NovelToon NovelToon
Mi Destinada

Mi Destinada

Status: En proceso
Genre:Hombre lobo / Mafia / Posesivo
Popularitas:4.5k
Nilai: 5
nombre de autor: maleramram

Dante Vassari es un poderoso alfa y jefe de una de las organizaciones mafiosas más temidas. Hace años perdió el olfato tras un misterioso atentado, y con él perdió toda posibilidad de encontrar a su destinada. Hasta que una nueva becada llega a su empresa. Aria Moretti es inteligente, obstinada y demasiado sincera para su propio bien. No le teme a Dante y no duda en señalar los errores de sus proyectos, aunque eso signifique enfrentarse al hombre más poderoso de la empresa. Lo que ninguno de los dos sabe es que su encuentro no es una casualidad. Porque quizá la destinada que Dante lleva años buscando siempre estuvo más cerca de lo que imaginaba.

NovelToon tiene autorización de maleramram para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Proyecto

El lunes por la mañana, Aria llegó a su escritorio como cualquier otro día.

Café.

Computadora.

Documentos.

Auriculares.

Nada diferente.

Hasta que una sombra se detuvo frente a su escritorio.

Aria levantó la mirada.

Y tuvo que inclinar un poco la cabeza hacia atrás.

Dante Vassari.

—Señor Vassari.

—A mi oficina.

Ella parpadeó.

—¿Ahora?

—Ahora.

Dante se marchó sin esperar respuesta.

Aria miró la pantalla durante un segundo.

Luego suspiró.

—Genial.

La oficina de Dante estaba tan silenciosa como siempre.

Él permanecía detrás de su escritorio, revisando varios documentos.

Aria entró y cerró la puerta.

—Me llamó.

—Sí.

Dante levantó la mirada.

—Siéntate.

Aria obedeció.

Sobre el escritorio había una carpeta negra.

Dante la deslizó hacia ella.

—¿Sabes qué es?

Aria la abrió.

Sus ojos recorrieron rápidamente las primeras páginas.

—El proyecto de expansión de la división inmobiliaria.

—Exacto.

Ella continuó leyendo.

Era uno de los proyectos más importantes que Vassari Group estaba preparando para ese año.

Una expansión hacia tres ciudades.

Una inversión enorme.

Cientos de millones.

Aria levantó lentamente la mirada.

—¿Qué tiene que ver conmigo?

—Quiero que lo analices.

Ella volvió a mirar la carpeta.

—¿Todo?

—Todo.

—¿Finanzas?

—Sí.

—Proyecciones.

—Sí.

—Riesgos.

—También.

Aria pasó otra página.

—¿Y qué espera exactamente de mí?

Dante se recostó en su silla.

—Que encuentres lo que los demás no encontraron.

Ella lo miró fijamente.

—¿Me está poniendo a prueba?

—Sí.

La respuesta fue tan directa que Aria no pudo evitar una pequeña sonrisa.

—Al menos es honesto.

Dante entrecerró los ojos.

—No confundas honestidad con amabilidad, Moretti.

—No lo hago.

—Bien.

Aria volvió a mirar los documentos.

—¿Cuánto tiempo tengo?

—Una semana.

Ella levantó la mirada inmediatamente.

—¿Una semana?

—¿Es demasiado?

Aria cerró lentamente la carpeta.

—No.

—¿Entonces?

—Es poco.

Dante arqueó una ceja.

—¿Poco?

—Para analizar correctamente una operación de este tamaño, sí.

—¿Y cuánto necesitarías?

Aria pensó unos segundos.

—Diez días.

—Tienes siete.

—Entonces tendrá un análisis preliminar en siete.

Dante la observó.

—¿Y el definitivo?

—Cuando tenga toda la información necesaria.

—No tendrás más tiempo.

Aria sostuvo su mirada.

—Entonces tendrá que aceptar que algunas conclusiones serán provisionales.

Dante permaneció en silencio.

