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LAS DOS CARAS DE LA MONEDA

LAS DOS CARAS DE LA MONEDA

Status: Terminada
Genre:Autosuperación / Amor-odio / Malentendidos / Completas
Popularitas:966
Nilai: 5
nombre de autor: Azly colon

En este juego de espejos, nadie es quien dice ser y la moneda está a punto de caer del lado de la justicia... o del caos.

NovelToon tiene autorización de Azly colon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 14

La noche en el Puerto 7 no era como las noches de gala en el centro. Aquí, la oscuridad era espesa, cargada de salitre, gasóleo y el chirrido constante de las grúas que se movían como esqueletos metálicos contra el cielo nublado. Me bajé del coche a tres manzanas de distancia, vestida con ropa oscura y botas de suela de goma. Elena Valerius, la sofisticada heredera, había quedado guardada en el armario del ático; en su lugar, la interna 4021 había regresado para hacer el trabajo sucio.

Julián me esperaba entre dos contenedores oxidados. Llevaba una gorra calada y un binocular de visión nocturna. Al verme, asintió con una brevedad profesional. Ya no era el mecánico derrotado; era un soldado en una guerra privada.

—Puntual —susurró—. El camión de Suministros Beta acaba de entrar. Es una empresa pantalla de tu padre, ¿verdad?

—Una de tantas —respondí, colocándome a su lado—. Según los libros que audité ayer, ese camión debería traer cemento de alta resistencia para los cimientos de la nueva Torre Norte. Pero el precio que pagaron por él es un 40% inferior al de mercado. Solo hay una explicación.

—Escoria de construcción mezclada con cenizas volantes —escupió Julián—. Es lo que usaron en el bloque de viviendas de San Pedro. El que tuvo grietas estructurales a los dos meses. Mi primo trabajó allí y lo despidieron por preguntar demasiado.

Observamos en silencio cómo cuatro hombres descargaban palés de sacos que no llevaban el sello de certificación internacional. Julián sacó una cámara de alta resolución y empezó a disparar. El flash infrarrojo era invisible a simple vista, pero cada clic era un clavo más en el ataúd corporativo de Arturo.

—Necesito una muestra de ese material —dije—. Las fotos son buenas, pero un análisis de laboratorio independiente es lo que hará que el seguro les retire la cobertura y el ayuntamiento paralice la obra. Eso les costará millones en pérdidas diarias.

—Es arriesgado —advirtió Julián—. Hay guardias armados. Arturo no deja nada al azar cuando se trata de sus ahorros ilegales.

—He pasado cinco años esquivando guardias mucho más peligrosas que estos matones de alquiler, Julián. Quédate aquí y vigila el perímetro. Si veo problemas, silba dos veces.

Me deslicé por las sombras con una agilidad que sorprendió incluso a Julián. La prisión me había enseñado a moverme sin desplazar el aire, a ser una sombra entre sombras. Llegué a la parte trasera del camión mientras los trabajadores descansaban para fumar. Con un cuchillo táctico, rajé uno de los sacos y llené un frasco de cristal con el polvo grisáceo.

Justo cuando cerraba el frasco, escuché pasos. Dos guardias se acercaban charlando.

—...dice el jefe que si esto sale bien, la próxima semana doblamos el envío. La tipa esa suiza ha soltado la pasta y ahora hay prisa por terminar.

—Esa Valerius debe ser tonta o estar muy desesperada —rió el otro—. Pagar tanto por este vertedero...

Me pegué al chasis del camión, conteniendo la respiración. Mi corazón latía con calma. Ya no sentía el pánico ciego de la noche del accidente; sentía una euforia fría. "Sigan riendo", pensé. "Están construyendo su propia cárcel con este cemento barato".

Esperé a que se alejaran y regresé con Julián. Tenía la prueba. Tenía el veneno que mataría el imperio De la Vega.

Mientras yo me ensuciaba las manos en el puerto, Isabella De la Vega no podía dormir. Estaba en su suite matrimonial, pero el peso de las sábanas de seda le resultaba insoportable. Federico roncaba a su lado, ajeno a la tormenta que se gestaba en el pecho de su esposa.

Isabella se levantó y caminó hacia su tocador. Se miró en el espejo, el mismo espejo que siempre le devolvía la imagen de la perfección. Pero esa noche, recordó los ojos de Elena Valerius en el restaurante. Había algo en esa mirada... una familiaridad aterradora que no lograba ubicar.

