NovelToon NovelToon
PACTO DE PIEL Y SANGRE

PACTO DE PIEL Y SANGRE

Status: En proceso
Genre:Romance / Posesivo / Venganza
Popularitas:423
Nilai: 5
nombre de autor: Paula_noches de tintas

Empezó como una partida silenciosa de ajedrez, un juego peligroso de miradas calculadas, provocaciones sutiles y movimientos estudiados para ver quién caía primero. Cada palabra era un peón avanzado con premeditación; cada roce, una jugada de distracción en un tablero invisible donde ninguno de los dos estaba dispuesto a ceder el primer jaque mate.

Pero se descuidaron. En el juego de adivinar las intenciones del otro, el orgullo se fracturó y el tablero terminó por romperse. Ya no quedaban estrategias ni tácticas de defensa, solo la certeza desesperada de que, de tanto jugar a lastimarse, habían terminado enredados en un amor tan intenso y ciego que quemaba, incapaces de rendirse aunque perder significara entregarlo todo.

NovelToon tiene autorización de Paula_noches de tintas para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Declaración de independencia

Me quedé petrificada frente a la pantalla del teléfono, leyendo y releyendo la última línea una y otra vez como si las palabras fuesen a cambiar de forma. El viejo encendedor plateado con grabado de ancla...

Un destello de memoria me transportó de golpe a aquella noche frenética en el puerto de Corea, al frío cortante del viento marino y al momento exacto en que, entre el caos y la huida, había perdido de vista aquel pequeño objeto que tanto significaba para mí. Jamás imaginé que él lo hubiera guardado, mucho menos que lo usaría ahora como una firma indiscutible para demostrarme que, a miles de kilómetros de distancia, seguía presente.

El pecho se me anudó con una mezcla de desconcierto, asombro y una extraña sensación de seguridad. Era evidente que no estaba sola, aunque la idea de que alguien me vigilara tan de cerca —incluso con buenas intenciones— me erizaba la piel.

Con los dedos aún temblorosos, abrí el chat dispuesta a escribirle algo, a exigirle respuestas, a preguntarle cómo demonios había conseguido mi número personal o desde qué rincón del mundo me escribía. Sin embargo, justo antes de que mis pulgares pudieran teclear la primera letra, la pantalla parpadeó.

El mensaje había desaparecido. El chat quedó completamente vacío, como si nunca hubiera existido notificación alguna.

—Pero qué... —murmuré en voz baja, soltando un suspiro frustrado mientras golpeaba levemente el teléfono contra la palma de mi mano.

Dejé caer el aparato sobre la cama y me pasé las manos por el rostro, intentando calmar los latidos acelerados de mi corazón. La madrugada se había vuelto demasiado larga y mi cabeza parecía a punto de estallar entre los secretos de Fabián, la inminente tensión entre Noah y Laila, el coqueteo constante con Axel y, ahora, este fantasma de ojos azules reapareciendo desde el otro lado del mundo con un encendedor plateado.

Me levanté de la cama y caminé hacia la ventana de mi habitación, abriéndola un poco para dejar entrar la fresca brisa nocturna de Nueva York. Allá abajo, la ciudad dormía bajo un manto de luces titilantes, pero en mi interior, la tormenta apenas comenzaba a tomar fuerza.

Si aquel misterioso protector estaba de vuelta en mi órbita, significaba que el peligro del que tanto intentaban alejarme mis hermanos era mucho más real de lo que pensaba. Y lo peor de todo es que, por primera vez, no sabía si debía correr a esconderme o averiguar qué era lo siguiente que tenía preparado el destino.

El zumbido constante del teléfono sobre la mesita de noche me arrancó de un sueño pesado. Eran pasadas las tres de la madrugada, y al desbloquear la pantalla, el nombre de Axel brillaba en la oscuridad.

Deslicé el dedo para contestar, esperando cualquier tontería, pero su voz ronca y divertida llenó la línea de inmediato:

—Ven a mi departamento, reina. Tengo chocolate caliente y cero ganas de dormir solo.

Solté una carcajada ahogada, frotándome los ojos mientras me ponía el primer suéter que encontré en la silla.

—¿Estás demente, Axel? Son las tres de la mañana. ¿Te crees repartidor de medianoche?

—Un repartidor con mejores vistas y mucha más paciencia —respondió con esa arrogancia encantadora que era imposible de ignorar—. Te espero.

Veinte minutos después, ya estaba cruzando la puerta de su loft. Apenas cerré tras de mí, dejé caer la cartera en el recibidor y lo encontré esperándome con dos tazas humeantes en las manos, vistiendo unos pantalones deportivos y una sudadera gris.

Al verme, esbozó una sonrisa torcida y se acercó para rodearme la cintura con un brazo, pegándome a su pecho mientras me entregaba el chocolate.

—Valió la pena conducir hasta acá a estas horas, ¿ves? —bromeó, dándome un beso rápido en la frente.

Rodé los ojos con una sonrisa inevitable, dejé la taza sobre la mesa del comedor y lo tiré del cuello de la sudadera para besarlo como se debía, disfrutando de la paz de la madrugada neoyorquina y de estar exactamente donde quería estar.

El mundo exterior parecía detenerse cada vez que cruzaba esa puerta. Afuera, el ritmo implacable de Nueva York no descansaba nunca, con sus taxis amarillos deslizándose sobre el asfalto mojado y las luces de neón parpadeando en la lejanía. Pero dentro de aquel loft, el ruido del universo se apagaba para dejar espacio únicamente a nuestro propio compás.