Otra persona probablemente habría aceptado sin discutir.

Aria acababa de negociar el plazo de un proyecto que ni siquiera le correspondía.

Y, extrañamente, eso le gustó.

—Bien —dijo finalmente—. Siete días.

Aria tomó la carpeta.

Se levantó.

—¿Algo más?

—Sí.

Ella esperó.

—No quiero que hagas lo que otros hicieron.

—¿Qué hicieron?

—Miraron los números.

Aria frunció el ceño.

—¿Y qué quiere que haga yo?

Dante la miró directamente.

—Quiero que me digas si el proyecto vale la pena.

Aria se quedó quieta.

Aquello era diferente.

No le estaba pidiendo que corrigiera una hoja de cálculo.

Le estaba dando permiso para cuestionar una decisión empresarial importante.

—¿Incluso si mi conclusión es que no?

—Especialmente si es que no.

Aria asintió lentamente.

—Entonces necesitaré acceso a todos los informes.

—Los tendrás.

—Incluidos los contratos preliminares.

—Sí.

—Los estudios de mercado.

—También.

—Y los informes de las tres ciudades.

Dante sonrió apenas.

—¿Algo más?

Aria pensó.

—Probablemente.

—Lo imaginé.

Ella tomó la carpeta.

—Entonces comenzaré.

Cuando llegó a la puerta, la voz de Dante la detuvo.

—Moretti.

Aria giró.

—¿Sí?

—No me interesa que me demuestres que eres buena.

Ella frunció ligeramente el ceño.

—¿Entonces?

—Demuéstrame que puedo confiar en tu criterio.

Por primera vez desde que había entrado, Aria no tuvo una respuesta inmediata.

Solo asintió.

—Lo haré.

Y salió.

......................

Dante permaneció sentado después de que la puerta se cerrara.

Había esperado verla nerviosa.

Había esperado que preguntara si realmente podía hacerlo.

Había esperado, incluso, que rechazara el proyecto por considerarlo demasiado grande.

Pero no.

Había aceptado.

Y había negociado.

Como si aquello fuera una conversación entre iguales.

Dante miró la puerta.

—Interesante.

Uno de sus hombres entró unos minutos después.

—¿Señor?

—Moretti tiene el proyecto de expansión.

El hombre se quedó sorprendido.

—¿La becaria?

Dante levantó la mirada.

—No vuelvas a llamarla solamente becaria.

—Sí, señor.

—Quiero todos sus avances sobre mi escritorio cada tarde.

—¿Quiere supervisarla?

Dante guardó silencio.

No sabía exactamente qué quería.

Quizá comprobar si su intuición había sido correcta.

Quizá averiguar si aquella inteligencia era tan grande como parecía.

O quizá simplemente quería entender por qué una mujer que apenas llevaba una semana en su empresa había conseguido despertar una curiosidad que no sentía por nadie desde hacía años.

—Quiero saber cómo piensa —respondió finalmente.

Su hombre asintió y salió.

Dante volvió a sus documentos.

Pero aquella vez no consiguió concentrarse demasiado.

Porque, por primera vez, había entregado a alguien una oportunidad para demostrarle que estaba equivocado.

Y algo dentro de él quería desesperadamente que Aria lo estuviera.

Aunque todavía no entendía por qué.

......................

En su escritorio, Aria abrió la enorme carpeta.

La primera página decía:

PROYECTO VASSARI — EXPANSIÓN INTERNACIONAL.

Aria respiró profundamente.

—Bien.

Tomó un bolígrafo.

—Veamos qué estás escondiendo.

Y comenzó a leer.

Sin saber que, antes de que terminara aquella semana, iba a encontrar algo que podía poner en duda no solo el proyecto…

sino una parte importante del imperio de Dante Vassari.

......................

Aria descubrió rápidamente que trabajar en el proyecto de expansión era muy diferente a simplemente revisar informes.

Había demasiados números.

Demasiadas variables.

