NovelToon NovelToon
Azúcar Amargo

Azúcar Amargo

Status: En proceso
Genre:Romance / CEO / Reencuentro
Popularitas:2.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Sarita King

Samantha Torres solo quería salvar su pastelería y cuidar de su hermana menor; jamás imaginó que una bandeja de crema pastelera la llevaría directamente a los brazos del hombre más peligroso, arrogante y fascinante de la ciudad: Viktor D'Angelo.

NovelToon tiene autorización de Sarita King para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El apellido D'Angelo

Viktor D'Angelo

Dicen que los apellidos abren puertas.

También pueden convertirse en cadenas.

Yo aprendí ambas cosas demasiado joven.

Porque ser un D'Angelo significaba poder.

Dinero.

Influencia.

Respeto.

Pero también significaba vivir bajo expectativas imposibles.

Y en mi caso...

Significaba recordar constantemente que no pertenecía completamente a aquella familia.

---

Tenía diecisiete años la primera vez que escuché la palabra.

Ilegítimo.

La pronunciaron creyendo que no podía oírlos.

Como si los muros de la mansión fueran sordos.

Como si los niños no entendieran ciertas cosas.

Como si las palabras no pudieran convertirse en cicatrices.

—Nunca debió llevar nuestro apellido.

—Es el error de su padre.

—No pertenece aquí.

Recuerdo cada frase.

Cada mirada.

Cada silencio.

Porque algunas heridas nunca desaparecen.

Solo aprendes a vivir con ellas.

---

—Te estás quedando mirando la nada otra vez.

La voz de Ian me sacó de mis pensamientos.

—Trabajo.

—Mentira.

—Reflexión profesional.

—Mentira elegante.

Suspiré.

Porque últimamente parecía incapaz de pensar en cualquier cosa sin que Samantha terminara apareciendo en medio de mis pensamientos.

Y aquello comenzaba a resultar preocupante.

—¿Qué quieres?

—Almorzar.

—No.

—Ya almorcé.

—Entonces vete.

—No.

Por supuesto.

Nunca era tan fácil.

Ian tomó asiento frente a mi escritorio.

Y sonrió.

Esa sonrisa.

La sonrisa que siempre anunciaba problemas.

—¿Sabes qué descubrí?

—No.

—Que Samantha preguntó por ti.

Levanté la vista.

Demasiado rápido.

Ian sonrió más.

Maldición.

—¿Cuándo?

—Ayer.

—¿Por qué?

—No lo sé.

—¿Preguntó exactamente qué?

—Ilegible.

—Ian.

—Estoy disfrutando esto.

—Lo noto.

—Muchísimo.

Lo odiaba.

Profundamente.

---

Después de que Ian se marchó, intenté concentrarme en los informes.

Intenté.

Fracasé.

Porque seguía pensando en la fotografía que Samantha me había mostrado.

Alessandro Torres.

Aquel nombre me resultaba familiar.

Demasiado familiar.

Y eso era precisamente lo que me inquietaba.

Tomé el teléfono.

—Clara.

—¿Sí, señor?

—Necesito información.

—¿Sobre quién?

—Alessandro Torres.

Silencio.

Breve.

Extraño.

—¿Torres?

—Sí.

—Entendido.

—Y rápido.

—Por supuesto.

La llamada terminó.

Pero la sensación incómoda permaneció.

Porque mi intuición rara vez se equivocaba.

Y algo me decía que aquel hombre estaba relacionado con asuntos mucho más grandes de lo que Samantha imaginaba.

---

Aquella noche fui a la mansión D'Angelo.

No porque quisiera.

Porque estaba obligado.

Como siempre.

La enorme residencia brillaba bajo las luces doradas del jardín.

Perfecta.

Imponente.

Y completamente incapaz de sentirse como un hogar.

Entré.

Un empleado tomó mi saco.

Y avancé hacia el despacho de mi abuelo.

Cuando llegué, la puerta estaba entreabierta.

Las voces llegaron antes que yo.

—Leonardo sigue sin aparecer.

Me detuve.

Porque aquello era extraño.

Muy extraño.

Leonardo desaparecía con frecuencia.

Pero nunca durante tanto tiempo.

—Lo encontraremos.

La voz de mi abuelo sonó fría.

Controlada.

Peligrosa.

—La boda no puede cancelarse.

Boda.

Fruncí el ceño.

¿Otra vez?

Entré.

Las conversaciones murieron inmediatamente.