Axel me sostuvo contra su pecho un instante más, como si quisiera asegurarse de que realmente estaba allí, compartiendo el calor de la madrugada. Sus dedos se deslizaron con una suavidad infinita por mi espalda, trazando líneas invisibles que hacían que cada terminación nerviosa de mi piel despertara. No hacía falta decir nada; el silencio entre nosotros nunca era incómodo, sino un refugio construido a base de miradas cómplices y sonrisas que solo nosotros entendíamos.

—¿En qué tanto piensas, reina? —murmuró contra mi cabello, con esa voz baja y ronca que tenía el poder exacto de desarmar todas mis defensas.

Levanté la mirada, encontrándome con esos ojos oscuros que parecían leer cada uno de mis pensamientos antes de que pudiera pronunciarlos. Apoyé las manos firmemente en su pecho, sintiendo el ritmo constante y seguro de su corazón debajo de la tela suave de su sudadera.

—Pienso en lo absurdamente fácil que es perderme contigo —admití con una honestidad que me sorprendió incluso a mí, dejando escapar una pequeña sonrisa—. Con todo el caos que hay allá afuera, con mis hermanos siempre queriendo controlar cada segundo de mi vida... Contigo todo se desacelera. Eres mi lugar seguro, Axel. Y eso me asusta un poco, pero me gusta muchísimo más.

Una expresión de genuina ternura cruzó su rostro, desvaneciendo cualquier rastro de la arrogancia juguetona con la que solía recibirme. Inclinó el rostro despacio, permitiendo que la distancia entre nuestros labios se redujera a nada, hasta rozarlos en una promesa silenciosa antes de hablar.

—No tienes que tener miedo de nada, Natalia —susurró contra mi boca, con una devoción tan intensa que me hizo temblar—. Pueden cambiar las reglas, pueden intentar buscarnos los hermanos más protectores del mundo o pueden llover meteoritos sobre Manhattan... pero yo nunca voy a soltarte. Eres mi casualidad favorita convertida en mi certeza más absoluta.

Cuando sus labios se unieron a los míos, el beso no tuvo nada de prisa. Fue un encuentro tierno, profundo, de esos que te roban el aliento y te curan las dudas. Sus manos acunaron mi rostro con una delicadeza inmensa, como si fuera lo más valioso del planeta, mientras el mundo entero se reducía al calor de su piel, al sabor del chocolate dulce y a la certeza absoluta de que, en medio de la inmensidad de la gran ciudad, habíamos encontrado exactamente el hogar que ninguno de los dos sabía que estaba buscando.

Pasar el fin de semana entero atrapados en el loft de Axel se convirtió en la mejor decisión del mundo. Sin horarios, sin alarmas y con la ciudad de Nueva York desplegándose tras los grandes ventanales como un telón de fondo perfecto, los días fluyeron entre risas, maratones de películas en el sofá envueltos en mantas, desayunos a deshora y largas conversaciones donde parecíamos descubrir un rincón nuevo del otro con cada palabra.

Estábamos sentados en la alfombra de la sala, compartiendo una porción de pizza mientras Axel me enredaba un mechón de cabello en el dedo, cuando el teléfono vibró sobre la mesa de centro con insistencia.

Era Noah.

Seguramente ya se había dado cuenta de mi ausencia prolongada y su modo «sargento protector» debía estar al límite. Miré la pantalla y luego a Axel, quien detuvo el movimiento de su mano y me dedicó una sonrisa cómplice, llena de apoyo silencioso.

—Es hora de enfrentar al ejército, ¿no? —bromeó Axel con una ceja alzada.

Tomé aire profundamente, decidida. Tenía razón. Ya era hora de poner límites claros y dejar de huir como si estuviera haciendo algo malo. Desbloqueé el teléfono, abrí el chat de mi hermano y comencé a escribir con total seguridad:

«Hola, Noah. Sé que probablemente estés a punto de activar una alerta de búsqueda o mandar drones a sobrevolar Manhattan, así que te escribo para calmarte. Estoy bien. Voy a pasar el fin de semana en el departamento de Axel.

Quiero pedirte de corazón que bajes un cambio con la sobreprotección. Ya no soy una niña pequeña, sé cuidarme perfectamente y aquí estoy más que segura y feliz. Agradezco infinito que siempre estés al pendiente de mí, de verdad lo valoro, pero ya no hace falta que me vigiles cada segundo. Te quiero».

Presioné enviar y dejé el teléfono boca abajo sobre la mesa, con el corazón latiendo un poco más rápido de lo normal por la adrenalina del momento.

Axel se inclinó hacia mí, rodeándome la cintura con un brazo para pegarme a su pecho y depositando un beso suave en mi sien.

—¿Muy intimidante? —preguntó en un murmullo tierno.

Negué con la cabeza, apoyando el rostro contra su hombro mientras sentía una paz enorme invadirme por dentro.

—Para nada... Se siente bien. Oficialmente, acabo de declarar mi independencia —admití con una sonrisa radiante.

Antes de que Noah pudiera responder al mensaje —y conociéndolo, probablemente tardaría unos segundos en procesarlo antes de intentar replicar—, Axel me arrebató un trozo de pizza con picardía y me tiró hacia atrás sobre los cojines entre risas.

1
Michel Yandi
me encanta esta historia 🦆✨
Paula Nuñez: ¡Muchísimas gracias por tu apoyo! Me alegra un montón que te esté gustando la historia. Si te atrapó, te invito a pasar por mi perfil para que le eches un vistazo a mis otras novelas. ¡Seguro que también te van a encantar! ❤️✨
total 1 replies
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play