Y, sobre todo, demasiadas personas que parecían tener algo que ocultar.

Durante dos días prácticamente no salió de su escritorio.

Revisó contratos.

Comparó proyecciones.

Estudió los mercados de las tres ciudades.

Hizo llamadas.

Pidió documentos.

Y encontró pequeñas inconsistencias.

Nada suficientemente grave.

Todavía.

Pero había algo que no encajaba.

La tercera noche, cuando casi todos se habían marchado, Aria seguía frente a su computadora.

Tenía varios informes abiertos.

Un vaso de café frío.

El cabello recogido de cualquier manera.

Y una expresión de concentración que hacía que olvidara por completo la hora.

—Sigues aquí.

Aria levantó la mirada.

Dante estaba frente a su escritorio.

Miró el reloj.

—Son las nueve.

—Lo sé.

—Tu horario terminó hace tres horas.

—El proyecto no.

Dante observó los documentos sobre su mesa.

—¿Qué encontraste?

—Todavía no estoy segura.

—Entonces no encontraste nada.

Aria frunció el ceño.

—No exactamente.

Dante apoyó una mano sobre el escritorio.

—Explícate.

Ella giró la computadora hacia él.

—Las proyecciones de crecimiento de la tercera ciudad son demasiado optimistas.

—Ya lo sé.

Aria parpadeó.

—¿Lo sabe?

—Por eso quiero tu análisis.

—Entonces, ¿por qué aprobaron esas cifras?

Dante la miró.

—Porque todavía no sabemos si son incorrectas.

Aria señaló la pantalla.

—Yo creo que sí.

—Crees.

—Tengo argumentos.

—No es lo mismo.

Aria se recostó en la silla.

—¿Siempre tiene que tener la última palabra?

—Generalmente.

—Eso debe ser agotador.

Dante la miró fijamente.

Aria sostuvo su mirada.

Un segundo.

Dos.

Ninguno apartó los ojos.

Hasta que Dante dijo:

—Tienes una tendencia peligrosa a olvidar con quién estás hablando.

—Y usted tiene una tendencia peligrosa a creer que tener autoridad significa tener siempre la razón.

Silencio.

Aria supo inmediatamente que había ido demasiado lejos.

Pero no retrocedió.

Dante tampoco.

Algo en su expresión había cambiado.

No parecía enfadado.

Era peor.

Parecía interesado.

—¿Crees que estoy equivocado?

—En esto, sí.

Dante tomó el informe.

—Demuéstramelo.

Aria se puso de pie.

—Con gusto.

.....................

Media hora después, estaban los dos frente a la misma pantalla.

Aria explicaba las cifras.

Dante escuchaba.

Cada vez que ella señalaba un dato, él hacía una pregunta.

Cada pregunta era más complicada que la anterior.

Aria respondía.

Él insistía.

Ella volvía a responder.

Era como una partida de ajedrez.

Y ninguno quería ser el primero en ceder.

—Aquí —dijo Aria, señalando una tabla—. Este crecimiento está basado en una demanda que todavía no existe.

—Está basada en estudios de mercado.

—De hace ocho meses.

—Siguen siendo válidos.

—No después del cambio de regulación.

Dante se acercó a la pantalla.

—La regulación no afecta a este sector.

—Indirectamente sí.

—¿Cómo?

Aria tomó una hoja.

—Porque cambia los costos de transporte.

Dante la miró.

—Eso es una suposición.

—No.

Aria abrió otro documento.

—Es una consecuencia.

Le mostró los cálculos.

Dante los revisó.

Su expresión se volvió seria.

Aria cruzó los brazos.

—¿Y?

Él levantó la mirada.

—Continúa.

Ella sonrió apenas.

—¿Eso significa que tenía razón?

—Significa que continúes.

—Eso sonó mucho a que tenía razón.

Dante entrecerró los ojos.

—No abuses.

Aria volvió a sentarse.

—Está bien.