Como siempre ocurría cuando yo aparecía.

—Viktor.

—Abuelo.

Tomé asiento.

Y observé a todos los presentes.

Tíos.

Primos.

Abogados.

Consejeros.

Demasiada gente para una simple reunión familiar.

Mala señal.

—¿Ocurre algo?

Nadie respondió.

Lo cual respondió la pregunta perfectamente.

—¿Qué pasa?

Mi abuelo entrelazó las manos.

—Leonardo sigue desaparecido.

—Lo escuché.

—Y eso crea un problema.

—Uno de muchos.

Aquella observación no fue bien recibida.

Nunca lo eran.

—La unión con la familia Romano es importante.

Ahí estaba.

La verdadera razón.

Negocios.

Siempre negocios.

—Lo imagino.

—Más de lo que crees.

Lo observé en silencio.

Esperando.

Porque sabía que aún no había terminado.

Y tenía razón.

—Si Leonardo no aparece...

Una pausa.

Demasiado larga.

Demasiado calculada.

—Necesitaremos una alternativa.

Por un instante nadie habló.

Nadie respiró.

Nadie se movió.

Y entonces comprendí.

—No.

La palabra salió automáticamente.

Instintivamente.

Porque sabía exactamente lo que estaba pensando.

—No he dicho nada.

—No hace falta.

—Escúchame.

—No.

Mi abuelo me sostuvo la mirada.

Y aquella vieja batalla volvió a surgir entre nosotros.

La misma de siempre.

La del nieto que nunca fue suficiente.

Y el patriarca incapaz de aceptar un no por respuesta.

—La familia necesita estabilidad.

—La familia necesita terapia.

Algunas personas evitaron reírse.

Otras intentaron fingir que no habían escuchado.

Mi abuelo no se movió.

—No es una broma.

—Yo tampoco estoy bromeando.

Silencio.

Tenso.

Incómodo.

Peligroso.

Finalmente me puse de pie.

—Si terminamos, tengo trabajo.

—Siempre estás trabajando.

—Alguien tiene que hacerlo.

Aquello fue un golpe bajo.

Lo sabía.

Pero ya estaba cansado.

Cansado de las manipulaciones.

Cansado de las expectativas.

Cansado de un apellido que parecía decidir mi vida antes de que pudiera hacerlo yo.

---

Cuando abandoné la mansión ya era tarde.

Demasiado tarde.

La ciudad brillaba bajo la noche.

Y por primera vez en mucho tiempo no quise volver a mi apartamento.

Conduje sin rumbo.

Simplemente conduje.

Pensando.

Intentando ordenar mis ideas.

Hasta que terminé frente a un lugar familiar.

Crema Chantilly.

Por supuesto.

Porque últimamente todos los caminos parecían conducir allí.

Las luces estaban apagadas.

La pastelería ya había cerrado.

Pero una figura seguía dentro.

Samantha.

Sentada junto a la ventana.

Revisando documentos.

Sola.

Me quedé observándola desde el automóvil.

Solo unos segundos.

Quizá un minuto.

Tal vez más.

Y comprendí algo que llevaba semanas intentando ignorar.

Cuando estaba con ella...

Todo parecía más sencillo.

El peso desaparecía.

Las responsabilidades se volvían más ligeras.

Las heridas más antiguas dejaban de doler.

Y eso era peligroso.

Porque las personas como yo no podían permitirse depender de nadie.

Mucho menos de una mujer que discutía conmigo por cualquier cosa.

Mucho menos de Samantha Torres.

Mi teléfono vibró.

Un mensaje de Clara.

Lo abrí.

Y el contenido hizo desaparecer cualquier rastro de calma.

"Encontramos información sobre Alessandro Torres. Debe verla inmediatamente."

Mi mandíbula se tensó.

Porque conocía ese tono.

Y sabía exactamente lo que significaba.

Problemas.

Problemas enormes.

Miré una última vez hacia la pastelería.

Hacia Samantha.

Hacia la mujer que todavía no tenía idea de la tormenta que se acercaba.

Y por primera vez sentí algo muy parecido al miedo.

Porque si la información era correcta...

Los secretos de la familia Torres estaban conectados con algo mucho más oscuro.

Y el apellido D'Angelo también estaba involucrado.

Mucho más de lo que cualquiera imaginaba.

Fin del capítulo 14...☕

1
Dany 🇨🇱🥰
jajajaja 🤣🤣
Náyade
pobre Samantha 😅
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play