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Me Casé Con Un Viejo Millonario

Me Casé Con Un Viejo Millonario

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Matrimonio arreglado / Romance
Popularitas:11.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Autora_23

Pamela, orgullosa y arrogante, humilla en público al señor Fitwilliam, un supuesto “hombre viejo” que resulta ser un multimillonario frío, poderoso y mucho más peligroso de lo que aparenta.
Como castigo, su padre la obliga a casarse con él.
Ahora vive atrapada en un matrimonio forzado con el hombre al que despreciaba… y al que desafía a cada instante. Pero Fitwilliam no es de los que pierden el control. Ni de los que olvidan.
Entre orgullo y poder, solo una cosa es segura: uno de los dos terminará cayendo primero.

NovelToon tiene autorización de Autora_23 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 14: La decoración de la guerra

Teresa dio un paso hacia ella, con la mirada encendida de enojo.

—Te aseguro que cuando Maximiliano vea esto, no vas a querer estar aquí —advirtió Teresa con voz severa.

Pamela se acercó un poco más, sin intimidarse.

—Wow… qué graciosa —soltó con una risita burlona—. No me intimida ni usted doña Marga, ni el viejo gruñón. Pero cuénteme, ¿usted es la encargada oficial de meterse en todo?

Teresa la miró con los ojos entrecerrados, claramente ofendida por el tono.

—Cuida muy bien cómo me hablas —dijo Teresa con voz fría, dando un paso hacia ella—. Aunque no lo creas, damisela, yo tengo un lugar muy importante en la vida de Maximiliano.

La miró de arriba abajo con evidente desprecio.

—Y si crees que tienes algún peso aquí… estás equivocada. No eres más que una esposa de fachada.

Pamela rió bajito.

—Qué raro… porque una “fachada” no suele molestar tanto a las personas importantes.

La miró fija.

—A menos que no seas tan importante como dices.

Teresa se quedó completamente ofendida, sin palabras por un segundo. Su rostro se tensó de rabia, como si estuviera conteniendo todo lo que quería decir.

Dio un paso hacia Pamela, claramente a punto de reaccionar con dureza.

Pero en ese instante, desde lo alto de la mansión, se escuchó el sonido de un automóvil llegando a la propiedad.

Teresa se detuvo de inmediato.

Su expresión cambió al instante, endurecida, como si acabara de decidir algo.

Lanzó a Pamela una mirada llena de advertencia y enojo, prometiendo que aquello no se quedaría así.

Sin decir una sola palabra más, giró sobre sus talones y bajó rápidamente del despacho, decidida a ir a buscar a Maximiliano para contarle lo que había

Pamela observó la reacción de Teresa con una calma fingida. Cuando la vio alejarse apresurada, soltó un leve suspiro, como si todo aquello ya le resultara aburrido.

—Qué dramática… —murmuró para sí misma, encogiéndose de hombros.

Sin darle mayor importancia, salió del despacho y caminó con total tranquilidad por el pasillo superior de la mansión hacia su habitación, como si nada hubiera pasado.

Mientras tanto, en la entrada de la mansión, el sonido del automóvil se detuvo.

La puerta principal se abrió y Maximiliano entró con paso firme, con expresión seria después de un día largo.

Apenas dio unos pasos, Teresa apareció frente a él, claramente alterada.

—Maximiliano… tenemos que hablar —dijo de inmediato, sin rodeos.

Él la miró con calma.

—¿Qué sucede ahora?

Teresa apretó los labios, conteniéndose apenas.

—Tu esposa… si es que así quieres llamarla… ha convertido tu despacho en un circo.

Maximiliano frunció ligeramente el ceño.

—¿De qué estás hablando?

Teresa dio un paso más cerca, con evidente indignación.

—Entró como si nada, llamó a un pintor y cambió absolutamente todo. Las paredes, la decoración… todo. Sin pedir permiso. Sin respetar nada.

Hizo una pausa breve, observándolo con intención.

—Pero claro… supongo que eso es lo que pasa cuando uno deja a alguien sin límites en esta casa.

Maximiliano no respondió a Teresa.

La miró unos segundos con seriedad y subió las escaleras sin decir nada más.

Teresa lo siguió con la vista, esperando su reacción.