—¿Suiza? —susurró para sí misma—. Nadie es tan perfecto. Nadie aparece de la nada con millones de euros y una obsesión por la "transparencia".

Encendió su tableta y empezó a buscar información sobre el Grupo Valerius. Todo parecía en orden: registros en Zúrich, cuentas auditadas, una historia familiar impecable. Pero Isabella tenía un olfato especial para la mentira; al fin y al cabo, ella era una experta en el arte del engaño.

Llamó a su contacto en la agencia de detectives que Arturo usaba para "limpiar" sus asuntos.

—Hola, Marcos. Necesito que investigues a fondo a Elena Valerius. No me interesan sus cuentas bancarias, eso ya lo tenemos. Quiero saber dónde estaba hace seis años. Quiero fotos de su adolescencia. Quiero saber si tiene cicatrices, si tiene enemigos, si tiene... un pasado que no esté en los papeles.

—Señora De la Vega, es tarde... —protestó la voz al otro lado.

—Me da igual la hora. Hazlo. Y Marcos... busca en los registros de clínicas de cirugía estética en Europa. Busca cambios drásticos de fisonomía. Algo no encaja.

Isabella colgó. Se tocó el cuello, donde el pulso le latía con fuerza. No sabía por qué, pero la mención de Julián Torres por parte de Elena le había revuelto las entrañas. ¿Cómo conocía una inversora suiza a un mecánico de los suburbios? Era una conexión imposible, un fallo en el guion que Elena había cometido por exceso de confianza.

A la mañana siguiente, entregué la muestra a un contacto de Antonia, un químico que trabajaba en una universidad y que le debía un favor eterno por haberle salvado de una estafa de patentes.

—Dime qué hay aquí, Hugo —le pedí.

—Dame tres horas, Elena. Pero a simple vista... esto no sirve ni para hacer macetas —respondió él, ajustándose las gafas.

Aproveché ese tiempo para reunirme con Arturo en su oficina. Él estaba radiante. Creía que mi primer pago ya estaba en camino.

—Elena, querida. Ya he dado órdenes para que tengas acceso total a las obras de la Torre Norte. Queremos que veas cómo crece tu inversión —dijo, ofreciéndome un café.

—Me parece excelente, Arturo. De hecho, he pensado que sería una gran idea organizar una visita de prensa la próxima semana. "La excelencia suiza se une a la solidez española". Sería una publicidad inmejorable para su salida a bolsa, ¿no cree?

Arturo vaciló. Una visita de prensa significaba ojos curiosos. Pero la avaricia era más fuerte que su precaución. La salida a bolsa era su gran sueño, la forma de limpiar definitivamente su fortuna y entrar en el selecto club de los milmillonarios.

—Es una idea audaz. Me gusta. Isabella puede encargarse de las relaciones públicas. Ella adora las cámaras.

—Oh, estoy segura de que a Isabella le encantará —respondí con una sonrisa que no llegó a mis ojos.

Al salir de la torre corporativa, me encontré con Isabella en el vestíbulo. No fue una coincidencia; me estaba esperando.

—Elena, qué sorpresa —dijo ella, bloqueando mi camino hacia la salida—. Iba a llamarte. He pensado que, puesto que vamos a ser socias, deberíamos pasar más tiempo juntas. ¿Qué tal una tarde de compras y luego un tratamiento en mi spa privado?

Era una trampa. Isabella quería observarme de cerca, sin el maquillaje social de las cenas, quería ver mi piel, escuchar mi risa, buscar el fallo en mi actuación.

—Me encantaría, Isabella. Pero tengo una agenda muy apretada con los auditores —mentí con elegancia—. Quizás el viernes.

—El viernes entonces. Por cierto... —Isabella se acercó un poco más, invadiendo mi espacio personal— ...tienes unos ojos fascinantes. Ese tono de gris es muy poco común. Casi parece... artificial.

—La genética es caprichosa, Isabella —respondí, sosteniéndole la mirada sin parpadear—. Al igual que el destino. A veces nos da cosas que no merecemos, y otras veces nos quita lo que más amamos.

Isabella entrecerró los ojos.

—Hablas mucho del destino para ser una mujer de números.

—Los números son el destino, solo que escritos en otro lenguaje. Nos vemos el viernes.

Me alejé sintiendo su mirada clavada en mi nuca. El juego de gato y ratón se estaba volviendo peligroso. Isabella era más astuta de lo que Arturo creía, y su sospecha era un fuego que yo debía alimentar con cuidado para que no terminara quemándome a mí.

El informe del químico

Tres horas después, Hugo me llamó.