Pero la pequeña sonrisa seguía ahí.

Dante la observó durante unos segundos.

Era extraño.

Con cualquier otra persona, aquella actitud le habría resultado irritante.

Con ella…

También le resultaba irritante.

Solo que de una manera diferente.

Una que no quería reconocer.

Pasaron otros veinte minutos.

Dante seguía de pie detrás de ella.

Demasiado cerca.

Aria podía sentir su presencia.

No sabía por qué eso la ponía nerviosa.

No era miedo.

Eso lo tenía claro.

Era otra cosa.

Algo incómodo.

Algo que aparecía cada vez que él se acercaba demasiado.

Aria movió ligeramente la silla.

Dante lo notó.

—¿Te incomodo?

Ella levantó la mirada.

—No.

—Entonces, ¿por qué te alejaste?

Aria dudó.

—Porque está demasiado cerca.

Dante bajó la mirada hacia ella.

—Pensé que no te intimidaba.

—No me intimida.

—Entonces no deberías tener problema.

Aria sostuvo su mirada.

—Que no me intimide no significa que quiera tenerlo pegado a mi espalda.

Dante se quedó inmóvil.

Por alguna razón, aquella respuesta consiguió sorprenderlo.

Y a Aria también.

Había hablado demasiado rápido.

—Bien —dijo Dante finalmente.

Se apartó.

Aria volvió a concentrarse en la pantalla.

Pero ahora era ella quien tenía dificultades para hacerlo.

......................

A las diez de la noche, Aria finalmente cerró la computadora.

—Tengo suficiente para mañana.

Dante asintió.

—Quiero el informe a las seis.

—Lo tendrá.

Aria comenzó a guardar sus cosas.

—Moretti.

—¿Sí?

—Buen trabajo.

Ella se quedó quieta.

Lo miró.

—¿Eso fue un cumplido?

—No te acostumbres.

Aria sonrió.

—Demasiado tarde.

Dante negó ligeramente con la cabeza.

Ella tomó su bolso y caminó hacia el ascensor.

Cuando las puertas estaban a punto de cerrarse, Dante la detuvo con una mano.

Aria levantó la mirada.

—¿Qué?

Él no respondió inmediatamente.

Por un instante, solo la observó.

Otra vez aquella sensación extraña.

Su lobo se había despertado.

No sabía por qué.

No sabía qué quería.

Solo sabía que cada vez que Aria estaba cerca, aquella parte de él que llevaba años dormida parecía reaccionar.

—Nada —dijo finalmente.

Retiró la mano.

Las puertas se cerraron.

Dante permaneció solo en el pasillo.

Y, por primera vez, se hizo una pregunta que no tenía nada que ver con el proyecto.

¿Por qué quería volver a verla mañana?

......................

En el ascensor, Aria apoyó la espalda contra la pared.

Respiró profundamente.

—Este hombre es imposible.

Pero una sonrisa involuntaria apareció en sus labios.

Porque, aunque jamás lo admitiría…

había disfrutado aquella discusión.

Y eso era precisamente lo que más le preocupaba.

Porque Dante Vassari empezaba a dejar de ser solamente su jefe.

Y Aria todavía no sabía qué hacer con eso.

1
Paola Gonzalez
ME ENCANTA!!💙💙
Lety Nava
me gusta la novela , por favor actualiza para continuar leyendo ,
Paula Giaccaglia
me encanta, pero no entiendo ¿ por qué? hay varias novelas empezadas y ninguna terminada antes de empezar a escribir otra
Maleramram: Me gusta escribir, en verdad las ideas vienes y prefiero plasmarlas en algo antes de perderla
Además , las obras las terminó rápido solo que las dejo en borradores para darles suspenso , es un poco cruel lo siento 😅
Con gusto puedes comentarme alguna otra inquietud con alguna novela y subiré las capítulos
total 1 replies
Paula Giaccaglia
realmente ella es hermosa, él no tanto pero tiene poder y dinero
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play