Cassandra López tiene veinticuatro años, una montaña de deudas sobre los hombros, unos padres jubilados a los que ayudar y un sueldo que apenas le alcanza para sobrevivir. Cada día es una lucha por llegar a fin de mes, hasta que una inesperada propuesta en una clínica de fertilidad pone su mundo patas arriba.
Un millón de dólares.
Esa es la cifra que le ofrecen por alquilar su vientre y gestar al hijo de un hombre que parece tenerlo todo: dinero, poder y un apellido capaz de hacer temblar a cualquiera. Un hombre tan apuesto como arrogante, tan misterioso como peligroso. Un Alfa acostumbrado a dar órdenes y conseguir siempre lo que desea.
Para Cassandra, aceptar parece la solución perfecta a todos sus problemas. Nueve meses a cambio de una fortuna. Un contrato, unas cuantas reglas y una promesa: no involucrarse emocionalmente.
NovelToon tiene autorización de Dalia Hache para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 11
Damián abandonó el despacho minutos después de que Victoria saliera echando chispas. La mañana transcurrió en absoluta calma, tal como se había estipulado. En la casa de huéspedes, doña Elena terminó de organizar la pequeña cocina con la ayuda de la señora Martha, mientras don Mateo caminaba por el porche, respirando el aire fresco de la colina.
A las once en punto, la doctora jefe de la clínica *Valentin*, acompañada por una enfermera que transportaba un equipo de ultrasonido portátil de última generación, tocó a la puerta del ala sur.
—Buenos días, señorita López —saludó la especialista con tono profesional y amable—. Es hora de su revisión de control y de su primera ecografía en forma.
Doña Elena acomodó de inmediato las almohadas del sofá para que Cassandra se recostara cómodamente. Cassandra se levantó el borde de la blusa, dejando al descubierto su vientre plano y suave. La doctora aplicó el gel conductor sobre su piel, provocándole un leve escalofrío por la temperatura fría del líquido, y comenzó a deslizar el transductor con suavidad.
En cuestión de segundos, la pantalla de alta definición del ecógrafo se encendió, mostrando una imagen en tonos grises. Un sonido rítmico, rápido y acelerado —como el galope de un pequeño caballo en la distancia— llenó el silencio de la habitación.
*Tuc-tuc-tuc-tuc-tuc.*
Cassandra contuvo el aliento. Sus ojos marrones se abrieron con asombro y una lágrima silenciosa rodó por su mejilla. Doña Elena se llevó las manos a la boca, ahogando un sollozo de emoción, mientras don Mateo se acercaba lentamente, contemplando la pequeña mancha blanca que parpadeaba en la pantalla.
—Ahí está —sonrió la doctora, señalando el monitor—. El saco gestacional está perfectamente implantado y el embrión tiene un latido cardíaco fuerte y sumamente estable. Todo avanza de manera impecable.
Cassandra miró la pequeña figura en la pantalla y sintió una punzada de curiosidad y temor contenida. Recordó las palabras de Damián, la forma en que los patriarcas hablaban de él y la presencia abrumadora que imponía el multimillonario en cada lugar que pisaba.
—Doctora... —habló Cassandra en un hilo de voz, sin apartar los ojos de la pantalla—. Puedo hacerle una pregunta... ¿sobre lo que significa llevar en el vientre al hijo de un Alfa puro?
La especialista detuvo un instante el movimiento de su mano, mirando a Cassandra con serenidad profesional antes de responder.
—Por supuesto, Cassandra. Es perfectamente natural que tengas dudas sobre la fisiología de esta gestación.
—¿Es diferente a un embarazo normal? —preguntó la joven, apretando ligeramente la mano de su madre—. Escucho todo el tiempo que Damián es un Alfa de linaje puro... ¿En qué afecta eso al bebé? ¿En cuánto tiempo llegará a este mundo?
La doctora asintió con paciencia, limpiándole el exceso de gel del abdomen con una toalla suave antes de explicarse.
—Traer al mundo a la descendencia de un Alfa de sangre pura como Damián Rossi implica ciertos factores genéticos y biológicos muy particulares —comenzó la especialista—. En primer lugar, la tasa de desarrollo inicial es mucho más vigorosa. Aunque el periodo de gestación sigue el curso humano estándar de nueve meses —o cuarenta semanas—, la actividad celular y el crecimiento óseo del bebé suelen ser más acelerados a partir del segundo trimestre debido a la dominancia genética del Alfa.
—¿Y el parto? —intervino doña Elena con preocupación de madre—. ¿Habrá complicaciones para mi hija por la contextura de la criatura?
—Monitorearemos el peso y la talla semana a semana —tranquilizó la médica a la anciana—. Los hijos de Alfas puros nacen con una densidad ósea y una vitalidad superiores a la media, pero el cuerpo de Cassandra está respondiendo de manera idónea. Además, el instinto de protección genética del Alfa no solo actúa externamente, sino también a nivel biológico: el embrión libera hormonas que fortalecen el sistema inmune de la madre durante toda la gestación, protegiéndola de infecciones o debilidades severas.
Cassandra escuchaba cada palabra con atención, procesando el impacto de lo que llevaba dentro. No era solo un bebé; era la semilla de una estirpe dominante, dotada de una fuerza genética implacable desde su origen.
En ese momento, la puerta de la casa de huéspedes se abrió con parsimonia. Damián Rossi ingresó a la estancia. Se había quitado el saco del traje y llevaba las mangas de la camisa blanca recogidas, revelando los antebrazos fuertes. Su presencia, grave y magnética, llenó de inmediato el espacio.
—¿Cómo salieron los análisis, doctora? —preguntó el Alfa, deteniéndose al pie de la camilla improvisada y mirando directamente a la pantalla del ultrasonido.
—Excelentes noticias, señor Rossi —respondió la médica, guardando los instrumentos en su maletín—. El latido es sumamente fuerte, la implantación es perfecta y la señorita López goza de una salud envidiable.
Damián permaneció en silencio, con los ojos clavados en la imagen del monitor donde aún parpadeaba la pequeña silueta de su heredero. Por una fracción de segundo, la frialdad de su rostro pareció suavizarse ante la certeza innegable de su propia sangre cobrando vida en el vientre de la joven.
—Bien —dijo Damián con su habitual voz profunda, volviendo a mirar a Cassandra—. Mantengan el régimen de alimentación y el descanso estricto. Cualquier cambio, por mínimo que sea, me lo notifican de inmediato.
Cassandra bajó la tela de su blusa y se incorporó despacio, sosteniéndole la mirada al Alfa. El latido que acababa de escuchar retumbando en la estancia le confirmó que, aunque su contrato tenía un límite de tiempo, la huella de esa criatura y del hombre que la había engendrado la acompañaría para siempre.
Cassandra yo también 😭😭
Gracias Dalia excelente historia
Bendiciones
Para tu veneno acá encontrarás el antídoto, me encanta porque Cassandra no se deja 👏👏 Gracias Dalia bendiciones 🙏🙏🙏