Él caminó directo hacia el despacho.

Al llegar, se detuvo frente a la puerta.

Respiró hondo y giró el picaporte.

Entró.

Y se quedó quieto.

Sus ojos recorrieron la habitación lentamente.

Las paredes ya no eran oscuras. Habían sido cambiadas por tonos más claros, con una decoración totalmente distinta.

Plantas, detalles dorados y un estilo que no encajaba con lo que él había dejado.

Maximiliano apretó la mandíbula.

No dijo nada.

Avanzó un par de pasos, mirando todo con frialdad.

—¿Dónde está Pamela? —preguntó de repente, con la voz ruda, sin apartar los ojos del lugar.

Teresa se acercó un poco a la puerta, aún con la molestia contenida.

—Hace un rato estaba aquí… —respondió con frialdad—. Seguro se fue a su habitación como si nada.

.

Maximiliano no respondió.

Salió del despacho con paso firme, con el rostro endurecido, y se dirigió directamente hacia la habitación de Pamela.

Teresa se quedó en el pasillo, viéndolo alejarse.

Una pequeña sonrisa de satisfacción se le formó en los labios.

—Ahora sí vas a ver… —murmuró para sí misma, mientras lo observaba ir a buscar a Pamela..

Maximiliano llegó a la habitación de Pamela sin llamar. Abrió la puerta con firmeza.

Dentro, Pamela estaba sentada en la cama, con las piernas cruzadas, hojeando una revista de moda como si nada pasara en la casa.

Ni siquiera levantó la vista de inmediato.

Hasta que escuchó su voz.

—Explícame… ¿quién te dio derecho a tocar mi despacho? —preguntó con frialdad, sin apartar la mirada.

Pamela dejó la revista a un lado de la cama y se levantó despacio. Luego lo miró directamente, con una sonrisa cargada de intención.

—Sorpresa —dijo con calma, como si nada—. Sabía que te iba a gustar.

Se encogió de hombros con naturalidad, manteniendo esa actitud desafiante.

—Ay, no te preocupes… no tienes por qué agradecerme. Lo hice con mucho gusto.

—No te hagas la inocente, Pamela —respondió con firmeza, intentando controlarse—. No permito que nadie toque mis cosas ni que altere mi despacho.

—Aww… yo juraba que te iba a encantar —dijo Pamela dándole la espalda, con una sonrisa burlona.

Maximiliano avanzó hacia ella, la agarró del brazo y la obligó a girarse. La miró de frente con intensidad, sus ojos azules llenos de molestia contenida.

—Escúchame bien —dijo con voz dura—. Que este matrimonio exista por orgullo o por lo que sea, no te da permiso para meterte en mis cosas.

Pamela lo miró con el ceño fruncido, molesta por la forma en que la había girado.

Se soltó del agarre con un movimiento rápido y levantó la barbilla con orgullo, sin apartar la mirada de él.

—Jajaja… entonces dime, ¿qué quieres que haga en esta casa tan aburrida? —dijo con total desparpajo—. Por el simple hecho de haberme casado con un viejo aburrido, amargado y sin gracia… qué suerte la mía.

Se acercó un paso, con la barbilla en alto.

—Obviamente, te diré algo, Maximiliano Santorini… yo no pienso ser la esposa perfecta que te imaginas.

Hizo una pausa, sonriendo con ironía al traer a su mente lo que él dijo sobre su unión.

—Aunque este matrimonio sea por orgullo o por lo que sea.

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Yadira
Me gusta la historia pero lo que me molesta es que Pamela sea tan berrinchuda, eso enfada
Yadira
Me encanta la pareja,a esperar haber que pasa en el siguiente capítulo esperemos y se reconcilien
Vale Kim
Mas capítulo por favor 🙏🏾
Estefanía Vanesa Flores Espino
hay que pena😭😭😭😭 no me pierdo ni un capítulo 🥰🥰
BRESCIA BRENDA MIRANDA MARAZA
eso es todo, falta terminar
Yadira
Me encanta la historia y me gusta que la protagonista no sea una mujer sumisa que tenga carácter
Vale Kim
🥰🥰🥰 estoy encantada 🤩 felicidades a la autora ✍️
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