
Un amor prohibido.
Una verdad que podría aniquilarlos a ambos.

NovelToon tiene autorización de Ana Rosa Yosef Osca para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 14 – El precio de la redención

Los meses siguientes al anuncio del embarazo fueron un torbellino de cambios, miedos y una felicidad frágil pero creciente. Elena pasaba las mañanas con náuseas y las tardes descansando en la terraza de la mansión, con una mano protectora sobre su vientre que poco a poco empezaba a redondearse. Alessandro se transformó. El CEO frío y calculador que había conocido se convirtió en un hombre obsesionado con cada detalle: contrató a los mejores médicos, remodeló una habitación entera para los bebés y canceló viajes de negocios para estar presente en cada ecografía.

Una mañana de primavera, mientras caminaban por los jardines, Elena se detuvo de repente y tomó la mano de Alessandro.

—Son dos —dijo con una sonrisa temblorosa—. La doctora confirmó ayer que son gemelos.

Alessandro se quedó congelado. Luego cayó de rodillas frente a ella, abrazando su cintura y apoyando la frente contra su vientre.

—Dos… —susurró con voz rota—. Vamos a tener dos hijos.

Lloró. Por primera vez desde que lo conocía, Alessandro Rossi lloró abiertamente, sin vergüenza. Elena acarició su cabello negro y sintió que algo dentro de ella sanaba un poco más.

Pero la paz nunca duraba demasiado en su mundo.

Esa misma tarde, mientras Alessandro estaba en una reunión, Elena recibió una llamada de un número bloqueado.

—Señora Rossi, tenemos información sobre Luca. No está solo en prisión. Tiene un socio afuera que sigue operando. Alguien de su círculo cercano.

Elena sintió un escalofrío.

—¿Quién?

—No puedo decírselo por teléfono. Reúnase conmigo en el café del parque Sempione mañana a las 11. Venga sola.

Colgó antes de que pudiera responder.

Esa noche, Elena no durmió. Alessandro notó su inquietud y la abrazó más fuerte, pero ella no se atrevió a contarle. Todavía quedaban restos de desconfianza, pequeñas grietas que el miedo ampliaba.

A la mañana siguiente, le dijo que iba a comprar ropa para los bebés. Alessandro insistió en que la acompañara un guardia, pero ella logró convencerlo de que necesitaba un poco de normalidad. Tomó un auto y se dirigió al parque Sempione.

El hombre que la esperaba en el café era un ex detective privado que había trabajado para Alessandro años atrás.

—Luca tenía un plan B —dijo sin preámbulos—. Su socio es alguien que usted conoce. Alguien que ha estado en la mansión todo este tiempo.

Le entregó un USB.

—Aquí está todo. Fotos, transferencias, grabaciones. Pero tenga cuidado. Esta persona sabe que usted está embarazada y quiere usar eso para destruir a Alessandro.

Elena guardó el USB con manos temblorosas.

Cuando regresó a casa, Alessandro la esperaba en el salón. Su expresión era seria.

—¿Dónde estabas realmente?

Elena decidió ser valiente. Le entregó el USB.

—Necesito que lo veas conmigo.

Pasaron las siguientes horas revisando el contenido. Había pruebas irrefutables: Rosa, la empleada de confianza que llevaba más de quince años en la mansión, era la traidora. Había estado filtrando información a Luca durante años. Incluso había colocado micrófonos en varias habitaciones.

Alessandro se puso pálido.

—Confíe en ella como en una madre… —murmuró.

Esa misma noche confrontaron a Rosa. La mujer no negó nada. Miró a Alessandro con desprecio.

—Luca me prometió una vida mejor. Tú solo nos usabas a todos.

Fue detenida esa misma noche.

Después de la detención, Elena y Alessandro se quedaron solos en la biblioteca. Él se sentó en el suelo, con la espalda contra la pared, exhausto.