—Es peor de lo que pensabas, Elena. Ese cemento tiene un alto contenido de sulfatos y materia orgánica. Si se usa en estructuras de carga, empezará a degradarse en menos de un año. Es una trampa mortal. Quien haya autorizado esto no es solo un estafador; es un asesino en potencia.

—Gracias, Hugo. Guarda el informe original. Necesito que me envíes una copia encriptada.

Colgué. El arma estaba cargada. El cemento de Arturo era la prueba física de su desprecio por la vida, el mismo desprecio que mostró por Lucía Torres y por su propia hija.

Esa tarde me reuní con Julián en un parque discreto. Le entregué una copia del informe del laboratorio.

—Aquí tienes, Julián. Esto es lo que mató a tu hermana, convertido en polvo y piedra. Arturo está construyendo un edificio que se caerá, y nosotros vamos a estar allí para grabarlo cuando los cimientos cedan emocionalmente.

Julián leyó el informe, y vi cómo una lágrima de rabia contenida rodaba por su mejilla.

—¿Cuándo golpeamos?

—La próxima semana. Durante la visita de prensa. Arturo cree que va a presentar su obra maestra al mundo. En lugar de eso, presentaremos su sentencia. Pero necesito que hagas algo más. Isabella está investigándome. Necesito que crees una pista falsa. Algo que la lleve a pensar que Elena Valerius tiene una conexión con un rival de Arturo en Suiza, no conmigo.

—Cuenta con ello. Tengo un amigo que sabe cómo "ensuciar" el rastro digital.

Esa noche, cené sola en mi ático. Miré la ciudad desde mi ventana. Las luces de la Torre De la Vega brillaban en el horizonte, un faro de arrogancia que pronto se apagaría.

Sentí una punzada de soledad. Por un momento, extrañé a Antonia. Extrañé la simplicidad de la celda donde el enemigo era claro y las reglas eran brutales pero honestas. Aquí, en la libertad de Elena Valerius, todo era un juego de espejos.

Me toqué el rostro. La piel estaba tersa, perfecta. Pero por dentro, seguía sintiendo las cicatrices. Me pregunté si, una vez que la venganza terminara, Elena Valerius podría seguir existiendo, o si Marina De la Vega regresaría de entre los muertos para reclamar su lugar.

—No —susurré—. Marina está muerta. Elena es la que sobrevive.

Saqué una vieja fotografía de Lucía Torres que Julián me había dado. La puse sobre la mesa de cristal.

—Esto es por ti, Lucía. Y por la chica que solía creer en los cuentos de hadas.

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Hope Mag Vasquez
Wuaoooo!!!! hasta cuándo el tablero va a dejar de moverse /Frown//Frown/
Hope Mag Vasquez
Unas joyitas los de la Vegas..... se hicieron millonarios sobre bases de algodón
Hope Mag Vasquez
Quien sabe... a lo mejor sigue siendo estúpida.....
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Muy bonita la novela, muchas felicidades escritora y gracias por compartirla 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Wow mas mentiras, quien es realmente el padre del niño, y que pasara con Julian y Marina?
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Hay tantos secretos entre todos que ya me late que son todos unos desgraciados infelices peleando como buitres
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Cuantas cosas ocultas mas tendrán que salir a la luz, esta muy buena 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Hay cuantas cosas mas saldrán a la luz 😭👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Chuta, de quien eres hija Marina? 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Esta muy buena e intrigante 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
No entiendo porque Sebastian es su nieto, si Federico es el esposo de Isabella, pero el niño es con otra mujer 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Ese hijo a de ser la recluta que escribía cartas que nunca se enviaron 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Viejo desgraciado se a de están quemando en el infierno, nunca quisieron a nadie, ya que la vieja sabía todo igual 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Al fin estas haciendo justicia, por ti, por Lucía y todos los que han sido estafados 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Que pasara ahora, se mataran, oh Julian intervendra
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Trabajando juntos lo lograron, falta la zorra de Usabelja y su madre 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Que desgraciado este viejo de Arturo, cree que hará tonta a Elena 🤣🤣👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Que bien Elena aprendiste con la mejor Maestra que jamas te unieras imaginado y con Julian de apoyo hará un gran equipo 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Que bueno que Julian acepto aliarse con ella, asi se dará cuenta realmente quienes son esos desgraciados sin escrúpulos 🤭👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Yo creo que Julian ya sabía eso, ojalá se unan para acabar con esos desgraciados y también porque no enamorarse 🤭👏👏👏
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