—Pensé que había terminado —dijo con voz cansada—. Pensé que por fin podríamos ser felices.

Elena se sentó a su lado y apoyó la cabeza en su hombro.

—La felicidad no es que no haya problemas. Es enfrentar los problemas juntos.

Esa noche hicieron el amor con una intensidad diferente. Fue lento, profundo, casi reverente. Alessandro besó cada centímetro de su vientre redondeado, susurrando promesas a los bebés. Elena lloró de emoción y placer, sintiendo que por fin estaban construyendo algo sólido.

Los meses pasaron. El vientre de Elena creció. Los gemelos pateaban con fuerza. Alessandro le masajeaba los pies, le leía libros en voz alta y la acompañaba a todas las citas médicas.

Una noche de otoño, cuando Elena ya tenía ocho meses de embarazo, empezaron las contracciones.

—Son demasiado pronto —dijo ella, asustada.

Alessandro la llevó al hospital a toda velocidad. Las siguientes horas fueron de tensión máxima. Los médicos decidieron hacer una cesárea de emergencia.

En la sala de operaciones, Alessandro no soltó su mano ni un segundo.

—Estoy aquí —repetía una y otra vez—. No te voy a dejar.

A las 3:17 de la madrugada nacieron los gemelos.

Primero llegó Matteo, fuerte y con los pulmones bien desarrollados. Minutos después, Isabella, más pequeña pero luchadora.

Cuando los colocaron sobre el pecho de Elena, ella lloró de felicidad.

Alessandro besó su frente, con lágrimas en los ojos.

—Gracias —susurró—. Por darme una familia.

Los primeros meses como padres fueron caóticos pero hermosos. Noches sin dormir, llantos, risas inesperadas. Elena descubrió una fuerza que no sabía que tenía. Alessandro aprendió a cambiar pañales y a cantar nanas desafinadas.

Una tarde de primavera, mientras los gemelos dormían en su cuna doble, Elena y Alessandro estaban en la terraza tomando café.

—Quiero renovar nuestros votos —dijo ella de repente—. No como un contrato. Como una elección libre.

Alessandro sonrió.

—Cuando quieras.

La ceremonia fue íntima, en los jardines de la mansión. Solo familia cercana y algunos amigos. Elena vestía un vestido blanco sencillo que resaltaba su figura recuperada. Alessandro no podía dejar de mirarla.

Cuando llegó el momento de los votos, él habló primero:

—Elena, te prometí protección y te di caos. Te prometí venganza y terminé entregándote mi corazón. Hoy te prometo algo mejor: ser el hombre que mereces cada día. El padre de nuestros hijos. Tu compañero. Tu amor.

Elena lloró mientras decía los suyos:

—Alessandro, llegaste a mi vida como un diablo. Terminaste siendo mi salvación. Te elijo hoy, no por un contrato, sino porque te amo con todas mis cicatrices y las tuyas.

Se besaron bajo una lluvia de pétalos de rosa blanca.

Esa noche, después de que los gemelos se durmieran, hicieron el amor con la ventana abierta, dejando que la brisa de primavera entrara. Fue apasionado, tierno y lleno de gratitud.

Pero la vida aún tenía una última prueba.

Meses después, mientras celebraban el primer cumpleaños de Matteo e Isabella, recibieron una carta en un sobre negro.

Dentro solo había una foto: Luca en prisión, sonriendo a la cámara. En el reverso decía:

«Feliz cumpleaños a los pequeños Rossi.

Pronto nos veremos.

La familia nunca termina de pagar sus deudas.»

Alessandro quemó la carta inmediatamente.

—Nunca más —dijo con determinación—. Esta vez protegeremos lo que tenemos.

Elena lo abrazó.

—Juntos.

Y así, en medio de las risas de sus hijos, los besos robados y las noches de pasión, Elena y Alessandro Rossi escribieron su propio final.

No fue perfecto.

Fue real.

Fue de ellos.

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